Patafísica de Alpha Zero: 0 1 1 2 3 5 8 13 21…

Por Diego Rasskin Gutman

Alpha Zero. El alfa del aleph trascendente, la cabeza de buey mesopotámico, el punto donde estaban todos los puntos del inmortal cuento de Jorge Luis Borges junto con el cero hindú que ayuda a enfrentarse a la nada; el cero trasladado por la cultura árabe para llegar a Europa de manos de, ni más ni menos, el matemático Fibonacci. Un Yin, un Yang, un cero, un uno, un uno, un dos, un tres, un cinco, un ocho, un trece y así hasta el infinito; dos opuestos, dos especies de bellos animales, juntos, biunívocamente juntos, gritando como tigres y osos salvajes en la tundra, jugando al ajedrez.

oie 2614109L89b9eu9
Fotografía: Maxpixel (DP)

El 5 de diciembre de 2017 hubo revuelo mundial en el mundo de los trebejos. Alpha Zero, un sistema de inteligencia artificial desbrozando la complejidad del milenario juego en cuatro horas, sin conocimiento previo, sin ayuda humana y destrozando al más grande entre los grandes, el módulo Stockfish. Viniendo de la nada nos recuerda que el conocimiento está ahí agazapado dentro de la esfera de aquello que está por descubrir. Porque la realidad, esa construcción mental que cree que ahí fuera hay entes, entidades y procesos, es más amplia que el entendimiento, la razón, cualquier búsqueda espiritual o material de las cosas. De repente Alpha Zero nos pone en nuestro lugar: una especie más, de corto entendimiento y altas miras. Y aquellos programas que creíamos invencibles, que intentaban codificar nuestro propio entendimiento, se pierden en la precisión insólita de las jugadas de la nueva bestia. Y he aquí la hermosa paradoja: Alpha Zero simula un aprendizaje tabula rasa, como si fuera el cerebro de un bebé y, cuando emerge triunfante, se ha convertido en algo que no sabemos qué es, pero sabemos que es mejor a lo que conocíamos. Un ente inteligente que solo juega, ¡pero cómo juega!

Por eso tanto revuelo. Nos ha descolocado: la red neuronal y el aprendizaje profundo logran caminos insospechados. Generan conocimiento inexplorado. Y nos hace despertar. Despertar y encontrarnos con un espejo reluciente, una máscara de sueños, un epitafio multimedia de nuestro ser. Y escuchar. Oír el rugido de las bestias hambrientas que nos amedrentan. Y conocer. Destripar la naturaleza de lo que nos hace humanos, los mitos, y deshojar todas, una a una, las margaritas de la sabiduría. Hoy es el primer día de Janucá y las kandelikas se encenderán para iluminar nuestro ser espiritual. Rayos de luz eterna sobre los fantasmas de nuestros antepasados. Rayos de la sefirot que atraviesan los tiempos y nos muestran, una vez más, una metáfora: una red neuronal profunda, el inicio frente a la nada del vacío. Alpha Zero.

oie 26141123iDCbCPLY
Las diez sefirot del árbol de la vida de la tradición cabalística. Semejan, con un poco de imaginación, una red neuronal profunda.  Imagen: Anon Moos DP.

Alpha Zero, en realidad, no juega al ajedrez. Mueve las piezas. Pero lo hace con tino, con tanto tino que llegó a 3.400 de Elo en unas cuantas horas de entrenamiento, partiendo desde cero, sin conocimiento alguno de ajedrez más que las reglas de ataque y defensa y, claro está, los movimientos de las piezas. Su funcionamiento es bastante críptico: no tiene una función de evaluación como el resto de los programas de ajedrez. Es decir, no encapsula conocimiento ajedrecístico, sino que lo crea. Lo hace gracias a una red neuronal profunda de múltiples capas interconectadas que distribuye ese conocimiento que va descubriendo a lo largo de distintos niveles de complejidad. Esto significa que no evalúa si una posición es buena o no, lo único que sabe es que una jugada tiene cierta probabilidad de contribuir a ganar la partida. A esto le une una estrategia de búsqueda aleatoria (Monte Carlo) que da con jugadas y variantes fuertes rápidamente. El conocimiento ajedrecístico de Alpha Zero está distribuido por los nodos de su red neuronal profunda de una manera tan sutil y a unos niveles de complejidad tan distintos de la verbalización humana que resultará imposible (en principio) extraer conocimiento por ese lado. Lo que sí sería posible hacer es ver cómo fue adquiriendo destrezas en sus jugadas a lo largo de las millones de partidas que jugó contra sí misma para descubrir y llegar a ser tal monstruosidad ajedrecística. El proceso es aquí lo importante, el desarrollo y la evolución de la red y de sus parámetros. Hay que imaginarse millones de partidas iniciales en donde todas eran ridículas hasta que, en un momento casi mágico, Alpha Zero comienza a encontrar jugadas que no son tan ridículas, que tienen mucho sentido para nosotros…

Seguir leyendo este trabajo en el sitio Jot Down, en https://www.jotdown.es/2017/12/patafisica-de-alpha-zero-0-1-1-2-3-5-8-13-21/.

Sobre el autor:
Diego Rasskin-Gutman es Investigador Titular del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universidad de Valencia, España, donde lidera el grupo de Biología Teórica. Se especializa en modelos matemáticos de fenómenos evolutivos y de desarrollo, con énfasis en la teoría de redes y complejidad. 

El ajedrez es su pasión y excusa para ahondar en cuestiones que atañen a la creatividad humana, los procesos cognitivos y la reducción de la complejidad del mundo. 

Autor del libro “Metáforas de ajedrez: La mente humana y la Inteligencia Artificial (La Casa del Ajedrez, 2005), divulga sobre ajedrez en la revista Peón de Rey y Magazine Jot Down.
Diego Rasskin Gutman

4 respuestas a “Patafísica de Alpha Zero: 0 1 1 2 3 5 8 13 21…

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s