Max Euwe, campeón mundial aficionado y absoluto, Presidente de la FIDE y testigo privilegiado del ajedrez en su tiempo

Por Sergio Negri

La felicidad consiste, principalmente, en conformarse con la suerte; es querer ser lo que uno es

Erasmo de Rotterdam

Machgielis Max Euwe (1901-1981), en los tiempos previos a la Segunda Guerra Mundial, fue tal vez el campeón mundial de ajedrez más inesperado. Es que bajo ese calificativo habría que ponderar su triunfo ante Alexandre Alekhine (1892-1946) en 1935 cuando, el entonces titular del orbe, pierde la corona por apenas un punto, tras dominar este con amplitud en el comienzo de un match que lo tenía como claro favorito.

Pese a lo dicho, el jugador nacido en los Países Bajos no deja de tener sus méritos. Es más, es el único jugador en la historia que será doble campeón, ya que ese palmarés absoluto, que al cabo será efímero, se sumaba a otro obtenido en 1928 cuando se había consagrado como el segundo y último campeón del mundo aficionado de la historia.

Además existe otra condición notable que se ha dado exclusivamente en su persona: Euwe fue el único jugador que habiendo sido campeón mundial, llegó a la Presidencia de la FIDE, algo a lo que aspiró, mas sin éxito, por caso Gary Kaspárov (nacido en 1963).

Euwe nació el 20 de mayo de 1901 en Watergraafsmeer, una pequeña localidad rural, ganada al Mar del Norte con la técnica del pólder, la que desde 1921 forma parte de Ámsterdam, de donde también es oriundo otro gran deportista: el futbolista Johan Cruyff (nacido en 1947). En esa gran urbe de los Países Bajos, el ajedrecista también morirá: el 26 de noviembre de 1981.

Su padre Cornelis era maestro, mientras que su madre Elisabeth, ambos holandeses, tendrán seis hijos, entre los cuales Max será el segundo en nacer. La economía familiar no tenía privaciones, pero era del todo ajustada. Y serán los propios progenitores, aficionados al ajedrez, quienes se lo enseñarán al niño cuando contaba cuatro años. Seis años después ya participará de su primer torneo, en el bar De Ruyter, resultando vencedor. Se asocia al club de ajedrez de la ciudad  dos años más tarde y, a nivel nacional, compite con 14 años.

En los Países Bajos el futuro ajedrecista nació, murió, obtuvo el campeonato mundial aficionado y el absoluto, y allí también lo perdería. Muchas competencias ajedrecísticas desarrolladas en el país, entre ellas las Olimpíadas de 1928 en La Haya y la de 1954 en Ámsterdam, llevarán su impronta.

Escultura inspirada en Euwe

Al cabo del tiempo, se transformó en un importante referente del país con proyección internacional, donde asimismo se desempeñó en su carrera académica y profesional, más allá del ajedrez. En su hogar, silenciosa aunque profundamente, resistirá la invasión nazi. Y la ciudad de Ámsterdam, en prueba de reconocimiento a su hijo pródigo, creará un Museo que lleva su nombre, rodeado por una plaza que también será bautizada en su homenaje (la Max Euweplein).

La Max Euweplein en Ámsterdam

El ajedrecista será reconocido, asimismo, en su calidad de matemático. De hecho esta otra disciplina fue más importante y demandante en su vida que el propio juego con el que llegó a lo más alto.

Su primer torneo internacional será, cuando tenía 18 años, en Hastings, Inglaterra, en el mes de agosto de 1919 pero, por supuesto, no aún en la instancia principal, en la que se impuso José Raúl Capablanca (1888-1942), sino en otra de menor orden identificada con la letra C, en la que saldrá en el cuarto lugar. Fue un tiempo coincidente con la obtención del título preuniversitario dando pruebas de que el ajedrez convivía con sus inquietudes profesionales, algo que caracterizará su existencia.

Max Euwe de joven

Será campeón de los Países Bajos por primera vez en agosto de 1921 en torneo disputado en Nijmegen, un título que repetirá en los años 1924, 1926, 1929, 1933, 1938, 1939, 1942, 1947, 1948, 1950, 1952 y 1955. Y, si no lo fue en más oportunidades en esos años fue, o porque el torneo no se realizó, o porque no pudo, o decidió no participar en otras pruebas nacionales.

Con honores, se gradúa en matemáticas en 1923 en la Universidad de Ámsterdam, en la que en 1926 obtendrá asimismo el doctorado. Ulteriormente dictó clases en la materia en las ciudades de Winterswyjk y Rotterdam, y también en el Liceo para Mujeres de Ámsterdam, de 1926 a 1940 y, tras la guerra.

La afición local quería promover la carrera ajedrecística de Euwe, apareciendo mecenas que aportarían recursos, por ejemplo para concretar un match amistoso contra Alekhine, quien aún no era campeón mundial, el que se desarrolló entre el 22 de diciembre de 1926 y el 8 de enero de 1927 en Ámsterdam, prevaleciendo el visitante con tres triunfos, dos derrotas y cuatro empates. La última partida tuvo al holandés con ventaja y, al cabo, la perdió, así como un match, que estuvo, no obstante, al alcance de la mano. De todos modos allí demostró sus calidades ante un jugador tan potente.

En marzo de 1928 se impone en otro match en Ámsterdam, por 5,5 a 0,5 al belga Edgard Colle (1897-1932) y, en una prueba mucho más exigente, bajo los auspicios de la FIDE (de muy reciente fundación), y siempre jugando en los Países Bajos, confronta con el nacido en el Imperio Ruso (en rigor ucraniano y futuro alemán) Yefim Bogoliúbov (1889-1952) en sendas oportunidades e idéntico resultado: pierde por la mínima diferencia en matches de diez partidas.

Se dijo públicamente, aunque del todo equivocadamente, que el vencedor de la primera de esas porfías sería considerado campeón mundial, pero sí es cierto que la entidad mundial iba a considerar a su vencedor como probable retador de Alekhine, papel que efectivamente en años próximos le tocará cumplir al vencedor de esta porfía. El campeón, por lo pronto, llegó a mencionar que se podía tratar de una maniobra de Alexander Rueb (1882-1959), el Presidente de la FIDE, quien era holandés, para favorecer a su compatriota, lo que no conseguirá, al caer derrotado Euwe en esa oportunidad.

Con todo este habrá de obtener el primero de sus grandes logros internacionales al coronarse. en La Haya, entre el 21 de julio y el 4 de agosto de 1928, como campeón mundial aficionado de ajedrez. Hará en esa contienda 12 puntos en 16, aunque no quedará invicto ya que, quien a la sazón lo habrá de escoltar, a una unidad, el polaco Dawid Przepiórka (1880-1940), logrará vencerlo. Esa vez saldrá tercero el campeón aficionado saliente, título que había conseguido en París en 1924, el letón Hermanis Matisons (1894-1932). En esa oportunidad Euwe, que era un buen candidato a vencer en esa porfía, terminó saliendo cuarto (igualado con otros dos ajedrecistas) e, incluso, estuvo a punto de no entrar a la fase final, tras la derrota que le propinó en la instancia previa el argentino Roberto Grau (1900-1944) quien estuvo a solo un paso de eliminarlo.

Volviendo a aquel 1928 tan auspicioso, participa en el mes de agosto del gran torneo de Bad Kissingen, Alemania, donde se impone Bogoliúbov delante de Capablanca, siendo Euwe tercero delante de Akiba Rubinstein (1880-1961), Aron Nimzowitsch (1886-1935), Richard Réti (1889-1929) y muchas otras figuras, entre ellas el viejo Siegbert Tarrasch (1862-1934), exaspirante a la corona mundial, quien queda penúltimo.   

En 1929 presenta un paper sobre matemáticas demostrando la existencia de una regla que prontamente llevará al otro objeto de su pasión, el ajedrez, afirmando en este campo que una infinita cantidad de partidas era posible.

Ya instalado en las ligas mayores, vencerá en el clásico torneo de Hastings disputado entre el 29 de diciembre de 1930 y el 7 de enero de 1931, delante de Capablanca. Allí el holandés registrará, no obstante, una derrota con la campeona mundial entre las mujeres, la mítica Vera Menchik (1906-1944).

En esos años de comienzos de los 30 estuvo más abocado a las matemáticas que al ajedrez. Igualmente, se lo consideraba una de las prominentes figuras jóvenes, junto al checoslovaco Salo Flohr (1908-1983), con quien juega un match en Ámsterdam y Karlsbad (ciudad por entonces de Alemania) en 1932, en los meses de marzo/abril (la primera etapa) y agosto (la segunda mitad), el que queda igualado en ocho puntos. Y en la segunda quincena de julio juega el buen torneo de Berna, en el que se impone Alekhine, quedando Euwe y Flohr igualados en la segunda posición.

En ese contexto se le presenta la oportunidad de enfrentarse al campeón mundial Alekhine, cuando había otros candidatos que tenían mayores pergaminos para ejercer ese derecho, en particular Capablanca, con la merecida revancha que no fue del encuentro de 1927 en Buenos Aires. Pero, ya se sabe, en esa época el campeón elegía a quien sería su rival, en un sistema que sólo se cambiará después de la Segunda Guerra Mundial.

En julio de 1934 se hizo en Zúrich, Suiza, un importante torneo, en el que se impuso Alekhine, delante de Euwe y Flohr, pero el holandés logra entonces vencer al campeón. Más atrás quedaron Bogoliúbov, Lasker y otras figuras de la época.

Envalentonado con esa actuación, y habida cuenta de que los holandeses querían un campeón mundial, a cuyos fines fundan el Nationaal Nederlandsch Comité Wereldkampioenschap Schaken para reunir fondos con ese propósito, lograr que Alekhine acepte ese desafío, aun teniendo pendiente el segundo enfrentamiento por el título del mundo contra Bogoliúbov del que, como se esperaba, volverá a salir airoso en junio de 1934.

Ahora, entonces, entre el 3 de octubre y el 15 de diciembre de 1935,  en un tour en el que los contendientes habrán de jugar en veintitrés localidades diferentes de los Países Bajos (incluidas desde luego Ámsterdam, La Haya, Rotterdam y Groninga), será Euwe quien tenga la posibilidad; y, para ello, debería prevalecer en una contienda prevista para treinta encuentros, con partidas que se harán bajo el ritmo de dos horas y cuarto para las cuarenta jugadas.

El resultado fue muy parejo, ya que terminó 15,5 a 14,5 a favor del desafiante quien, de todos modos, estaba mucho mejor en la última partida, cuando acepta el empate que lo catapultaba al título por lo que, si se lo hubiera propuesto, pudo haber estirado la diferencia definitiva en el marcador. En todo caso Euwe supo aprovechar, como aconsejó su compatriota Erasmo en la sentencia que da inicio a este trabajo, la oportunidad más importante que se le presentó en la vida para llegar a lo más alto en su querido ajedrez. 

Si tomáramos la primera parte del encuentro, más concretamente las nueve partidas iniciales, el campeón ganaba, como era de esperar, muy cómodamente, por 6 a 3. Pero, poco a poco, Euwe fue recuperándose, por sus propios méritos desde luego, mas también por un Alekhine excesivamente confiado que se distrajo con el bridge y, aunque quizás se ha exagerado el punto, con sus excesos en alcohol, particularmente de la ginebra, un típico producto local, los que fueron visibles en tres partidas: las 18, 21 y 30 (dos tablas y un triunfo para el holandés, en este caso llegando incluso tarde),

Las dudas del campeón al mover las piezas obedecieron, en tren de justificación, a la ausencia de lentes, a juicio de un rival que, ante todo, era un caballero. El historiador Andre Shulz, reforzando la idea, que para muchos espectadores fue casi obvia, este match puede ser definido como aquel disputado  entre un profesor y un alcohólico.

Alekhine-Euwe 1935
Imagen del match en que Euwe batió a Alekhine

El holandés habrá de lograr cinco victorias, una más que su rival, cumpliéndose las treinta partidas previstas, por lo que se consagra como el quinto campeón mundial de la historia del ajedrez.

En algunas ocasiones del encuentro Alekhine se hizo acompañar por su gato siamés, muy apropiadamente llamado Chess, el que podía husmear las piezas del tablero, pese a que el holandés era algo alérgico a los felinos.

Euwe, como jugador, es la lógica personificada, un genio de la ley y el orden, en lo que probablemente mucho tiene que ver sus habilidades en matemáticas. Su juego es, a la vez, preciso y agresivo. No es un discípulo de la simplicidad.

Ya como campeón, entre el 10 y el 28 de agosto de 1936 participa del gran torneo de Nottingham, Inglaterra, en el que sale tercero detrás del soviético Mijaíl Botvínnik (1911-1995) y Capablanca, en paridad con los norteamericanos Reuben Fine (1914-1993) y Samuel Reshevsky (1911-1992), viéndose a Alekhine en un sexto lugar y, más atrás aún, al excampeón mundial Emanuel Lasker (1868-1941) y a Salomon Flohr (1908-1983).

Euwe, a diferencia de lo que había hecho Alekhine con Capablanca, le da la debida revancha a su anterior rival, y de inmediato, el que se hará bajo los mismos lineamientos del encuentro anterior, en diversas ciudades de los Países Bajos, y en un periodo que fue del 5 de octubre al 4 de diciembre de 1937.

Lamentablemente para su suerte Fine, que lo iba a asistir, enfermó de apendicitis, por lo que no pudo acompañarlo. Pero ahora las diferencias entre ambos se harían notar: tras un triunfo aislado al comienzo del match del aún titular del mundo Alekhine, que estaba mejor preparado y decididamente más sobrio, logrará una ventaja decisiva en la 25ª partida, por lo que recupera la corona tras diez éxitos, cuatro derrotas y once tablas.  El nacionalizado francés, no sin un exceso de orgullo, al cabo del match dirá que se lo había meramente prestado vez pasada al holandés por un lapso de dos años.

Alekhine-Euwe 1937
Momento de la revancha en que Alekhine recupera el título ante Euwe

Se le fueron acabando al holandés sus tiempos ajedrecísticos mejores. De hecho para Chessmetrics sólo fue el N° 1 del mundo durante catorce meses alternados, entre enero de 1936 y noviembre de 1937. Sólo dos años después, para diciembre de 1939, era precedido en ese listín por seis jugadores: Botvínnik; Fine; Alekhine; Reshevsky; Keres y Flohr.

En esa consideración, tomando una carrera integral de quince años, en el listín encabezado por Kaspárov, Kárpov, Lasker, Capablanca, Alekhine, Botvínnik y Fischer, Euwe ocupa apenas la posición N° 32, siendo el más rezagado de entre los excampeones mundiales de la historia, al menos de todos los que corresponden al periodo pre-Kaspárov.

Ya sin el título en su poder, participa del torneo AVRO disputado en su país en 1938, en el que con el 50% de los puntos empata la 4ª colocación, con Reshevsky y Alekhine, siendo precedido por Keres, Fine y Botvínnik; y quedando por delante de Capablanca y Flohr. A fin de año vuelve a Hastings, siendo segundo de Lázló Szabó (1917-1998), en un torneo sin tantas figuras como en ediciones anteriores.

En Olimpíadas, en este tiempo previo a la Segunda Guerra Mundial, Euwe jugó en dos: en Londres, en 1927, en la primera edición oficial, con un buen 70% de rendimiento; el que elevó a 73,1% en el primer tablero de su equipo en Estocolmo en 1937, obteniendo la medalla de bronce, cuando la de oro fue para el checoslovaco Flohr y la de plata para el estonio Paul Keres (1916-1975).

A Buenos Aires, dos años después, no irá, dado que esa prueba se pospuso de la fecha original, prefiriendo ir a jugar el torneo de Bournemouth, Inglaterra, en el que se impondrá invicto, delante del mencionado jugador checo, entre otros. Asimismo ese año bisagra vencerá en varios torneos disputados en su país. Entre el 24 de diciembre de 1939 y el 15 de enero de 1940 juega en diversas ciudades de los Países Bajos un match contra el estonio, perdiendo por 7,5 a 6,5. Y en este último año, en el mes de marzo, gana un torneo en Budapest en homenaje a Géza Maróczy (1870-1951), quien lo había asistido en la revancha por el título mundial ante Alekhine.

La guerra le cambiará su vida. Su país era neutral, a pesar de lo cual será invadido por los nazis en 1940. Euwe se comprometió con los valores de la libertad en todo momento, primero en una organización clandestina que procuraba alimentos y, más específicamente, dándole protección a Salo Landau (1903-1943), un jugador polaco judío radicado en los Países Bajos quien, lamentablemente, será víctima (e igual suerte correrá su esposa e hija) de los opresores, cuando intente escapar. Es atrapado en la frontera y prontamente muerto.

Por otro lado Euwe, con sutileza, aunque con riesgos personales, se negó a participar de torneos organizados por el régimen nazi, en una clara diferencia de actitud con lo hecho por otros jugadores, entre ellos Alekhine (quien tuvo a Landau como segundo en el match por el título de 1935 y por quien nada hiciera el ruso-francés a pesar del pedido de su excolaborador cuando entró en desgracia con los alemanes) y Keres, quienes se avinieron a hacerlo.

Lo único a lo que accedió fue a jugar un match contra el ya nacionalizado alemán Bogoliúbov, el que se disputa entre los meses de julio y agosto de 1941 en Karlsbad, bajo la organización de la Federación de Ajedrez de Alemania, en el que el holandés se impone claramente tras cinco triunfos, dos derrotas y tres empates.

Una vez terminado el periodo de terror, se lo verá a Euwe imponerse en el Torneo de Londres disputado en enero de 1946, aunque sin la presencia de ningún rival de fuste. Lo importante para entonces era que se podía volver a jugar…Y en Groninga, el primer gran torneo de la posguerra, disputado entre el 13 de agosto y el 7 de septiembre de ese año, verá como vencedor a Botvínnik, siendo Euwe el escolta a sólo medio punto, quedando por delante de otro futuro campeón del mundo, Vasili Smyslov (1921-2010), el argentino Najdorf (1910-1997) y Szabó.

Nuevas figuras aparecieron en el firmamento ajedrecístico, por lo que el holandés quedará relegado, y ello pese a que la muerte de Alekhine hizo pensar que quizás podía volver a darle oportunidad de acceder al título del mundo. De hecho se ha estudiado una situación que tuvo a la FIDE como protagonista en las jornadas del 1° y 2 de agosto de 1947 en cuyo ínterin se llegó a designar a Euwe como campeón, pero luego se reverá esa decisión, que había en principio sido adoptada sin la presencia de la delegación soviética, por lo que podría decirse que el holandés volvió a la cúspide en el transcurso de un día.

Ese año de 1947 viaja a la Argentina donde participa de sendos torneos: el primero se hizo entre el 12 de marzo y el 1° de abril en la ciudad de Mar del Plata,  donde Euwe queda por debajo de Najdorf, Gideon Ståhlberg (1908-1967), Erich Eliskases (1913-1997), Herman Pilnik (1914-1981) y en línea con Julio Bolbochán (1920-1996), siendo dieciocho los participantes; y en otro, entre abril y mayo, realizado en este caso en las ciudades de Buenos Aires y La Plata, ganado por Ståhlberg delante de Najdorf y Eliskases (tres ajedrecistas de entre tantos que se quedaron en el continente sudamericano después del Torneo de las Naciones de Buenos Aires de 1939, aunque el sueco más tarde regresaría a Europa), siendo aquí el holandés cuarto entre seis participantes.

En 1948, cuando se hace el torneo para hallar al sucesor de Alekhine en la corona mundial (había fallecido dos años atrás), Botvínnik se habrá de imponer, viéndose a Euwe ocupar el quinto y último lugar, con un bajísimo puntaje, producto de una victoria, seis empates y nada menos que trece derrotas.  Se jugó esta prueba en La Haya, del 2 al 25 de marzo; y en Moscú, del 11 de abril al 17 de mayo.  

En ese mismo año se hace el torneo de Venecia, en el que se impuso Najdorf delante del húngaro Gedeon Barcza (1911-1986) y del peruano  Esteban Canal (1896-1981), siendo Euwe apenas cuarto en un torneo en el que otra figura del pasado, el polaco Savielly Tartakower (1887-1956), terminará aún más relegado.

Para fin de 1948, y comienzos del próximo, seguirán las performances poco auspiciosas. Es que se hace un torneo en Nueva York en el que se impuso el local Fine, delante de Najdorf, quedando Euwe, junto a Pilnik, en la tercera colocación, a tres puntos del campeón, entre diez participantes.

En 1950, cuando Najdorf se imponga en el torneo en su Ámsterdam, delante de Reshevsky, el holandés igualará el sexto lugar con otro argentino, Herman Pilnik (1914-1981), demostrando que otros muchos jugadores, incluso algunos que venían de los tiempos de la preguerra, en la que había sabido Euwe brillar, lo estaban superando en el nuevo escenario planteado.

En ese año de 1950 la FIDE otorga los primeros títulos de Gran Maestro de la historia y Euwe, por supuesto, será uno de los pocos que lo recibirá. De hecho para entonces era el único excampeón del mundo de los tiempos anteriores a la Segunda Guerra Mundial que había sobrevivido.

En Zúrich, Suiza, entre fines de de agosto y el mes de septiembre de 1953, ya siendo Botvínnik campeón del mundo, se inicia el ciclo para determinar a su desafiante, viéndoselo vencedor en un torneo a doble vuelta a Vasili Smyslov (1921-2010), un futuro campeón del mundo, dentro  de una constelación de quince figuras, ocupando los lugares sucesivos David Bronstein (1924-2006), Keres, Reshevsky y, ya asomando, otro que también llegará a lo más alto tiempo después: Tigrán Petrosián (1929-1984). Aquí Euwe, evidenciando claramente que lo suyo era más bien parte del pasado, ocupa la penúltima colocación.

El holandés, preferentemente, en esta nueva etapa que se abrió desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, se fue concentrando en las ciencias y no en el ajedrez, interesándose en el procesamiento electrónico de datos. Fue nombrado profesor de cibernética en 1954 y en 1957 y visitó los Estados Unidos de América para estudiar tecnología informática. Mientras estuvo allí, volviendo de alguna manera a las fuentes, enfrentará en dos oportunidades en Nueva York en el mes de marzo a Fischer, ganando una vez y empatando la otra partida.

En Olimpíadas continuará aportando, siempre al encabezar el equipo de su país, lo que hizo desde la competencia de Dubrovnik en 1950, cuando su país alcance un muy buen quinto puesto, con un Euwe obteniendo el 66,7% de los puntos. En Ámsterdam´54 hará 57,7% y en Münich´58 77,3%, el mejor rendimiento olímpico personal de la historia, con medalla de plata incluida, pero favorecido por deber jugar con rivales inferiores, ya que el conjunto de su país no se clasificó a la instancia más relevante del torneo. Luego estará en Leipzig´60, con una actuación discreta, logrando solo el 40,6%, para despedirse casi simbólicamente en 1962 en Varna cuando, si bien termina invicto, juega sólo siete partidas (de las que gana sólo una) y evitando a muchos fuertes rivales (entre ellos Botvínnik y Fischer).

En su progreso de desarrollo profesional, donde la parábola iba en sentido positivo a diferencia de lo que sucedía en el campo del ajedrez, es nombrado director del Centro de Investigación de Procesamiento Automático de Datos de los Países Bajos en 1959. Y, uniendo sus campos del saber, fue Presidente, de 1961 a 1963, de un Comité establecido por Euratom (la Comunidad Europea para la Energía Atómica) para examinar la viabilidad de programar computadoras para jugar al ajedrez. En 1964 se le hace cargo de un procesamiento automático de información en la Universidad de Rotterdam y, posteriormente, igual labor en la Universidad de Tilburg, donde se retira como profesor en 1971 y se lo declara emérito.

Volviendo al ajedrez, pero ahora como dirigente, y desde el máximo lugar, se lo elige en el mes de septiembre 1970, en el marco de la Olimpíada de Siegen, Alemania, como Presidente de la FIDE convirtiéndose, por ende, en el primer campeón mundial (y por ahora el único), y el primer gran jugador en todo caso, en llegar a ese sitial, cerrando desde la propia cúpula una brecha que usualmente ha existido entre el nivel de decisión y el que corresponde a los propios ajedrecistas. Ocupará ese cargo hasta 1978, habiendo de ser reelecto en 1974.

Su primera decisiva contribución en este rol fue la de facilitar la presencia del representante de los EE. UU. Bobby Fischer (1943-2008) en el Interzonal de Palma de Mallorca, disputado en los meses de noviembre y diciembre de 1970, la primera estación del norteamericano camino al título, habida cuenta de que, para ello, debió mediar la renuncia de otro jugador, el húngaro nacionalizado norteamericano Pal Benko (1928-2019), quien cedió su plaza a su compatriota.

Luego a Euwe le tocará protagonizar las vicisitudes que rodearon el match por la corona disputada entre el 11 de julio y el 1° de septiembre de 1972 en Reikiavic, Islandia, entre el soviético Boris Spaski (nacido en 1937) y Fischer, y la ulterior defección de este en el próximo ciclo mundial, del que se derivó que llegue a lo más alto de todo otro soviético, Anatoli Kárpov (nacido en 1951) comportando, adicionalmente, un recambio generacional profundo en la cúspide del ajedrez mundial del que Euwe fue privilegiado testigo.

Max Euwe - Wikipedia, la enciclopedia libre
Max Euwe en una etapa postrera de su vida

El holandés debió extremar sus dotes de mediador y hacer ejercicio de una paciencia por momentos infinita, en particular por las demandas del norteamericano, expresadas tanto en su condición de aspirante como de titular del mundo. Y, seguramente para él, siendo un componedor nato, todo el proceso habrá sido angustiante y tomará como un fracaso casi personal que el norteamericano abandone la corona en un episodio único en la historia del ajedrez mundial.

Euwe, entonces, estando al frente de la FIDE, fue un actor de cierto protagonismo en el establecimiento de un puente entre las viejas y las nuevas generaciones y, además, de la popularización del juego, en los tiempos de la Fischer-manía Asimismo debió lidiar con los episodios conflictivos en el marco de un ajedrez que era herramienta geopolítica de las superpotencias de la época en el contexto de la Guerra Fría.

En las Olimpíadas de Niza de 1974 se dio un episodio ingrato, cuando la delegación de Túnez se negó a enfrentar a Israel, al no reconocer los países con mayoría musulmana a un Estado con el que siempre han convivido en estado de conflicto. Otro hecho aún más delicado, se dio en el caso de los equipos de Rodesia y Sudáfrica que fueron expulsados en el curso de la competencia por sus políticas de apartheid. Lo cierto es que Euwe había visitado antes ambos países y, en su mirada, algo complaciente, no había pruebas concluyentes de segregacionismo.

Sin embargo, la propuesta de expulsión propiciada por Marruecos, apoyada por Túnez, Siria, Irak, Jordania, la URSS, Hungría, Bulgaria, Yugoslavia, Mongolia, Polonia, Checoslovaquia, Argentina y Cuba, terminará prevaleciendo especulándose que Euwe, pese a su posición inicial, termina facilitando que ello suceda para asegurarse la reelección al frente de la FIDE, la que estaba amenazada por la candidatura del puertorriqueño Rabell Méndez. El Presidente de la entidad mundial conservará entonces el cargo, en elección que se registra en el mes de junio de 1974, pero su reputación se verá afectada para alguien que siempre fue valorado por su equilibrio y sabiduría.

En 1976 se dio otra circunstancia inusual en la historia del ajedrez ya que, al concretarse las Olimpíadas en Haifa, Israel, numerosos países, los del bloque comunista (encabezados por la URSS) y los musulmanes, harán un boicot, por lo que esa prueba perderá relevancia y quedará enmarcada dentro del conflicto restringido del Medio Oriente y el más amplio de la antes mencionada Guerra Fría. De hecho, sin los auspicios de la FIDE, entidad  presidida por Euwe, se hará en la ciudad de Trípoli, en Libia, una prueba de naciones que se denominó como Contra Olimpíada.

La muy controvertida decisión del holandés de que la competencia oficial se hiciera en Israel, le ganaría muchas enemistades y cuestionamientos. Hasta se dijo en la URSS, con algo de crueldad, como refleja en uno de sus libros Gennadi Sosonko (nacido en 1943), jugador ruso que se exiliará en los Países Bajos, que su avanzada edad le había hecho perder el equilibrio en el juicio. Por ende, dos años más tarde, ya no será viable aspirar a ser reelecto como titular de la entidad a alguien que, de joven, había simpatizado con el comunismo, del que tomó debidas distancias con el curso de los años al visitar la URSS y conocer la suerte que habían corrido muchos ajedrecistas que fueron perseguidos por el régimen imperante en esa Nación.

Otra situación traumática que le tocará al holandés lidiar en su rol dirigencial fue la huida de la URSS de Víktor Korchnói (1931-2016), quien recalará primero en los Países Bajos, la patria de Euwe. Este, de alguna manera, contribuyó a que se pudiera adoptar esa extrema decisión (otro punto para que fuera cuestionado por los países de la esfera comunista), para luego terminar en Suiza. Los países del eje soviético le harán el vacío al jugador exiliado sin permitir que los representantes propios participen en torneos junto a quien consideraban, más que un disidente, un traidor.

Para mayor conflicto Korchnói accede a la instancia de desafío del campeón Kárpov, dándose negociaciones duras para su consecución y problemas muy intensos durante su transcurso en la localidad de Baguío, Filipinas, en el contexto de un parejo y muy duro, evidentemente no sólo por razones ajedrecísticas, enfrentamiento, que alcanzó a las treinta y dos partidas, el que se dio entre el 18 de julio y el 18 de octubre de 1978. En esa oportunidad Euwe debió sacar a relucir, nuevamente, toda su experiencia y dotes expresadas en cuanto a su capacidad de comprensión e intervención.

También bajo su mandato, poco después se verificó otra situación inédita: en las Olimpíadas de Buenos Aires, realizadas entre el 25 de octubre y el 12 de noviembre de 1978, la URSS por primera y única vez en la historia no alcanzará el título, ya que será superada por la delegación de Hungría. Estaba claro que el mandato de Euwe al frente de la FIDE no iría a resultar ni reposado ni, tampoco, dejaría de marcar una huella en la historia del juego.

Euwe, como Presidente de la FIDE, y desde su propia asunción en 1970, habrá de impulsar la aceptación del sistema ELO, debido al profesor húngaro Árpád Élő (1903-1992), creado para medir las puntuaciones de los ajedrecistas. A partir de ahora, se lo usará, principalmente para el otorgamiento de los títulos internacionales y establecer pautas formales en las competencias. Podría creerse que, con ello, tanto el ajedrecista como el matemático que presidía la entidad podrían quedar complacidos al dotarse de objetividad a una situación que, antes, era motivo de especulaciones subjetivas o de la vigencia de sistemas extraoficiales no debidamente contrastados por autoridad alguna, siempre de cara a hacer mediciones de la fuerza ajedrecística de los protagonistas del tablero. La primera lista, en estas condiciones, habrá de aparecer en el mes de julio de 1971. A partir de ahora ese punto de referencia, con sus bemoles, sería incuestionable.

En una fase más introspectiva, la de intelectual, en la que Euwe también se destacó, se lo verá publicar, en tanto autor, en solitario o en colaboración, más de setenta libros sobre ajedrez, un número desusado dando cuenta de su interés por difundir y dar un marco teórico a una actividad de la que fue un eficiente cultor.

Sus tratados sobre aperturas, medio juego y finales son auténticas obras clásicas, con las que se han formado varias generaciones de ajedrecistas, entre ellas: Strategy & Tactics in Chess (1937); una serie de libros bajo el nombre general de Theory of the Chess Openings (se publicaron progresivamente desde el año 1937); Judgement and Planning in Chess (1953), The Middlegame (1957), con Hans Kramer; A Guide to Chess Endings (1959); Chess Master vs. Chess Amateur (1962), con Walter Meiden; The road to Chess Mastery (1966); The development of Chess Style (1968), y varios textos sobre torneos de ajedrez, muchos en colaboración con su compatriota Lodewijk Prins (nacido en 1938).

De los cinco primeros campeones mundiales, correspondientes al periodo que culmina casi exactamente con el fin de la Segunda Guerra Mundial, sin dudas que Euwe fue, objetivamente, el que tuvo un mandato más efímero y, subjetivamente, el que ostenta una menor calidad ajedrecística.

Pero ello no empece a la importancia que se le debe asignar a su figura. Primero, fue el único ajedrecista en la historia que tendrá los títulos de campeón mundial aficionado y absoluto. Segundo, sabrá aprovechar el momento para llegar a lo más alto en la primera oportunidad que se le presentó, y tercero, será el único excampeón del mundo, y el único jugador de la élite en llegar a la condición de Presidente de la FIDE (quizás en esa taxonomía se lo podría también incluir, aunque registre menores pergaminos deportivos, a su sucesor en el cargo, el islandés Friðrik Ólafsson).

Por lo demás, su contribución al juego se materializó en la intensa bibliografía que surgió de su pluma. Además, siguiendo en eso el camino de Lasker, no sólo se concentró en el juego ya que tuvo una carrera profesional y académica exitosa. Para Kaspárov el holandés fue un puente entre una generación (la de Lasker, Capablanca y Alekhine) y la que sobrevendría (la de Botvínnik, Fine, Reshevsky y Keres).

A Euwe siempre se lo recordará por sus cualidades humanas, esas que le hicieran en cada momento, procurar diluir los conflictos y hallar la mejor solución a los problemas que tuvo que enfrentar. Sus dotes de organizador devienen de un orden en su personalidad y de sus inclinaciones a las ciencias matemáticas, el que quiso en todo momento impulsar al más caótico mundo del ajedrez que, en el tiempo en el que le tocó conducir las riendas de la FIDE, estaba en el centro del escenario en el contexto de la Guerra Fría. Su proverbial humildad no es muy común entre los ajedrecistas, particularmente entre quienes arribaron a posiciones tan altas en la consideración mundial.

En los Países Bajos a Euwe se lo reconoce como una figura nacional que alcanzó una dimensión histórica. Es preciso que, en el ámbito del ajedrez, se termine por asignarle una similar clase de valoración a un jugador, dirigente y divulgador que, en tantos aspectos, tanto le diera a un juego, y a quien se suele subestimar al limitar el análisis a su trayectoria deportiva y a la influencia específica a nivel de su rendimiento en competencia el cual, en efecto, pero sólo en eso, es menor si se lo compara con muchos otros campeones del mundo.

Euwe, el buen holandés, en todo caso, hizo un aporte que debe ser mensurado desde una mirada omnicomprensiva. A poco de reparar en ello comprenderemos plenamente que lo suyo alcanzó alturas del todo desusadas y que, por tanto, debemos, de cuando en cuando, posar nuestra mirada agradecida en una figura que tanto le tributó al ajedrez de su tiempo.


P.S.: Para una lectura más amplia sobre aspectos de la personalidad de Euwe, se sugiere consultar los siguientes libros: The Reliable Past de Gennadi Sosonko, New in Chess, Países Bajos, 2014; My great predecessors, Part. II de Gáry Kaspárov, Everyman Chess, Londres, 2003; The Big Book of World Chess Championships: 46 Title Fights – from Steinitz to Carlsen de Andre Shulz,New in Chess, Países Bajos, 2016 y, muy especialmente, Max Euwe: The Biography de Alexandr Munninghoff, New in Chess, Países Bajos, 2014.

Nota relacionada:
La Astrología y el Destino: Max Euwe. Por Silvia Méndez. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/category/silvia-mendez/.

©ALS, 2021

Una respuesta a “Max Euwe, campeón mundial aficionado y absoluto, Presidente de la FIDE y testigo privilegiado del ajedrez en su tiempo

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