Personalidad de Damián Miguel Reca

Por Juan S. Morgado

Damián Reca fue dos veces campeón argentino y presidente del Círculo de Ajedrez. Garra de maestro. Dominio admirable e innato del tablero. Criterio sereno y exacto. Carrera casi meteórica. Así es presentado en el periódico La Batalla, junio 13 de 1925. Escribió Caro-Kann, estudio razonado de las aperturas, 1ª edición en 1937, 2ª edición en 1943.

Nació en 1894 en Ranchos, Provincia de Buenos Aires, y comenzó a jugar en La Plata, donde aprendió el movimiento de las piezas recién a los 26 años. Ganó el Campeonato Argentino a los 31 [1]

El libro de Reca sobre la Defensa Caro Kann

¡Damián Miguel Reca, el científico! ¡Damián Miguel Reca, primer campeón argentino de ajedrez! No sólo merece recordarse su nombre por esta honrosa circunstancia, sino, sobre todo, por la calidad de su juego incomparable. No sabemos si la eficacia práctica de Reca sobre el tablero fue mayor o menor que la de nuestros actuales aficionados que ocupan las posiciones más destacadas; lo que afirmamos es que ninguno de ellos desplegó jamás un juego tan científico, tan sistemático, tan lógico, y tan rebosante de profundas enseñanzas. Reca guiaba sus maniobras por principios generales, que había descubierto después de sesudos estudios. Frente a una posición determinada, pensaba:

Esta posición debe estar ganada por tales y cuales motivos: la estructura de los peones blancos, el dominio de las columnas por las torres, la centralización de las piezas, etc. Existe, entonces, una variante ganadora. En consecuencia, sólo se requiere encontrarla.

Y lo terrible es que no sólo la buscaba, sino que casi siempre la encontraba. Maniobra prosaica o hermosa, pero indefectiblemente la más científica. Cuando se le felicitó por la partida más bella de 1921 (Según el fallo de Capablanca, juez único), que ganó a Luis Palau, Reca se limitó a responder:

En esta posición tenía que haber una jugada ganadora.

Alekhine quedó tan impresionado por los conceptos estratégicos que Reca le desarrolló, por las variantes propias que expuso, que pronosticó su rotundo triunfo sobre Grau en el match de 1926 por el Campeonato Argentino, precisamente el match que Reca perdió 5:3. Luego, cuando esperaba poder recuperar el título luego de su arrolladora victoria en el Torneo Mayor de 1927, los médicos le recomendaron que abandonara el ajedrez.[2]  

Damián Reca

Julio Lynch expresó:

Entiendo que Damián Miguel Reca fue la figura más seria del ajedrez argentino en el campo de la teoría, en lo que el ajedrez tiene de ciencia. Era un científico consumado. (…) Dentro de la gran variedad, los ajedrecistas se dividen en dos clases: los que juegan por concepto, y los que lo hacen por sus facultades de memoristas. Aquellos aplican la lógica personal, la iniciativa propia; estos otros agregan a sus facultades naturales el conocimiento de las últimas novedades. Reca jugaba por concepto propio. El ajedrez era para él un campo de continuos experimentos. Tuvo sus preferencias y las preconizó (…) y las amoldó a su juego. Podríamos decir que ¨achicó el juego¨.

Con negras, siempre jugó la Caro-Kann, y con blancas, el Peón Dama. Y tanta era su confianza absoluta en esos dos sistemas, que sobre uno de ellos –Caro-Kann– escribió un libro de indudable valor. En su juego científico, Reca buscaba como objetivo principal obtener ventaja posicional, y como consecuencia llegaría el triunfo. (…) Este libro de Reca ha de quedar como si se tratara de un testamento. (…) Debería inculcarse en los nuevos jugadores la idea de ensayar las enseñanzas de Reca en los aspectos citados, y también en las configuraciones de peones, que también analizó profundamente.[3]

▓ Era, no la antítesis del intuitivo y del improvisador, sino un jugador que le otorgaba mayor preponderancia a la inteligencia organizadora. Si bien se afirmaba en un desarrollo concientemente seguro, era hombre de concepción rápida, sin detenerse en los vericuetos de los análisis engorrosos y agotadores. Por eso también sus partidas podían resolverse en el menor número de jugadas, en el tiempo más increíblemente pequeño. Se fue el 4 de mayo de 1937. Dejaba como saldo un mundo de admiración y de cariño, un ejemplo quizá difícil de seguir porque se necesitaba tener sus condiciones, pero que sigue inspirando a quienes quieren buscar en los problemas eternos del tablero un medio de hacer de la teoría, de la inteligencia organizada, un idéntico camino de libertad imaginativa.[4]  

▓ Ha sido un aficionado extraordinario que compendia toda una época, la del ajedrez científico nacional. La campaña ajedrecística de Reca es una de las más cortas, rápidas e impresionantes que registra la historia del juego ciencia en la Argentina. Primero actúa en un torneo local de La Plata, certamen que se interrumpió cuando Reca iba primero. Participa después en dos o tres torneos internos del Círculo de Ajedrez, que le brindan la oportunidad de mostrar su fibra ajedrecística. Ya en 1921, y siendo todavía un desconocido comparado con las tres figuras del ajedrez nacional, se adjudica el Campeonato Argentino, precediendo a lo más granado de nuestro mundo del tablero. Obtuvo además el premio especial a la partida más brillante, discernido nada menos que por Capablanca. Luego, las actuaciones de Reca se cuentan por victorias en el Torneo Libre del Círculo de Vélez Sarsfield, Campeonato Argentino de 1923 (delante de Grau, Palau, Fernández Coria, Guerra Boneo, Illa, de Witt), y el match con Villegas. Fue cuatro veces campeón argentino, en 1921, 1923, 1924 y 1925.Fue subcampeón del II Torneo Sudamericano en Montevideo en 1925, ganado por Luis Palau.

Encabezó el equipo argentino que llevó la representación nacional al Torneo de París 1924. Colocado en una de las preliminares más difíciles, a la par del Mayor Hromadka y Mattison, con quienes hizo tablas. Con Mattison, quien finalmente ganó el torneo, pudo ganar. Finalmente, en el turno preliminar Reca finalizó invicto, pero Mattison obtuvo medio punto más, y clasificó para la final.

La división del ajedrez nacional sorprendió a Reca en momentos en que se lo conceptuaba como el mejor jugador argentino. Una vez producida la ruptura, el aficionado platense circunscribió naturalmente sus actividades deportivas al campo de la FADA, mientras los jugadores del Club Argentino, por separado, intensificaban su preparación, mediante cotejos sucesivos de los cuales salió mejor librado Julio Lynch. Las victorias de éste dentro de su círculo familiar, y las trabas reglamentarias que se oponían a su encuentro con Reca –quien oficiaba de astro de primera magnitud en la FADA– dieron origen a una sostenida campaña literaria donde se reemplazó la lucha ajedrecística directa por toneladas de papel impreso. La actuación de Lynch, vencido por Reca en cuantas oportunidades se habían encontrado, no requería un nuevo cotejo entre ambos. Pero nuestra opinión no fue compartida por cierto mecenas, que organizó un match entre los dos, que no obstante su denominación de amistoso significaba en la realidad de los hechos y para el mundo del tablero, un verdadero campeonato argentino. Reca, como presumíamos, se adjudicó holgadamente el triunfo por 5:2 y 2 tablas.[5]

El comportamiento de Reca frente a los maestros extranjeros que nos han visitado ha sido excelente. A Reti le tuvo una partida absolutamente ganada, que éste anuló mediante un recurso ingenioso pero inconsistente. Con Alekhine también obtuvo muy buen juego, obligando al maestro eslavo al despliegue integral de su enorme capacidad ajedrecística para adjudicarse el triunfo.

El año pasado, Roberto Grau, magníficamente entrenado por sus resonantes triunfos en el Torneo interno del Círculo de Ajedrez y en el Torneo Mayor de la FADA, desafió a Reca por el título argentino, y aquel cetro que parecía seguro en las manos del campeón, pasó a poder de su entusiasta rival. ¡Triste sino el de los campeones!

Reca constituye el compendio y la esencia de un período del ajedrez nacional: la época científica. El ajedrez argentino pasó también por el período romántico que han atravesado todas las artes y todos los conocimientos. Fue un momento maravilloso en que la lógica esa mala vieja gruñona– parecía dormitar y daba ancho campo ala imaginación desbordante de nuestros aficionados. Villegas e Illa –este último con mayor preparación libresca y más al tanto de las novedades— fueron los primeros en reaccionar contra este estado caótico de nuestro pensamiento ajedrecístico, y de ahí se explican los éxitos de ambos. Pero tanto el uno como el otro fueron y son esencialmente jugadores activos, que aplican los conocimientos sobre la partida viva, sin trabajos preliminares de laboratorio. Reca, al contrario, no buscó desde su iniciación las ideas o los procedimientos que podían tener un éxito circunstancial, efímero, en una partida determinada, sino que investigó.

Investigó con una profundidad, paciencia y claridad admirables, y como resultado de sus estudios, se creó un sistema personalísimo del ajedrez que desborda los estrechos límites de los libros existentes. Se ha reprochado a Reca su persistencia sistemática en dos aperturas: el Gambito Dama y la Defensa Caro-Kann –las mismas precisamente que después adoptara Capablanca– sin pensar que esta actitud obedece, no a cierta unilateralidad, como supone el público profano, sino a la firmeza de su criterio científico para encarar la práctica del noble juego. Reca no mueve las piezas para ver lo que pasará, no le interesa lo imprevisto en el curso de una partida, sino que subordina con rígida lógica unas jugadas a las otras, sin permitirse excursiones ricas en sorpresas por el mundo fantástico de lo ignoto.[6]

 Final I Campeonato Argentino 192112345Pts.Pts. ant.Pts. total
1Damián Miguel RecaX01½118½21
2Benito Higinio Villegas1X01131821
3Roberto Gabriel Grau01X1½1719½
4Julio Alberto Lynch½00X11718½
5Rolando Illa00½0X½1616½

Reca bajo la lupa de Luciano Cámara

▓ Entre los nombres de los ajedrecistas argentinos desaparecidos que se recuerdan con mayor admiración está, sin duda, el de Damián Reca, primer campeón argentino de ajedrez. Repiten quienes lo conocieron, que a parte de la capacidad de su juego, –para muchos fue el jugador argentino mejor dotado–, infundía respeto, sobre todo cuando sentenciaba inapelablemente sobre aspectos del juego. En ese sentido era terminante: pontificaba sin hesitar. Y como sus afirmaciones se fundaban en un estudio disciplinado y constante, no era de extrañar que apabullara al auditorio.

Publicó un libro sobre la Defensa Caro-Kann, donde afirma que más que una defensa es todo un sistema estratégico. Se inició en 1917 en el Campeonato de la Provincia de Buenos Aires. En 1919 ingresó en la primera categoría del Círculo de Ajedrez. Al año siguiente disputó el torneo oficial y lo ganó delante de Illa, Fernández Coria, Grau y otros. En 1921, por iniciativa del Club Argentino, se realizó el Gran Torneo Nacional, y empató el primer puesto con Benito Villegas, ganándole el match de desempate, clasificándose Campeón Argentino. Enseguida tomó parte en el I Torneo Sudamericano, jugado en Carrasco, donde ocupó el quinto lugar.

Fundada la Federación Argentina, ganó invicto el I Torneo Mayor, jugado a dos turnos en 1924. El mismo año tomó parte en el Torneo de París, ocupando el segundo lugar en la prueba individual, que ganó Mattison.

Figuró segundo empatado con Grau en el II Torneo Sudamericano de Montevideo 1925. Posteriormente perdió el título de Campeón a manos de Roberto Grau, pero en 1927 volvió a ganar el Torneo Mayor sin perder ninguna partida. Su última actuación fue como representante argentino en el Torneo de las Naciones de La Haya 1928.

Había nacido en Ranchos, Provincia de Buenos Aires, y murió en 1937, a la edad de 43 años.[7]

¿Por qué será?

▓ Esta noche debía haberse disputado en el Círculo de Ajedrez una partida entre Reca y Tartakower (los nombramos en orden de méritos). A último momento se resolvió que el encuentro se verifique en el local del Club Español, sin que hayan sido debidamente explicados los motivos de este cambio, ya que el ‘mentado Don Damián’, como dijo el impagable Benito Higinio Villegas en cierta ocasión, es socio de aquella entidad. Algunos atribuyen este cambio a un pedido del Dr. Tartakower, para quien ha sido nefasto el local del Círculo, ya que allí perdió con Holtey, y empató con Iliesco y con Grau. Otros afirman que el e campeón entendió que no iban a caber sus admiradores en el local del Círculo. ¡Vaya uno a saber la verdad!

Lo que hay de cierto es que el excampeón argentino está dando mucho que hablar desde hace tiempo, y cuando el río suena por algo es. Los ‘nuevos¨, como así se califican algunos ajedrecistas, (…) tienen en Reca una permanente preocupación, y podemos afirmar que razón existe. El día que éste se fastidie de tanta provocación y resuelva volver al ajedrez seriamente, habrá más de un petit maitre que hará el ridículo. Damiancito, según Villegas, está a mil leguas de distancia de los actuales movedores de maderitas de nuestro país.[8] 

Las cosas en su lugar

Qué impresión le ha quedado de su reciente match con el Campeón del Club Argentino Julio Lynch?

Creo que Lynch es un aficionado muy fuerte, y que mi victoria no responde a una verdadera superioridad técnica, sino a una mayor y mejor técnica. Estoy muy satisfecho de las primeras cuatro partidas, que me parece las he jugado correctamente, y me animaría a presentarlas ante cualquier censor, sin temor a su severidad. Respecto a las cuatro últimas, soy el primero en acompañar a la prensa en general, y a Crítica en particular, quienes han señalado sus deficiencias con todo acierto. A parte del natural cansancio en un match de esta naturaleza, tales fallas pueden explicarse por la enorme distancia que nos separa de los maestros (como siempre hemos sostenido desde estas columnas de Crítica)

A propósito de fallas, ¿Cómo explica usted su error garrafal en la 7ª partida, cuando propuso el cambio de torres?

De ninguna manera. Se trata de un tropiezo tan evidente, tan brutal si se me acepta el término, que ni lo puedo tomar en consideración. Es una de esas ausencias, de esas lagunas mentales que nos hacen cometer tremendos disparates sin ninguna explicación valedera. Un niño se hubiese percatado de las deficiencias encerradas en el cambio que ofrecí.

Fuera de usted y de su último adversario, ¿a qué otros aficionados argentinos conceptúa usted de primera fuerza?

Hay seis o siete de condiciones aproximadamente iguales. No los nombro porque ya los conoce nuestro mundo ajedrecista, y además, para evitar las malas interpretaciones a que puede prestarse una involuntaria omisión.

Sabemos que la situación de entidad desafiliada que presenta el Club Argentino, del cual Lynch es campeón, levantó una fuerte corriente adversa a la realización del match, el que también fue objetado por la exigencia pecuniaria suya.

Es exacto que yo exigiera $ 1000 para disputar el match, y no tengo ningún inconveniente en reconocerlo, ni ello me parece desdoroso. Ha llegado el momento en que jugar al ajedrez ha dejado de ser un placer para mí. Estos matchs, sobre todo en las condiciones en q1ue se realizan ahora, significan un desgaste de tiempo –que he de robar a mi descanso y mis obligaciones habituales— y de salud –quedo con el físico muy quebrantado luego de cualquier prueba ajedrecística seria— que reclaman necesariamente una compensación.  Yo no abrigo el menor deseo de jugar con nadie, así que me parece muy natural que quien desee medirse conmigo a toda costa, me indemnice del sacrificio que hago para satisfacerle.

Lejos de mi ánimo está tratar de justificar mi conducta por haber jugado con un adversario no afiliado. Sólo lo haría un culpable. Pero si los dirigentes de la Federación entendieron que yo, aunque sin faltar a ningún reglamento y ajustándome a dos precedentes aplaudidos por todos, no procedía bien aceptando el match, ello no les daba ningún derecho a para manifestarse ese desvío sordo, solapado y torpe que he advertido. Se rompe la amistad y se niega el saludo a quien desciende moralmente en la escala de la vida, pero con aquella persona que ha conservado y conserva su línea recta sin la menor vacilación, lo menos que puede concedérsele en caso de una simple diversidad o variación ideológica es la facultad de ser oído. Yo no afirmo que haya procedido bien o mal, el hecho no me interesa por ahora. Lo que sostengo es que se ha observado conmigo una conducta injusta, cuyo sólo resultado ha sido amargarme. ¡Y sobre todo, que algunos ‘don nadie’ no se permitan también el lujo de mirarme desde un plano superior!

Los elementos activos y conspicuos de la Federación demuestran, con interesantes esfuerzos dialécticos, que el silencio de las reglamentaciones debió interpretarse en el sentido de que yo no podía jugar. Pero el resto de los aficionados no es tan fácil de convencer. A cada una de las personas que encontraba en la calle, en la oficina, en el tranvía, en casa, en cualquier sitio, debía referirles una serie interminable de antecedentes para demostrarles que no era ‘miedo’ precisamente lo que me inspiraba Lynch.  La explicación nunca bastó para suprimir la sonrisa burlona que jugueteaba en todos los labios. Hacía dos años que Lynch me venía persiguiendo con numerosas publicaciones en los diarios –la mayoría en Crítica— y me amenazaba, de no aceptar yo, con nuevos escritos. ¡Era una situación intolerable que debía explotar alguna vez! Por otra parte, ni uno solo de los ajedrecistas alejados de los reglamentos, pero perfectamente conocedores de la situación tirante existente entre el Club Argentino y la Federación, ha dejado de felicitarme por haber aceptado el match. Una de las que más aprecio por lo valiente y sincera es la conformidad de mi hermano, cuando me dijo: ¨Damián, has hecho muy bien en jugar. Es necesario que vos lo venzas a él o que él te derrote a vos. Aquí, en La Plata, todo el mundo cree Lynch juega más que vos, y que no aceptás por miedo¨.

El resultado del match no puede haber sido más cómodo para la Federación. Demuestra que su campeón es un campeón de verdad y no hecho a fuerza de reglamentos. No por este resultado sino por el error que supone su primitiva conducta, espero que algunos elementos representativos y de criterio sano y reposado únicos que me interesan–, comprendan que no han guardado las consideraciones debidas a un hombre íntegro, y vuelvan sobre sus pasos. Es evidente que mi carácter de Campeón Argentino reglamentario no pudo hacerme perder la personalidad propia, y convertirme en un muñeco de la Federación.

Y si persistiera esa actitud que usted lamenta, ¿Qué temperamento adoptaría?

Soy y he sido toda mi vida un federacionista convencido; nunca una ni muchas desconsideraciones personales bastarían para modificar mi criterio al respecto. Pero, ce carácter extraordinariamente afectivo, los modales fríos que observo a mi alrededor en el Círculo de Ajedrez me hieren como puñaladas. Es algo que no me ha ocurrido jamás en los muchos centros sociales, estudiosos, familiares, amistosos, etc., en que me ha tocado actuar. Es algo, por lo tanto, que no toleraré, pero recién adoptaré una actitud definitiva dentro de un tiempo prudencia, cuando no se me pueda tachar de violento e impulsivo, cuando no pueda dudarse de la reflexión que preside todos mis actos.

Y como ajedrecista, ¿cuáles son sus planes para el futuro?

Es probable que, o me retiro totalmente del tablero –retiro completo, definitivo, absoluto–, dejando de frecuentar a los amigos de varios años, o me declare profesional. Son tantas las imperiosas exigencias de la vida moderna para los que subsistimos gracias a nuestro modesto esfuerzo, que no puede pedírsenos el sacrificio de las ocupaciones y de la salud al ideal del ajedrez. Creo en la moralidad del profesionalismo correcto: profesores universitarios, como Lasker y Vidmar, graduados como Tarrasch, Euwe y Tartakower, lo practican sin asombro de nadie. Es mucho más franco y leal que el ‘amateurismo’ disfrazado que salva las apariencias pero vicia el fondo. Claro que la capacidad es inseparable del concepto de profesional.

¿Qué opina usted de la unión del ajedrez argentino?

Que no debe escatimarse esfuerzo para alcanzar ese hermoso y necesario resultado.

¿Podría darnos sus impresiones sobre el juego chato y deslucido que practica el Campeón Mundial Capablanca en el Torneo de Moscú, actualmente en disputa?

Dígase lo que se quiera, y aunque no se publique, creo que Capablanca no ha concurrido a Moscú buscando el solo incentivo de los premios. Como se trata del maestro más destacado y deseable, habrán tenido que pagarle por separado su participación en la prueba. La victoria sobre los primeros jugadores del mundo importa una serie de esfuerzos que Capablanca no desea realizar, sin mayor provecho. Por eso hace tablas con todos sus rivales de consideración, para mantener el interrogante despierto acerca de cuál será mejor, y obtener así una bolsa suficiente para la disputa del Campeonato Mundial. En un match, Capablanca volverá a dejar en cero a cualquier adversario, como lo hiciera con Lasker en La Habana.

Pero usted, señor Reca, parece olvidar los magníficos torneos que ganara el campeón mundial…

Nada de eso. Es que antes Capablanca debió conquistar el derecho a medirse por el Campeonato Mundial. Una vez obtenido ese preciado galardón, ahora son los demás quienes tienen un horizonte por delante, quienes deben tratar de llegar hasta él. Capablanca ya no puede, en el ajedrez, ir más allá.

Agradecidos por las francas declaraciones del campeón argentino, nos despedimos del señor Reca, quien finalizó sus palabras con sinceras expresiones de aplauso para los adelantos de Crítica en toda clase de órdenes y actividades.[9]

El excampeón argentino hace importantes declaraciones

▓ Para muchos aficionados al noble juego constituye un verdadero enigma la prolongaba relache del excampeón argentino, Damián Reca. Infinitas veces, personalmente o por carta, he sido requerido sobre las verdaderas causas de su ausencia en las justas ajedrecísticas. Correspondiendo a ese interés de la afición (y especialmente la del interior), he decidido entrevistarlo. Reca me ha dicho:

No constituye ninguna determinación mía anularme del tablero. Mi ausencia de las lides obedece al cúmulo de ocupaciones, que no me dejan tiempo para actuar con el éxito de tantas veces. No he perdido un ápice el entusiasmo, continúo entrenándome y siguiendo con sumo interés el desarrollo del noble juego, esperando para volver sólo la oportunidad de que mis ocupaciones habituales me lo permitan, cosa que espero suceda en poco tiempo, aun cuando no puedo precisar una fecha.

La personalidad ajedrecística de Reca es vastamente conocida entre los viejos aficionados al juego ciencia, pues supo creársela por la singularidad de su estilo y el valor que él mismo atribuía a sus propias concepciones, llegando a refutar con éxito ideas y conceptos de los maestros internacionales. Por eso su ausencia es sentida, y su reincorporación serviría para establecer un interesante parangón entre los valores jóvenes surgidos en los últimos años, que no han tenido oportunidad de cotejar fuerzas con el maestro.[10]  

Las muletillas de Reca y Grau

▓ El campeón argentino (Reca) acostumbraba a decir cuando se disponía a hacer una jugada fuerte:

—Le voy a hacer una jugada del tenor siguiente—

Y repitió esto durante años, hasta que un colega de primera categoría, Grau, le enmendó la plana, o si se quiere, le hizo el contracanto, completándole la frase:

—Y yo le voy a hacer una jugada de otro tenor— [11]

Campaña de Damián Reca

▓ Llegó primero en el torneo del Círculo de 1919, aventajando a Grau y Palau. Ocupó el segundo lugar en el mismo torneo de 1920, empatando con Grau y Palau. Ganó el mismo torneo en 1921, delante jugadores de la talla de Fernández Coria, Illa y Palau.[12]

Intervino en el torneo sudamericano de Carrasco en 1922, pero allí el estado precario de su salud le impidió actuar con el empeño de los demás. Así y todo, logró obtener una buena colocación final. El broche de oro de su carrera es el Gran Torneo Nacional, en cuyo primer turno se colocó a la cabeza de los competidores. Continuó luchando con entusiasmo en el quintangular final, mas el maestro Villegas consiguió empatarle el primer puesto, proporcionándole así la oportunidad de evidenciar en un match que no fueron causas fortuitas las que determinaron su brillante actuación, como lo acaba de demostrar elocuentemente el resultado final.[13] Falleció el 4 de mayo de 1937.


[1] Los datos son incorrectos. Reca fue campeón argentino en 1922, a los 28 años.  

[2] El Gráfico: nota firmada con el seudónimo J.M.L. El Gráfico nº 931, nota de Félix Frascara.

[3] El Gráfico nº 931, nota de Félix Frascara.

[4] Mundo Argentino nº 254 del 25 de febrero de 1954. 

[5] El resultado correcto fue 5½:2½, +5 =1 -2.

[6] Crítica, 9 de diciembre de 1927.

[7] Nota de Luciano Cámara en el diario La Prensa.

[8] Nota de El Fou en la Gaceta Deportiva del 18 de abril de 1931.

[9] Crítica, 20 de noviembre de 1925.

[10] El ajedrez en todas sus manifestaciones, Virgilio Fenoglio, Crítica, 6 de mayo de 1933.

[11] León Mirlas, ¡Aquí Está!, 12 de setiembre de 1949.

[12] Arnoldo Ellerman dice en La Prensa que en este torneo finalizó 2º.

[13] La Nación, 21 de marzo de 1922.

Notas relacionadas:
Damián Reca, el primer campeón argentino de ajedrez, representante olímpico y una de las figuras prominentes de la década del 20. Por Sergio Negri. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/05/04/damian-reca-el-primer-campeon-argentino-de-ajedrez/.

Partidas analizadas de Damián Reca. Por Sebastián Fell. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/05/04/partidas-analizadas-de-damian-reca/.

2 respuestas a “Personalidad de Damián Miguel Reca

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