Semblanza de Deschapelles. El ajedrecista francés que dominó el panorama en tiempos de Napoleón.

Por Sergio Negri

"El ajedrez es un juego sin par, regio e imperial". Frase atribuida a Napoleón Bonaparte.

El francés Alexandre-Louis-Honoré-Lebreton Deschapelles fue reconocido como el mejor ajedrecista en tiempos de Napoleón Bonaparte (1769-1821), al dominar el panorama en el afamado Café de la Régence, tras la muerte del gran Philidor (1726-1795), por un lapso de quince años, hasta cuando cae derrotado por su dilecto alumno Louis-Charles Mahé de La Bourdonnais (1795-1840).

Deschapelles nació en Ville d’Avray, comuna de los suburbios occidentales de la capital francesa, el 7 de marzo de 1780, habiendo de fallecer en París el 27 de octubre de 1847. Formó parte, por origen, de la aristocracia local, mas con el tiempo se vincularía fuertemente con la causa revolucionaria; algunos opinan que ello ocurrió por instintos de supervivencia, otros que lo hizo con genuina convicción.

Su padre, que había nacido en Nueva Orleans (EE. UU.), Louis Gatien le Breton, era el conde de la comuna francesa de Les Chapelles, situada en el departamento de Saboya en la región Auvernia-Ródano-Alpes (tiene como cabecera la ciudad de Lyon), trabajó como guardia de corps en Versalles, al servicio del rey Luis XVI (1754-1793), cosa que también hicieron los hermanos mayores del futuro ajedrecista.

El futuro ajedrecista estudiará en la Academia Militar de Francia, en Brienne (la escuela operó entre los años 1730 y 1790), habiendo de egresar en 1784. Es el mismo sitio donde unos años antes Napoleón había recibido su formación profesional y residió en la localidad de Brienne-le-Château al norte-centro del país. 

La familia de Deschapelles se mudó en 1794 a Alemania, a poco de la Revolución Francesa, contrariados por lo que sucedía en su país en el que la monarquía, y la propia aristocracia de la que los integrantes de aquella formaban parte, cayó en desgracia. Sin embargo el hijo menor (eran tres hermanos), para ese tiempo ya estaba combatiendo para las tropas revolucionarias a las órdenes de Napoleón quien, además de estratega militar, fue un entusiasta del ajedrez. Los caminos del ajedrecista, entonces, se iban alejando del mandato familiar.

En ese derrotero Deschapelles, hasta que se retire a una edad de 35 años, será parte de la fuerza militar, evidenciando que lo suyo sería el combate, dentro y fuera del tablero. Siguiendo esta línea se ha dicho, no sin razón, que fue un ajedrecista-soldado.

En ese marco, luchó contra las fuerzas aliadas inglesas-prusianas y austriacas, por ejemplo en el sitio de Maguncia en julio de 1793. Poco después acontece una situación desgraciada: pierde su mano derecha y queda visiblemente herido en la parte derecha del rostro (del oído a la barbilla), producto de un sablazo, en la batalla de Fleurus, el 26 de junio de 1794; aunque hay otra versión: ello habría acontecido en Ettlingen, otra batalla librada el 9 de julio de 1796. Por ese hecho recibió Deschapelles la Legión de Honor.

Se sabe que fue en 1798 cuando aprendió a jugar al ajedrez, el que observó a su regreso a París, más precisamente siendo practicado en el Café Morillón, vecino al Palais Royal. La leyenda indica que se sentó a observarlo, mientras tomaba un café y que, producto de su mirada, aprendió las reglas y, en sus evidentes exagerados dichos, incluso descubrió tácticas ganadoras.

No contento con ello, el recién llegado desafía a Bernard, uno de los alumnos de Philidor, abogado de profesión, y fundador del club de ajedrez de París en 1783, en épocas en que las apuestas estaban al orden del día. Ese buen ajedrecista fue quien le enseñó a Deschapelles el juego: parece que, al cabo de cuatro días, logró imponerse al maestro, en igualdad de condiciones, siempre siguiendo el relato de la algo frondosa imaginación del entonces aprendiz convertido rápidamente en experto.

Estando en Alemania, se dijo que se impone a tres de los mejores ajedrecistas locales, quienes jugaron en consulta, en el club de ajedrez de Berlín fundado por Federico II (1712-1786), el rey de Prusia, en un momento de relax tras la batalla de Jena ocurrida el 14 de octubre de 1806.  Pero este episodio deportivo, de cuya historicidad se puede llegar a dudar, debe reinterpretarse dentro del marco de propaganda de Napoleón quien quería demostrar que podía vencer a los alemanes en la batalla y también hacerlo con algunos de los suyos en el noble juego.

Tras otro combate, en este caso el sangriento y de resultado incierto de Eylau, que se verificó entre el 7 y el 8 de febrero de 1807, va de nuevo a Berlín, donde se enfrenta en el club local a varios ajedrecistas, dándoles ventaja (incluso de una torre), con un resultado de dos triunfos y un empate.

En 1808 Deschapelles fue parte de las tropas que se enfrentaron a las españolas, oportunidad en la que resultó capturado, aunque supo escaparse, regresando a Francia, retirándose del servicio militar dada la primera caída napoleónica. Pero las cosas no le irán mal ya que, en  1812, el mariscal Michel Ney (1769-1815) le confirió el monopolio gubernamental del tabaco en Estrasburgo. En ese sitio colabora con la organización de la resistencia en la parte oriental de Francia a la segunda invasión de los aliados, un año después de la primera expulsión de Napoleón, habiendo de recibir el ajedrecista-soldado el rango de general.

Napoleón, reconocido aficionado al ajedrez, en la isla Santa Elena

En tiempos más de paz, y ya después de la segunda abdicación de Napoleón, desarrolló sus innatas habilidades ajedrecísticas en el Café de la Régence, el centro europeo de la época tanto en lo que respecta al juego como al clima intelectual, con sus afamadas tertulias. Allí acudió el ajedrecista italiano Verdoni (fallecido en 1804) y, además de tantos intelectuales locales vinculados a la Iluminación, tuvo también la presencia del diplomático norteamericano Benjamin Franklin (1706-1790), otro apasionado por el juego. En esas condiciones, quien prevalecía en esa actividad en ese ámbito, podía ser considerado el mejor del mundo. Así fue antes con Philidor, así era ahora con Deschapelles.

Este vence en París en 1821 al escocés John Cochrane (1798-1878), a quien se lo ha sindicado como padre de la escuela de inglesa, según Howard Staunton (1810-1874), donde de hecho predominó hasta la aparición del irlandés Alexander McDonnell (1798-1835). Cochrane viajó varias veces a la India, donde se llegó a asentar y, en ese contexto, jugó en el Club de Ajedrez de Calcuta. En la tierra del chaturanga jugó al ajedrez ante dos exponentes locales: Moheschunder BannerjeeSaumchurn Guttack, quienes gustaban jugar con fianchettos (la salida de los alfiles por b2, g2, b7 y g7): de ahí la denominación de Defensas Indias que se popularizó desde entonces hasta nuestros días.

Deschapelles, dándole ventaja de dos jugadas de salida y de peón (el ubicado delante de su alfil rey), derrota a Cochrane, por un marcador desconocido. De esa forma se inició un ciclo de enfrentamientos que se convertiría en un clásico, el que pondría de cada lado del tablero a jugadores provenientes de los países ubicados a ambos lados del Canal de la Mancha.

En ese mismo tiempo Deschapelles le otorgó a de La Bourdonnais, a quien conoció en 1818 oportunidad en la que aquel le dio a este las primeras lecciones, la ventaja desmesurada de dos jugadas de inicio y de un peón, creyéndose muy superior por cierto. Pero recibió una paliza al perder por siete a cero contra su alumno.

En 1821 otro británico lo confrontó. Fue  William Lewis (1787-1870), uno de los jugadores que se ocultó adentro del autómata “el Turco”, venciendo el visitante de la capital francesa por 2 a 1 (1 triunfo y dos tablas) pero, como en el caso anterior, Deschapelles le confirió ventajas, en este caso de una sola jugada de salida además del consabido peón.

Deschapelles siempre se negaba a jugar en igualdad de condiciones contra sus oponentes, fueran locales o foráneos. Es que se consideraba muy superior a cualquier eventual rival que se animara a enfrentarlo. Era, por cierto, bastante presumido. Su controvertida personalidad inspiraba sentimientos muy extremos: algunos lo adoraban, por sus excesos (y habitualmente por su desempeño); otros le reprochaban esas desmesuradas conductas las que eran objeto de desprecio. Su figura física era imponente, lo que alimentaba el mito: se destacaba por ser alto, atractivo y de un paso decidido, que sonaba arrogante, al igual que sus expresiones y conducta.

Desde la perspectiva de la frenología es de destacar su cresta alta y afilada, que se eleva como el límite de su frente fina y cuadrada, habida cuenta de que esa parte de la cabeza era vista como la depositaria del órgano de cálculo; por ende, esa situación auguraba un mayor desarrollo de esa capacidad, lo que le habría permitido destacarse en el ajedrez y también en otros juegos. 

Deschapelles

Deschapelles se encargó de difundir su éxito en todas las actividades que emprendía, por lo que alguna vez en Inglaterra se acuñó una suerte de poesía/sentencia que lo tenía por protagonista, y que no lo dejaba del todo bien parado: “Deschapelles es el más grande jugador de whist de Francia / Deschapelles es el mejor jugador de billar de Francia / Deschapelles es el mejor cultivador de calabazas de Francia / Deschapelles es el más grande mentiroso de Francia”.

La decadencia deportiva para Deschapelles, al menos transitoriamente, se dio cuando  La Bourdonnais progresa rápidamente y lo vence en igualdad de condiciones, cosa que ya se fue verificando para el año de 1824, por lo que abandonaría la práctica del juego por muchísimos años: ¡No era cosa de ser el segundo en disciplina alguna!

Desde ese momento habrá de dedicarse al whist (antecesor del bridge), en el que también se destacaría y ganaría incluso más dinero. Con el tiempo publicará un libro sobre su práctica en donde consigna una táctica de juego exitosa que heredará el bridge, la que es conocida como la Deschapelles Coup (“el golpe de Deschapelles”).

También deslumbró al billar, a pesar de ser manco (empujaba el taco con lo que le quedó del brazo derecho, mientras que con el izquierdo accionaba el golpe), a las damas polacas (las que aprendió en tres meses para alcanzar en ese lapso a superar al mejor exponente de la especialidad) y al trictrac (una suerte de backgammon).

En los años 30 incursiona en política, como continuidad de su vieja asociación con las batallas. Y poco después también a su querido ajedrez, para recuperar glorias perdidas en ambos campos. En el primero no le irá demasiado bien, a pesar de considerarse él mismo un predestinado a ocupar los máximos honores por su superioridad intelectual, ya que en 1832 es llevado a juicio al ser acusado de haber participado de la insurrección antimonárquica del mes de junio en París, siendo conducido a prisión por uno o dos meses, para daño de su ego. En 1848, poco después de morir, aparecerá un libro de su autoría, La Loi du peuple (La ley de la gente), compartiendo sus ideas republicanas y mensaje político integral.

En el segundo terreno le irá mejor, regresando a su vieja pasión en 1836, tras una ausencia del tablero de quince años, cuando enfrenta en el Café de la Régence a Pierre Charles Fournier de Saint Amant (1800-1872), con quien iguala un match (una partida ganada para cada uno y unas tablas). Este jugador, en tiempos posteriores, será la principal figura del país.

Con La Bourdonnais no tendría, desde luego, el mismo nivel de resultado. Este venía de confrontar con el irlandés Alexander McDonnell (1798-1835), con quien jugó un titánico encuentro en 1834 que casi alcanzó las 90 partidas, el que fue sumamente extenuante, dejando secuelas en ambos, particularmente para el derrotado irlandé,s que fallecerá pocos meses más tarde. Por su parte La Bourdonnais morirá poco después, en Londres en 1840, por lo que el camino le queda expedito a Deschapelles para recuperar ese espacio central que tanto le gustaba, ese que había sabido ocupar en el pasado, cuando era considerado sin duda alguna como el mejor jugador de ajedrez entre todos los concurrentes al Café de la Régence.

En esas condiciones, tras un infructuoso desafío que propinó a los mejores ajedrecistas ingleses, vencerá en sendos matches en 1842, confiriendo ventaja de dos movidas y un peón, a Saint Amant (tres triunfos y dos derrotas,  y al alemán

En ese sentido de las grandes dotes que Deschapelles mismo se encargó de difundir sobre tantas actividades, alguna vez en Inglaterra se acuñó una suerte de poesía/sentencia que lo tenía por protagonista: “Deschapelles es el más grande jugador de whist de Francia; Deschapelles es el mejor jugador de billar de Francia; Deschapelles es el mejor cultivador de calabazas de Francia; Deschapelles es el más grande mentiroso de Francia”.

La decadencia deportiva para Deschapelles, al menos transitoriamente, se dio cuando su alumno La Bourdonnais progresa rápidamente y lo vence en igualdad de condiciones, cosa que ya se fue verificando para el año de 1824, por lo que abandonaría la práctica del juego por muchísimos años (¡no era cosa de ser el segundo en disciplina alguna!), para dedicarse al whist (antecesor del bridge), en el que también se destacaría y ganaría incluso más dinero. Con el tiempo publicará un libro sobre su práctica en donde consigna una táctica de juego exitosa que heredará el bridge, la que es conocida como la Deschapelles Coup (“el golpe de Deschapelles”).

También deslumbró al biillar, a pesar de ser manco (empujaba el taco con lo que le quedó del brazo derecho y con el izquierdo accionaba el golpe), a las damas polacas (las que aprendió en tres meses para alcanzar en ese lapso a superar al mejor exponente de la especialidad) y al trictrac (una suerte de backgammon).

En los años 30 regresa a la política. Y poco después también a su querido ajedrez, para recuperar glorias perdidas en ambos campos. En el primero no le irá demasiado bien, a pesar de considerarse un predestinado a ocupar los máximos honores por su superioridad intelectual, ya que en 1832 es llevado a juicio al ser acusado de haber participado de la insurrección del mes de junio en París, siendo conducido a prisión por uno o dos meses para daño de su ego. En 1848, poco después de morir, aparecerá un libro de su autoría, La Loi du peuple (La ley de la gente) compartiendo sus ideas republicanas y mensaje político integral.

En el segundo terreno le irá mejor regresando a su vieja pasión en 1836, tras una ausencia del tablero de quince sños, cuando enfrenta en el Café de la Régence a Pierre Charles Fournier de Saint Amant (1800-1872), con quien iguala un match (una ganada para cada uno y unas tablas). Con La Bourdonnais no tendría el mismo nivel de resultado.

Este venía de confrontar con Mac Donnell, con quien jugó un encuentro agonal en 1834 a 88 partidas, que fue sumamente extenuante, dejando secuelas en ambos, particularmente para el derrotado irlandés que fallecerá pocos meses más tarde.

Por su parte La Bourdonnais fallecerá poco después, en Londres en 1840, por lo que el camino le queda expedito a Deschapelles para recuperar ese espacio central que tanto le gustaba, ese que había sabido ocupar en el pasado cuando era considerado sin duda alguna como el mejor jugador de entre todos los concurrentes al Café de la Régence.

En esas condiciones, se envalentona y desafía a los mejores ajedrecistas ingleses, quienes no aceptan el convite, para vencer en casa en sendos matches disputados en 1842, confiriendo ventaja de dos movidas y un peón, a Saint Amant, tras tres triunfos y dos derrotas,  y al alemán Wilhelm Schulten (1821-1875), con dos victorias, dos empates y una caída.

Podía asegurarse, entonces, con un La Bourdonnais que ya había partido de este mundo, que ahora Deschapelles había vuelto a ser, como sólo se lo permitía, el mejor de todos.  Y siempre sobrando la situación al imponerse mediando ventaja significativa conferida a sus alternativos contrincantes.

En cierto momento de su vida decide mudarse al campo, junto a su esposa, tras haber sido detenido acusado por ser parte de aquel complot contra el rey. Deschappelles abandona entonces París y comienza a cultivar fruta (especialmente los codiciados melones que recibieron premios y llegaron, paradojalmente, a la mesa del monarca ) y verdura (también fueron galardonadas y muy preciadas sus calabazas como decía el dicho inglés tan sarcástico hacia su persona). Era otro campo de acción, y en este también, el ajedrecista-soldado resultó muy exitoso.

Regresa definitivamente a la capital del país en los años cuarenta, aquejado de problemas de salud, para estar cerca de los médicos que lo atendíeron. Los dos años postreros de su vida los pasó en cama, con momentos de alucinaciones, aguardando el inevitable final.

En Edo Historical Chess Ratings, sistema de medición que analiza retrospectivamente la fuerza ajedrecística de los jugadores valorando los resultados (sus primeros registros corresponden a 1811), en la primera nómina un poco más amplia, respecto de las precedentes, en la cual aparecen más de diez jugadores), que es la del año 1820, se lo ubica a Deschapelles como el N° 1 del mundo, posición que mantendrá un año más. Regresará a la punta en 1841, tras la muerte de La Bourdonnais, pero perderá ese rango de privilegio cuando aparezca el inglés Howard Staunton (1810-1874).

De esa manera habrá de terminar, definitivamente, el predominio de Francia en el ajedrez mundial (lo de Alekhine en el futuro puede ser considerado sólo una contingencia ante el exilio de ese gran campeón ruso), ese que venía ostentado desde los tiempos de Philidor, ese que heredó de inmediato Deschapelles, ese que adquirirá luego su alumno La Bourdonnais, ese que en definitiva terminará por recuperar el ajedrecista-soldado, orgulloso y exitoso referente de un pueblo que, por entonces, era protagonista de buena parte de los acontecimientos y de las reflexiones filosóficas que diera Occidente en los comienzos de la Edad Moderna.

©ALS, 2020

Nota relacionada:

Análisis astrológico de Deschapelles. Por Silvia Méndez. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2020/12/18/semblanza-de-alexandre-louis-honore-lebreton-deschapelles/.

3 respuestas a “Semblanza de Deschapelles. El ajedrecista francés que dominó el panorama en tiempos de Napoleón.

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