Julio Bolbochán (2)

Por Juan S. Morgado

1947  Ni Pilnik ni los rusos lo asustan. A Julito Bolbochán no le importa el contrario

Las declaraciones de un joven de 26 años que llega, casi sin proponérselo, casi eludiendo el título, a campeón argentino, son siempre interesantes. ¿Qué opina de sí mismo, en el concierto del ajedrez nacional y en el campo más dilatado del ajedrez internacional? ¿Qué reflexiones le sugieren los demás ajedrecistas de su país? ¿Espera ganar o espera perder el match con Pilnik, campeón del año anterior? Qué entrevistó a Julio Bolbochán, y le hizo éstas y otras preguntas.

Qué:  —¿Se sentirá usted muy cohibido si, como está anunciado, los grandes maestros rusos y norteamericanos intervienen en Mar del Plata, y usted, como Campeón Argentino, se ve en la obligación moral de enfrentarlos?—

JB: —Botvinnik, Boleslavsky, Keres y Smyslov, por un lado; Reshevsky y Fine, por otro, son nombres que, lógicamente, deben estar por delante del mío en la tabla de posiciones de cualquier torneo, pero de ahí a sentirme cohibido…Mi experiencia ajedrecística, aunque reducida, me ha enseñado una cosa: que al ajedrez no se gana con el nombre, sino con el juego que efectivamente se despliegue sobre el tablero. Contra los dos Grandes Maestros más fuertes que últimamente han visitado a la Argentina, Najdorf y Ståhlberg, he disputado 8 partidas, y no las he perdido todas, a pesar de que con sus nombres solos me estaban ganando. Con Najdorf tengo dos partidas tablas y una perdida; con Ståhlberg, una ganada, tres tablas y una perdida—

Qué: —En su concepto, ¿cuál ha sido entre los participantes del campeonato argentino el que jugó mejor?—

JB: —Mi hermano Jacobo. Su ajedrez ha sido verdaderamente serio y profundo. No deja nada librado al azar ni a un vuelco feliz de la fortuna. Como Capablanca, está convencido que el ajedrez es un juego de habilidad y no de suerte. Los demás competidores hemos revelado, en general, mayor superficialidad. La estrategia de Jacobo es la única que me ha dado la impresión plena de ajedrez magistral—

Qué: —¿Por qué cree usted haber ganado el campeonato?—

JB: —Ha sido un campeonato muy fatigoso. Se han jugado 20 partidas seguidas, todos los días de la semana, con frecuencia en una atmósfera demasiado cálida. Todos hemos llegado muy cansados al final del torneo. Quizá yo, como más joven, me haya cansado menos—

Qué: —En todo el torneo usted perdió una sola partida, contra Rebizzo. ¿A qué atribuye este único contraste?—

JB: —Alguna partida había que perder… Creo, sin embargo, que ese resultado no fue justo. A cambio de un peón que sacrifiqué, había conseguido una posición excelente, Si volviera a encontrarme en esa misma posición, me parece que le sacaría mejor provecho—

A un tiro de taba, no

Qué: —¿Se avendrá a disputar usted su título con Pilnik?—

JB: —No tengo inconvenientes, Pero quisiera que, con la anuencia de la FADA, un match de esta trascendencia no se disputase sólo a 8 partidas, como establece el reglamento, sino, por lo menos, a 16. Quisiera que la superioridad de uno sobre el otro quedara firmemente establecida, y no librada a casi un tiro de taba—

Qué: —-¿Espera usted retener el título derrotando a Pilnik?—

JB: —No jugaré contra Pilnik, sino como creo que debe hacerse, con las piezas y el tablero. Veremos hasta dónde alcanzan mis fuerzas para disponer las piezas a mi gusto en ese cuadriculado campo de batalla que es un tablero de ajedrez— [1]

1947 El triunfo lo hizo comprender. Julito Bolbochán supo que no se juega contra maderitas.

En cuanto Julito Bolbochán, el flamante Campeón Argentino, se adjudicó el título (…) le preguntamos qué actuación esperaba tener en el Torneo de Mar del Plata. La respuesta fue bastante desconcertante para quienes conocen su mesura y el concepto, no demasiado elevado, que tiene de su talento ajedrecístico. Dijo que al ajedrez no se juega con la fama, sino con las piezas; que su experiencia con los maestros, aunque no muy dilatada, le ha demostrado que éstos no son dioses ni invulnerables, y que él jugaría en Mar del Plata olvidándose de los nombres célebres de los adversarios que le tocasen en suerte, para atenerse, con exclusividad, a los problemas técnicos que le plantease la disposición de las piezas sobre el tablero.

No estaban, pero… como si estuvieran

A Mar del Plata no concurrieron los maestros rusos por varias razones. Entre ellos, la muy importante de que casi contemporáneamente se disputó en Leningrado y en Moscú el XV Campeonato Nacional Soviético, el que, aprovechando las vacaciones de Botvinnik, se adjudicó el favorito Paul Keres. Pero si no concurrieron los rusos, allí está luchando una magnífica constelación de ajedrecistas de renombre internacional, como Euwe, Najdorf, Eliskases y Ståhlberg, que les equivalen. Está, sobre todo, Euwe, grande en estatura y en conocimientos del tablero, cuya superioridad ajedrecística sobre todos los maestros rusos, con las posibles excepciones de Botvinnik y Keres, sólo discute Najdorf. Para este maestro polaco-argentino, el más genial de los ajedrecistas contemporáneos es él, y después Boleslavsky.

Había jugado sin alma  

En la séptima ronda a Julito le tocó medirse con Euwe. Hasta ese momento, aunque el Campeón Argentino marchaba invicto y aunque le hubiera ganado una excelente e ingeniosa partida al uruguayo Hounie Fleurquin, no podía decirse que Julito hubiera jugado bien. Esta otra partida con Iliesco, por ejemplo, realizada sin lucha, haciendo tablas por repetición de movimientos de la 7ª jugada, puso una nota desagradable de su historial de campeón. Hay cosas que se le podían tolerar a Capablanca en su decadencia, saturado de un juego que practicaba desde los cuatro años y abombado por la tensión arterial; pero un muchacho que recién empieza hace mal, deportivamente, en eludir el combate…

¡Las blancas en manos de Euwe!

En la séptima ronda, pues, Julito debía medirse con Euwe. Era el 20 de marzo, día de su cumpleaños. ¡Malos augurios para el Campeón Argentino! Para colmo, le correspondieron las piezas negras. Con blancas Euwe había arrollado a Najdorf y faltó muy poco para que destrozase a Ståhlberg. (…)

Empieza el combate

Cuando el pequeño Julito se sentó frente al gran maestro, estaba tranquilo. Ni le temblaba el pulso ni su respiración era más agitada. Había resuelto, de acuerdo con su sistema, jugar con las piezas y no con la fama de su adversario. Y en medio de una tensa y casi religiosa expectativa, se inició el combate. Euwe abrió la lucha con una Apertura Catalana, la misma con la que, pocos días atrás, había confinado a Ståhlberg en una penosa defensa, no alcanzando a ganarle por una verdadera casualidad. Julito respondió, ante la sorpresa general, con la misma defensa utilizada por Ståhlberg, pero mejorándola notablemente. Nada conseguía el empuje de Euwe contra la defensa tranquila del argentino. El gigantesco campeón holandés era muy alto, y Julito ni lo miraba. Miraba las piezas, que es en lo que tenía que fijarse.

Impaciencia y contraataque

El ex campeón del mundo, al advertir que no podía sacar ventaja, empezó a perder la paciencia. La impaciencia por atacar es una de las fallas que hacen que Euwe no sea un ajedrecista perfecto. Debilitó, entonces, su posición, con un dudoso avance central, magníficamente explotado por Julio Bolbochán en su profunda jugada 14ª: A3TD!. A partir de ese momento, se trocaron los papeles. Al ataque espectacular e inconsistente de Euwe, siguió un ataque real y efectivo, rebosante de denso sentido estratégico y de sutilezas tácticas por parte del Campeón Argentino. (…) El bombardeo de las torres negras, que habían interrumpido en la retaguardia misma del ejército blanco, era devastador. Desmantelaba todas las defensas. Al llegar a la jugada 33ª, esas torres habían colocado al monarca blanco en situación de mate. Euwe, sonriente y caballeresco, extendió la mano a su joven rival, en señal de rendición y de plácemes.

La ovación lo sacó de su error

Una atronadora salva de aplausos saludó la hazaña del Campeón Argentino. La concurrencia estaba electrizada por la emoción y la decisión impecable del combate. Julito, sorprendido y azorado, empezó a mirar para todos lados. Había, en efecto, con sus terribles torres, colocado a su adversario en posición de mate. Pero, ¿qué mérito había en ello si la disposición de las piezas blancas permitía hacerlo?

Julito no comprendía la causa de tanto entusiasmo. Sólo pasados algunos minutos se dio cuenta que a quien él acababa de dar un mate virtual era al doctor Max Euwe, uno de los más grandes ajedrecistas de todos los tiempos. ¡Euwe había conducido las piezas blancas! Y entonces Julito comprendió su error, y la justiciera razón del homenaje que se le tributaba. Él creía que había jugado contra 16 albos muñequitos de madera. Pero había jugado, en realidad, contra un ser humano de carne y hueso, contra un cerebro privilegiado: el doctor Max Euwe, ex Campeón Mundial de Ajedrez.[2]


[1] Revista Qué sucedió en 7 días, 21 de enero de 1947.

[2] Qué sucedió en 7 días nº 35, 1º de abril de 1947.    

La partida de Euwe vs. Julio Bolbochán, Mar del Plata, 1947, se puede ver en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1042660.

2 respuestas a “Julio Bolbochán (2)

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