Entrevista a Abelardo Castillo en “Por los laberintos del ajedrez”

Por Gustavo Águila y Marcelo Reides

En la Feria del Libro de 2002 nos acercamos a Abelardo, quien estaba firmando ejemplares de sus libros, aprovechamos para obsequiarle Por los Laberintos del Ajedrez. Castillo fue muy amable y compartimos una pequeña charla sobre ajedrez. Cuando surgió la posibilidad de trabajar bajo la dirección de Juan José Jusid en La Cuestión de la Dama, «pequeño film» basado en su consagrado cuento La Cuestión de la Dama en el Max Lange, sentimos que nuestros caminos se acercaban. Para entonces, teníamos mucho interés en mantener con el gran escritor una extensa entrevista en la cual, pudiésemos hablar a fondo de esta pasión compartida por la literatura y el ajedrez.

Realmente, la tarde en la que nos recibió fue muy rica en observaciones: Abelardo conoce profundamente el atractivo que ejerce el ajedrez sobre la personalidad de quienes se internan por sus laberintos.

Su historia con el juego-ciencia se inicia en su adolescencia al tomar parte de competencias juveniles en su San Pedro natal; otro período en el que regresa para participar de un Torneo por Equipos provincial donde lo ubican en el primer tablero y hace un gran papel, y el haber triunfado en el Torneo Mayor de San Pedro, que era su vieja aspiración.

Hoy define al ajedrez como un «hobby» o una «secreta nostalgia» (similar a lo que «eran los compadritos para Borges» afirma). En el living de su casa en el barrio de Congreso tiene un hermoso juego artesanal, regalo de un alumno, que según dice le impide tentarse y distraerse de su oficio de escritor, puesto que las piezas muy trabajadas son poco propicias para jugar. De esta rica charla, ofrecemos las consideraciones que nos parecieron más importantes:

A tu criterio, cuándo el ajedrez trasciende lo que entendemos como un juego de tablero, pasatiempo, y comienza a ser para algunas personas una realidad dónde se pone en juego cuestiones existenciales muy fuertes?

El verdadero y gran jugador de ajedrez es tan existencialmente ajedrecista como Bethoveen era existencialmente músico o como un gran escritor lo es en relación a la literatura. Para ellos, no es meramente un juego; nunca se sabrá qué es verdaderamente el ajedrez, está en duda su esencia; una ciencia en el sentido estricto no es, tampoco un arte, ya que el código es cerrado, puede ser comprendido únicamente por los que comprenden el juego; en cambio, cualquier persona puede apreciar buena música, una obra de teatro o disfrutar de un cuadro.

Es una disciplina cerrada en sí misma que supera la definición de juego, ciencia o arte; el ajedrecista de pura cepa, tal como lo ha demostrado la historia, es un hombre tan centrado en su disciplina como cualquier otro creador. Yo recuerdo que, contrariamente a la mayoría, cuando estaban por jugar Spassky y Fischer en 1972, era «hincha» del soviético, admiraba sus conocimientos de apertura, su concepción estratégica y sus magníficos ataques, es decir, para mí, abarcaba un registro más amplio que Bobby. En esa época, les hicieron un reportaje a ambos. Spassky sostuvo que el Ajedrez para él era «como la vida», en cambio Fischer dijo «es la vida misma»; esta frase, que encierra una obsesión paranoica, me hizo volcarme para su lado.

Justamente, ese encuentro, superó el aspecto deportivo para convertirse en una cuestión de estado dentro del marco de la guerra fría.

Así es, tuvo que intervenir Henry Kissinger para convencer a Fischer de seguir jugando, después de haber perdido la segunda partida por ausencia disconforme con las condiciones del encuentro; le hizo comprender que estaba representando al país contra los soviéticos. Después que volvió al match, superó ampliamente a Spassky.

Y para vos, ¿qué es el Ajedrez?

Para mí, es un juego, un hobby y hasta una secreta nostalgia, pero si me preguntaras por la Literatura, te respondería con la frase de Jean Paul Sartre: «para un verdadero escritor, la Literatura es todo, sino no vale la pena perder una hora con ella», creo que ambas respuestas, la de Fischer y la de Sartre, esencialmente se parecen.

Fernando Arrabal, fanático del Ajedrez, tiene opiniones en el mismo sentido, tanto el juego-ciencia como el teatro para él son la «vida misma», el espectáculo de dos campeones enfrentados le parece maravilloso.

Vos ves ciertas personalidades ajedrecísticas como Nimzowitch, quien afirmaba «El Peón pasado tiene alma», es una definición que está más allá del ajedrez, que sólo pueden comprender los verdaderos ajedrecistas. La realidad de una partida de ajedrez, es para ellos, mayor que la realidad cotidiana, hay ajedrecistas que… ¡hasta se olvidan de casarse!

Luzhin, el trágico personaje de Nabokov, es bien ilustrativo de este tipo de personalidad.

Yo recuerdo la anécdota de un gran maestro en Europa, que tuvo un accidente: se cayó al río mientras navegaba; en el momento en que estaba en peligro su vida, lo único que pensó fue: «Si me muero, ¡se seguirá jugando el Torneo mañana! (risas).

Por eso, las mujeres de los ajedrecistas, son víctimas de esa pasión.

Sí, no cualquiera puede ser ajedrecista, tenés que tener una personalidad muy obsesiva. Yo, cuando jugaba, me acostaba con posiciones en la cabeza, y hasta he resuelto problemas de partidas en sueños. Recuerdo una suspendida, parecía tablas, pero mi intuición me decía que si jugaba correctamente debería ganar, soñé con la partida y con la jugada ganadora, que había descartado en mis análisis sobre el tablero; vale decir, que mi inconsciente era más lúcido que mi consciente, siguió trabajando con la jugada descartada.

Justamente, la mención a los sueños, que seguramente hubiese fascinado a Borges, aparece en muchas anécdotas de jugadores de ajedrez; uno de los relatos que recopilamos es aquel que contó David Bronstein en una conferencia, se trata de una partida soñada, fantástica.

La famosa sonata de Giuseppe Tartini La risa del Diablo, fue soñada, luego le puso música, hay otras melodías también que nacieron en sueños, asimismo, en la literatura, Borges cuenta el caso del poeta inglés Samuel Coleridge, quien soñó un poema sobre el palacio de Kubla Khan, curiosamente el palacio había sido soñado por su creador: un emperador mogol cuatro siglos atrás; lo fantástico es que Coleridge desconocía este sueño anterior.

Este entorno mágico que rodea al juego cautivaba a Borges; aparte de los famosos sonetos, hay en su obra otras menciones y reflexiones sobre ajedrez.

A él le fascinaba la idea metafísica, que estos reyes y peones eran movidos por una voluntad superior, y de ahí se hacía la pregunta, si a nosotros no nos pasaría lo mismo, es decir el mundo como un gran tablero y los hombres movidos por un Dios, que a su vez, estaría movido por otro…

Dentro de las metáforas que trabajó el cine y la literatura, aparece también «lo policial», el tablero como un microcosmos donde las jugadas tienen repercusión en el mundo real.

Uno de los mayores autores de literatura policial, Chandler, hace que su detective Marlowe sea un gran aficionado al ajedrez y viva analizando las partidas de Capablanca. Sin duda hay una relación, yo doy clases de literatura; se supone, que el género cuento es donde he sobresalido, donde más se me reconoce como escritor; encuentro una gran similitud entre la partida de ajedrez y el cuento como estructura; así como en el ajedrez hay una apertura, un medio juego y un final, en el cuento hay un comienzo, un conflicto y un final, igualmente en el teatro hay tramas que parecen partidas de ajedrez, donde por supuesto, aparecen otro tipo de conflictos.

Así como en determinadas aperturas de ajedrez, por ejemplo la Ruy López, variante del cambio, con la cual Capablanca ganó muchas partidas, ya que sabía perfectamente como jugar el final ventajoso que otorga la mayoría de peones del flanco de rey a las blancas. Capablanca era muy hábil para cambiar las piezas innecesarias para ganar el final, también ocurre lo mismo en la variante del cambio de la Ortodoxa, donde brilló el maestro cubano. Ya el ajedrecista prevé el final posible, favorable. Del mismo modo, ningún gran cuentista escribe sin saber cómo va a ser el final.

Es el sentido del cuento, después se organizan los materiales para arribar a este final. Todos los grandes cuentistas: Quiroga, Maupassant, Poe, quien fue el que sistematizó las reglas del cuento contemporáneo, han dicho que las tres últimas líneas son tan o más importantes que las tres primeras.

Esto sería, por supuesto, el sistema del cuento en su parte exterior, después está lo que se llama «genio» o «talento», es decir, por más que vos sepas perfectamente como es el final de un cuento, no quiere decir que vayas a escribir uno bueno; como tampoco por más que conozcas el final ganador de alguna apertura, no tenés garantizado el éxito seguro en una partida.

Antes de empezar la entrevista, me comentaste el entusiasmo que habías puesto en los análisis de la jugada 11.g4 o P4CR en el Max Lange, que tiene como fin impedir el enroque largo y acosar a la Dama, me interesa saber cuando esta idea ajedrecística que estaba en tu mente se transforma al plano literario y la Dama ajedrecística pasa a ser una metáfora de Laura, la dama del cuento.

Diste como en el clavo: la idea del cuento: un hombre que mata a su mujer durante una partida de ajedrez era previa a los estudios del Max Lange, que yo ya había jugado y analizado. Por supuesto, había que ajustar datos y situaciones. De pronto recordé que cuando yo me planteé el P4CR lo primero que pensé es dónde va la Dama y ese pensamiento se unió a esa idea. De ahí que utilicé esta variante para escribir el cuento, tratando que justamente en la jugada 11 el otro se pusiera a pensar lo suficiente para que el protagonista pudiera consumar su venganza. Por eso, la situación ajedrecística es muy verosímil, la jugada sorpresa hace que el rival piense lo necesario para que den los tiempos.

Esto sorprende, la verosimilitud de los acontecimientos en el tablero; contrariamente hemos leído, o visto en el cine situaciones interesantes pero imposibles desde el sistema ajedrecístico.

Es que a mí me pasó en un torneo, mi rival se quedó «clavado» pensando una posición y yo aproveché esos 40 ó 45 minutos para ir a tomar un café sin que nadie percibiera mi ausencia…recuerdo que pensé podría haber matado a toda mi familia y éste no se hubiera dado cuenta nunca. Esta idea me sugirió la coartada del cuento, que es perfecta. Además como nadie te viene a avisar que tu rival ya jugó, tenés la posibilidad de hacer algo sin que se perciba por otros. Por supuesto, había que tener un poco de suerte también, si se le paraba el auto, si justamente ese día la mujer no se hubiese querido encontrar con el amante, o si Gontrán respondía rápido, pero bueno…como digo en el cuento «un poco de azar no le hace mal a la lógica».

Seguimos con tu obra, en el cuento Week-end aparece el ajedrez también, no como eje de la narración: me gustó mucho la idea «del Legado de Legal».

Sí, no es el centro del relato, hay un homenaje a este famoso Jaque Mate, que tantas veces aparece en la historia del ajedrez.

En la novela El Evangelio según Van Hutten, el ajedrez aparece con fuerza, hay muchas menciones a jugadores y problemistas; tenía curiosidad cuando leí la obra sobre cuál era tu idea sobre este atributo del personaje, gran apasionado por el ajedrez.

Sí, me pareció muy importante para enriquecer la personalidad del protagonista, ya que no es ni ajedrecista, es historiador, dice que el mundo corrupto de los hombres le impidió ser el ajedrecista que debió ser, del mismo modo él opone la belleza abstracta del ajedrez al mundo corrupto de la historia. Él tampoco es historiador del todo, da clases de Historia Medieval, que es casi tan «inútil» como jugar al ajedrez por correspondencia o componer finales artísticos.

Se nota mucho esta opinión del personaje sobre considerar al juego como un espacio de pureza del pensamiento no corrupto.

Es que para mí, el ajedrez es justamente eso, un espacio de lógica absoluta, de transparencia. Por otro lado está el mundo real, la historia, el mundo caótico, los cien chicos que se mueren en nuestro país por día por falta de atención, los desocupados…es el mundo caótico. El ajedrez, por el contrario, es un espacio cristalino, no hay buenos ni malos, hay posiciones. Algo por el estilo señala Ernesto Sabato sobre las ciencias exactas, habla del mundo abstracto, claro y nítido de estas ciencias, en oposición al mundo de los hombres, con sus celos, pasiones…

Yo, cuando tengo un problema existencial, serio, y no sé como resolverlo, lo más probable es que me ponga a jugar al ajedrez con la computadora, es como si me limpiara el cerebro de cosas que me pesan mucho, haces abstracción total, lo único que existe es ese mundo autónomo, y lo más probable es que cuando vuelvas al mundo real estés en mejores condiciones para enfrentar dificultades.

Otro tema, ¿qué opinás de la opinión generalizada de que un ajedrecista es un «ser inteligente», y que esta inteligencia podría transferirse sin más a otras áreas en forma exitosa?

Creo que en un gran porcentaje, esto puede ser cierto, pero no es absoluto; se puede ser un imbécil moral y ser un gran ajedrecista. Unamuno, siempre decía, que se podía tener un gran talento, pero eso no garantiza «la Inteligencia». Pensá en Fischer, tenía un coeficiente intelectual altísimo, pero en su relación con el mundo y los otros se comportaba como si fuera un niño, era ingenuamente egoísta; creo que como las matemáticas, los grandes exponentes, tienen una inteligencia específica. El gran jugador de ajedrez no tiene tiempo para hacer grandes cosas en otros ámbitos, los «grandes» artistas son muy buenos en lo suyo, y a veces suelen ser muy torpes para otras cosas.

Por supuesto, hay excepciones, muchos de los maestros soviéticos tenían otras profesiones, ni hablar del gran Lasker que descolló también como matemático y filósofo. Yo tengo la fortuna de ser amigo de Bent Larsen, quien es un hombre muy culto. Tiene enormes conocimiento de historia, cuando lo conocí, antes de casarse con una mujer argentina, ya tenía grandes conocimientos sobre nuestra historia y una posición política definida, distinto a otros ajedrecistas, que en general están abstraídos en su propio mundo…

El ajedrez, aunque lo parezca, no es un juego social en el buen sentido de la palabra. Hay un cuento donde dos jugadores de ajedrez se encuentran todos los días para jugar y parecen amigos. Hasta que uno de los dos desaparece, y el otro se da cuenta que no sabe absolutamente nada del compañero, si está casado, etc.

Si bien el lema de la Federación Internacional es «Gens una sumus» (somos una familia), hay que convenir que somos una familia muy extraña. Yo tengo amigos del Círculo de San Pedro, de los cuales no sé absolutamente nada sobre la vida familiar y social, ni las ideas políticas que tienen.

Unamuno, comenta que jugó mucho ajedrez en su juventud y dejó de hacerlo por la «desoladora incomunicación» de los que lo practican, uno puede estar jugando años con una persona y saber muy poco del otro.

Es que estas características tienen que ver con lo absorbente que es esta actividad y lo atrapante de su mundo. Siempre recuerdo la anécdota consagrada de Miguel Najdorf; yo la escuché por primera vez de boca del maestro Sergio Giardelli, la misma refiere a dichos de Bobby Fischer sobre «qué gran jugador hubiera sido Najdorf de haberse dedicado al ajedrez». Najdorf era una persona muy sociable, hasta parecía frívolo, mundano. Siempre se pensó que él hubiera vencido a Samuel Reshevsky, en los matches donde se jugaba quién era el mejor jugador americano, si se hubiese preparado mejor. Otro tanto se puede decir de Capablanca, le gustaba la noche, los deportes y las mujeres, él estaba convencido de que era invencible, Alekhine se quería matar en esa famosa partida que había quedado suspendida, a la cual le había destinado muchas horas de análisis. Capablanca la estudió un rato y logró empatarla, igualmente no le alcanzó para ganar el match, contra todos los pronósticos, el cubano cayó derrotado.

Alekhine era muy obsesivo.

Es que éste es un juego para obsesivos, en todo gran talento se necesita mucha dedicación. Fischer, cuando se quitó de encima esa obsesión que arrastraba desde los catorce años, luego de salir campeón mundial, no tuvo más ambiciones. Algo parecido le ocurrió al genio de Paul Morphy. Esta pasión explica la historia antiquísima del ajedrez, que se ha mantenido firme en muchas civilizaciones.

Es llamativo que en la ex Unión Soviética, en plena dictadura del proletariado, este juego se haya masificado con sus reyes y reinas.

Socialmente reproduce otro orden.

Claro, el orden caballeresco. La única incongruencia en el ajedrez, es la potencia de la Dama como pieza destructora. Fue un agregado de Occidente, aunque digamos que en la vida real, la mujer tiene un enorme poder destructivo…

Desde el punto de vista psicológico tiene sentido este poder que se le dio, si vos analizás a la mujer contemporánea, verás que tiene mucho poder.

Dentro de la evolución del juego, sabemos históricamente que muchas piezas aceleraron sus posibilidades para estar más acordes con la mentalidad occidental. Ahora bien, no está registrado con exactitud el momento crucial donde se pierden los dados.

No se sabe en qué momento fue este cambio, antes de Platón y en la India se jugaba con los dados, el juego al que se refiere Platón en sus diálogos era con dados, y curiosamente su inventor es el mismo dios que creó la escritura. El componente de lógica y pureza del ajedrez rechaza los dados, creo que la búsqueda de la perfección influyó en la pérdida de agregados donde hubiese posibilidades de azar.

Qué opinión te merece el auge del ajedrez en las escuelas, la posibilidad de que ingrese en los currículums educativos como herramienta formativa?

Creo que es muy importante en la formación de los jóvenes. Ejercita mucha la memoria, lo saca al chico de ámbitos peligrosos para ponerlo en una actividad sana. Muchas cuestiones intelectuales, como ser la capacidad de concentración, también entran en juego. Yo descubrí que tengo muy buena memoria gracias al ajedrez, aún recuerdo partidas que jugué hace veinte años.

Te cuento una anécdota que me pasó con Bent Larsen. Yo jugué con él en una simultánea, quedé último, «mano a mano», logré tablas en un final de torres; el maestro me dijo «usted juega muy bien los finales», «maestro, los escritores también podemos jugar bien al ajedrez», le respondí. Nos hicimos amigos. Charlamos mucho, él tendría unos cincuenta años; se me ocurrió preguntarle por una posición que yo había visto en una revista, le cité lo que recordaba de esa posición en sistema descriptivo, me acordaba del «dibujo» de la posición: se montaba «la máquina» para dar jaque mate. Pensó unos cinco minutos y dijo: «sí, esa es la partida que jugué con Ivkov cuando gané el título de gran maestro en la década del 50».

Ese tipo de memoria es esencial para la cultura en general. La única precaución que tendría con los chicos, salvo que alguno se perfilara para genio, es que no se pierda sólo con el ajedrez, que se interese por otras actividades.

Es un gran formador del carácter de una persona, enseña a que no es suficiente con ganar, sino que hay que hacerlo de la mejor manera.

Petrosián opinaba al respecto lo mismo, cuando se refería a la generación de maestros de su época; el gran desafío no era sólo ganar sino hacerlo de la manera más hermosa posible. Hay que tener en cuenta que la belleza de las partidas para él, no pasaba únicamente por la posibilidad de hacer sacrificios, sino también en las maniobras posicionales, en las cuales se movía brillantemente.

Sí, hay un componente estético muy grande basado en la economía de los recursos para ganar una partida, y también, como dijimos antes, en la colaboración del rival, y agregaría en los conocimientos del admirador de la obra. Yo puedo pintar un cuadro y enseguida mostrarlo «al mundo» para que lo aprecie, en cambio, si alguien quiere deleitarse con «La Inmortal» de Anderssen, necesita de conocimientos previos para captar la belleza de la combinación. Igualmente con los finales, algunos son muy hermosos, hay jugadas cómicas o paradójicas, sin embargo hacen a la idea principal, dentro del sistema tienen mucha lógica.

Por eso, me parece muy importante, para ustedes que trabajan con chicos, que desde pequeños incorporen estos elementos estéticos del juego, como el mate del caballo de Philidor, ya que no se lo olvidarán más y tratarán siempre que puedan darlo.

Creo que el único gran jugador que empezó de grande fue Yuri Averbach; él contaba que, ya jugando un torneo de maestros, tuvo dudas sobre si se podía enrocar largo en una posición, donde con un alfil le amenazaban la casilla del caballo, no recordaba bien si sólo el Rey estaba imposibilitado de pasar por «jaque».

Como para terminar con otra referencia a la Literatura; Poe, en su obra, menciona al ajedrez, pero de una manera medio extraña, supone que es inferior al juego de Damas, que para él era más lógico y perfecto. Qué reflexión te merece este comentario?

Evidentemente Poe no sabía jugar al ajedrez, o se refiere a las damas de «tres filas»; para él, el ajedrez era mero cálculo, lo que no sabía es que el ajedrez es mucho más que eso, hay análisis, concepto, intuición. En realidad, él está explicando ahí una teoría de la inteligencia, para lo que le servía este ejemplo, estaba escribiendo un cuento, y partió de la falsa hipótesis: el que calcula mejor es el que gana la partida. No usó este argumento para denostar al ajedrez, sino para hablar de la inteligencia nítida y lógica del protagonista de su cuento. Sí, acierta en el análisis del «autómata» que también le atraía mucho.

Justamente, el tema de las computadoras es muy interesante; creo que hay una confusión al respecto, un falso temor; a pesar que la computadora pueda vencer al mejor jugador del mundo, no terminaría la lucha ajedrecística entre los hombres, ya que el ajedrez no se inventó para jugar con computadoras con todo el arsenal de información a la mano. Las computadoras, para los hombres, no son más que una importante ayuda. Nadie pensaría en boxear con un autómata preparado para combatir, ni correrle una carrera al «tren bala» japonés. El juego entre hombres seguirá incólume…»

Nota biográfica:

Abelardo Castillo nació en San Pedro (Provincia de Buenos Aires) en el año 1935. Dirigió legendarias revistas literarias como El Ornitorrinco y El Escarabajo de Oro. Ha incursionado en varios géneros, destacándose especialmente como cuentista. Estos cuentos le valieron el Premio Konex de Platino, otorgado en 1994. El ajedrez aparece en su obra narrativa y constituye un hobbie para el escritor.

Abelardo Castillo, sus libros y su ajedrez

Sobre los autores:

Gustavo Águila es Maestro FIDE, Coordinador del Programa de Ajedrez Escolar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Presidente del Club de Ajedrez de Villa del Parque de la capital argentina.

Es coautor de de diversos libros de divulgación y enseñanza de ajedrez.

Gustavo Águila

Marcelo Reides es profesor de Enseñanza Primaria, Maestro Fide, compositor de problemas tradicionales y de ajedrez escolar y coautor de diversos libros de divulgación y enseñanza de ajedrez y de publicaciones en la web en sitios especializados.

Fue director y entrenador de la Escuelita del Club Argentino de Ajedrez (2000/2010) y es docente del Programa de Ajedrez Escolar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y, de la Escuela Municipal de Ajedrez de Morón, en la provincia de Buenos Aires.

Marcelo Reides

Notas relacionadas:

Abelardo Castillo, el ajedrecista-escritor. Por Sergio Negri. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/01/22/abelardo-castillo-el-ajedrecista-escritor/.

Reportaje al escritor Abelardo Castillo. Por Claudio Federovsky. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/01/22/reportaje-al-escritor-abelardo-castillo-por-claudio-federovsky/.

3 respuestas a “Entrevista a Abelardo Castillo en “Por los laberintos del ajedrez”

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