Para Thomas Huxley la vida es un juego de ajedrez cósmico. Y propuso que un ángel reemplace al Diablo en la partida de ajedrez de la existencia

Por Sergio Negri

Es muy conocida la leyenda del gran jugador Paolo Boi (1528-1598) al que se lo presentó jugando una partida de ajedrez contra el Diablo, al que logra ahuyentar (mas no vencer), con la artimaña de generar una posición en el tablero que tuviera forma de una cruz.

Pero no es tan sabida una historia que tiene reminiscencias similares, la que lo vincula Thomas Henry Huxley (1825-1895), el gran biólogo británico, nacido un día como hoy, un connotado defensor de la teoría evolucionista de Charles Darwin (1809-1882), quien concibió la posibilidad (en la necesidad) de que un Ángel reemplace al Maligno en una clásica situación jaquelada.

Huxley (1825-1895) le dedicó algunas páginas al ajedrez. Al analizar los alcances de la “educación liberal”, en un trabajo de 1876/1877, sostuvo la idea de que las claves pasaban por generar en los educandos aptitudes para estar prevenidos de los males de las catástrofes naturales; saber aprovecharse de ellas. La intención era preparar a la Humanidad a fin de que sus integrantes sean puestos al servicio de las fuerzas de trabajo en el marco de la Revolución Industrial. El naciente modelo capitalista debía nutrirse de las personas, y de la propia Naturaleza, en procura de su expansión mundial. La educación era una de las tantas herramientas para ello.

Tomas Huxley

Es que se procuraba poner el cuerpo (la naturaleza) al servicio de la voluntad. Es en ese contexto en que el autor plantea la posibilidad de que la vida y la fortuna tengan correlato con lo que sucede en el ajedrez. En el juego, se puede ganar o perder una partida, por lo que cree imprescindible comenzar por conocer el nombre y el movimiento de las piezas, para poder hacer un gambito o dar un jaque.

En esas condiciones, le da tanta importancia a la actividad que desaprueba la conducta de los padres que no les enseñaron a sus hijos la práctica ajedrecística. Con todo, concluye que el juego de la vida es mucho más complejo que el pasatiempo (reapropiado en términos educacionales), donde cada uno juega su propio juego. Y es así que afirma:

“El tablero de ajedrez es el mundo; las piezas son los fenómenos del universo, las reglas del juego son lo que llamamos las leyes de la naturaleza. El jugador en el otro lado se nos oculta. Sabemos que su juego es siempre bello, justo y paciente. Pero también sabemos, a nuestra costa, que nunca pasa por alto un error, o se permite el más mínimo margen para la ignorancia”.

Para Huxley, quien juega bien mostrará una generosidad desbordante pero, en cambio, el que lo haga mal, recibirá jaque mate, sin prisa ni remordimiento alguno.

Aludiendo a una famosa imagen del pintor alemán (Friedrich August) Moritz Retzsch (1779-1857), en la que se aprecia a un hombre jugando su alma con Satanás, inversamente invita a sustituir esa figura por la de un ángel donde, en todo caso, se juegue por amor. En esas circunstancias se plantea que era preferible perder con el contrincante, a diferencia de lo que sucede en la partida en la que el adversario fuera quien habita los infiernos.

Huxley, siempre preocupado por la educación, estaba convencido de que la vida es un juego de ajedrez cósmico, por lo que debía aprenderse sus reglas, que no eran otras que el aprendizaje de las leyes de la naturaleza, incluyéndose lo concerniente a la naturaleza humana. Y, de no hacérselo supo prevenirnos, como por momentos olvidamos, en una advertencia que resuena muy actual, se pagaría implacablemente su exacto costo en términos de ignorancia.

El diablo juega al ajedrez. El ángel mira (protegiendo… y esperando). Moritz Retzsch (1779-1857) [1]

[1] Mario Roso de Luna (1872-1931) apunta que la escritora rusa Helena P. Blavatsky (1831-1891), fundadora del movimiento de la teosofía, al hablarnos de los discípulos dispuestos al acto de iniciación (los chelas), alude a esa portentosa imagen fotográfica en los siguientes términos:

“…El vicio reviste su más seductora forma, y las tentadoras pasiones atraen al inexperto chela hacia las profundidades de la degradación psíquica.  No se parece su posición a la pintada por un gran artista en que Satanás juega al ajedrez con un hombre, cuya alma ha ganado, pero que tiene al lado al ángel guardián para ayudarle con sus consejos.  En nuestro caso, la lucha se entabla entre la voluntad del chela y su naturaleza carnal, y el Karma prohíbe e impide que ni el ángel ni gurú  alguno intervengan hasta conocer el resultado”.


©ALS, 2021

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