Ajedrez en la gran pantalla

Por Manuel Azuaga Herrera

Cineastas como Ingmar Bergman, Alfred Hitchcock o Arthur Penn supieron dar a sus filmografías un elegante toque ajedrecístico

Ajedrez en la gran pantalla
Nota publicada en el diario Sur de Málaga, España, el 11 de abril de 2021; en https://www.diariosur.es/culturas/ajedrez-gran-pantalla-20210411224808-nt.html?fbclid=IwAR0XI2JiOUYGP4zrhqNoD28pDqka-ic0Uyx4IUiP5quVBwE_Td3_dZllLK8.

El cine y el ajedrez han mantenido siempre una excelente relación de pareja. Fíjense si no en el reciente éxito y popularidad de la serie de Netflix ‘Gambito de dama’. Gracias a los jaques y desventuras de la elegante Beth Harmon el noble juego se ha colado en millones de hogares de todo el mundo. Y no es para menos. Ya escribí en estas páginas que se trata de una obra redonda, de «un regalo para propios y extraños, sean o no aficionados» a esto de mover trebejos sobre un tablero. Pero también es un caso atípico, hay que decirlo, pues el ajedrez no se inserta como un elemento estético o accidental, más bien al contrario: el ajedrez se coloca en el centro de la historia y atraviesa la serie de principio a fin, desde la apertura al jaque mate. No hay muchas cintas de este corte ajedrezado y, menos aún, con una factura tan bella. La mayoría de las películas que toman el ajedrez como pieza nuclear del relato fracasan en el intento. Me viene a la memoria ‘Jaque al asesino’ (1992), un ‘thriller’ en el que un supuesto maestro de ajedrez (interpretado por Christopher Lambert) trata de resolver el enigma de unos asesinatos en serie. El personaje encarnado por Lambert, Peter Sanderson, suelta alguna que otra perla filosófica: «El ajedrez es un reflejo del mundo… y el mundo es violento». Casi me resulta lo mejor de un film que es flojo y está repleto de clichés y giros sin sentido. Digamos que no es el peor largometraje de la historia, pero se acerca.

Por suerte se han filmado algunos títulos que sí son interesantes y suben mucho la media, menos mal. Uno de ellos es ‘La diagonal del loco’ (1984), de Richard Dembo, galardonada con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. El título original en francés es ‘La diagonale du fou’, pero anoten aquí que la palabra ‘fou’ se refiere a la pieza del «alfil» y, en cambio, se tradujo como «loco», que es la acepción principal. Tiene su gracia. La película está inspirada en el duelo por el título del mundo celebrado en 1978 en Baguio (Filipinas) entre Anatoli Kárpov y Víktor Korchnói, una lucha tan extraña como espectacular a la que rendimos tributo hace dos semanas en esta misma sección.

Otro título digno de mención es ‘En busca de Bobby Fischer’ (1993), una película que no solo cumple, sino que se ha convertido en un clásico para disfrutar en familia. La historia bebe de la vida del estadounidense Joshua Waitzkin, un niño prodigio que, con solo 11 años, hizo tablas contra Kaspárov en una exhibición de partidas simultáneas (Nueva York, 1988). Lamentablemente, con 23 años, Waitzkin se retiró del ajedrez. En un principio, ‘En busca de Bobby Fischer’ se tituló ‘Jaque a la inocencia’, pero los productores pensaron que el nombre de Fischer actuaría de anzuelo publicitario. Y así fue. La película recaudó 7 millones de dólares y fue aclamada por la crítica. Según cuenta Frank Brady en su antológica obra ‘Endgame’ (Tell Editorial, 2015), «Bobby se indignó […] y se puso furioso» cuando se enteró de esta añagaza de la industria. «Es una estafa monumental», declaró Fischer, quien se negó a ver la película.

El factor clave para que una película tan comercial como esta alcanzara el notable alto fue, en mi opinión, que contase con Sydney Pollack como productor jefe, un dato que suele obviarse. A Pollack le debió gustar la atmósfera creada en torno a Waitzkin porque, años más tarde, le hizo un guiño muy fugaz al noble juego en ‘Habana’ (1990), película en la que vemos un tablero de ajedrez en alguna que otra toma. También es cierto que la cosa no va más allá y nos quedamos con las ganas de ver a Robert Redford moviendo las piezas. Pero si revisamos la magnífica filmografía de Sydney Pollack nos topamos con una maravillosa coincidencia. En la hitchcockiana ‘Los tres días del cóndor’ (1975) tenemos de nuevo en pantalla al guapo de Redford, esta vez metido en serios apuros y acompañado por la no menos bella Faye Dunaway. El malo de la película, el malvado asesino que hostiga y persigue a Redford durante todo el film, es interpretado por el sueco Max von Sydow, el mismo actor que jugó una partida de ajedrez contra la Muerte en la mítica cinta de Ingmar Bergman ‘El séptimo sello’ (1957).

La escena del caballero cruzado Antonius Block luchando en vano con la parca tiene un origen biográfico. De pequeño, Bergman iba con su padre, pastor luterano, de iglesia en iglesia. En una ellas, en Täby, en la provincia de Estocolmo, contempló un mural del artista medieval Albertus Pictor. El fresco muestra a la Muerte jugando al ajedrez contra alguien vestido de verde. Por algún motivo, la imagen impactó de un modo tan violento en Bergman que quedó grabada en su imaginario creativo. «No ha pasado un solo día de mi vida en el que no haya pensado en la muerte», reconoció el director. En la película hay una línea de guion que hace referencia a todo lo anterior. El caballero Block le pregunta a la Muerte personificada: «¿Tú juegas al ajedrez, verdad?». La Muerte le responde: «¿Cómo lo sabes?». «Lo he visto en pinturas y lo he oído en canciones», le contesta Block. Pero por si con ello no bastara, Bergman incluye a Albertus Pictor como personaje en una secuencia del film en la que un pintor de iglesias conversa con Jöns, el fiel escudero de Antonius Block. Es extraordinario. ¿Cómo explicarle a un artista del siglo XV que su mural iba a transformarse en una obra maestra y de culto gracias al cine…y a la mística imperecedera del juego del ajedrez? Bergman, siempre elegante en las formas, se refirió a ‘El séptimo sello’ como «un intento de poesía moderna».

El director sueco ya había amagado con incluir la icónica partida contra la Muerte en ‘Juegos de verano’ (1951), película en la que aparece una anciana, la señora Callwagen, jugando al ajedrez contra un párroco. La vieja tiene un aspecto arqueológico, añoso y simbólico. Casi le falta afilar la guadaña cuando, muy tranquila, sentencia: «Os enterraré a todos». La obsesión de Bergman por la dimensión alegórica del juego también está presente en ‘De la vida de las marionetas’ (1980), un inquietante retrato de un criminal que, detenido y observado por la policía, pasa las horas sentado «frente al tablero de ajedrez, programa la computadora [esta vez el protagonista se enfrenta a una máquina y no a la Muerte] y, a veces, juega durante varios días la misma partida».

Ahora que hablamos de marionetas pongamos la banda sonora ‘The funeral march of a marionette’, una pieza musical corta y muy pegadiza del compositor francés Charles Gounod. Sabrán tararearla cuando les diga que fue la cortinilla sonora de introducción de la serie televisiva ‘Alfred Hitchcock presenta’. En el capítulo 23 de la segunda temporada de esta maravillosa producción, Hitchcock introduce una secuencia en la que una niña pequeña llamada Hildegard presume de su destreza en el juego. El primer éxito de crítica y público del maestro del suspense cinematográfico ocurrió muchos años antes con la proyección de la película muda ‘El enemigo de las rubias’ (1927). En este film Hitchcock recrea, a su modo, la historia de Jack el Destripador e incorpora una escena preciosa en la que los protagonistas (él y ella) juegan una partida de ajedrez. «Ten cuidado, te atraparé», leemos en un intertítulo que parece un presagio de lo que está a punto de ocurrir más allá del tablero. Gracias a esta película, Hitchcock pudo firmar con una nueva productora y, más tarde, viajar a los Estados Unidos. En ‘Rebeca’ (1940), una de sus inolvidables obras maestras, Hitchcock tuvo a sus órdenes al actor Laurence Olivier. El propio Olivier contó que, en su primer encuentro, Hitchcock le dijo: «Los actores no son más que piezas de ajedrez».

Antes de acabar este zigzagueante recorrido, déjenme que vuelva a Robert Redford y así llegar al director Arthur Penn, un cineasta que, como Bergman y Hitchcock, colocó en ocasiones un filtro ajedrecístico detrás de la cámara. En ‘La jauría humana’ (1966), cinta magistral y culmen de su carrera, Penn se refirió a la actuación de Redford en los siguientes términos: «El suyo fue el papel más difícil porque la acción es como una partida de ajedrez entre la gente del pueblo y Redford, el fugitivo». En ‘La noche se mueve’ (1975) Penn se atreve a incluir el ajedrez de una forma mucho más directa en el metraje. El detective privado Harry Moseby (Gene Hackman) lleva siempre consigo un pequeño tablero y, mientras hace guardia en el coche, se entretiene moviendo blancas y negras en el asiento del copiloto. En una escena memorable, Paula, la mujer fatal de la historia (Jennifer Warren), le pregunta a Harry: «¿Es difícil aprender ajedrez?». «Pues no es fácil, créeme», responde él. Entonces Harry le cuenta que la posición que tiene ahora sobre el tablero ya se jugó en 1922, pero que las negras desaprovecharon una combinación de mate, con sacrificio de dama. El detective realiza una por una las jugadas de la secuencia y Paula, muy atenta, queda fascinada: «Muéstramelo otra vez. ¡Qué belleza!». Harry repite el jaque mate y tira de alegoría: «Sí, pero él hizo otra jugada y perdió. Lo habrá lamentado toda su vida…Yo lo habría hecho». La partida en cuestión, en efecto, la jugaron los alemanes Kurt Emmrich y Bruno Moritz y encierra un remate espectacular que Moritz pasó por alto. Lo que se me escapa es por qué Arthur Penn desempolvó este juego, pero sí me queda bien claro que su amor por el ajedrez fue una pasión verdadera.

En fin, el cine y el ajedrez, como les dije al principio, han mantenido y mantienen una excelente relación de pareja. Son centenares (no exagero) las películas en las que el noble juego asoma de algún modo en la pantalla. La mayoría de las veces lo hace como un recurso visual y escenográfico, sin más. Pero también ha sucedido en este maridaje que, con frecuencia, el tablero y las piezas han quedado fuera de plano, en el set de rodaje. Y estas últimas circunstancias me interesan por encima de todas porque contienen risas y enfados, partidas olvidadas, momentos que involucran a las estrellas del celuloide. Es el caso de Ava Gardner, Bette Davis, Marlon Brando, David Bowie o Anthony Quinn, por citar sólo algunos nombres.

Cualquier día les cuento más detalles. Hasta entonces, les propongo jugar una partida o, si lo prefieren, disfrutar de un domingo de cine.

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