Prólogo de Juan Sebastián Morgado a La generación plateada (1950-1976)

 

El investigador y ajedrecista argentino Juan Sebastián Morgado, al prologar el libro La generación plateada (1950-1976) de Sergio Negri y Enrique Arguiñariz, segundo volumen de la colección Historia del Ajedrez Olímpico Argentino bajo edición del Senado de la Nación, incursionó en los antecedentes que vinculan al Congreso de la Nación y/o a algunos de los legisladores nacionales con el ajedrez, a lo largo de su rica historia. Compartimos ese texto con los lectores del blog ALS.

Al momento de hacer el prólogo que se me ha pedido, viene a mi memoria, inevitable recoveco en el que se refugia el historiador, aquellos buenos tiempos de comienzos del siglo XX en los cuales el Congreso de la Nación, como lo hace ahora al impulsar la edición de esta obra, apoyaba, y mucho, al ajedrez argentino.

En tiempos en los que el ajedrez necesitaba crecer, desde ese ámbito institucional se dio todo el apoyo, muchas veces económico, a través de la sanción de leyes de importación o de tarifas nacionales de telégrafos, o bien aportando premios, o contribuyendo a la realización del Torneo de las Naciones de 1939.

Es que el Parlamento nacional dijo presente en la época vibrante de la que los autores han dado en denominar generación pionera, tiempos en los cuales varios ajedrecistas destacados ocuparon cargos políticos de nota, y ello siguió ocurriendo en los tiempos iniciales de la generación plateada, motivo principal del abordaje del presente libro.

En tiempos inmediatos posteriores, probablemente por razones de concentración de la autoridad política, principalmente durante el período peronista, el apoyo al ajedrez, que siguió siendo palpable, pasó a provenir más directamente del Ejecutivo nacional.

Pero de esos inicios en los que el Legislativo supo tener un papel más protagónico, puedo listar los siguientes hechos. En 1909 el Club Argentino de Ajedrez, que se había fundado cuatro años antes, le solicita al Congreso colaboración para, en el marco de la Comisión del Centenario de la Independencia, se posibilitara la presencia en la Argentina del campeón mundial Emanuel Lasker. En la nota respectiva se plantea:

“… el Club de Ajedrez ocurre a la magnanimidad del H. C. solicitando un subsidio de $ 25.000 que le permita actuar con eficiencia verdadera en las fiestas del Centenario, y revele que la más alta autoridad de la República aprueba sus esfuerzos y la conceptúa una institución encaminada en sentido favorable a la cultura social…”. [Revista del Club Argentino nº 3-Año V, pág. 100/3].

Es indudable que el nexo entre el Club Argentino y el Congreso fue el doctor Emilio Carranza (1852-1913), que era nieto del General Juan José Viamonte, quien por entonces ejercía como Diputado Nacional (mandato para el período 1910/3), y que también había ocupado diversos cargos en la provincia y en la ciudad de Buenos Aires.  Lasker, por supuesto, con ese apoyo, y otros concomitantes, en el mes de mayo de 1910 vendría a la Argentina, lo que fue una decisiva contribución para la difusión del ajedrez entre nosotros.

Poco después, en 1915, le cupo al Congreso otra vital intervención, al fijar tarifas diferenciales (desde ya que más bajas), para la correspondencia de los matches que se hacían por vía telegráfica entre los clubes argentinos (fundamentalmente el Argentino), y los rivales extranjeros.  En el pedido correspondiente se aseguraba:

La tarifa de telégrafos es prohibitiva para las partidas de ajedrez. Se aplica la de las conferencias telegráficas, y cuesta la primera hora $ 65.-, la segunda y las demás $ 120.- Por excepción y como concesión se ha conseguido alguna vez se aplique la tarifa ordinaria de palabras. En el hecho están suprimidos los torneos de ajedrez entre los clubs de la República, y es en mérito de esta circunstancia que el Club Argentino de Ajedrez que presido, ha resuelto solicitar del H. Congreso de la Nación quiera disponer se agregue a las tarifas telegráficas el siguiente artículo: ¨Se aplicará la tarifa ordinaria de palabras a las partidas de ajedrez que se jueguen entre los clubs de la República, siempre que ellas se efectúen los domingos y días feriados entre 2 y 8 p.m. y lo permita el servicio a juicio de la Dirección de Correos y Telégrafos…”.  [Revista del Club Argentino nº 3-Año XI, pág. 96. La Nación, 30 de noviembre de 1915]

Este tema, que evidentemente seguía estando en agenda, fue nuevamente planteado a mediados de 1922, cuando se requiere, siempre desde el Club Argentino de Ajedrez:

“Se aplicará la tarifa de prensa a las partidas de ajedrez que se jueguen entre los clubs de ajedrez de la República, siempre que ellas se realicen los domingos y días feriados, y lo permita el servicio a juicio de la Dirección Nacional de Correos y Telégrafos”. [La Prensa, 14 de julio de 1922]

Casi un año después se acepta esta solicitud, con lo que el ajedrez, gracias al Congreso, podía lograr sus propósitos de ensanchar sus posibilidades de interactuar a nivel competitivo. Y también se llega a peticionar una excepción para facilitar la importación de tableros. Medios de la época informan sobre estos aspectos:

“A solicitud del Club Argentino, la comisión de presupuesto de la Cámara de Diputados accede a la rebaja del 50% de la tarifa telegráfica ordinaria para los matches de ajedrez (…) Tendremos en lo sucesivo con mayor frecuencia matches por telégrafo, lo que contribuirá a una mayor difusión y noticias del ajedrez, no menos digno que otros deportes”. [La Razón, 17 de mayo de 1923]

“Ante el considerable incremento de la cantidad de socios, el Club Argentino decide ampliar su stock de juegos de madera. No hallando fabricantes nacionales adecuados, en octubre el presidente de la institución,  doctor Carlos Querencio, se dirige al Congreso para peticionar lo siguiente: La presidencia del Club se ha dirigido al Honorable Congreso Nacional solicitando una ley que exima de impuestos a la importación de juegos de ajedrez de madera… [Revista del Club Argentino nº 80, pág. 385/90. La Nación, 9 de octubre de 1923]

Pero no todo eran rosas, en la relación con los legisladores. Un caso interesante de destacar es el del diputado nacional radical, electo para el período 1938-1942 Alejandro Maino,  que roza también a otro del partido socialista, quien, tiempo antes, cuando era diputado de la Provincia de Buenos Aires, fue cuestionado por su rol al tiempo de gestionarse la necesidad de apoyo a los jugadores argentinos que habrían de participar en el Torneo de las Naciones de La Haya en 1928.

Al respecto pueden recordarse sendas crónicas, en las que se apunta:

“…Teníamos pensado escribir dos líneas debido a la actitud del señor Alejandro Maino, diputado provincial de Buenos Aires, cuando trató de ayudar a nuestros ajedrecistas que se fueron a Europa ¡sin tener asegurado el viaje de vuelta! (…) Esta actitud nos recuerda la de un diputado socialista, que en el Congreso Nacional se opuso a que varios juegos de ajedrez, que el mecenas don José Pérez Mendoza quería regalar al Instituto de Ciegos, entraran al país sin pagar derechos, alegando que era un juego de aristócratas… ¨. [El Gráfico nº 457]

“El ajedrez logra adeptos día a día, y la comuna de Mar del Plata, mucho más inteligentemente que el diputado citado (nota del prologuista: se refiere a Maino), no titubea en apoyar la realización de un certamen Sudamericano… El ajedrez no es patrimonio exclusivo ni de burgueses ni proletarios, sino de todos los hombres dignos—“. [El Ajedrez Americano nº 12, setiembre de 1928, pág. 387]

“…El señor Maino ha declarado en la Cámara de Diputados de La Plata, que ¨considera al ajedrez como un deporte exclusivo de las clases ricas¨. Semejante afirmación sólo puede reconocer un antecedente: el señor Maino no ha visitado nunca un club de ajedrez, no ha leído jamás un balance de esas instituciones, ni tiene idea de las terribles dificultades económicas en que se debates los ajedrecistas para mantener a sus centros de reunión en un pie de franciscana pobreza. Nadie ha ido a las pruebas deportivas de Holanda en condiciones más modestas que el que el equipo representativo de la Federación Argentina de Ajedrez… ¿Cree por ventura el señor Maino que las clases ricas no se hallan solicitadas por mil entretenimientos costosos, menos profundos si se quiere, pero más divertidos que el paciente movimiento de trocitos de madera?” [El Mundo,  29 de junio de 1928)

El rol más relevante que le cupo al Congreso Nacional, en su vinculación al ajedrez, probablemente lo ha sido en oportunidad de la realización del Torneo de las Naciones de 1939 en la Ciudad de Buenos Aires.   En 1937 en Estocolmo, la Argentina había obtenido un gran espaldarazo al lograr que fuera designada su ciudad capital como sede de la próxima edición del certamen.

Consiguientemente, nuestro país se comprometió a afrontar todos los gastos, inclusive los pasajes. En ese orden, el presidente de la FADA, Augusto De Muro, y Roberto Grau, se movilizaron tempranamente, gestionando exitosamente ante el Congreso un subsidio de $ 150.000, que cubriría casi la mitad de los gastos previstos.

Así lo contaba Grau en la revista Leoplán:

“El Torneo de las Naciones y un subsidio

El Congreso ha convertido en ley el presupuesto argentino, y en él está incluida una partida de $ 150.000 para la FADA, con el propósito de facilitar la realización del gran torneo mundial por la Copa Hamilton Russell. Ha triunfado, pues, plenamente en sus gestiones don Augusto De Muro, presidente de la FADA, y junto a su nombre deben perdurar en el recuerdo de los ajedrecistas el del General Agustín P. Justo, presidente de la República, que puso toda su valiosa influencia para que el pedido prosperara, y el de los Diputados Nacionales Roberto J. Noble, Emilio Ravignani, Numa Soto, Eduardo Brochou…” [Roberto Grau, Leoplán, 16 de febrero de 1938]

Sin embargo, un año después, se pasaría de la euforia al drama: uno de los ministros, el doctor Jorge Eduardo Coll, se negó a desembolsar el subsidio alegando que ¨había gastos más urgentes¨. Y se llegó a especular que el Torneo de las Naciones naufragaría, como puede advertirse de la lectura de la siguiente crónica:

“¡La bomba! No se hace el Torneo de las Naciones

Por falta de fondos no se realizará el Torneo de las Naciones (…)  en el presupuesto de gastos del año anterior fue incluida una partida de $ 150.000 destinada a contribuir a sufragar una parte de los gastos, que ascienden a $ 360.000 que demandará la organización del certamen. El saldo restante de $ 210.000 debía ser logrado por la FADA… [Amílcar Celaya, Noticias Gráficas, 4 de febrero de 1939] 

Como se señaló en el primer volumen de esta colección, finalmente el Torneo de las Naciones se pudo realizar, merced a una increíble campaña nacional de donaciones encabezada por Roberto Grau. Y con la materialización, aunque tardía, del compromiso financiero oportunamente asumido por el Congreso de la Nación.

Estando con Grau, digamos que el maestro fue prologuista de Trebejos, libro que en 1929 publica la Editorial Grabo del que el tucumano Mariano Viaña es el autor quien, además de literato y ajedrecista, fue secretario de la Cámara de Diputados de la Nación, cargo que ejerció desde comienzos de la década anterior. En esa obra, que no es estrictamente técnica, se incluyen varios problemas de fantasía: uno de mate en tres, ofrecido al presidente Hipólito Yrigoyen, y otros dedicados al entonces campeón mundial Alekhine, al popular boxeador Luis Ángel Firpo y al también problemista ajedrecístico Amílcar Celaya.

En otro plano, y ya en 1940, en este ámbito se disputó la Primera  Copa Honorable Senado de la Nación,  organizada por LADEP (Liga Argentina de Empleados Públicos), una entidad gremial de mucha importancia en la época. Su Secretario General, Enrique Alegría, quien a la vez fue uno de los fundadores del Club Jaque Mate, impulsó ese  certamen por equipos en el que participaron muy destacados ajedrecistas argentinos, entre los que se hallan Palau, Guimard, Julio y Jacobo Bolbochán y Rossetto, y varias de las figuras extranjeras que permanecieron en el país desde el año anterior, como fueron los casos de Frydman, Feigins, Luckis y Sulik. El triunfo le correspondió justamente a Jaque Mate, en una competencia en la que también fueron de la partida el Círculo de Villa Crespo, Boca Juniors y un elenco representativo de LADEP.

Ya con el Presidente Juan Domingo Perón en el  gobierno, Najdorf obtiene apoyo del Congreso para solventar los gastos de estadía en Suecia, en donde el jugador argentino participaría del Interzonal de 1948 en procura de la corona mundial. Perón, se ocupó personalmente de ayudarlo, otorgándole una compensación monetaria importante a través del Congreso Nacional. En ese orden se dictó una Resolución Administrativa en el Congreso por la cual se le acordó al jugador una suma de $ 25.000: “…como contribución del Estado para sufragar gastos del Sr. Miguel Najdorf para participar en la selección que por el título mundial se celebrará en Estocolmo durante julio de 1948”.

Ese mismo año, el Club Argentino, que en los últimos tiempos había tenido que cambiar varias veces de sede debido a los altos alquileres, a través de su presidente, el escribano Gregorio Lastra, gestionó exitosamente ante el Congreso de la Nación un subsidio que le permitió adquirir en forma definitiva la sede de Paraguay 1858, en la que desarrolla sus actividades hasta nuestros días. En ese contexto varios diputados se asociaron a la institución, entre ellos John William Cooke, Leopoldo Zara y Uberto Vignart.

Podrían darse otras muestras del apoyo que el Congreso le ha brindado al ajedrez, particularmente en esa primera mitad del siglo XX. Sin entrar en mayores detalles, ese impulso se fue perdiendo con el paso del tiempo, segurmente teniendo mucho que ver con ello el deterioro institucional de un país que, a lo largo de esa centuria, estuvo caracterizado por golpes militares que, entre otras nefastas consecuencias, dejaron inactivo, y por muchos años, al Congreso de la Nación. En esas condiciones, que desde ese ámbito se ocuparan los legisladores del ajedrez, paso a ser casi una utopía.

No obstante, desde la recuperación de la democracia en 1983, se puede pensar que la relación entre Congreso y ajedrez podría llegar a estrecharse.

Algunas señales de ello han sido, en años recientes, la concesión de premios a ajedrecistas en el Congreso, particularmente el Premio Sarmiento conferido a nuestro máximo jugador vivo, Oscar Panno, el que fue conferido por iniciativa del Senador Reutemann.

Y estos propios libros de la colección, cuyo segundo volumen tengo hoy el gusto de prologar, son otra prueba cabal de que el Congreso viene a enmendar cierto olvido que parece haber tenido con nuestro ajedrez en tiempos recientes.

Al decir esto, sin embargo, advierto una cuestión central que, es de esperar, se aborde desde el Poder Legislativo: la incorporación más sistemática del ajedrez en la educación argentina. Es que el ajedrez tiene mucho que aportar al respecto. Y el Congreso puede y debe contribuir en ese sentido.

Por lo pronto hoy, al auspiciar estos libros con los que se refleja buena parte de lo mejor de la historia ajedrecística argentina, en un esfuerzo que es digno de encomio de parte de los autores, este Congreso está contribuyendo a cerrar una brecha que puede existir entre ajedrez y sociedad.

Sobre el autor:

Juan Sebastián Morgado nació en 1947. Es Maestro de la FIDE y Gran Maestro de Teleajedrez. Se licenció en psicología (UBA) en 1971.

Ha sido editor y director de varias revistas de ajedrez entre 1981 y 1997. Se incorporó al ajedrez postal desde 1962 y fue fundador de instituciones como CADAP y CAPA. Logró el título de sub-campeón mundial de la especialidad en 1984.

Desde 1981 desarrolla una librería y editora especializada en ajedrez. Desde 2008 se ha dedicado a escribir sobre la historia socio-política del ajedrez en Argentina y a esclarecer la figura del pensador Ezequiel Martínez Estrada.

Entre sus obras se encuentran Casillas Reales (2012) Martínez Estrada, ajedrez e ideas (2015); Sociología del Ajedrez Postal (2018; La Angustia Existencial de Martínez Estrada (2018); Martínez Estrada, Borges y el Viejo Vizcacha (2019); El impresionante Torneo de Ajedrez de las Naciones 1939 (2019) y El encuentro por el título mundial Capablanca – Alekhine 1927 (2020).

Juan Sebastián Morgado

 

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