Semblanza de Alekhine. El campeón que se llevó el título mundial a la tumba

Por Sergio Negri

He cometido el peor de los pecados / Que un hombre puede cometer. No he sido / Feliz. (…) Mi mente / se aplicó a las simétricas porfías / del arte, que entreteje naderías. // Me legaron valor. No fui valiente. / No me abandona. Siempre está a mi lado / La sombra de haber sido un desdichado”.

Jorge Luis Borges, El Remordimiento, en La Moneda de Hierro, Buenos Aires, 1976

 

Alexandre Alekhine, tal su nombre en francés (idioma del país de destino), nació en Moscú (Imperio Ruso por entonces), bajo el nombre de Aleksandr Aleksándrovich Alejin (Aliojin) el 31 de octubre de 1892. Será, con el transcurso del tiempo, el cuarto campeón mundial de ajedrez y el único que conservará la corona hasta el momento de su muerte.

Gári Kaspárov (nacido en 1963), para muchos el mejor ajedrecista de la historia, trazó una muy ajustada definición de un compatriota que le sirvió de fuente de inspiración:

Su fantástica visión combinativa se basaba en un sólido fundamento posicional, y era el fruto de una fuerte y enérgica estrategia. Por consiguiente, Alekhine puede considerarse un pionero del estilo de juego universal, como se conoce a la estrecha interconexión entre motivos estratégicos y tácticos“.

Integrante de una familia aristocrática (su padre era terrateniente e integró la Duma), tuvo dos hermanos, Alekséi y Varvara. Se ha asegurado que una de las abuelas fue quien les enseñó a los niños a jugar al ajedrez.

Se cree que, al asistir a una demostración de simultáneas ´a ciegas´ brindada por el estadounidense Harry Nelson Pillsbury (1872-1906) en diciembre de 1902, el niño Alexandre quedó deslumbrado, decidiendo en ese marco dedicarse al juego.

Muchos años después será un especialista de esa práctica, obteniendo récords mundiales, primero en abril de 1924 en Nueva York frente a 26 personas; luego en febrero de 1925 en París, contra 28 (22 triunfos, 3 tablas y apenas 3 derrotas) y, por fin, ante 32 adversarios (19 éxitos, 9 igualdades y 4 caídas) se superará en julio de 1933 en Chicago.

Se recibió de Licenciado en Derecho en la Universidad de Moscú en 1914 habiendo brevemente ejercido esa profesión. En el ambiente ajedrecístico siempre se lo tratará como Dr. Alekhine máxime que, en 1925, al menos confiando en sus dichos, habría homologado sus estudios de leyes en la Universidad de París (la Sorbona).

Su primer resultado ajedrecístico de nota fue en una competencia en San Petersburgo que se disputó entre el 21 de abril y el 22 de mayo de 1914 cuando salió tercero, quedando por detrás del campeón  del mundo, el alemán Emanuel Lasker (1868-1941) y de su futuro sucesor, el cubano José Raúl Capablanca (1888-1942). Los tres, junto al también germano Siegbert Tarrasch (1862-1934) y el norteamericano Frank Marshall (1877-1944), fueron recompensados por el zar Nicolás II (1868-1918) con el título honorífico de Gran Maestro.

El 20 de julio de 1914 comienza un importante torneo en Manheim, Alemania. Avanzada la prueba, y estando primero Alekhine, siendo el 1° de agosto, el país anfitrión le declara la guerra a Rusia por lo que la actividad se interrumpe y los jugadores rusos serán detenidos, siendo incluso acusados de espías.

Otro hecho traumático, en particular motivado por su pertenencia de clase social, se dará con la Revolución Rusa de 1917: a su familia le confiscan sus bienes cambiándole a todos el estilo de vida.

Seguirá no obstante su actividad deportiva mas, en junio de 1919 es arrestado en Odessa acusado de espionaje a favor de los mencheviques, grupo enfrentado a los bolcheviques dominantes. Se ha dicho que el mismísimo León Trotski (1879-1940), un entusiasta del juego, se acerca a la celda, disputa una partida con Alekhine quien, si bien lo vence, lo deslumbra de modo que el líder revolucionario luego ordena su liberación.

En el mes de octubre de 1920 se impone en el primer campeonato soviético en calidad de invicto. Pero no se sentía cómodo en un país que lo limitaba en sus deseos en participar en competencias internacionales cuando su expectativa era alcanzar el título mundial. Y para eso debía poder desplazarse al extranjero.

Se le otorga no obstante un visado para visitar a la periodista suiza Anneliese Rüegg (1879-1934), a quien había conocido el campeón en su  carácter de intérprete (se dice que también fue asesor de la policía criminal, seguramente en ese rol), lo que fue facilitado dado que ella era una declarada comunista (aunque se desilusionó tras viajar a la URSS).

Se casaron el 15 de marzo de 1921. La esposa era 13 años mayor, una característica que se repitió en todos los matrimonios del campeón. En noviembre de ese año nacerá un hijo de la pareja quien recibirá también el nombre de Alexandre.

Ese no habría sido su primer enlace. Se cree, aunque no está suficientemente documentado, que en 1920 se unió con la baronesa rusa Anna von Sergewin, una amiga de su madre que lo superaba también en edad. Con ella siete años antes (cuando Alekhine tenía 21 años) había tenido una hija, Valentina, nacida el 15 de diciembre.

Volviendo a Anneliese y Alexandre, ellos se trasladan a Francia donde éste dirigirá en 1924 el Torneo de las Naciones de París. En 1926 se divorcian.

Siguiendo su derrotero sentimental, se casó en Francia con Nadezhda Semyenovna Fabritskaya Vasiliev (nacida en la ciudad de Odessa en 1884, sin fecha conocida de muerte), viuda de un importante general ruso, a quien conoció en 1924. La hija de su nueva cónyuge era sólo dos años más joven que su padrastro. Se casarán al año siguiente, viviendo en París, divorciándose diez años más tarde en Ámsterdam.

El año de 1927 es clave para el ajedrecista ya que, en Buenos Aires, bastante impensadamente (el entonces campeón mundial era considerado virtualmente invencible), bajo la organización del Club Argentino de Ajedrez de la ciudad de Buenos Aires, obtiene el título tras un extenuante match de 34 partidas en el que se impone a Capablanca por 18,5 a 15,5 (6 triunfos a 3 a favor del vencedor, el resto fueron empates), el que se realiza entre el 16 de septiembre al 30 de noviembre.

Desde ese momento el francés (el 5 de noviembre de 1927 obtuvo la ciudadanía mientras se estaba disputando el encuentro), se negará una y otra vez a darle la revancha al cubano, para desasosiego y reproche de la comunidad ajedrecística internacional.

Le dará la oportunidad, en cambio, a jugadores claramente inferiores, en primera medida al ruso-alemán Yefim Bogoliúbov (1889-1952), y dos veces: del 6 de septiembre al 12 de noviembre de 1929 en Wiesbaden (11 triunfos a 5, con 9 empates) y del 1° de abril al 14 de junio de 1934 en Baden-Baden (8 triunfos a 3, con 15 empates), ambas ciudades de Alemania.

La Federación Soviética de Ajedrez, a poco de este encuentro, lo tildó a Alekandre como “enemigo del Estado”, y su propio hermano Alexei (1888-1939) fue compelido a repudiarlo. Este, poco después, según se cree, será asesinado por el régimen comunista.

En 1935, también inopinadamente, pierde la corona ante el holandés Machgielis Max Euwe (1901-1981). Seguramente su exceso de confianza, y su ya para entonces notoria afición por el alcohol (se lo vio jugando algunas partidas en estado de ebriedad), hicieron que cayera por 15,5 a 14,5 (tras un contundente 5 a 2 con el que Alekhine prevaleció en el tramo inicial del encuentro) del 3 de octubre al 16 de diciembre, jugándose en diversas ciudades de los Países Bajos (incluidas las de Ámsterdam, La Haya, Groninga y Rotterdam).

En la revancha, del 5 de octubre al 4 de diciembre de 1937, un sobrio Alekhine derrota claramente a su rival, también en distintas ciudades holandesas (entre ellas las antemencionadas), por 15,5 a 9,5. Las cosas volvieron a su cauce y, desde ese momento, el cetro mundial lo conservaría hasta su muerte ya que nunca más lo expondría.

En 1930 debutó en Olimpíadas obteniendo espectaculares 9 triunfos en igual número de presentaciones que, al ser pocas respecto de las totales posibles, no lo condujeron a la medalla de oro individual. La que sí obtendrá, y por partida doble, en 1931 en Praga y en 1933 en Folkestone (Inglaterra), pero recibirá sólo las de plata en 1935 en Varsovia y en 1939 en Buenos Aires (aquí lo superará su némesis Capablanca). El conjunto francés que lideraba, en lo colectivo, tendrá siempre actuaciones discretas, pese a su relevante aporte en el primer tablero.

Tras la experiencia sudamericana de 1939, declarada que fue la Segunda Guerra Mundial, decide regresar a una Francia amenazada por el poder nazi, en enero de 1940.

Si bien a su regreso se alista en el ejército francés, como oficial de sanidad, intentará escapar a los Estados Unidos de América, junto a su cuarta y última esposa Grace Norton Wishaar (1876-1956), una millonaria a quien equivocadamente se le atribuye un origen judío, quien era dieciséis años mayor que el campeón.

Se conocieron en Tokio, en enero de 1933, en el contexto de una sesión de partidas simultáneas ofrecida por el campeón mundial. Se casarán el 26 de marzo de ese mismo año en Niza. Estaba claro que siempre el ajedrecista procuró estabilidad económica y protección, y tener un punto de referencia al que volver después de sus habituales viajes jugando torneos en todo el mundo.

Con la ocupación alemana a Francia, que ocurrió desde el 22 de junio de 1940 (y hasta diciembre de 1944), la pareja querrá ir para los EE. UU., aunque no lo lograrán. El alto mando nazi le dispensa al campeón de ajedrez, no obstante, un trato preferente, respeta las propiedades de su esposa en el país (pero no le habilita a ella una visa para poder salir del país), exigiéndole a cambio que participe en torneos patrocinados por la Alemania nazi.

Lo hará en siete pruebas que se disputarán en Alemania, Austria, Polonia y en el denominado Protectorado de Bohemia-Moravia. En la disputada en septiembre de 1941 en Münich se verá, en su propia mesa, una bandera nazi. En estas condiciones Alekhine se transformó, quizás a su pesar, y probablemente acuciado por las circunstancias, en un objeto de propaganda del régimen, siendo utilizado por Joseph Goebbels (1897-1945), el ominoso integrante del régimen nazi.

Una fecha particularmente crítica para el jugador fue la del mes de marzo de 1941 cuando se publica en Pariser Zeitung (diario parisino escrito en alemán por referentes de la ocupación al país), una serie de artículos (serán seis que aparecerán del 18 al 23 de ese mes), titulados Aryan and Jewish Chess, en los que el campeón analiza los estilos de juego de los jugadores arios y judíos. A éstos les atribuye un proceder temeroso, defensivo y especulativo. Además dirá, ¡y cómo se equivocará en los pronósticos!, que Lasker sería el último jugador judío en ser campeón mundial.

Con algunas variantes esos escritos serán también publicados en Alemania en la revista Deutsche Schachzeitung, asegurando una difusión de peligrosas consecuencias entre quienes podían tomar decisiones agonales. Si bien luego de la culminación de la guerra Alekhine pretenderá tomar distancias de ellos (se cree que le facilitaron la obtención de la visa para poder irse a Portugal), aduciendo que sus ideas fueron reformuladas. Pero lo cierto es que Alekhine tuvo la malhadada idea, en un tiempo tan aciago, de formular una muy peligrosa discriminación de personas por su condición (mezclando la raza con la fe y asignando a cada una de ellas características que son a todas luces impropias). El sexto de los artículos tiene un título por demás elocuente: “Mi resistencia contra el ajedrez judío. El Dr. Euwe – juguete de los judíos”, refiriéndose a una suerte de complot del que él habría sido objeto cuando perdió el título mundial.

La publicación de esos trabajos escritos será un punto bisagra en su biografía habiendo de perder, definitivamente, el respeto de buena parte de la comunidad ajedrecística mundial, y dañando para siempre su reputación.

De hecho, cuando culmine la guerra, será excluido por esas razones de un importante torneo que se planificaba hacer en Londres. Y hasta se ha especulado que el misterio de su muerte puede estar asociado a la venganza de grupos sionistas que quisieron vengarse de una figura que quedará identificada, a pesar de que sus manos no estuvieron ni por asomo ensangrentadas, como un prominente colaboracionista nazi.

Para peor, y como hemos planteado en un estudio específico, numerosos ajedrecistas, especialmente judíos, serán ejecutados, conducidos a cámaras de gas, llevados a campos de concentración, confinados a guetos y otros destinos trágicos, particularmente en Polonia, donde el nazismo nombró como Gobernador a un entusiasta aficionado al ajedrez, Hans Frank (1900-1946), quien supo tener una buena relación (tal vez de amistad) con Alekhine.

En 1943, un errante y solitario campeón mundial, llega a la España del dictador Francisco Franco (1892-1975). Se llegó a decir que en el mes de octubre, tras su arribo a Madrid, fue internado por su alcoholismo y estado de salud mental. Le diagnostican, clínicamente, problemas serios en su hígado y una altísima presión arterial, pese a lo cual no abandona la bebida.

Participa en torneos contra jugadores de la península ibérica de menor portento, y así transcurren sus días, envejeciendo, acuciado por una vida que estuvo signada por guerras mundiales, exilios y una inestabilidad emocional de la que se refugió en el alcohol y en el ajedrez (y tal vez en los recuerdos, muchos de ellos no necesariamente agradables).

Tras el fin del conflicto, verá cómo es repudiado por buena parte de la comunidad ajedrecística. Con serios problemas económicos, que se le sumaban a su afectada salud física y emocional, le aguardaba un desafío de la joven estrella soviética, Mijaíl Botvínnik (1911-1995), el que seguramente se presentaba con perspectivas sombrías para una  personalidad que siempre se sustentó en un notorio egocentrismo.

Estando en un agradable hotel de Estoril, hallará la muerte. La autopsia dirá asfixia provocada al haber comido un trozo de carne que le ingresó por la laringe; pero también se dirá que tuvo un ataque al corazón. Más sugestivamente se especulará, aunque con poco sustento, que pudo haberse suicidado y, con bastante mayor fortaleza, también se manifestó que pudo haber sido objeto de asesinato.

Esta última hipótesis pone usualmente el foco en agentes o grupos fanáticos sionistas y/o de la Resistencia Francesa quienes veían en el campeón a uno de sus enemigos con los que tomar represalia. Se habló de una lista alfabética de objetivos la cual, en caso de existir, lo tendría al campeón en los primeros términos (sus dos nombres y el apellido comienzan con la letra a).

O quizás la autoría le pudo corresponder a los servicios secretos portugueses del dictador António de Oliveira Salazar (1889-1970), quien había tenido buenos vínculos con el nazismo (y, a la vez, con los ingleses). Esta perspectiva fue menos explorada y puede no tener demasiado asidero (no aparece la motivación en todo caso). Pero lo que es cierto es que lo espiaban (incluyendo a un ajedrecista que lo frecuentaba, quien había sido reclutado por el régimen portugués) y, muy probablemente, fueron los que plantaron la escena y no investigaron las razones de un crimen que bien pudo haber tenido lugar (un médico que intervino en su autopsia llegó a decir que Alekhine fue hallado muerto de un disparo fuera del hotel).

La tercera posibilidad es la que toma para sí el escritor italiano Paolo Maurensig (nacido en 1943) en su novela Teoría de las Sombras, quien sostiene que fueron los soviéticos los autores de la muerte de alguien a quien consideraban un traidor. Y de paso le despejaban el camino a Botvínnik en su búsqueda de la corona mundial para la URSS.

Sea como sea Alexandre Alekhine muere el 24 de marzo de 1946, siendo hallado en su cuarto del hotel por un camarero al llevarle el desayuno, sentado plácidamente, con la cena de la noche anterior servida y elegantemente vestido. Las imágenes fotográficas tomadas de esa escena, más allá de cierto orden que se pudo haber pretendido transmitir, para no generar inquietudes indeseadas u ocultar los reales hechos, desnudan su angustiante soledad.

Sin afectos en las cercanías (¿tendría alguno en ese entonces?), sin nadie que reclamara su cuerpo (sólo en 1956 se trasladarán sus restos al cementerio de Montparnasse en París), sin la compañía de ninguno de sus preciados gatos (los llevaba a los torneos, en particular a uno que muy apropiadamente se llamaba Chess, quien se subió a la mesa en uno de sus encuentro contra Euwe, y Alekhine sabía perfectamente que el holandés era alérgico a los felinos), se lo verá al campeón mundial yacente, en ese cuarto de hotel en Estoril, lejos de su Francia de adopción y de su añorada Rusia, siendo rodeado sólo por un tablero de ajedrez.

Su deceso sería en la víspera de recibir un telegrama, procedente desde Londres, confirmándole que se iría a disputar próximamente en esa ciudad el match por la corona mundial frente a Botvínnik.

Sobre la superficie del inerte tablero, testigo de los últimos momentos de Alekhine, las piezas estaban ubicadas en la posición inicial, quizás en muda invitación a comenzar una nueva partida a disputarse en una eternidad en la que, seguramente, las cosas podrían serles al extraordinario ajedrecista más serenas en comparación con las vivencias registradas en su controvertida y conflictiva experiencia terrenal.

Alekhine junto a su amigo felino Chess
Nota relacionada:
Análisis astrológico de Alekhine. Por Silvia Méndez. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2020/11/03/analisis-astral-de-alexandre-alekhine/.

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