Curiosidades bibliográficas. Acerca de la manera de pensar los juegos en el siglo XVII español

Por Fernando Auciello

Pensamos así aportar a los fundamentos en torno a una historia del juego en épocas de colonia, base entre otros del juego en nuestra ciudad de antaño, la ciudad de la Trinidad en el puerto de  Buenos Aires.

Se trata de un tratado “moral” en base al juego de ajedrez,  un tratado de juegos y un libro del juego de damas, tratados y libros que corresponden a la época que estamos reseñando. 

Pertenece esta reseña bibliográfica a un plan de obra dividido en tres partes, queremos así dar fundamento al hallazgo de los juegos y sus contextos, juegos en vigor en época tan remota.           

a) La hipótesis española: esto es, qué influencias lúdicas han llegado hasta nuestras riveras, incluirán las historias que tenemos de los juegos en la península.

b) La hipótesis telúrica, allí citaremos las informaciones que tenemos sobre los juegos que se produjeron en nuestra ciudad, e incluiremos las historias oblicuas sobre las influencias lúdicas (el galeón de Manila, la introducción del contrabando y su impacto en los juegos, la influencia luso-portuguesa).

c) La hipótesis familiar: incluiremos allí las distintas influencias lúdicas según los componentes familiares (considerando a la familia como correlato humano de la casa, y los aportes que cada miembro (no solo los sanguíneos, sino también criados, esclavos, huéspedes, clientes como en Roma, etc.).     

En este último punto veremos aparecer las hipótesis más arriesgadas, menos documentadas. Pero tal vez haya que considerar este aporte  bajo la presión de un concepto, y como colofón lograr completar aquella sabida idea que nos da Jovellanos sobre la permeabilidad que tienen las sociedades para las diversiones. A aquella flagrante verdad podemos complementarla con la capilaridad de las familias en la composición social de esos usos.

Y bien, desarrollemos el primer tema, los juegos venidos de la península. ¿A qué se jugaba en la península en el siglo XVII?      

Debemos hablar de los juegos de antaño; a qué juegos estrictamente hablando se jugaba en aquellas décadas del siglo XVII.

Tableros, alhajas mobiliarias, finas recompensas de las rapiñas familiares, valiosos objetos sucesorios, nos permiten adivinar algunos de ellos. Sin duda el ajedrez, las damas y el chaquete o backgammon. También dados y naipes. Tal vez los más cultos pudieron llegar a practicar algún parchís, alguna oca. Pero sin perder el tiempo pasemos a describir los juegos y las fuentes.

Sin ir más lejos en nuestras referencias bibliográficas volvamos a aquella que nos permitió redescubrir el local de juego: “El local donde se jugaba a «los truques» tenía «sus asientos de tabla, dos bufetes, tres pares de bolas, ocho tacos y seis tableros»”[1]. Prueba más que suficiente de la existencia, de la práctica de los juegos estrictos. Pero porque no referirnos a la existencia de este campo aún no despejado de los juegos en la madre patria.

Pfandl ha escrito: “La pasión por los juegos de entretenimiento y de azar era general en la España del siglo de oro. Se jugaba al ajedrez y a las damas, a los dados y a los naipes; se hacían apuestas y se ejercitaban las artes de prestidigitación.”[2]

Y el mismo autor que tanto nos ha acercado aquel insospechado siglo, acto seguido nos aporta parcialmente la solución parcial de nuestros enigmas: Fray Pedro de Covarrubias y Fray Francisco de Alcocer. ¡Y porqué no basarnos en los mismos para los mismos menesteres! Los mismos razonamientos y hasta las mismas frases se pueden encontrar en Deleito y Piñuela, en “La mala vida en la España de Felipe IV“. El mismo viajero alemán pasea por uno y otro libro, Conrado von Bamberg, testimoniando el derroche en vestidos, mujeres, caballos y juegos de azar. Y es esta dimensión de jugadores empedernidos, de tahúres y fulleros, la que suelen aprovechar la mayoría de los ensayos. Puntualmente los juegos quedan sin descripción, no así las actitudes, las frases que los rodean, y que también debemos apuntar. Pero detengámonos un poco más en la cuestión, Pfandl decía ajedrez y damas.

Empecemos con el famoso “Remedio de jugadores“[3] de Fray Pedro de Covarrubias. De más está decir que necesitamos algo de imaginación cuando tenemos que leer este tipo de libros, a veces las palabras, desde sus ladrillos que son las letras, hasta su morada que son las frases; pero sin duda que vale la pena el esfuerzo. Bien, repasemos un poco nuestro libro.     

En la séptima página Fray Pedro enumera tres tipos de juegos: espiritual, humano y diabólico. El primero es devoto, el segundo recreativo, el tercero feo es. Así los había bautizado el glorioso Doctor, Santo Tomás. Al segundo tipo es al que nos referiremos, no solo por interés, también por vagancia. “El segundo genero de juegos se llama humano, honesto, recreativo, el cual se hace para ejercitar y probar las fuerzas, ligereza, maña: y desenvoltura del cuerpo o sanidad. Deste común y conforme dicen los doctores canonistas que es lícito.“[4] Y es aquí donde nuestro ensayo deberá volverse tedioso, pero prefiero que el mismo Covarrubias, o lo que quede de él después de nuestro intento de recrear en idioma actual lo que tan bien dicho fue, en aquel capitulo que trata sobre el juego del ajedrez[5]. Esto es que a partir de aquí comienzan unas suculentas comillas, que no me ahorro el ponerlas, pero debo aclarar que el texto es una combinación entre lo que tan bien fue escrito y lo que no tan bien hemos entendido, salvedad hecha por no dañar la memoria de autor tan benemérito. Es que con el texto no solo aprenderemos como se jugaba a uno de los primeros juegos que hemos descubierto en nuestra olvidada colonia, también veremos el sabor de algunas relaciones, en este caso de alta administración estatal, además de saborear algo de aquel lenguaje que hemos decidido dejar en una especie de intermedio entre el sentido y el sonido. Aclaremos además que los puntos suspenden nuestra remota ignorancia de palabras, y en pocas ocasiones nuestra falta de interés. Comencemos pues la labor.

“A este juego o genero de juegos se reduce el juego del ajedrez: es juego de ingenio y de industria, provechoso no solo para huir del tedioso y triste ocio, mas también para contemplar lo que significa y tomar aviso. Es de notar la gravedad del rey, cómo está acompañado, con cuánto peso se mueve: no como iracundo, apasionado o vindicativo. Como representa sabiduría con clemencia. Y en tener no mas una reina y aquella cabe si castidad, temperanza y discreción y aviso en procurar la seguridad de sus hijos y sucesores. Puedese contemplar en la reina como está a la siniestra del rey porque comúnmente recibe la corona por gracia, que tiene el rey por naturaleza o sea por linaje y sucesión. De manera que en el sitio se denota la diferencia y por consiguiente el acatamiento que ella a él debe tener. Se representa así también el limpio amor del santo matrimonio conforme a lo que la esposa de Dios en los cánticos de Salomón dice del celestial desposado. La mano siniestra me tiene sobre la cabeza y con la derecha me abraza. La cual manera de abrazar no a lugar salvo estando la esposa a la siniestra del desposado. A la parte del corazón se pone como la mas conjunta por amor, como leal consejera y callada secretaria, sobre la común condición de las mujeres. en los arfiles se entienden los jueces. y porque hay dos diferencias de pleitos y causas, unas son civiles acerca de las posesiones y otros bienes, otras son criminales: está un alfil en la blanca para las primeras y otro en las negras para las segundas, están cabe el rey para consejarle y celar su estado. Pero entre uno de ellos y el rey esta la reyna, porque si los jueces movieren al rey a rigor intervenga la reyna templando la justicia con la misericordia, si ellos trabajaren porque el rey sea temido a ella pertenece…. con discreta…. que el rey sea amado: y así los príncipes se hacen dechado del cual saquen los menores. Es después cosa de notar como de cada parte están alerta los caballeros aparejados a pelear no esperan a buscar armas o caballo al tiempo de la guerra, antes están a punto y a caballo velando con cuidado porque el rey tenga reposo y los jueces libertad de hacer justicia y castigar. Están los roques que son los embajadores en cabo lejos del rey prestos para partir y de lejos servir y defender su señor y avisarle: y así mediante ellos está donde no está, sabe lo que no sabe. Son los roques abultados porque en todo han de representar la grandeza de su rey, uno está de una parte y otro de otra: porque de cada reyno y provincia debe el rey ser avisado: pues de cada parte puede ser desservido. Denotan una cierta gravedad porque han de ser sufridos y saber disimular pues conversan con extraños y a veces con enemigos: sean discretos y no den pena a su señor con livianas cosas. Están como en frontera para recibir golpes y hacerse muro para defensa de su rey. Es después de todo esto ingeniosa consideración cómo están los peones por los cuales se entienden los labradores, oficiales y plebeyos, delante de los nobles como corona de ellos y defensa, y aíi es la verdad que aquellos sin estos no podrían ser lo que son. Tienen necesidad de los labradores para el mantenimiento, del herrero para las armas y herrajes, del sastre para el vestir, de los pañeros o perayres para hacer el paño, del mercader para proveer a la patria de lo que es falta y otra abunda, y así podrás hacer un general discurso del cual si fueres buen lógico concluirás que la gloria y vida de los nobles son los populares. Ponense estos delante de aquellos enseñando por esto a los señores y caballeros que han de tener delante sus ojos a los populares y mirar muy mucho por ellos, honrarlos y defenderlos. Están los señores y nobles quasi a las espaldas de los populares. Porque estos teniendo las seguras con la gobernación y defensa de aquellos puedan ocuparse y entender en sus oficios. Desta forma será bien ordenado el reyno ocupándose de cada uno en lo que le conviene, y no se entremetiendo en lo ajeno. Finalmente todos han de servir y guardar al rey, si solo el propio provecho miran: presto será el rey perdido y el reyno disipado . Cosa por cierto monstruosa sería y mas de tiranos robadores, de enemigos desleales y traidores que no de caballeros y servidores si procurasen de usurpar y tener tanto del rey que pongan en necesidad al rey haciéndose asi ricos  por hacer a él pobre y disminuir su potencia  por no tener su castigo. Porque el bien y paz del reyno cuelga de la presencia del rey dándole a entender que no se ha de alejar  de él: no se mueve sino a tercera casa y aun esto no salvo una y la primera vez y sin ser xaqueado porque si hay revuelta y sisma y xaques en el reyno, ni este debe ni puede salir. En este su movimiento puedese mover el rey como la reina y como cualquier otra pieza: dando a sentir que la virtud de los miembros todos reside en la cabeza y aun mana de ella. Pues el rey es en el reino como la cabeza o el corazón  en el cuerpo del animal. Debenle así reconocer todos los subjectos  como si todo lo que tienen hubiesenlo recibido de él: y por eso lo tuviesen porque place a él. A la gloria del rey y providencia se atribuye el bien, paz, y victoria de los vasallos. Sigue la reina al rey en el movimiento más no del todo que no salta como caballo porque puesto que en el vinculo del matrimonio sean iguales como dice San Pablo. Porque ella tiene señorío en el cuerpo del así como él en el de ella, mas en el movimiento no él a ella antes ella a de seguir a él no saltando con presunciones mas obedeciendo y amando con humildad. Cuando después procede el rey a la guerra salido de los términos del propio reino no se mueve sino a segunda casa porque su vida vale por mil. Y es bien que con peso se mueva pues él muerto o preso caen las fuerzas de todos los suyos. Y porque los reyes en la batalla nunca se juntan, no lo consienten los suyos ni lo permiten el real pundonor: no se allega rey a rey en el juego que no haya casa entre medias. Rey se llama porque rige y por consiguiente do no hay regidos ni subjectos no hay rey. De aquí es que presos y muertos todos los vasallos quedando solo el rey cesa su estado y dase por vencido. algunas veces por negligencia de los suyos matan al rey en lo cual acaece mezclarse malicia queriendo los traidores vengarse de su señor y matarle con mano ajena en la guerra: lo cual no pudieron con la propia en la paz, vuelven las espaldas huyendo al mejor tiempo de la defensa. La reina se muda como todos los inferiores porque el poder y gracia que ellos particularmente reciben del rey recibe ella junto y mas cumplido. Salvo el movimiento de los caballeros porque el pelear no conviene a las mujeres. Más aún que actualmente no pelean, van en el real algunas veces por más animar a los suyos y provocar a su defensa y más espantar los enemigos: como hacía nuestra gran reina doña Isabel en la guerra de Granada. Los arfiles siempre van al través y esto significa que han de ser sabios y cautelosos siempre por blanco o siempre por negro y esto significa la constancia que han menester para no mudar ni doblegar, mas deben ser rectos y enteros. Los caballeros al principio no tienen tanto lugar a donde salten como después salidos adelante porque de esforzado caballeros es temer al principio y ser osado después. La manera del saltar de blanca en prieta de prieta en blanca significa las celadas y engaños que en la justa guerra se deben y pueden hacer. Los roques en sus propio reino parecen que están atados, no salen si otros no les hacen camino: más después de salidos tienen gran libertad y autoridad en su movimiento: y a las veces afrentan al rey extraño porque los embajadores en su propia patria puesto que valgan poco salidos a reino extraño en tener las veces de su rey tienen autoridad: y cuando conviene han de ser osados y con armas secretas de consejos y aviso matan al extraño rey por la salud del suyo. Los populares que se entienden por los peones si llegan al lindero del extraño rey alcanzan la gracia y poder de la reina: de manera que son por virtud lo que son los nobles por linaje. A donde somos enseñados no abatir ni despreciar a los que son de bajo nacimiento pues los puede subir virtud y merecimiento a igualara con los que son de muy alto: y aunque parezcan ser poco deben ser en mucho tenidos: pues uno puede salvar al reino y defender el rey. no ofenden al que topan en el camino derecho: más al que hallan de través tienen y prenden como enemigo: porque en su defensa es licito a quienquiera pelear puesto que no sea caballero. De todo lo susodicho acerca de este juego quiero inferir que aquellos conviene los cuales jugándole con la mano le sienten con el ingenio. Y porque ocupa mucho tiempo no deben usar (abusar) de él los muy ocupados porque no dejen lo necesario por lo escusado. Este pasatiempo no es sino para los muy ociosos ingenios por redimirlos de malos pensamientos o para los acongojados que desean desasir la mente de algún gran cuydado que les da pena. Y trabajo.“ [folio XI,XII,XIII].         

Profundo análisis social, fina combinación de piezas y funciones, de movimientos e intenciones, de valores y estratos. ¡Y qué decir del final que aquí citamos! Volver sobre el sabido empleo de este arrobante juego para alejar al que sufre de amores de su cotidiana tristeza.

Desarrollemos un poco más las ideas, las enseñanzas de Covarrubias. En la segunda parte de su libro dice:

“Tiempo es ya que hablemos de los juegos malos y prohibidos: los cuales se pueden llamar diabólicos de los cuales hay tres diferencias.“[6] 

Y estas diferencias las desarrolla en el siguiente folio. Que los primeros son los que hacen afrenta e injuria del prójimo, y sigue:

“La segunda diferencia de juegos diabólicos es de los juegos que totalmente en cuanto a su condición estriba en la incierta fortuna: llamase en latín ludus aleorum como son naypes y dados.” Claro es que al ser más universales u fáciles deben ser más prohibidos pues: “…quién no sabe arrojar unos dados sobre una tabla: más la industria de los segundos no la alcanzan todos….El mal cuanto más común es peor y debe ser más reprimido….mayor razón que fuesen prohibidos los puros de fortuna que no los aguados con industria.” No dejemos de señalar la diferencia que falta, la de los “aguados con industria“: “La tercera diferencia es de los juegos mixtos que tienen parte de fortuna y parte de industria: como es el juego de las tablas.“  

Y antes de dejar al autor que a cito fuente de tantos otros, repasemos casi al azar, y esperemos no sin industria, que no queremos ejercitarnos en prácticas tan prohibidas, repasemos algunos puntos más, que pudieran tal vez ser del agrado de nuestros lectores.

Por ejemplo la relación entre el trabajo y el ocio:

“Que el esquivo huir los inconvenientes pasatiempos y alivios del espíritu sea vituperable: pruébalo nuestro muy sublimado Santo Tomás diciendo: Todo lo que en las obras humanas es contra la razón es vicioso y vituperable….A este propósito dice Seneca: Sed tan sabio en tu conversar que nadie te aborrezca como a áspero ni menosprecie como a vil y liviano…. Necesario es a los ordinarios trabajos interponer algún moderado solaz. De lo que dice Catón: maestro de las castigadas costumbres. Entrepon a veces gozo de parte a tus cuydados: porque puedas con ánimo renovado sufrir cualquier trabajo. Ovidio dice. Lo fatigable que no entrepone al trabajo descanso no puede durar mucho. El descanso repara las fuerzas del ánimo y renueva los miembros cansados. Aristóteles lo mismo escribe. Todo trabajador ha menester reposo…..” .

Y recomienda la música para los ánimos, la misma que Platón vuelve a recomendar en su República. Un poco más y llegamos, tal vez, a la frase que ha engendrado tanta filosofía. Salomón, el mismo que proponía partir un niño para saber, tal vez en su íntima añoranza, sobre el amor verdadero, el mismo que impulsa las búsquedas de oro en la cinematografía de Hollywod, “Salomón ayuda nuestro propósito. Diciendo que hay tiempo para reír y tiempo para llorar.”  Este erudito que ha compilado los pareceres de tantos sabios, de tantos clásicos, nos permite redescubrir la matriz, la frase, que como la primera timba de Gregorio Caro, será transportada a otros idiomas a otras formas del pensar, y que sabida o no será la inexorable causa de todo lo demás.

Y luego de loar la necesidad de cierto riguroso esparcimiento espiritual viene la cita de los mismos autores en torno al exceso. Desde hablar con feas y deshonestas palabras o burlas. Séneca…“El continuado y demasiado jugar quita las fuerzas al ánimo, róbale la gravedad…”. Pero para no convertir el exceso en exceso, que ya podemos darnos por satisfechos, pasemos rápido los folios que nos puedan interesar y dejémoslos sentados.

Nuestro erudito descubre las diversiones de su época, estos son: montería, caza, danza, música, burlas, cañas, ajedrez, naipes, dados, y tablas. Por supuesto las apuestas, finalmente lo que ha justificado un libro del tipo, las formas de regirlas, esto es la difícil disquisición entre derecho y moral, entre estado e iglesia. Basta un botón de muestra, algo que tuvo gravedad, pero que no puede dejar de ser para nosotros una humorada. El caso es que si alguien de la iglesia apostó algún objeto sagrado, un cáliz, tal objeto deberá ser devuelto. Cómo habrán llegado estos objetos del culto a las tablas de juego, tal vez algún padre desquiciado, o un inescrupuloso que no sabía que el valor de cambio de lo que ganó podría ser en un instante evaporado. Y pensando en nuestra ciudad de la Trinidad, quién puede dudar que sobre lo ganable en las apuestas haya sido un saber que en esta ciudad rivereña no se haya constituido como una ciencia. Hasta es posible imaginar a Don Simón interpretando con Vergara la docta ciencia al borde de sus conveniencias.            

Quince años después de la edición del libro de Covarrubias es editado en la misma ciudad de Salamanca nuestro segundo autor, Fray Francisco de Alcocer, mejor dicho su libro, “Tratado del juego“. Nada menos que Francisco de Alcocer, de la orden del Serphico Padre S.Francisco de la provincia de Santiago de la observancia.

Demos al lector en extenso la citas que puedan ser de nuestro interés. Es que no teniendo certeza que un trabajo que merecería el sinfín de reediciones, colaboremos aunque mas no sea con nuestra brevedad para salvar lo que se pueda.       

“Cap. I. Que es lícito el juego moderado y se puede hacer con merecimiento.

            En aquel estado dorado de la inocencia en que Dios crió a nuestro padre Adam, arreándole del don de la justicia original con que el cuerpo se sujetase y obedeciese al ánima, y la sensualidad a la razón, adornándole de virtudes, y aún según Santo Tomás y otros Doctores, hermoseándose con la gracia, los trabajos corporales y espirituales los tomaran los hombres de tal manera, que no causaran los cuerpos, ni afligieran los espíritus. Pero perdida por el pecado la justicia original, las virtudes y la gracia, quedamos sujetos a la muerte, y a que el camino y otros trabajos corporales y espirituales, aunque no sean grandes, nos fatiguen y nos den molestia y enojo, la cual experimentamos cada día y aún cada hora y momento en nosotros… Cristo…, más quiso quedar sujeto a la muerte y a padecer cansancio y trabajos. Y así cuenta San Juan que fatigado del camino se sentó encima de la fuente. Teniendo cuerpos tan flacos y sujetos al cansancio y trabajos, forzado es tomar alguna recreación, darles algún descanso y placer para poder pasar adelante y no dar con la carga en tierra. Porque como dice Ovidio: Lo que carece de algún descanso y solaz, no puede permanecer ni durar. Y como dice el sabio Catón. Entre los cuidados y trabajos que nos rodean y cercan, es razón mezclar algunos regocijos, para poderlos pasar y sufrir. Y así tomar algún placer, descanso, y regocijo, no solamente no es malo, más antes es lícito, honesto y bueno, si se toma templadamente y en su tiempo y lugar: y aún si el que esto hace está en gracia y amor de Dios….“.

Y luego vuelve sobre el ejemplo de Cristo y dice:

“Esto he traído para probar que el jugar no es malo de suyo, más antes es buena obra y lícita usando de ella templadamente y en lugares y tiempos convenientes: porque es una manera de recreación para aliviar y poder sufrir los trabajos de esta vida, que (como habemos dicho) es lícito, y aún es obra virtuosa, tomándola moderadamente, que se reduce según el filosofo, a la virtud llamada Eutrapelia, que en nuestro vulgar se puede llamar urbanidad. Esto mismo que el jugar sea lícito se prueba por la autoridad del filósofo, que dice. Así como es vicioso ser los hombres muy dados al juego y exceder en el, así lo es nunca jugar y faltar en el juego: Y a los tales los llama duros, agrestes y montesinos. Lo mismo se corrobora por lo que Seneca dice. En la conversación humana tan sabiamente gobierna que ninguno te juzgue por áspero, ni te menosprecie como a hombre inútil y sin provecho. Esto mismo tiene Tulio diciendo. Lícito es usar de los juegos y burlas, más ha de ser de la manera que usamos del sueño y del descanso, las cuales cosas no son necesarias por si consideradas, sino para tomar un rato de recreación y descanso por poder después mejor trabajar…“ .           

Continúa el autor con los ejemplo que se lee en las Colaciones de los padres, del glorioso Apóstol y Evangelista San Juan, al escandalizarse uno por verlo jugar con sus Discípulos:  

“…mandóle que flechase muchas veces un arco con una saeta, y preguntole si podría durar en aquello por mucho tiempo. Y el dixo que se quebraría el arco si lo hacía muchas veces, y respondió el Glorioso Apostol, que también se quebrantaría el ánimo del hombre si no usaba de alguna recreación.”         

Vayan expuestas las teorías al momento que podían estar en boga acerca de la relación entre trabajo y ocio, entre obligación y diversión, entre vicio y medición. Pasemos ahora al capítulo quinto, ahí se describen los juegos, los tipos de juegos.          

“Cap. V. De las diversas maneras que hay de juegos.

Tres maneras de juegos ponen los Doctores. La primera manera, es de juegos devotos y santos, que se hacen comúnmente para provocar devoción a los que están presentes, y se usan en fiestas de nuestro Señor y de otros santos, como es en la natividad de nuestro Señor y día de los Inocentes y de la Epifanía y del Santísimo Sacramento, y en otras fiestas en las que se suelen representar algunas historias de la Sagrada Escritura, o algunas farsas devotas de tal festividad. Y este uso se comenzó a imitación de David y de los suyos que iban delante del arca del Señor cantando y tañendo y regozigándose espiritualmente.

La segunda manera de juegos es, de aquellos en los cuales se representan torpes cosas y deshonestas y provocativas de lujuria, como usa la gente profana y mundana, en farsas y ejercicios y fiestas temporales.

La tercera manera de juegos es, de aquellos que se hacen para tomar un poco de placer y pasatiempo, y a las veces, juntamente, para excitarlas fuerzas. Y estos son los que vulgares llaman propiamente juegos, y se dividen según los Doctores en tres maneras de juegos. La primera es de los juegos que consisten en ciencia e industria humana, como son los juegos de pelota, bolos, argolla, ballesta, bolear, ajedrez, jugar cañas, justar, correr, luchar, saltar, tirar una lanza o dardo, y todos los semejantes: el que comúnmente aquel vence y gana que es más diestro y sabe más. La segunda manera de estos juegos es, de aquellos que consisten en solo aventura y dicha, como son los juegos de los dados y carnicoles, y en los naipes las quinolas y el parar y otros semejantes, en los cuales ninguna ciencia hay sino como aciertan a salir los dados, carnicoles, o naipes. La tercera manera de estos juegos es, de aquellos que llaman mixto, porque parte está en ventura y parte en saber jugar. De esta calidad son los juegos de las tablas, y los más de los juegos de naipes. Porque el caer de los dados está en ventura, y el ordenar las tablas en saber y ser experto en el juego. En los juegos de naipes, en las malillas, gana pierde, ciento y uno: en las trescientas, chilindrón y en la primera y otros semejantes, es lo mismo. En los cuales juegos aunque algunas veces vale más la aventura de como salen los naipes, y acaece ganar, los que menos saben, pero muchas veces es menester ciencia, y lo ordinario es ganar los que más saben y están en tales juegos más diestros“.          

Luego vendrán los análisis legales y las posiciones acerca de la restitución de lo que se gana en el juego. Después, la consideración de las justas, juegos de cañas, correr de sortija, y esgrimir; luego la peligrosidad de los toros. También serán considerados el danzar y el bailar, las farsas y traer máscaras. Por fin el voltear y el juego de pasa pasa:

“Cap. LV. Hay otras invenciones y juegos que llaman de passa passa, que algunos de ligeras y sutiles manos usan: y otros que llaman matachines: los cuales con otras invenciones semejantes y niñerías de danzas y juguetes que extranjeros traen para sacar dineros de la gente vulgar y popular…“.          

Claro que la cita me interesa para poder pensar no solo las procedencias, fundamentalmente para pensar la cuestión del juguete, en este grito embebido de proteccionismo.      

Dos puntos más.

 Una clasificación de suertes:

“Cap. XLVIII. Si las suertes…

Suertes según Santo Tomás y los Doctores se llaman propiamente, cuando se hace alguna cosa para de lo que sucede venir a saber y conocer alguna cosa secreta. Las cuales son en tres maneras. Unas se llaman consultorías, que son cuando por ellas se pretende saber qué debemos hacer en cierto caso. Las segundas se llaman divinatorias, que son cuando por las suertes pretendemos saber y conocer algunas cosas por venir…Las terceras se llaman suertes divisorias, que son cuando se echan para ver a quién se dará tal joya, o tal pieza, o tales dineros, o oficio, o dignidad”.

Resta sobre este tipo de párrafos conocerlos o no, tal cual son, sin comentarlos.

El segundo punto que nos enriquece corresponde al léxico lúdico, debemos observar que en el capítulo sobre casas de juego el autor escribe casas de conversación.

Referencias:

[1 ]Raúl Molina, “Los juegos de truques y de ajedrez…”, Rev. Historia.

[2] Ludwig Pfandl, “Cultura y costumbres del pueblo español de los siglos XVI y XVII. Introducción al estudio del siglo de oro“, Barcelona, 1942, pág 258.

[3] Pedro de Covarrubias, “Remedio de jugadores“, Salamanca, Juan de Iunta, 1543.

[4] Ibid., folio IX, Cap. III del juego humano y lícito.            

[5] Ibid., folio X, XI y XI.

[6]  Ibid., folio XXXVI.

Sobre el autor:

Fernando Auciello es Licenciado en Psicología y estudioso del ajedrez. Es docente integrante del Plan Escolar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Ha escrito artículos, libros (entre ellos El juego, Alción Editora, Córdoba, 2009) y ensayos sobre el tema del juego. Se ha especializado en experiencias socio-educativas forjadas a partir del juego ajedrez. Ha participado en la formación de ludotecarios y recreólogos en la ciudad capital de la República Argentina.

 

Fernando Auciello en el contexto de una actividad de divulgación

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s