El poeta Juan Gelman también abrevó en el ajedrez

Por Sergio Negri

Juan Gelman (1930-2014), considerado como uno de los mejores poetas argentinos, alcanzó el Premio Miguel de Cervantes de Literatura en el 2007, el más prestigioso en lengua castellana.

El escritor exuda en sus trabajos, sentires de porteñidad, en particular al retratar episodios de su juventud, los cuales estuvieron  jalonados por sus experiencias en cafetines. En ellos escuchaba a las orquestas de tango, jugaba al ajedrez y al billar, y se reunía con amigos.

El juego lo aprendió en tiempos muy precoces, en sintonía con otras inquietudes intelectuales. Se lo enseñó su hermano Boris, diecinueve años mayor, quien era un lector voraz, le leía poemas en ruso de Pushkin y, evidentemente le insufló, el amor por la literatura. A los tres años el futuro escritor ya sabía leer y escribir. Y mucho más, siguiendo lo que se dice en una de sus reconocidas biografías:

A los tres años Juan ya sabía leer y escribir, contagiado por el ambiente familiar (…) su madre (…) le hacía tomar clases de piano dos veces por semana (…) Después del colegio, Juan repartía su tiempo libre para andar en bicicleta, leer, jugar al fútbol tratando de hacer goles ´de taquito´ y ganarle al ajedrez a su hermano Boris (…) escuchar óperas (…) ir al cine (…) aprender latín, francés e inglés…”.

Juan Gelman. Esperanza, utopía y resistencia, por Pablo Montanaro, Ediciones LEA, Buenos Aires, 2012

Como se verá, no le faltaron estímulos intelectuales al niño. Y, dentro de ellos, el ajedrez ocupó su lugar, en tanto pasatiempo y, así lo suponemos, también en sus aspectos formativos que le son tan idiosincrásicos y que contribuyeron sin dudas en el proceso de desarrollo de la inquieta personalidad.

No obstante este vínculo con el juego de cuño fraternal, no hallamos (aunque no descartamos que existan en el contexto de su prolífica obra), rastros ajedrecísticos en la poesía de Gelman. Aunque sí advertimos una mención interesante en su trabajo periodístico.

En efecto, ello sucede en el libro periodístico “Afganistán/Iraq: el imperio empantanado” (Editorial Planeta, 2001), en el que menciona un texto del diplomático norteamericano Zbigniew Brzezinski que lleva como título “Gran Tablero de Ajedrez: primacía estadounidense y su geoestratégica.

Gelman, en ese contexto, haciendo foco en conflictos que tienen como eje las reservas de petróleo y de gas natural ubicadas en Asia Central, sostiene un argumento de claro tono de crítica política a la Nación del Norte, en el que menciona al juego:

“Este ajedrez centroasiático engorda serias contradicciones de la Cruzada de Bush…”.

La respectiva nota, publicada el 25 de mayo de 2006 se titula, del todo coherentemente, Del ajedrez energético. Aquel juego de su infancia, ahora, le servía a Gelman para representar espectacularmente otras batallas, tanto las más sangrientas cuanto, también, las geopolíticas. De ese modo, el escritor sabrá emplear al ajedrez como precisa parábola de una situación que quería no solo registrar sino, como lo hiciera en tantos otros trabajos y a lo largo del testimonio de su vida, desnudar y denunciar por los excesos de poderes con los que nada simpatizaba.

Juan Gelman

©ALS, 2021

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