Julio Bolbochán, el maestro, mi maestro

Por Sergio Negri

La palabra bueno, como calificativo de la trayectoria de Julio Bolbochán  (1920-1996), puede parecer sumamente corta, si se la compara con otras que son factibles de atribuirle: extraordinaria; excelente; excepcional. Sin embargo es perfecta para describir su condición humana.

Es que al ajedrecista nacido en Azul, provincia de Buenos Aires, el 20 de marzo de 1920, siempre había que verlo como persona más que como ajedrecista (a pesar de las alturas que en la disciplina alcanzó), siendo la bonhomía del maestro del todo proverbial.

Como alumno suyo, puedo dar testimonio personal de sus valores, los de una figura que, siendo tan grande en su contribución ajedrecística, lo fue aún más en su comportamiento humano allende los escaques.

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Un joven Julio Bolbochán

Al recordarlo, hay que decir que fue uno de los mejores akedrecistas que diera un país que tuvo grandes figuras, comenzando por tantos a los que nos referimos en un libro que hemos denominado con Enrique Arguiñariz La generación pionera,[1] empezando por el “padre del ajedrez argentino” Roberto Grau (1900-1944), Carlos Guimard (1913-1998) y su propio hermano mayor Jacobo Bolbochán (1906-1984),[2] varias veces campeón argentino y doble medallista de bronce en las Olimpíadas de Varsovia´35 y en Buenos Aires´39.

Una lista que se nutre y engrandece desde los años 40 con el polaco de nacimiento, mas argentino por adopción y ser el lugar en el que se dio su pico de crecimiento vital (dentro y fuera del tablero) Miguel Najdorf, el austriaco Erich Eliskases, el nacido en Alemania y fallecido también en Caracas, como Julio, Herman Pilnik, y los nativos Oscar Panno, Héctor Rossetto, Raúl Sanguineti, Miguel Quinteros, Daniel Cámpora, entre otros.

En perspectiva, el gran Julio debe ser recordado, no sólo por integrar esa egregia lista de notables ajedrecistas argentinos sino, también, y aún mejor, por dos cualidades que le fueron propias e intransferibles, y en las que se destacó por encima de todos: la de maestro y analista. En esos campos fue probablemente el mejor exponente que ha dado este suelo.

Y como jugador, ¡qué decir! Fue dos veces campeón argentino: en 1946, dejando atrás a Pilnik y a su hermano Jacobo Bolbochán, y en 1948 finalizando por delante de Guimard. Al año siguiente es desplazado del cetro, en un match que se define en la última partida, a favor de un encendido Najdorf, quien lo vence por 5,5 a 4,5.

En esta clase de competencias había Julio Bolbochán debutado con sólo dieciocho años en 1938, oportunidad en la que resultó tercero. Su participación en esta prueba es discontinua, regresando sólo en 1960, cuando es segundo de Najdorf, delante de varias figuras, entre ellas Eliskases, despidiéndose de estos ámbitos con tempranos cuarenta años de edad.

Su primera incursión internacional fue muy promisoria ya que, en 1949, queda cuarto, compartido con el jugador ucraniano-francés Nicolas Rossolimo, en el torneo realizado en memoria del checo Richard Réti en la ciudad eslovaca de Trenčianske Teplice, entre veinte participantes. Julio Bolbochán hizo allí 13 sobre 19 puntos posibles, siendo anticipado por el sueco Gideon Ståhlberg, el húngaro László Szabó y el checoslovaco-alemán Luděk Pachman.

También resultó Julio en tres oportunidades primero en Zonales Sudamericanos: en 1951, en Mar del Plata, precisamente, junto a Eliskases, habiendo de prevalecer en el desempate, lo que le valió el título de Maestro Internacional; repite en solitario en 1960 en San Pablo, Brasil y, finalmente, ello volverá a suceder en la localidad de Termas de Río Hondo (Argentina), cuando se impone, en igualdad de puntos, junto al brasileño Henrique Mecking y los argentinos Panno y Alberto Foguelman. En esa oportunidad Julio fue el  único invicto, en una actuación en la que se incluyó un triunfo ante la emergente figura genial del vecino país.

Brilló, asimismo, en torneos internacionales en Mar del Plata, ganando en 1952 empatado con Rossetto, delante del colombiano Miguel Cuéllar Gacharná, el yugoslavo Petar Trifunović y el alemán-argentino Paul Michel; y en 1956 repite, a la par de Najdorf, prevaleciendo Julio al aplicarse el sistema de desempate, delante de Raúl Sanguineti, Eliskases, su hermano Jacobo, Rossetto y otras figuras regionales.

Estos logros personales se suman a otros que significaron su punto personal más alto, los que se dieron en competencias colectivas representando a la Argentina. Para el Torneo de las Naciones de 1939 en Buenos Aires, estaba preseleccionado para integrar el equipo y, como tal, participó del entrenamiento previo que le diera a los candidatos a integrar el elenco nacional el campeón mundial Alexandre Alekhine en una quinta de Adrogué, en la provincia de Buenos Aires. Mas no resultaría designado (aún era muy joven), oficiando en definitiva de analista. Ese fue el prolegómeno de su aparición olímpica en los años 50, cuando habrá de deslumbrar.

En efecto, fue entonces parte de los elencos que obtuvieron triple medalla de plata en las tres primeras Olimpíadas de la posguerra: Dubrovnik´50, Helsinki´52 y Ámsterdam´54. En ellas terminará en condición de invicto en el exigente segundo tablero, con  una medalla de oro y otra plateada para su cosecha personal. Fue, asimismo, partícipe de la medalla de bronce en Varna´62, de un país al que, en esta clase de competencias, representó en siete oportunidades, la última en Siegen, Alemania Occidental, en 1970. En su actuación general olímpica registró 40 triunfos, 56 empates y apenas 9 derrotas, lo que equivale a un extraordinario rendimiento global del 64,8%.

Cuando Argentina se atrevió a enfrentar en un match a la URSS en 1954, en la ciudad de Buenos Aires, ocupó el segundo tablero, por lo que debió enfrentar a un extraordinario Paul Keres, con quien empató en dos (un triunfo para cada uno).[3]

Julio Bolbochán vs. Paul Keres

Camino al cetro mundial tendrá tres oportunidades. La primera en el Interzonal de Estocolmo, Suecia, en 1952, el que debe abandonar tras dos rondas (en las que hizo tablas con Szabó y tenía una suspendida con el soviético Yefim Géler), al contraer una enfermedad que le ocasionó hemorragias, impidiendo que pudiera proseguir con la brega.

Pero podrá hacerlo en el mismo sitio diez años después, cuando venza Bobby Fischer, delante de Géler y Tigrán Petrosián, donde Julio Bolbochán fue 13° entre 23 figuras mundiales, cosechando 5 triunfos, 4 derrotas y 13 empates (su estilo rocoso y exacto siempre lo hacía habitualmente decantar a esta clase de resultados, el que aquí alcanzó con, por ejemplo, Petrosián y Korchnói).

Habría en principio una oportunidad más, correspondiente al que se disputó en Susa en 1967, al que decide no concurrir estando en Roma, en viaje a esa ciudad tunecina, por su estado de soledad (Panno no pudo concurrir a ese evento por razones profesionales). El hecho de que estaba viajando tardíamente, ante las clásicas dificultades del país en conferirle la asistencia financiera  (por lo que perdería alguna partida por ausencia), unido a temores, probablemente infundados, por el hecho de tener que ir a un país musulmán cuando él profesaba la fe judía, hicieron que desista de concurrir, decisión que tomó en la capital italiana.[4]

Su bonhomía quizás le impidió sacar a relucir ese instinto más agresivo que le hubiera permitido brillar, más aún, en la escena ajedrecística mundial. En él primaban la cortesía, la circunspección, cierta timidez, el don de la ubicuidad. Por eso podía canalizar toda su sabiduría mejor como analista y docente, y algo menos como ajedrecista.

Su contribución a la divulgación del juego en la Argentina fue singular. Su debut en esas lides se dio cuando en 1955 hizo para el diario Noticias Gráficas las crónicas del Interzonal de Gotemburgo. Pero, sin dudas, lo más sobresaliente en el rubro fue su recordada y entrañable columna Frente al Tablero (aquella creada por Roberto Grau), que llevó en el diario La Nación de la ciudad de Buenos Aires desde el año 1957, hasta casi sus últimos días. En esos postreros tiempos se las reproducía en Caracas en el diario El Nacional.

También fueron excelentes las clases dadas en numerosas instituciones de la capital del país y de localidades del conurbano bonaerense, en particular en Banfield, club al que representó en numerosas competencias por equipos. El autor de estas líneas pudo saborearlas en San Lorenzo de Almagro y, desde entonces, considerarse un alumno de Julio quien, alguna vez, quiso que lo acompañara en su trabajo cotidiano en el diario La Nación, a lo que no pudo sumarse por razones de estudio y laborales (¡una oportunidad perdida para profundizar un vínculo con una personalidad tan fascinante!).

Esta labor didáctica de excepción, desde mediados de la década del 70, habría de proseguirla en Caracas, Venezuela. Allí se radicó en forma definitiva desde 1976, año en el que se jubiló en la Argentina del cargo público de toda su vida en la Junta Nacional de Carnes. En el país caribeño, fue distinguido en el mes de diciembre de 1990 con la Orden Gran Cordón del Distrito Federal, en mérito a sus muchos años al servicio del ajedrez venezolano, donde lo hizo, entre otros sitios, en la Academia Capablanca de Caracas, la Universidad Simón Bolívar y para la Fundación Venezolana para el Desarrollo del Ajedrez, habiendo representado a su país de adopción en las Macabíadas de Tel Aviv (Israel) en 1977, 1981, 1985 y 1989. En Caracas, su definitivo lugar en el mundo, donde llegó cuando tenía 56 años de edad, formó a los tres primeros Maestros Internacionales del país, y en esa patria adoptiva a la sazón moriría.

Najdorf, en su época de esplendor, supo llevarlo como entrenador por su exitosa incursión europea cuando fue protagonista del  Interzonal de Saltsjöbaden (Suecia), 1948 y de los Torneos de Candidatos de Budapest (Hungría), 1950 y el mítico de Zúrich (Suiza), 1953.

Julio Bolbochán y Najdorf

Panno lo tuvo en igual condición cuando obtuvo el campeonato mundial en 1953, y en su consagratoria experiencia en el Interzonal de Gotemburgo de 1956, en el que salió tercero detrás de David Bronstein y Keres, por delante de Petrosián, Géler, Szabó, Miroslav Filip y Boris Spaski. En esta oportunidad Julio Bolbochán, además de a su dilecto alumno, a quien aconsejó y acompañó durante muchas etapas de su crecimiento ajedrecístico, asistió también a Najdorf y Guimard.

Es notable que un Julio Bolbochán, que bien hubiera podido poner sus conocimientos sólo al servicio de sí mismo, los entregara con generosidad a otros, particularmente a Najdorf y Panno en sus respectiva épocas más deslumbrantes. Esa era la actitud de servicio del maestro, analista y consejero impar, muy respetado por sus conocimientos, su perfeccionismo y su don de gentes.

Archivo:Panno Bolbochan.JPG - Wikipedia, la enciclopedia libre
Panno y Bolbochán

Miguel Ángel Quinteros, por su parte, lo llevó para que lo secundase en el Interzonal de Leningrado de 1973. Lo propio acontecería con muchos ajedrecistas argentinos en sus excursiones por el exterior.[5]

Fischer lo tentó para que ocupara ese lugar en su revancha amistosa contra Spaski de 1992, lo que a la postre no se concretaría. Los soviéticos Yuri Averbaj y el excampeón del mundo Anatoli Kárpov, en efecto, lo sindicaban como uno de los mejores analistas del mundo.

Julio volvería a jugar en alta competencia casi al final de su carrera, terminando entre los veinte mejores en el Torneo Abierto de Los Ángeles (EE. UU.) de 1991, en el que se impusieron Michael Rohde y Vladímir Akopián , entre más de 600 participantes, viéndose en la nómina a Boris Gulko, Arthur Bisguier, Anthony Miles, y tantos otros.

Julio Bolbochán fue un grande en el tablero y fuera de él. Habiendo jugado en forma homeopática (administraba sus presencias con, en ojos de la estricta competencia, excesiva cautela), lo suyo fue más la calidad que la cantidad. Siempre que estuvo brilló, en pruebas individuales y colectivas. Y qué decir de su aporte en sus otros roles, los de divulgación, enseñanza y apoyo analítico, papeles que son más intangibles pero no menos relevantes y significativos que los que se desprenden de la “mera” condición de jugador.

Para Chessmetrics[6] fue el jugador N° 13 del mundo durante quince meses entre agosto de 1951 y junio de 1955. En el primero de esos periodos sólo lo antecedían Bronstein, Smyslov, Botvínnik, Keres, Reshevsky, Najdorf, Boleslavsky, Kótov, Ståhlberg, Gligorić, Szábo y Géler, por lo que Julio antecedía nada menos que a Fine, Tolush, Eliskases, Averbaj, el excampeón mundial Euwe, Unzicker y todos los otros…En  aquel mes de1955 eran esos mismos nombres, aunque en otro orden, quienes lo precedían, con la incorporación de Petrosián, Taimánov y Spaski en lugar de Boleslavski, Ståhlberg y Gligorić. Su mayor ranking personal fue de 2.703 puntos correspondiente al mes de noviembre de 1954, un número descomunal en cualquier evaluación comparativa.

A la hora de analizarse la relevancia de la posición que alcanzara en el orbe, en la que el mejor Najdorf llegó a ser el N° 2 del mundo durante 33 meses, baste decir que Panno, en su posición más descollante, fue el N° 18 en un aislado mes: noviembre de 1955, oportunidad en la que su maestro Julio justamente era el N° 17. O sea que Julio Bolbochán es el jugador nacido en la Argentina que llegó más alto y, en la consideración global, además de Najdorf, sólo lo superó el nacido en Austria Eliskases quien fue el N° 7 del mundo en 1948. Otro argentino de nacimiento, Guimard, estuvo en la posición N° 14 durante dos meses a fines de 1938.

Su muerte se dio en 1996 en Caracas a fines del mes de junio.[7] Tuve el inmenso placer de verlo por última vez cuando, en el marco de un viaje laboral, estuve  en la capital venezolana en 1988. Ya para entonces la FIDE le había concedido el título de Gran Maestro Internacional, lo que aconteció en 1977 cuando lo merecía, y largamente, por sus actuaciones previas, básicamente las cumplidas en la década del 50.

Julio Bolbochán con su título de GM

Pero nunca es tarde para reconocer a ese gran maestro en todos los planos de una vida en la que, como ya dijumos, y no nos cansaremos de repetir, descolló como ajedrecista, maestro, analista y, fundamentalmente, como ser humano quien, en un ambiente tan competitivo, supo salir del escenario central para posibilitar que otros descollaran.

En ese corrimiento del foco de atención es muy probable que primara el Julio Bolbochán modesto y perfeccionista, un ser que buscaba más la exactitud que el triunfo; la circunspección que la espectacularidad; la sabiduría que la posición triunfal en un torneo o en el ranking; la paz a la guerra; la armonía al conflicto.

Por ello, Julio Bolbochán será por siempre considerado maestro de maestros (y por cierto el mío). Fue quien mejor supo interpretar esa necesidad vital que tiene la Humanidad de asegurarse  la transmisión intergeneracional de los conocimientos.

Podríamos decir que, en vez de limitarse a estar frente al tablero (haciendo alusión a su mítica y añorada columna periodística), siempre prefirió trascender de un modo más sutil, dando un paso ubicándose más allá del tablero.

Su esencia lo hizo brillar más en lo colectivo que en lo individual. Sus performances en Olimpíadas y en el match contra la URSS representando a su país natal, fueron superlativas. Y se lo recuerda por sus enseñanzas personales y las de sus columnas de divulgación en la capital argentina y Caracas.

Julio Bolbochán, el ajedrecista nacido en la Argentina que llegó más alto en el ranking mundial, el hombre que formó maestros y se convirtió en referente de varias generaciones de jugadores, la personalidad que fue considerada en el concierto mundial por ser uno de los mejores analistas de su tiempo será, para siempre, un ser tan entrañable como admirable y recordable…


[1] Primer volumen aparecido en 2012 integrante de la colección Historia del Ajedrez Olímpico Argentino, de Sergio Negri y Enrique Arguiñariz, Senado de la Nación Argentina, Buenos Aires. 

[2] Siete fueron los hermanos Bolbochán, hijos de Adolfo y Sara.

[3] La secuencia fue la siguiente: en el primer cotejo, con Julio conduciendo las piezas blancas se arribaron a las tablas en la jugada 40 en una partida que el argentino pudo haber resuelto a su favor ya que, tras sacrificar un alfil por dos peones, si jugaba preciso, tenía la victoria al alcance de la mano. La siguiente fue tablas en 56 movidas, luego de un ajustado juego defensivo del conductor de las piezas negras. En la tercera Bolbochán, introduciendo una mejora en la misma apertura del primer encuentro, logra desnivelar aprovechando un grueso error del rival (la partida se presenta más adelante). En la última, Keres logra nivelar el marcador en gran estilo. El maestro argentino rememora esta derrota del siguiente modo: “…Perón (nota: el Presidente argentino de entonces) fue al acto de clausura, y yo era el único que estaba arriba, ganando a Keres 2 a 1. Cuando llegué, un tipo se acercó al lado del tablero y me dijo ´levántese y salude al Presidente en el palco, y si no hacía eso me tenía que ir del país´…”. Si bien Bolbochán reconoce que el triunfo de su rival de entonces fue inobjetable, no deja de hacer notar que ese tiempo perdido en el saludo al Presidente (quien probablemente no estuvo nunca al tanto del exceso de su subordinado), y la consiguiente distracción que le insumió nada menos que 45 minutos, pudo haber influido en esa derrota.

[4] No habría que olvidarse que esa competencia se disputó entre los meses de octubre y noviembre de 1967 por lo que estaba demasiada fresca la experiencia de la Guerra de los Seis Días, que enfrentó a Israel con una coalición de países árabes (que no integraba en rigor Túnez, aunque este país contribuyó con tropas y armas a la causa árabe), que se desarrolló en el mes de junio de ese mismo año.

[5]  Algunos ajedrecistas quisieron contar con sus consejos en competencias internacionales pero no pudieron. Ese fue el caso de Carlos Bielicki, otro argentino que se consagró campeón mundial juvenil, lo que sucedió en el mes de septiembre de 1959 tras su gran actuación en el torneo de Münchenstein (Suiza). En nota que le hiciera el periodista Carlos Ilardo en la edición del diario La Nación del 4 de octubre de 2009, dice el jugador sobre ese tema: “…después de la experiencia exitosa de Panno en el Mundial de 1953, yo también quería que fuera el maestro Julio Bolbochán mi entrenador. Por eso un día, algunas semanas antes del viaje a Suiza me acerqué al diario La Nación para hablar con Julio y pedirle si quería ser mi entrenador. Verlo y charlar con Bolbochán era una cosa muy fuerte para un joven como yo con tan pocos pergamino en el ajedrez argentino. La cuestión fue que cuando llegué a la redacción y Bolbochán me reconoció fue él el que se me acercó y me dijo ´Pibe vení que te tengo que hacer una nota´. Mi emoción fue tan fuerte que no me atreví a pedirle nada más, así que viajé sin entrenador”.

[6] Un esfuerzo sistemático para la medición de la fuerza ajedrecística de los jugadores a lo largo del tiempo que, pese a sus ambiciosos propósitos y generalizado uso, no tiene carácter de oficial y tiene algunas aristas controvertidas.

[7] La fecha de su muerte es algo controvertida. En algunas fuentes se indica que pudo haber ocurrido el 26 (así lo dice el MI venezolano Juan Röhl, por caso), en otras el 29 mas, en la mayoría de ellas, incluida en la página de FIDE para América, se indica que fue el 28 de ese mes.

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