Una anécdota del Magistral de Mar del Plata 1957

Por Enrique Arguiñariz

Aprovechando la entrada que se publica hoy, Imágenes de Najdorf, Keres y otros jugadores participantes del Torneo de Mar del Plata de 1957, es un buen momento para relatar una anécdota que me contó el GM Oscar Panno y que he volcado al libro “Panno Magistral – Vida y Ajedrez de un Gran Maestro”. Dicha anécdota tiene como protagonistas, precisamente, a Najdorf y a Keres.

El suceso ocurrió en el viaje de ida desde Buenos Aires hacia la ciudad de Mar del Plata, y forma parte de un capítulo donde se cuentan las travesuras de un grupo de bromistas maestros de ajedrez conocido como “El Club de las Lenguas de Víbora”.

Paul Keres y Miguel Najdorf. A la derecha de ambos, Vasily Smyslov y Mark Taimanov

Vamos al relato:

“Cuando se efectuaban aquellos emblemáticos magistrales de Mar del Plata
de la década del cincuenta o aún antes, tanto el traslado de los maestros, sus
esposas, árbitros, periodistas y dirigentes, desde Buenos Aires hacia “La Feliz”,
como el respectivo regreso, se hacía sistemáticamente mediante el charter
de un vagón completo del tren que inicia su recorrido en la Estación
Constitución de la Ciudad de Buenos Aires. Era la mejor opción. La Ruta 2, que era la alternativa para
desplazarse por ómnibus, aún estaba en un estado muy precario, y la posibilidad
de alquilar un avión no era viable en aquel entonces. Constituía todo un
clásico aquel viaje, que duraba seis o siete horas, y que ofrecía a los jugadores
la posibilidad de almorzar en el vagón comedor. Era una oportunidad de que
aquellos ajedrecistas venidos de múltiples naciones, pudieran interactuar en
un medio alejado del tablero y del tic-tac de los relojes.
En esos viajes, Najdorf estaba muy lejos de pasar desapercibido. Lo habitual
era que Don Miguel casi no usase su asiento. Hiperactivo, verborrágico,
se levantaba una y otra vez de su butaca, y se acercaba a cada uno de los viajeros
para charlar de cualquier cosa. Su actitud era, en principio, inobjetable.
Era el más reconocido jugador local, y en su carácter de amigo de todos o
casi todos los maestros argentinos o extranjeros participantes, no estaba mal
que se acercara a ellos y se interesara por sus cosas, y por saber si estaban disfrutando
de su estadía en la Argentina. El único punto que conviene aclarar
al lector, es que “El Viejo” era totalmente unilateral. Se ponía a hablar con alguien
de lo que a él le interesaba, no importándole si su interlocutor también
quería hablar de ese tema, o lo que es peor, si no era que la otra persona en
realidad prefería estar totalmente callada.
Pero Najdorf proseguía su recorrida, sin reparar si su irrupción podía dejar
truncas las conversaciones que venían manteniendo entre sí los restantes
viajeros. Algunos tomaban actitudes heroicas para salvarse de su asedio, tales
como simular estar leyendo algún diario, o aún más, fingir estar durmiendo.
Lo que no garantizaba nada. No era impensable que Najdorf pudiese llegar
incluso a despertar al supuesto durmiente.
Esta escena se estaba repitiendo una vez más en el viaje de ida a la edición
de Mar del Plata de 1957. El estoniano Paul Keres, conocido como “el campeón mundial sin corona”, que posteriormente obtendría el primer puesto del
torneo, observaba atentamente las evoluciones de “El Viejo” por el vagón
del tren. Y a cierto punto, se dirigió en voz alta a su connacional Alexander
Kotov, que estaba casi en la otra punta del coche, y que en ese momento le
estaba tocando ser la nueva víctima de Don Miguel. Le preguntó en inglés,
de manera que todo ese grupo humano, proveniente de distintas partes del
mundo, pudiese entender lo que decía:
-Alexander, ¿Cuántos años hace que lo conoces a Miguel Najdorf?
Todos, incluyendo a Najdorf, escucharon la pregunta. Kotov, algo sorprendido
por el carácter inesperado de la misma, se volvió hacia él y le contestó:
-Creo que lo conozco desde el torneo de Groninga de 1946.
-¡Ah…que bueno lo tuyo! ¡Te felicito, eres realmente muy afortunado!
Lo mío en cambio es muy diferente- dijo con expresión compungida,
como envidiando la mejor suerte de Kotov. Y prosiguió:

Yo lo conozco desde la Olimpíada de Varsovia de 1935.
Este diálogo fue presenciado por Panno y la totalidad del “padrón social”
del “Club de Lenguas de Víbora”. A partir de ese momento, sus integrantes
decidieron que el club merecía ostentar una dimensión internacional. Y unánimemente,
propusieron y le hicieron saber a Paul Keres que desde ese día,
era el nuevo presidente del “Snake´s Tongue Club”, como a partir de entonces
comenzó a denominarse.
Tras la desaparición de Keres, heredó la presidencia, otro activo miembro del Club: el danés Bent Larsen”.

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