Escritoras pioneras en incluir al ajedrez en su respectiva obra literaria

Por Sergio Negri

Siempre es un desafío tratar de determinar el caso pionero, partiendo de la definición de una taxonomía específica, cualquiera que sea. En todo caso es muy interesante hacer esa clase de ejercicio de exploración ya que, en el proceso de búsqueda, surgen hechos notables, algunos de los cuales son muchas veces olvidados, por lo que corresponde actualizarlos y darles una renovada puesta en valor.

A la hora de interrogarnos por caso quién fue la primera mujer escritora que, al menos en el mundo occidental, incluyó al ajedrez en su obra, hay que reparar en dos nombres de personalidades contemporáneas: el de un personaje ignoto, que trascendió  como María de Francia, y el de otra figura, en este caso del todo aprehensible, surgida en el extremo oriental del continente, la bizantina Anna Comneno.

La primera, Marie France, tal la forma en francés en la que se la conoció (su nombre real es un misterio), fue una escritora de la que poco se conoce. Su obra y su vida se la ubica entre entre los años 1160 y 1245, que escribía en diversas lenguas (latín, inglés medio y el francés que se hablaba por entonces en París) y que era también traductora. Sus aportes estuvieron vinculados al género del amor cortés, en particular a través de lo que se denomina lais, es decir poemas narrativos cortos bretones. Se la considera, en cualquier caso, la primera poeta francesa.

Su identidad se ha deducido a partir de uno de sus trabajos en el que, en lenguaje original, se dice: “…me numerai per remembrance / Marie ai nun, si sui de France…”; vale decir: “firmaré para ser recordada: / Mi nombre es María, y soy de Francia…”.

Se han efectuado numerosas especulaciones en torno a su persona. Se cree que pudo haber sido una abadesa y, tal vez también media hermana del rey inglés Enrique II (1133-1189), por lo que estuvo en la corte de Leonor de Aquitania (1122-1204), una reconocida aficionada al ajedrez; que fue hija de Galerán IV de Meulan (1104-1166), un conde francés que emigró a la isla británica o, incluso, que fue hija del rey inglés Esteban (c. 1092/6-1154) y de Matilde I de Boulogne (1105-1152).

Sus escritos están en dialecto anglo-normando, en la cual produjo, en la segunda mitad del siglo XII, la primera colección de fábulas esópicas, una narrativa sobre temas profanos y el Espurgatorie Seint Patriz (Purgatorio sobre San Patricio), una versión traducida y ampliada de un texto en latín muy antiguo. Además tradujo del inglés al francés las Fábulas de Esopo.

Marie de France (by Torana, Public Domain)
María de Francia

En Eliduc, el último de los doce “lais”, donde el eje argumental son las andanzas de un caballero de ese nombre, se presenta una escena en la cual:

“El rey había terminado su comida y se había ido a la cámara de su hija para observar cómo un maestro de ajedrez del extranjero la instruía en las complejidades del juego…” (traducción propia del texto en inglés).

Ese tramo es bien típico de la literatura de amor cortés medieval en los que, generalmente, los caballeros interactúan con monarcas, estando casi siempre presente una figura femenina, en este caso la hija del rey, la princesa Guilliadon, en la que se deposita la esperanza del amor.

En esas condiciones, de manera diversa, el juego de ajedrez podía ser un perfecto pretexto para fortalecer los vínculos entre los enamorados.  De hecho, en la prosecución del pasaje indicado, se lo ve a Eliduc,  un muy fiel servidor del rey, siendo instado por este en aras de que prospere la relación sentimental entre los jóvenes.

Milun, otro de los trabajos de María de Francia, está inspirado en la historia de un caballero que vive en el sur de Gales, quien se enamora de la hija de un barón, con la que tiene un hijo, mas las circunstancias hacen que se separen. Cuando quiere retomar el contacto con su amada, ella estaba, infelizmente casada.

En esas circunstancias le envía un mensaje, a través de un escudero, el que se concreta en el contexto de una situación en la que se aprecia que varios caballeros estaban jugando al ajedrez. Una nueva muestra de que ese pasatiempo era uno de los preferidos en su época como entretenimiento social.

Por ambos trabajos le corresponde a María de Francia la calidad de ser la primera mujer, al menos en Occidente, en legar escritos en los que existen menciones expresas al ajedrez, estrictamente en el género de ficción, una línea que habrán de emprender con posterioridad muchas de sus colegas.

Adicionalmente, hay que hacer una referencia a Guingamor un relato que, en el actual estado de investigación, es concebido como de autoría anónima aunque, en algún momento, fue atribuido a María de Francia, cosa que hoy se relativiza.

En esta obra el juego también hace acto de presencia. Allí se cuenta la historia del sobrino de un rey, natural heredero al trono (por falta de descendencia directa), quien se verá obligado, por principios, a abandonar el reino, para evitar las insinuaciones de la reina, quien se enamoró del joven.

Ese flechazo amoroso ocurre cuando el caballero jugaba al ajedrez con un senescal, momento en el que la soberana, más que observar el juego, se dedicó a apreciar la belleza del joven.

El pasaje en cuestión es el siguiente:

Al principio Guingamor se levantó y se fue hacia el castillo para buscar consuelo. El senescal lo recibió abrazándolo, hablaron por un tiempo, y luego se sentaron a jugar al ajedrez. Y mientras estaban sentados allí, la reina llegó a la puerta de la cámara en camino a la capilla. Ella era alta, bella y elegante; se detuvo un momento para mirar al caballero jugando al ajedrez, quedándose absolutamente quieta”.

La reina luego se retira, indicándole a una de sus asistentes que vaya a interrumpir la partida de ajedrez del caballero para pedirle que se presente ante ella, oportunidad en la que le declarará su amor. El joven, avergonzado, regresa para proseguir la partida pero, a partir de ese momento, todo cambiaría, y se sucederán los hechos que implicarán su huida del reino para no ser obligado en caer en traiciones e infidelidades. 

Como se verá, una vez más el ajedrez es presentado en un argumento clásico de la literatura medieval: como escenario posible, y a veces deseable (mas no es precisamente este el caso), para favorecer la interacción entre personas y, de ese modo, estrechar los vínculos amorosos.

Antes incluso que lo hiciera María de Francia en un texto ficcional, será otra mujer la que hable del juego por vez primera, aunque haciéndolo en un relato de tono histórico. Se trata de Ana Comneno (1083-1153), una princesa bizantina que menciona al juego en La Alexiada, una biografía de su padre, Alejo I Comneno (1048-1118), que vio la luz en 1148.

En el libro XII de esa vasta obra, titulado “Los conflictos nacionales: Segunda invasión normanda (1105-7)”, se constata que su progenitor era muy aficionado al ajedrez (en rigor al zatrikion, como se denominó al juego en esa comarca).

El tramo específico del relato dice:

“Así pues, estos militares, es decir los Anemas, los de Antíoco y los conjurados con ellos, conspiraban vilmente contra la persona del emperador para llevar a cabo sin dilación, cuando hallaran el momento oportuno, el planeado asesinato del soberano. Más, dado que la providencia no les concedía ninguna oportunidad y el tiempo iba corriendo, por el temor a ser descubiertos creyeron haber encontrado la ocasión que estaban buscando. Como, después de despertarse al alba, con el deseo de evadirse agradablemente en determinados momentos de la amargura y las preocupaciones que lo embargaban, el soberano solía recurrir a alguno de sus parientes para que lo acompañasen en sus partidas de ajedrez (éste es un juego inventado para el ocio de los asirios, y llegado a nosotros desde sus tierras), aquéllos, que habían armado su mano rebelde y albergaban en sus entrañas la intención de asesinarlo, pensaban avanzar hasta la cámara imperial con la excusa de buscar al emperador…”.

Ana Comneno

Ese pasaje alude a un preciso episodio histórico, el de una conspiración encabezada en 1105 por algunos integrantes de una familia aristocrática bizantina, la de los Anemas de mentas, quienes contaron con la complicidad de otros personajes (entre ellos ciudadanos de Antioquía), en cuyo marco pretendían ejecutar al monarca quien, tras haber frustrado el intento, apresó a los involucrados, a quienes de todas maneras les perdonó la vida.

Desde el punto de vista ajedrecístico se destaca que el juego, como en tantos otros puntos de Europa, había ingresado decididamente a Bizancio donde fue aceptado como un pasatiempo cortesano, siendo una práctica muy usual en la corte. Aquí se aprecia cómo es el propio soberano quien, para distraerse, lo practicaba con bastante asiduidad, aún a pesar de los peligros que podían implicar si se caía en un estado de excesiva distracción.

Se da en ese fragmento otra pista muy sugestiva, aunque sin precisarse datación alguna: se asegura que serían los asirios los inventores del juego y quiénes lo habrían llevado a la propia Bizancio desde donde, como se sabe, ulteriormente pudo haber sido difundido al centro europeo y, tal vez, también por el norte de lo que será con el tiempo Italia.

Para el lingüista escocés Duncan Forbes (1798-1868) esa referencia literaria era una prueba de que el ajedrez ingresó a Bizancio vía Persia, teniendo en cuenta que Asiria formó parte del imperio sasánida y, como ha sido debidamente documentado, fue precisamente en tiempos de uno de sus soberanos, Cosroes I (501-579), en los que una versión de ajedrez ingresó al país desde un reino indio ubicado al este.

Contrariamente, José Brunet i Bellet (1818-1905) opina que, al no decirse Persia, sino Asiria, esa es una muestra, junto a otros elementos que aporta, de que el ajedrez era conocido en Bizancio antes de que en la propia Persia, invirtiendo la secuencia de difusión (la idea del investigador catalán no ha podido ser sustentada ulteriormente por lo que ha caído en descrédito).

Es interesante, como dato complementario, destacar que, en tiempos inmediatos posteriores a los de Alejo I Comneno, y pese a la afición del soberano y de la corte bizantina en general por el ajedrez, se registró en esa cultura uno de los casos de prohibicionismo que tuvieron como objeto al noble juego.

En efecto, Juan Zonaras (1074-1130), quien fuera secretario privado de aquel soberano, al convertirse en un monje de la Iglesia Ortodoxa de Oriente formula, hacia el año 1125, una denuncia eclesiástica hacia el ajedrez, en particular porque el juego estaba asociado, aún, al uso de los dados. Y eso facilitaba las apuestas.

Esto era cuestionado desde el Concilio Quinisexto, el que no es reconocido por la Iglesia Católica, pero sí por la Ortodoxa, el que fue realizado en Constantinopla en el siglo VII. El canon 50 incluido en él rezaba así:

A partir de este momento, nadie, clérigo o laico, puede jugar a los dados. Y si se encuentra a alguien de aquí en adelante haciéndolo, si se tratara de un clérigo debe ser depuesto y si fuera un laico será expulsado de la Iglesia”.

Retomando esta malhadada y antigua idea Zonaras, ya en el siglo XII, prescribió:

Debido a que hay algunos obispos y clérigos que se apartan de la virtud y juegan al ajedrez (zatikrion) o a los dados o beben en exceso, la Regla ordena que tales cesen de hacerlo o sean excluidos; y si un obispo o anciano o diácono o subdiácono o lector o cantante no deja de hacerlo, será expulsado: y si los laicos se entregan al ajedrez y a la embriaguez, serán excluidos “.

Volviendo al punto central de este trabajo terminemos diciendo que, María de Francia en ficción, y la bizantina Ana Comneno en una obra de carácter histórico, fueron las escritoras pioneras en incluir al ajedrez en la literatura europea.

Al hacerlo, ambas supieron registrar la relevancia social y cultural del ajedrez en las cortes medievales, un juego que se difundió y adquirió reputación intelectual en geografías tan distantes que van, del extremo oriental continental (Bizancio), hasta territorios ubicados bastante más hacia el oeste del continente (Francia e Inglaterra).

María de Francia y Ana Comneno: dos talentosas mujeres que deben, y por siempre, ser reconocidas y valoradas entonces, por sus contribuciones primeras a la hora de estudiarse la evolución del vínculo del ajedrez con la literatura.

©ALS, 2021

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