Recordando a Grau (2)

Por Juan Sebastián Morgado

Lección antirracista de Grau

En la localidad de Victoria, provincia de Entre Ríos, se constituyó hace dos meses un club de ajedrez al que sus organizadores pusieron el nombre del veterano ajedrecista argentino Roberto Grau. Poco después de constituirse esa entidad, dos aficionados al ajedrez de raza israelita solicitaron su inscripción como socios. El pedido fue rechazado por la CD alegando razones de inmoralidad de la raza judía. La desconcertante respuesta asombró a los solicitantes, quienes se dirigieron al comité contra el racismo y el antisemitismo, cuyo comité central funciona en Buenos Aires. A su vez, la referida organización puso en conocimiento de lo sucedido a Grau, y su respuesta no se ha hecho esperar. Dos diarios comentaron el tema: 

“Creo inútil anticiparles que desconocía la existencia de esa entidad, y que en ningún caso puedo permitir que un club que lleve mi nombre pueda servir de centro de actividades al margen del más elemental espíritu democrático: la igualdad de derechos y de dignidad de todas las razas. El ajedrez argentino le debe muchas satisfacciones a sus jugadores judíos. He capitaneado todos nuestros equipos y puedo asegurarles que hay hombres de esa raza, como Pleci, que no pueden ser superados por nadie en argentinidad”.

La lección de dignidad que Grau acaba de brindar a los jóvenes discípulos de Gobineau [1] que funcionan de profetas racistas en Victoria, los habrá sorprendido, seguramente. Grau ha preferido declinar un homenaje que, en un  orden estrictamente profesional, lo honra, para colocarse en una actitud de defensa de los fueron de la dignidad y de la solidaridad humanas.[2]

Grau, contra los racistas antisemitas. El Sol de Quilmes, 15 de enero de 1940

En la localidad de Victoria, provincia de Entre Ríos, un grupo de personas fundó un club de ajedrez, al cual colocaron el nombre del campeón argentino, don Roberto Grau. Al hacerse la inscripción de socios, se presentaron dos ciudadanos hijos de padres judíos, uno de los cuales es médico. Los miembros del club creyeron que hacían obra buena rechazándolos. Los caballeros afectados se dirigieron al señor Grau y le plantearon la situación. Grau envió la siguiente carta a la CD del Club de Ajedrez de Victoria:

“He sido informado de que existe un club de ajedrez en Victoria que lleva mi nombre. Es esto un honor que agradezco, quizá desproporcionado a mis méritos. Nada tendría que objetar a esa resolución si no hubiera llegado a mi conocimiento que en esa entidad se prohibe la entrada a los ajedrecistas de raza judía. El ajedrez argentino le debe muchas satisfacciones a sus jugadores judíos. He capìtaneado todos nuestros equipos y puedo asegurarles que hay hombres de esa raza, como Pleci, que no pueden ser superados por nadie en argentinidad. Por esto y por mi vieja admiración por la democracia, que la postura de ustedes es equivocada, y me queda el derecho de pedirles que retiren mi nombre de esa entidad, o lo encuadren dentro del más luminoso párrafo de la Constitución Nacional, aquel que se refiere a la igualdad de derechos de todos los hombres que pisen nuestra tierra de libertad”.[3]

Sobre la carta de Grau a un medio de prensa de Entre Ríos

Roberto Grau, el multifacético

Pocos argentinos han hecho tanto por el ajedrez del país como Roberto Gabriel Grau (1900-1944), a la vez que ha sido vituperado en diversas ocasiones por personajes menores de su época.[4]  Expresó Paulino Alles Monasterio sobre él:

“De Roberto Grau recuerdo muchas cosas. Él daba simultáneas gratis en los clubes pobres, pero a los clubes ricos, si no le pagaban bien, no iba. Como ajedrecista, fue sin dudas un maestro. Sus libros son la resultante de esto. Grau tuvo durante muchos años la sección de ajedrez del diario La Nación. Él no se metía en política ajedrecística. Había aceptado ese puesto con esa condición. Pero luego del Torneo de las Naciones de 1939, aconsejado por Palau, comenzó a hacer política, con lo que no estuve de acuerdo. Fue un escritor notable: también hacía notas sobre automovilismo. Una anécdota interesante se produjo durante el viaje a Rosario de un equipo metropolitano, para jugar un match. Fueron en el coche de Antonio Bahamonde, que manejaba. A la vuelta, Bahamonde estaba cansado, y le pidió a Grau que tomara el volante, pero recibió esta respuesta:

—Ni loco. Si yo no sé manejar—

Pese a esto, sus notas sobre automovilismo eran muy leídas”.[5]

Este testimonio de Paulino tiene gran valor, ya que ellos estuvieron enemistados desde 1939. A la vez, Grau fue el alma máter del Círculo, en tanto Paulino lo era del Club Argentino, dos instituciones que compitieron duramente durante muchos años.

Conversando con su hija Gloria y con Jorge Delfino en 2007, en momentos en que estábamos escribiendo su biografía,[6] ella me dijo:

“Él no fue afiliado a ningún partido político. Sus actividades eran tan intensas, que no tuvo tiempo material para dedicarse a tareas políticas, pero sus ideas eran socialistas”.

Las siguiente nota que publicó en su columna “Entre las Torres”, revista Leoplán, lo demuestra palpablemente:  

El ajedrez argentino es de clase media y de proletarios: el socialismo de Grau

“El ajedrez ha logrado en la Argentina una difusión extraordinaria. El maestro polaco Najdorf, que ha recorrido gran parte del país en jira deportiva, afirmaba hace poco que no existe en ninguna parte del mundo, fuera de Rusia, una afición tan extraordinaria por el ajedrez dentro de la proporción de habitantes. Esta opinión de Najdorf, que comparte la mayoría de los maestros que han actuado en nuestro medio, hace tiempo que fue expresada por nosotros al discutir la absurda teoría de que la raza latina no tiene disposición ni afición por el ajedrez. Es el nuestro un pueblo surgido de una enorme mezcla de razas, pero en el que existe una decisiva influencia latina.

Los maestros europeos que recorren la heredad manifiestan su asombro, además, por otra causa. Y es que, al revés de Europa, donde el ajedrez triunfa en los ambientes altos de la sociedad, aquí el juego se difunde principalmente en los sectores humildes. Es juego de clase media y proletarios, y por lo tanto, de tanta mayor dignidad su difusión.”[7]

Entre sus múltiples ocupaciones, siempre tuvo en cuenta al ajedrez como un campo propicio para desarrollar tareas educativas, y aprovechó sus múltiples viajes al interior del país para difundirlo:

Ajedrez en las escuelas

“La Federación de Córdoba ha logrado autorización para fomentar el ajedrez en las escuelas, y en breve los mejores ajedrecistas de la zona iniciarán cursos de enseñanza. Me escribe el presidente de la federación:

Dentro de pocos años Córdoba tendrá 50.000 niños ajedrecistas.

Esta frase es tomo un lema y un ejemplo. En San Juan ya existen colegios donde el ajedrez se enseña entre el alumnado, y hace una semana la FADA decidió enviar ocho juegos a una escuela de aquella provincia. En Buenos Aires tenemos varias escuelas elementales donde funcionan clubs de ajedrez entre el alumnado, y constituye un timbre de orgullo para mí poder destacar que en la Escuela Juan de Garay, donde hice mis primeras armas escolares, existe un club de ajedrez llamado Peón de Rey, donde practican fuera de hora de clase y en los días feriados, numerosos alumnos.[8]

 Colaboró con la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires e involucró a Alekhine y a Sonja Graf, entre otros, siempre con la idea de hacer más popular el juego.

El Torneo de la Dirección Municipal de Educación Física

Héctor González fue el ganador de uno de los recientes concursos de ajedrez que organizó Dirección Municipal de Educación Física de la ciudad de Buenos Aires, y recibió su premio de manos de la señorita Sonia Graf. Roberto Grau fue el director del plan de ajedrez escolar.[9]

Sonja Graf y Roberto Grau entregan los premios del torneo escolar. El Mundo, 26 de julio de 1940


[1] Joseph Arthur, conde de Gobineau (18161882), fue un diplomático francés, desarrolló la teoría de la superioridad racial aria en su obra Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, considerado padre de la demografía racial y cuyas obras fueron los primeros ejemplos de “racismo científico“.

[2] El Sol de Quilmes, 15 de enero de 1940.

[3] Amílcar Celaya, Noticias Gráficas, 14 de enero de 1940.

[4] De este tema me he ocupado extensamente en Luces y Sombras del Ajedrez Argentino tomo 1, 2014. También en dos amplias notas publicadas en  https://es.chessbase.com/post/raud_morgado_1

[5] Reportaje del autor a Paulino Alles Monasterio (14-08-1897—20-11-1985), Ajedrez de Estilo nº 40, pág. 594, julio de 1985.

[6] Roberto Grau El Maestro, Ediciones Colihue, 2008.

[7] Roberto Grau, Leoplán, 28 de julio de 1940.

[8] Roberto Grau, Leoplán, 28 de julio de 1940.

[9] El Mundo, 26 de julio de 1940.

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