Semblanza de Lasker. Un campeón mundial de dominio prolongado que jugaba con la psicología de los rivales.

Por Sergio Negri

Emanuel Lasker es uno de los caracteres más fuertes que he encontrado a lo largo de mi camino vital. Hombre del renacimiento, dotado de un anhelo incontenible de libertad; ajeno a cualquier compromiso social.... como todo auténtico individualista, su espíritu es deductivo y considera la investigación inductiva como ajena.... Adoro sus escritos, sea o no acertado su contenido, como frutos que son de un carácter original y libre” (Albert Einstein).

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Emanuel Lasker

Emanuel Lasker  nació en la pequeña ciudad de Berlinchen, Reino de Prusia (actualmente Barliken, en Polonia), el 24 de diciembre de 1868, siendo el menor de cuatro hermanos. Sus padres fueron Adolfo Lasker y Rosalie Israelssohn, ambos de fe judía.

Berlinchen es un término diminutivo de Berlín, pero no se trata de un suburbio, sino de un pueblo autónomo, que nunca tuvo más de 7.000 habitantes, distante a unas cuatro horas en tren de la actual capital alemana. De ese sitio diminuto, de una familia muy humilde, surgirá uno de los más grandes ajedrecistas de todos los tiempos y una de las mentes más potentes de su época.

Lasker será el segundo campeón mundial de la historia del ajedrez y el que por más tiempo conservó el título (veintisiete años). Y, a diferencia de otros grandes jugadores de cada tiempo, tuvo un desarrollo intelectual que excedió el ámbito del tablero: fue filósofo, matemático y poeta y, en definitiva, un pensador de gran sensibilidad.

En el curso de su vida, cultivará la amistad y la admiración del científico Albert Einstein (1879-1955); y ello a pesar de que el  ajedrecista supo cuestionar la Teoría de la Relatividad ya que entendía que no se podía abolir el carácter absoluto del concepto del tiempo.

Para el científico, su habitual compañero de caminatas, en las que sentía aprender mucho de los pensamientos originales de Lasker, veía al ajedrez más bien como una forma de sustento y no en tanto objetivo real de su vida.

A las matemáticas llegó ya a sus doce años de edad, cuando se lo envía a estudiar a una escuela de Berlín, bajo la protección de su hermano mayor quien le enseñó en esas circunstancias a jugar al ajedrez, más precisamente en un hospital donde Emanuel estaba internado por haber contraído el sarampión. Lasker alguna vez dirá: “me curé de sarampión pero contraje una nueva enfermedad incurable: jugar al ajedrez”. El mentor será derrotado por el alumno sólo cuando transcurrieron dos años desde que este aprendiera el juego.

Es interesante que los padres del niño, viendo que el ajedrez podía llegar a ser distractivo, deciden cambiarlo de escuela, con tan mala fortuna para las intenciones de los mayores, y tan buena para el pequeño y para la historia del ajedrez, que uno de sus maestros en el nuevo establecimiento escolar, el profesor Kevitz, era un buen ajedrecista y Presidente del Club de Ajedrez de la ciudad de Landsberg, por lo que le incentivó al niño su práctica, sin que descuidara sus progresos en matemáticas en los que evidenció un asombroso conocimiento desde las pruebas que le tomaron para incorporarse a la escuela local.

Hacía sus escapadas a Berlín, donde los hermanos ganaban dinero en los cafés de la ciudad, jugando al ajedrez y a las cartas. Berthold (1860-1928), el mayor y protector, se recibirá de médico, y también con el curso del tiempo adquirirá inquietudes variadas. Jugaba torneos de ajedrez con resultados estándar (aunque en 1902 ganará en Nueva York el 24° campeonato del Estado): tiempo después se casará con una reconocida poeta e hija de un banquero, Else Lasker-Schüller (1869-1945), con quien se divorciará en 1903.

Por su parte Emanuel rápidamente habrá de destacarse; en 1880 había aprendido a jugar al ajedrez y, en el invierno de 1888/1889, gana todas las partidas en un torneo disputado en el sofisticado Café Kaiserhof  (cuyo lujo contrastaba con su muy modesta vestimenta), lo que le abriría las puertas de nuevas competencias en el futuro.

Aquí vemos un punto de decisión central en la vida de Lasker. No es que privilegiara especialmente el ajedrez, muy por el contrario. Le interesaban más las matemáticas y la filosofía pero, al ser de un origen tan humilde, la única manera de ganarse la vida era asumiendo al juego como actividad profesional, siendo por ende un pasaporte para la subsistencia y la continuidad en sus estudios.

Gracias a ese triunfo, accede al 6° Congreso de Ajedrez de Alemania, que se hizo en el mes de julio de 1889 en Breslau (hoy Wroclaw en Polonia) y, como también se impone en esa ocasión, se consagra Maestro Nacional. De allí en más se le abrirán todas las puertas, comenzando el mes siguiente en su primera presencia internacional en la ciudad de Ámsterdam.

Los hermanos, tan unidos en esos orígenes, tiempos después, evidenciando una ampliación del foco de atención, publicarán en 1925 Vom Menschen die Geschichte (Historia del hombre), un drama con un preludio y cinco actos en la que puede advertirse la necesidad de un ethos y el permanente conflicto entre el actuar y la moral. Tras diversos conflictos que se presentan en su transcurso, el fin de la obra adquiere un tono optimista.

Eran esos tiempos mejores (aunque el mayor morirá poco después, en 1928), donde compartían pensamientos y un más holgado estilo de vida; había quedado atrás el pasado, ese de una pobreza material extrema, a punto de que llegaron a compartir el único par de pantalones que tenían cuando estaban en Berlín.

Los hermanos Lasker

En 1888 Emanuel Lasker ingresa a la Universidad, para proseguir sus estudios, habiendo en 1900 de doctorarse en Matemáticas en la Universidad de Erlangen (hoy unida con la de Nüremberg). También estudió en las Universidades de Berlín, Goettingen (Gotinga) y en la de Heidelberg, la más antigua del país. En 1893 se lo verá impartir cursos sobre ecuaciones diferenciales en la Universidad de Tulane, Nueva Orleans, EE. UU., la misma en la que se recibió de abogado el genial ajedrecista Paul Morphy (1837-1884).

Lasker fue autor de varios influyentes libros, en particular de uno que tendrá un título muy significativo: Lucha (en idioma original Kampf), que es de 1907, clara señal de la importancia que le asignaba a una actitud que se puede aplicar no sólo al juego sino a ámbitos de acción más amplios. De hecho el texto, si bien se basa en la batalla entre cerebros que se verifica en el ajedrez, comporta una reflexión profunda de la lucha como experiencia de la vida vista como un todo.

En esa mirada mucho influyó una existencia personal que, como deslizamos antes, no fue sencilla, desde luego, en una época en que ese concepto (y viene naturalmente de inmediato a la mente otro texto de título casi homónimo, el Mi lucha (Mein Kampf), del creador del nefasto nazismo), llevaba en mentes extraviadas a planos más agonales, generándose sendas guerras mundiales de las que Lasker, como tantos de sus contemporáneos, será víctima y protagonista.

En esas condiciones, por ser judío (su padre había sido cantante de una sinagoga), ante el peligro que se cernía especialmente para las personas de esa fe en el marco del avance del ominoso movimiento que conducirá los destinos de la Alemania en la que vivía, habrá de verse obligado a emigrar definitivamente, de un punto y otro, primero a Londres, luego a Moscú, ciudades donde vivirá y desarrollará parte de su carrera ajedrecística para, definitivamente, trasladarse a Nueva York, en donde finalizarán sus días.

En Kampf hay ocho capítulos que contienen títulos significativos y elocuentes: el problema; la estrategia; el principio del trabajo; el principio de economía; el balance y la ventaja; la oportunidad; el principio de la lógica y de la justicia; la suficiencia de las leyes.  No es específicamente un libro de ajedrez, aunque sus ideas son de gran aplicación a ese terreno. Es evidente que, al escribirlo mucho pensó en su práctica favorita, a la que alguna vez definió como “un combate, verdadera esgrima del intelecto”. Pero, en ese texto, se anticipan modelos que son de aplicación más amplia en el marco de la Teoría General de Juegos.

En una línea complementaria, en 1931 publica Brettspiele der Völker (Juegos de tablero de los diferentes pueblos), en el que incluye un juego de su invención, el lasca (denominación que alude a su apellido), que es en parte parecido al de damas aunque, a diferencia de lo que sucede en este, las piezas capturadas permanecen en el tablero y, si se dan ciertas condiciones, pueden ser liberadas.

En ese virtual manual también estudia la forma de practicar el go, el nim (juego de palitos al que le aplicó una teoría matemática dotándolo de una mayor complejidad), el ajedrez, las damas y el backgammon. Ajedrez, matemáticas, teoría de juegos, campos transitados con intensidad por el campeón mundial. Pero allí no se agotaron los campos en que abrevaron sus inquietudes.

Dotado de ese espíritu renacentista, que tan bien supo divisar su amigo Einstein, el ajedrecista también incursionó en los terrenos de la filosofía y de la sociología. De esos andariveles de pensamiento surgió en 1940 La comunidad del futuro donde, ya en los años dorados de su vida, reivindicaba una sociedad colaborativa y no competitiva.

Podría creerse que, si alguna vez había sostenido que “El ajedrez es lucha”, ahora estaba afirmando que “La sociedad es cooperación”. Ese es su mayor legado: en las sociedades debe regir la colaboración desinteresada y el análisis racional de los problemas sociales y de sus soluciones, dejando atrás los conflictos, las guerras y la violencia. Un pensamiento que tiene una vigencia hoy, ayer y siempre, a pesar de no ser habitualmente objeto de debida atención y necesaria práctica.  

En prueba de la valía de sus aportes, y de una trascendencia que se proyectará en el tiempo, existe hasta nuestros días una Sociedad Lasker en Alemania (Emanuel Lasker Gesellschaft) que desarrolla actividades permanentes vinculadas a su obra. Allí se estudian, además de su vida e influencia, sus textos matemáticos; los de filosofía y política; y la ya mencionada obra de teatro que hizo con su hermano.

Sus escritos ajedrecísticos fueron profusos. Su aporte más significativo en la materia fue Common Sense in Chess, en el que se consigna el resultado de doce conferencias brindadas en Londres en la primavera de 1895. Allí plantea que el ajedrez es básicamente la contienda de dos mentes y procura establecer principios generales para el juego intrínsecos a la naturaleza del ajedrez. Buena parte de ese contenido será el que comparta en Buenos Aires en 1910, y cada vez que dio cátedra sobre el tema, en cualquier parte del mundo, de allí hasta sus últimos días en las disertaciones que lo tuvieron de protagonista.

Por otra parte, presentó el Lasker’s Manual of Chess en 1925 y, en los Estados Unidos de América, así como lo había hecho en Londres antes, publicó durante cuatro años una revista, en este caso la Lasker’s Chess Magazine, que fue cerrada en 1908 cuando regresa a su país de origen.

En aquel libro se discute la idea acerca de si el ajedrez puede ser considerado ciencia o arte; contrariamente a esos criterios bastante transitados, lo presenta en tanto combate, algo que a su juicio pareciera que la naturaleza humana mayormente desea, y en el que: “el elemento científico, artístico, puramente intelectual, juega y se agita inseparable. Tablero y juego son como un ejército. Las piezas son los soldados y el estratega la mente del jugador”. Evidentemente Lasker aplica conceptos al ajedrez que están muy influidos por el clima de conflictos bélicos que fueron tan idiosincrásicos en el curso de la primera mitad del siglo XX.

En el campo más amplio de los juegos, y ya no específicamente en el de ajedrez, también tiene producciones escritas sobre los de cartas en general (Das verständige Kartenspiel, Berlín, 1929 y Encyclopedia of games, Londres, 1929); y otro más específico sobre el bridge (Das Bridgespiel, 1931).

Su acercamiento a otros juegos no fue meramente teórico: Lasker se destacó en el go y en el bridge; es más, con esta última práctica, llegó en cierto momento a ganarse la vida, en particular en los EE. UU., dejando atrás los tiempos en que se había resentido su nivel de vida económico tras la previa pérdida de los bienes al deber emigrar.

El espíritu itinerante de Lasker, con todo, estuvo marcado al principio de su vida no por la imposición (como lo sería en etapa ulterior), sino por la elección, siguiendo el curso de sus progresos en competencias de ajedrez. Y, cuando el juego se lo permitía, seguir en sus estudios en sus preferidas matemáticas y filosofía. En esos comienzos se lo verá, entre 1891 y 1892, en Inglaterra mientras que, en 1893, habrá de partir para los EE. UU., plataforma desde la cual obtendrá al año siguiente el título del mundo, tras lo cual regresará a Berlín.

De 1902 a 1907 hace una nueva experiencia en tierras norteamericanas, un tiempo del que se deriva el concepto matemático algo abstracto para legos de “anillo Lasker”, que se define así: “Un anillo A es de Lasker si todo ideal se puede representar como una intersección finita de ideales primarios”. Aumentándose la complejidad, y el misterio de lo que realmente ello significa, posteriormente se demostró que un “anillo Lasker” es noetheriano. Sus intereses iban por el lado de la geometría euclidiana y proyectiva en el espacio n-dimensional; también se ocupó de cuestiones de álgebra abstracta. En todo caso, podemos asegurar, una vez más, que nuestro ajedrecista estaba embarcado en reflexiones profundas mucho más allá de los 64 escaques del tablero.

Si bien posteriormente se radicó de nuevo en Alemania, los viajes para continuar con su exitosa carrera ajedrecística lo llevarán de aquí para allá. En 1910 se recuerda cuando fue a la Argentina, contratado por el Club Argentino de Ajedrez, entidad que se había fundado un lustro antes, orgullosa entidad de un país que estaba celebrando en el mes de mayo su Centenario como Nación, donde fue recibido con gran entusiasmo. De esa visita se recuerda, además de sus exhibiciones, un conjunto de muy interesantes conferencias e, incluso, la invitación que recibió para radicarse en un país en pleno proceso de desarrollo que parecía tener como límite sólo el infinito, como sugería la extensión de sus pampas.

Lasker en el Club Argentino de Ajedrez en 1910

La Primera Guerra Mundial fue su primera experiencia traumática, mas todo habrá de empeorar en el transcurso de la Segunda: en 1933, por su condición de judío será despojado de todos sus bienes, esos que había acumulado con la fuerza de su esfuerzo y talento.

Allí comienza el ostracismo definitivo de una patria que, evidentemente, ya no podía ser la suya. En 1935, junto a Martha Cohen (Kohn), integrante de una acomodada familia judía con quien se había casado a mediados de 1911, y con quien compartió toda su vida, se traslada a Inglaterra. Al cabo del tiempo ella será aficionada a la poesía y la pareja no habrá de tener descendencia (aunque la mujer tenía una hija de un matrimonio anterior).

Martha Cohen, la esposa de Lasker

Ambos emigrarán de Alemania, pero el Holocausto se cobrará la vida de una de las hermanas mujeres del campeón, Teófila quien, luego de poder huir a los Países Bajos, con un amigo del ajedrecista, será luego atrapada y asesinada por los nazis en 1941, lo que ocurrirá en una cámara de gas (pudo ser Auschwitz o Maidanek). La otra hermana del campeón, Amalia, como falleció en 1939, no sufrió más directamente las consecuencias letales del régimen opresivo que se instauró en su país.

Por lo pronto Lasker y su esposa siguen su camino, ahora hacia el este europeo, siendo el jugador y profesor contratado por el Instituto Matemático de Rusia y honrado como miembro de la Academia de Ciencias de Moscú; asimismo, se le confiere la nacionalidad soviética y participa de varias importantes competencias locales (es tercero en Moscú en 1935, invicto, a medio punto de los vencedores Salo Flohr y Mijaíl Botvínnik, y delante de Capablanca; bajando su rendimiento al ser sexto en 1936, en igual sitio, oportunidad en la que quien se impusiera sería el cubano, delante ahora de Botvínnik y Flohr). Pero su protector local, el polémico Nikolái Krylenko (1885-1938) cae en desgracia (se lo acusa de saboteador, siendo ejecutado, una medicina que él mismo recomendó antes para muchos de sus compatriotas en su calidad de Comisario de Justicia del Pueblo), por lo que Lasker decide en definitiva emigrar para América, su destino postrero, previo paso por el torneo inglés de Nottingham en 1936 donde igualará la séptima colocación con Flohr, registrándose un triunfo compartido de Capablanca y Botvínnik, este, en su primera incursión exitosa fuera de la URSS.

Seguramente, influido por sus vastos conocimientos de la condición humana, se le reconoce a Lasker por haber sabido introducir en el ajedrez un concepto que era prácticamente novedoso: el de jugar analizando la psicología del rival. La escuela clásica, esa que tan bien representó Steinitz como campeón, y Tarrasch como difusor, se concentraban en hallar la verdad absoluta de cada jugada sin importar demasiado el factor emocional del rival. Lasker, ahora, trataba de elegir la movida que pusiera más en aprietos a su adversario circunstancial. La Lógica vs la Psico-Lógica. Parménides (Tarrasch) vs. Heráclito (Lasker). Lo establecido vs. lo dinámico; el conservadurismo vs. la revolución. Ambos, tal vez, sobre todo el primero, hijos de Steinitz (como los filósofos griegos podrían haberlo sido de Zeus).

Gracias a su aporte, a partir de este momento, no sólo importaba el desarrollo de las propias capacidades sino que el propio juego podía y debía adaptarse a las circunstancias de la personalidad de cada contrincante, lo que dotó de una mayor complejidad y riqueza a la práctica de la actividad. Había, en aras de ser exitoso, que explorar tanto las fortalezas propias como, en un énfasis que resultó novedoso, las debilidades ajenas.

Otra idea que surgió de esa mente tan privilegiada es la de que no es que los ajedrecistas sean inteligentes, sino que el juego hace a las personas que lo practican inteligentes.

Su carrera internacional en el mundo de los escaques, como se indicó antes, se inició en el mes de agosto de 1889, finalizando en  septiembre, cuando secunda en una prueba en Ámsterdam al inglés Amos Burn (1848-1925), quedando tercero el irlandés-inglés-norteamericano James Mason (1849-1905) alguien que, en las mediciones de Chessmetrics, fue considerado el mejor jugador del planeta en varios meses de los años 1877 y 1878. Luego va a Graz, Austria, saliendo tercero, aunque es imbatido, en un torneo menor. Y en su país vence en los respectivos matches, en forma convincente, a dos figuras locales: Curt von Bardeleben (1861-1924) y Jacques Mieses (1865-1954); y también al inglés Henry Bird (1830-1908).

En los meses de marzo y abril de 1892 se impondrá en sendos torneos en Londres (fue Lasker a Inglaterra por unos días y se quedará años), delante de Mason en uno, y del poderoso Joseph Blackburne (1841-1924) en el otro; y en dos matches a los ya mentados Bird, al que derrota 5 a 0; y a Blackburne, tras 6 triunfos y 4 tablas.

También se impone en un pentagonal por delante de esos tres jugadores, más el húngaro Isidor Gunsberg (1854-1930) quien, en 1885, se había consagrado como el primer campeón de Inglaterra, título que ahora queda en manos de Lasker, el que repetirá en 1899.

Por otra parte, siempre en Londres, el alemán habrá de editar la primera de sus publicaciones, una revista que se llamará London Chess Fortnightly la que, con cierta irregularidad, aparecerá entre el 15 de agosto de 1892 y el 30 de julio de 1893.

En 1893 va a Nueva York donde, en el mes de octubre, gana un torneo con 13 puntos sobre 13, y disputa encuentros ante jugadores locales para, casi de inmediato, animarse a desafiar a Wilhelm Steinitz (1836-1900), el campeón mundial, quien aceptó el convite.

En realidad el que se consideraba el mejor retador de la época era el también alemán Tarrasch pero este, de relevantes triunfos por entonces en torneos en Europa, no se avino a cruzar el Océano para enfrentar a alguien que estaba instalado en los EE. UU. En efecto, el campeón tuvo un camino vital que siguió la secuencia itinerante de Praga-Londres-Nueva York. Curiosamente, este mismo recorrido, cambiando Praga por Berlín, y con algunas variantes intermedias, será el que en definitiva adoptará el propio Lasker.

Este, también había desafiado a Tarrasch a un match, pero este lo rechaza aduciendo que su pretendido contrincante no había ganado aún ninguna competencia importante. De ambos desistimientos, el de ahora y el anterior para desafiar a Steinitz, seguramente Tarrasch se habrá de arrepentir en el futuro ya que no alcanzará nunca, pese a sus quilates, la condición de campeón del mundo. Y será Lasker el que tendrá entonces una oportunidad, la que no habrá de desaprovechar.

Fue así que, en las ciudades norteamericanas de Nueva York y Filadelfia, y en la canadiense de Montreal, entre el 15 de marzo y el 26 de mayo de 1894, el alemán vence al nacido en una ciudad del por entonces Imperio Austro-Húngaro, logrando los diez triunfos necesarios para consagrarse, con cinco derrotas y cuatro empates (que no contaban). Un joven de veinticinco años tomaba el cetro de un veterano de cincuenta y ocho. Un recambio generacional. Un Lasker que se convierte, a partir de ahora, en el segundo campeón mundial de la historia.

La porfía se la hizo bajo la modalidad de quince movidas por hora. Cada contendiente puso en juego una bolsa de dos mil dólares estadounidenses. Lasker, cuando las cosas venían parejas pudo desequilibrar, tras obtener en Filadelfia cinco triunfos consecutivos. Partidas equivalentes en el medio juego, decantaron en finales en los que Lasker supo mejor prevalecer. La más corta de ellas fue de treinta y ocho jugadas, la más larga alcanzó las setenta y seis, evidenciando que hubo que trajinar bastante de cara a la prosecución de cada encuentro.

Partida N° 7 del match Lasker vs. Steinitz, 1894, Montreal: en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1132675
Steinitz vs. Lasker en Montreal (1894)

Poco después de esa actuación consagratoria, y algo inesperada, Lasker se instala nuevamente en Inglaterra, donde vivirá hasta 1904. Allí seguirá con sus actividades académicas y, también, con el ajedrez. En el importante torneo de Hastings de 1895, para algunos analistas el más importante de todo el siglo XIX, siendo ya líder del mundo, sorpresivamente habrá de imponerse la joven estrella norteamericana, el prematuramente malogrado Harry Nelson Pillsbury (1872-1906), quien lo antecede al campeón, cosa que también logró el ruso Mijaíl Chigorin (1850-1908).

Pero a ellos, y al propio Steinitz, Lasker deja atrás cuando se impone en San Petersburgo, en el marco de su primera visita a la URSS, un país que le será a partir de este momento muy cercano. Allí fue parte de un fortísimo cuadrangular disputado bajo la modalidad de seis partidas en cada enfrentamiento individual, que se hizo entre el 13 de diciembre de 1895 y el 27 de enero de 1896.

Entre junio y agosto de este año se lo verá ganar en Nüremberg, delante de Géza Maróczy (1870-1951) y Tarrasch, el mismo a quien había conocido e interactuado en los cafés berlineses en tiempos de otrora y al que enfrentará una y otra vez, incluido un match por el cetro ecuménico, en el futuro.

En Moscú, entre el 7 de noviembre de 1896 y el 14 enero de 1897, por primera vez se dio una revancha por el título mundial de ajedrez, en la que ahora Lasker vencerá, mucho más claramente, tras diez triunfos, dos derrotas y cinco tablas del campeón. El ahora retador Steinitz, de sesenta años, cuatro meses después de finalizar el encuentro, será trasladado a una clínica psiquiátrica determinándose que comenzaba un proceso de deterioro que, al cabo será irreversible, conduciéndolo por los caminos de la ausencia de cordura.

Lasker vs. Steinitz en Moscú

Con el título revalidado, el alemán abandona por un tiempo el ajedrez, para profundizar sus estudios en filosofía y matemáticas, regresando triunfalmente a la competencia en 1899, imponiéndose claramente en un torneo en Londres delante de Maróczy, Pillsbury y David Janowski (1868-1927); y después en París, superando a los dos primeros mencionados y a Frank Marshall (1877-1944).

Ulteriormente, comenzará a espaciar sus presencias aún más, regresando con un segundo puesto compartido con Janowski, detrás de Marshall, en el torneo de Cambridge Springs en 1904; para retomar la senda victoriosa, aunque compartiendo liderato, con Akiba Rubinstein (1880-1961) en el torneo de San Petersburgo de 1909, y otro espectacular en esa misma ciudad rusa, que se hizo entre el 21 de abril y el 22 de mayo de 1914, logrando vencer en la última fase en partida brillante a José Raúl Capablanca (1888-1942), la joven estrella que venía prevaleciendo desde la etapa previa, por lo que Lasker, al cabo de todo, llegará primero a la meta final. Ambos, más Alexandre Alekhine (1892-1946) y los ya mencionados Tarrasch y Marshall, habrán de recibir de manos del zar Nicolás II el título de Gran Maestro, los primeros en ser reconocidos de esa manera en la historia.

Lasker vs. Capablanca, San Petersburgo, 1914, en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1258181

En los tiempos fundacionales del ajedrez a nivel competitivo global, los campeones del mundo se reservaban la última palabra de cara a eventuales desafíos que se le pudieran formular. En ese sentido Lasker fue el primero en rechazar un convite (luego vendrán tantos otros…, en particular el vinculado al recordado episodio de un Alekhine que nunca le concedería la revancha a Capablanca), lo que sucedió en 1899 frente al desafío deJanowski. En su caso fue amparándose en condiciones económicas, a las que consideró insuficientes y en el formato del match: Lasker quería que se resolviera todo con ocho triunfos, mientras que el retador pretendía que fueran diez.

En esos tiempos se dieron negociaciones con igual objetivo, y fracasadas, teniendo como probable rival a Tarrasch, con quien en principio iba a jugar en 1904; pero curiosamente fue el desafiante quien no quiso jugar, aduciendo una lesión en un pie. Sin embargo se cree que ello se dio al no haber podido llegar a reunir la bolsa de recompensa. Otros que tuvieron frustraciones para enfrentar a Lasker en aquellos años, fueron Chigorin, momentáneamente Marshall (ya tendrá su oportunidad) y, sobre todo el poderoso jugador polaco Akiba Rubinstein. Otro que pudo haber desafiado al campeón es Maróczy quien lo iba a hacer en 1906.

Con todo, aunque en tiempos posteriores tanto Janowski como Tarrasch y Marshall habrán de tener sus respectivas posibilidades de acceder al cetro, y Chigorin las había tenido antes con Steinitz (mas no podría reiterar esa clase de encuentros ahora frente al alemán), y Maróczy no podría ser considerado tampoco como un rival de gran fuste, el caso más especial es el de Rubinstein quien, con un Lasker retirado momentáneamente de la práctica, tuvo su época de esplendor que lo llevó, en las consideraciones de Chessmetrics, a ser el N° 1 del planeta durante veinticinco meses entre los años 1908 y 1914.

En esas condiciones, y no habiendo podido acceder a ese merecido match contra Lasker, el que en 1909 estuvo a un paso de realizarse, hace que al jugador polaco, en muchas visiones, incluida la de quien escribe estas líneas, se lo considere el “primer campeón mundial sin corona de la historia del ajedrez.

Rubinstein, quizás el primer campeón mundial sin corona

Es el momento de ver los desafíos concretos, y no los potenciales, que en definitiva tendrá Lasker, el primero de los cuales se dio tras diez años en los que, inopinadamente, no se dio esa clase de confrontación (un rey muy cómodamente instalado en su trono). Tras la revancha contra Steinitz, el primero que logra enfrentarlo es Marshall, en match que tuvo por sede a cinco ciudades norteamericanas: Nueva York, Filadelfia, Washington, Memphis, Chicago y Baltimore.

Fue entre el 26 de enero y el 6 de abril de 1907, con un incuestionable triunfo para el campeón, tras ocho triunfos (los necesarios para imponerse conforme el reglamento aplicado en la ocasión), siete tablas y ninguna derrota.

Lasker (derecha) vs Marshall

En 1908, tras el fracaso del intento de cuatro años atrás, pone en juego la corona ante su compatriota Tarrasch quien, como sabemos, en su momento de esplendor personal se negó a jugar contra Steinitz por el máximo título mundial (en 1890 se iba a hacer en el Club de Ajedrez de La Habana), por sus compromisos profesionales como médico. Esta negativa fue la que dio paso para que Lasker fuera a la sazón el desafiante y el campeón.

El tiempo había pasado y ahora un disminuido Tarrasch, y un más potente Lasker, se ven entre el 17 de agosto y el 30 de septiembre de 1908 las caras en las ciudades alemanas de Düsseldorf y Münich, con un campeón que ratifica claramente su liderazgo mundial, tras ocho triunfos, tres derrotas y cinco tablas (que no se incluían en el conteo).

Lasker y Tarrasch

Dos años más tarde se disputa en Viena y Berlín un nuevo match por el campeonato, ahora con el jugador austriaco Carl Schlechter (1874-1918) quien, si bien era respetado, no aparecía entre las grandes luminarias de la época. Se esperaba una fácil reválida de Lasker, mas los acontecimientos tuvieron un cariz inesperado.

Al cabo de todo retuvo la corona el alemán, con un triunfo por jugador y ocho tablas en circunstancias que, al menos, resultan algo extrañas. En principio, se iban a jugar treinta partidas, las que por razones económicas se redujeron a diez, disputadas entre el 7 de enero y el 10 de febrero de 1910. Por otro lado, el reglamento habría establecido (las condiciones nunca quedaron del todo claras ni fueron debidamente publicadas), que el retador tendría que acumular una ventaja de dos unidades (y no meramente de una) para acceder a la corona, lo que es absolutamente excesivo e ilógico.

Sin embargo, algunos historiadores dudan de esta cláusula, o interpretan, creemos que más exactamente, que esa condición de una diferencia de dos unidades regía para el caso del match original de treinta partidas pero no para su versión reducida final por lo que, en ese caso, efectivamente Lasker estuvo a punto de perder el título ante un rival tan rocoso como algo afortunado (en la quinta partida que ganó, el desafiante estaba objetivamente perdido).

Pero la posibilidad de que la exigencia de una diferencia de dos unidades hubiera de alguna maneta estado presente, al menos en el plano de las condiciones contractuales secretas, se abona por el hecho de que el austriaco, que al cabo del noveno juego se mantenía imbatido y llevaba la ventaja de un triunfo obtenido previamente, forzó los acontecimientos en el último juego cuando, de otra manera, las tablas le hubieran supuestamente conferido el título.

La cosa es que en esa agonal y algo imprecisa partida (el nerviosismo de la situación se intuye con claridad), Schlechter llegó a estar claramente mejor. Igualmente las peripecias del juego fueron cambiantes y, al cabo de todo, se impone Lasker quien, de ese modo, iguala el marcador, y dramáticamente conserva el título tras la paridad decretada en el match.

Lasker vs. Schlechter, última partida en el match por la corona, 1910, en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1121156
Carl Schlechter

Por fin, en ese mismo año, se le habrá de presentar la oportunidad a Janowski. Ya en mayo de 1909 se enfrentaron en París en un match de exhibición que resultó absolutamente parejo, con dos triunfos por bando. Pero, en otra prueba similar, en octubre/noviembre de ese año en la capital gala, el alemán se impuso claramente con siete victorias, una derrota y dos tablas.

Ahora, entre el 8 de noviembre y el 8 de diciembre de 1910, se volverán a ver las caras, quizás no muy amistosamente (Janowski había dicho que su rival no jugaba al ajedrez sino al dominó), en el marco de un encuentro oficial por el título en Berlín en el que nuevamente Lasker, demostrando que sí jugaba al ajedrez (tal vez lo hiciera también del dominó), se impone contundentemente con ocho triunfos, tres empates y sin derrotas.

Lasker (derecha) vs Janowski en París, 1909

En 1911 la nueva figura que irrumpió en la élite, el cubano José Raúl Capablanca, estuvo a punto de desafiar al campeón aunque, nuevamente, no se pusieron de acuerdo en las condiciones. La bolsa de diez mil dólares estadounidenses fue aceptada, siendo el punto de disputa precisamente esa cuestión de la diferencia de dos puntos que debía obtener el retador en el caso de que el match se prolongara a treinta partidas (el que podríamos denominar  el affaire Schlechter), situación a la que se podía arribar si previamente alguno de los contendientes no triunfaba en seis encuentros.

Los años pasaban y en 1916 Lasker juega en Berlín nuevamente contra Tarrasch mas, esta vez, en forma amistosa, con cinco victorias, un empate y ninguna derrota, a favor de aquel.  Dos años después, en la misma locación, se hace una competencia a doble vuelta con la presencia de ambos, a quienes se sumaron Rubinstein y Schlechter, con un contundente triunfo del campeón que acumuló 4,5 puntos sobre 6, invicto, quedando el polaco a media unidad. ​

La situación económica de Lasker era desesperante, por efectos de la guerra. En ese contexto, se reabrió la posibilidad de un encuentro con Capablanca, ya sin poder tener demasiadas exigencias como otrora, ya que lo que importaba era el dinero que le permitiera sobrevivir. Si bien el campeón quería que la sede del match fuera en los Países Bajos o en los EE. UU., hizo la concesión de que se lo hiciera en La Habana, es decir en calidad de absoluto visitante, y a pesar del clima cálido del lugar, al que no estaba especialmente acostumbrado, máxime que ya contaba con 52 años, veinte más que su rival local.

Los veinte mil dólares estadounidenses reunidos por la afición cubana fueron determinantes para la consecución del encuentro. Otro cambio que aceptó el campeón fue que se jugaran únicamente veinticuatro partidas, una modalidad que ulteriormente sería casi un canon. ​

Lasker (derecha) vs. Capablanca

Un campeón muy disminuido en su fe se vio a sí mismo como un mero aspirante; es más, en junio de 1920 quiso resignar la corona aún sin jugar, lo que no fue aceptado por el prodigio cubano. En definitiva el encuentro se hizo entre el 18 de marzo y el 28 de abril de 1921, al cabo del cual se lo advierte a Capablanca vencer ampliamente, con cuatro triunfos y diez empates, que precedieron al abandono de un Lasker que no conoció el triunfo en la oportunidad (algo humillante para sus pergaminos), siendo inducido a adoptar la decisión de resignar por indicación de su médico. Tiempo después, más exactamente en 1922, publicará en Berlín un libro dando cuenta de lo actuado en este match por la corona mundial.

Tras esta debacle, un muy veterano Lasker seguirá siendo una figura de temer, incluso para las nuevas generaciones. En 1923 triunfa en forma invicta en la competencia checa de Maehrisch-Ostrau, delante de figuras de la talla de Richard Réti (1889-1929), Ernst Grünfeld (1893-1962), Tarrasch, Rubinstein y un joven que próximamente será campeón del mundo: Max Euwe (1901-1981).

Un paso aún mayor fue cuando en Nueva York, entre el 6 de marzo y el 21 de abril de 1924, se impone en un fortísimo torneo a doble vuelta, relegando a posiciones inferiores al campeón Capablanca (a quien superó por punto y medio) y a su futuro sucesor Alekhine (la distancia con este fue de cuatro unidades), entre otras figuras participantes. Evidentemente el viejo jugador seguía en plena vigencia.

Torneo de Nueva York en 1924

En 1925 en Moscú secunda al entonces local (luego devendrá en ciudadano alemán, país en el ya por entonces residía) Yefim Bogoliúbov (1889-1952), aventajando a Capablanca y Marshall para, casi de inmediato, abandonar el ajedrez, hasta que reaparece en una competencia en Zúrich, en 1934, donde saldrá quinto, detrás de Alekhine, Euwe, Salomon Flohr (1908-1983) y Bogoliúbov. Y en 1935, afincado en la URSS, queda en el tercer lugar e invicto, como dijimos antes, detrás de Mijaíl Botvínnik (1911-1995) y Flohr en el torneo de Moscú, para ser sexto allí mismo en 1936 y quedar rezagado ese año en Nottingham, Inglaterra como hemos expresado previamente.

Emigra a los EE. UU. en el siguiente año, siendo el último registro vinculado al ajedrez para el viejo campeón el de mayo de 1940, cuando disputa un match amistoso contra Marshall pero, tras una derrota y unas tablas, se lo suspende por enfermedad de un Lasker que habrá de fallecer en Nueva York el 11 de enero de 1941 a la edad de setenta y dos años.

Chessmetrics, que ha medido la trayectoria de los ajedrecistas a lo largo del tiempo, ha determinado que Lasker fue nada menos que el jugador N° 1 del mundo durante 292 meses, puesto al que accedió en junio de 1890 y del que egresó en diciembre de 1926. Su ranking más alto es de 2.878 puntos, que corresponde al mes de mayo de 1894.

En la consideración comparativa, el alemán es el tercero de todas las épocas, después de Kaspárov y Kárpov, y delante de Alekhine, Korchnói, Smyslov, Keres, Petrosián, Botvínnik y Spaski, al analizarse la carrera integral de todos los jugadores a lo largo de quince y veinte años.

Cuando se estudia lo sucedido en un lapso de cinco y diez años, Lasker asciende al segundo puesto, quedando sólo por debajo de Kaspárov, y delante de todos los demás, entre ellos, obviamente, Fischer, Capablanca y el propio Kárpov. Para más, habría que tener en cuenta que hay un proceso inflacionario en los guarismos de las mediciones, por lo que las correspondientes a Lasker son subestimadas respecto de lo informado para otras figuras posteriores a su tiempo.

EDO Historical Chess Ratings, un sistema de mediciones alternativo que, a diferencia del otro, analiza la producción anual y no en forma mensualizada, presenta a Lasker como el N° 1 del mundo entre 1892 y 1913 sin solución de continuidad. Y regresa al podio en los años 1924 y 1925 siendo este el último periodo analizado por la firma. En los restantes años, en el entorno que comienza en 1890, ocupó la segunda colocación. Una permanencia en lo más alto realmente admirable.

Lasker, gracias a su amplio bagaje intelectual, supo incorporar al ajedrez el componente psicológico. Más que un ajedrecista, fue un investigador del juego, uniendo sus cualidades intelectuales y lúdicas. Esas fueron sus mayores contribuciones, las de alguien que fue rey absoluto durante muchísimo tiempo, y que supo competir eficazmente hasta los sesenta y ocho años de edad, una altura de la vida en la que muy pocos siguen pudiendo destacarse en la élite.

Además, por sus grandes contribuciones en materia de ciencias formales y sociales, y su incursión en el mundo del teatro,  evidenció que no es enteramente una regla que los ajedrecistas sean monotemáticos o que el juego pueda distraer a sus cultores inhibiéndolos de hacer aportes más generales que beneficien el conocimiento de la Humanidad en otros campos.

Un alma en muchos sentidos renacentista como la de Lasker, habría de llegar al mundo para destacarse. Esa persona modesta, reservada, de origen tan humilde, con una clara contracción al estudio y a la investigación, y de una inteligencia prodigiosa, que debió a travesar tiempos turbulentos y delicados, y profundos cambios en las condiciones de vida, es por muchos motivos digna de admiración.

Lasker, no sólo fue el campeón de ajedrez más longevo en ostentar el título mundial y quien permaneció más tiempo en la cúspide, sino que supo, al iluminarse a sí mismo alumbrarnos a todos, acerca de que el juego debe ser visto como parte de un todo.

Como ajedrecista tuvo un estilo reconocidamente universal: no se destacaba en ninguna fase del juego en especial, más bien en todas se sentía cómodo. Simétricamente, su estilo de vida también evidenció un espíritu omnicomprensivo: todo le interesaba, en diversas actividades aplicó su genio y recorrió todos los caminos que les fueron dados.

Como muy pocos elegidos, dejó un legado que podrá ser recordado y recorrido por siempre. Un hombre singular. Un espíritu inquieto. Una personalidad que, en muchos aspectos, es emblema de lo mejor de un tiempo que ya no es.

Lasker, un espíritu renacentista y, por ende, un ser eterno y universal.


Emanuel Lasker

©ALS, 2021

Nota de cierre:

Los libros no ajedrecísticos de Lasker fueron: 

En ciencias duras: Metrical Relations of Plane Spaces of n Manifoldness y About a certain Class of Curved Lines in Space of n Manifoldness, ambos de 1895; Über Reihen auf der Convergenzgrenze, de 1901; Zur Theorie der Moduln und Ideale, de 1905, y el ya mencionado en la nota principal Brettspiele der Völker.

En filosofía: Das Begreifen der Welt (Comprender el Mundo), de 1913; Die Philosophie des Unvollendbar (La Filosofía de lo Incompleto), de 1919; y el también precitado The Community of the Future, de 1940.

Como se verá, preocupaciones intelectuales del autor de vastos alcances y, con el último de esos trabajos, el planteo de una utopía sobre una sociedad más justa e ideal. Allí se presenta una idea que en su momento se consideró muy original: darle Alaska al pueblo judío para evitar su diáspora permanente; y en ella también se ocupa del grave problema del desempleo.

Notas relacionadas:

Análisis astrológico de Lasker. Por Silvia Méndez. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/02/26/analisis-astrologico-emanuel-lasker/.

Emanuel Lasker vs. Johann Bauer, Ámsterdam 1889. Por Zenón Franco Ocampos. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/02/26/emanuel-lasker-vs-johann-bauer-amsterdam-1889/.

Tributo de un argentino a Steinitz y Lasker al visitar sus tumbas. Por Christian De Luca. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/02/12/tributo-de-un-argentino-a-steinitz-y-lasker-al-visitar-sus-respectivas-tumbas/.

Buscando a Lasker. Por Claudio J. Gonçalves. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/02/26/analisis-astrologico-emanuel-lasker/.

Semblanza de Steinitz. Por Sergio Negri. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/02/12/semblanza-de-steinitz/.
 

 

3 respuestas a “Semblanza de Lasker. Un campeón mundial de dominio prolongado que jugaba con la psicología de los rivales.

  1. Leo Szloss 26 febrero, 2021 / 2:35 pm

    Gracias Sergio Negri por tan detallada e impecable semblanza del Dr, Lasker.

    Le gusta a 1 persona

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