Los ajedreces de Vilém Flusser

Por Fernando Auciello

A veces el ajedrez se presenta como una incógnita, nos preguntamos por lo que será, nos intriga saber qué cosa estará siendo, nos asombramos por lo que fue. A veces la filosofía se sirve del ajedrez como un ejemplo para pensar las cosas, las cosas de la cultura, de la naturaleza.  Es posible que en este caso se enriquezcan ambas incitaciones.

1 Xadrez

Invitamos aquí al inquieto lector a disfrutar del breve texto de un filósofo. Nuestro ilustre desconocido quizá ha dado pistas sobre temas que hoy día son actuales. El mundo de las aplicaciones, la miniaturización, las Olimpiadas en medio de la política y de los conflictos permanentes entre Israel y Palestina, el estilo del ensayo y la ciencia, los juegos nuestros de cada día, el juguete. La lista de intereses de este filósofo, a veces semiólogo, se sigue ampliando a partir de los archivos de Berlín, y de su espejo en San Pablo. La incidencia en las carreras de diseño, en comunicación social, va a seguir ampliándose. Alemán y portugués han sido los idiomas elegidos, por nacimiento y por destierro.

En este caso se trata de una columna que hemos traducido casi al unísono de un periódico brasileño.

Ajedrez[1]

Ahí está el tablero de ajedrez con sus 32 piezas. Curioso aglomerado de cosas. Plano cubierto geométricamente por 64 cuadrados oscuros y claros, la propia imagen del iluminismo. Y 32 piezas de madera barrocas. ¿Cómo captar la esencia de ese grupo de cosas?

Tomen al peón como ejemplo. Lo esencial en él no es que sea madera, o amarillo, o que tenga forma de pagoda de historieta, ni siquiera que haya sido hecho para ser parte del juego. Lo esencial en él es esto: Poder avanzar verticalmente y poder comer en diagonal. Y su esencia es poder formar cadenas poderosas en las diagonales e importantes en las verticales, y poder hacer el salto dialéctico a dama en la última fila. Tal esencia, latente en el peón, se torna patente en el juego, y en la reflexión (como ahora).

Tomen la torre como ejemplo. Recuerdan las torres moriscas como en las playas de Andalucía, y esto no puede ser una casualidad. Se dice respecto a la historia del juego. Pero el aspecto histórico no es la esencia de la torre, aunque los historicistas (dialécticos o no) puedan afirmarlo. Su esencia, por el contrario, es esta: poder dominar, cual tanque irresistible, en sentido vertical y horizontal todo el campo, arrasar todo en su avance, pero ser impotente  diagonalmente. Esencia contradictoria esta. Domina el carácter de torre. Al principio se esconde, tímida, en su esquina. En medio del juego se convierte orgullosa y brutal, para cambiar imperceptiblemente el desenvolvimiento del juego. Procura encerrar astutamente los peones diagonales que castran, con su humildad aparente, su potencia dominadora. Si consigue encerrarlos, perpetra un genocidio impiadoso en las filas del enemigo. En el final, en tanto, procura frenar el avance de un único peón antes despreciado, y requerir la protección del propio Rey en tal tarea humillante. La esencia de la torre es el heroísmo de un determinado tipo, no muy bello.

¿Cómo consiguió la reflexión desentrañar la esencia ajedrecística de las piezas? Ciertamente no mirando las piezas ingenuamente, y sin preconceptos. Recorriendo el conocimiento del juego. Quien ignora el juego nada descubrirá jamás al respecto. Las piezas de ajedrez son obras artificiales de arte. Procurar descubrir la esencia de  una obra de arte ingenuamente, (“fenómeno lógicamente”), no será, temo, mucho éxito. El conocimiento del juego es, creo, indispensable.

Dice Omar Khayyam, que todo esto aquí no excede del tablero de ajedrez, cubierto de días y noches, donde el Destino juega, usándonos como piezas. Si quisiéramos descubrir la esencia del juego del que somos piezas, debemos intentar conocer sus reglas.

No quisiéramos dejar de comentar lo que este pequeño texto de divulgación de 1972 anticipa sobre el autor, que entre otros tantos temas nos ha llamado la atención sobre el destierro y la frontera. Como los cuadros de Jackson Pollock o la carrera vertiginosa de James Dean, esas vidas cegadas en carreteras contra postes que habían sido pintados hasta con los pies y los codos, contra autos que van desde Il Sorpasso hasta ese niño bastardo elevado al estrellato, y el caso del autor que con el sabio intuyó los días ajedrezados. El Destino le deparó un “accidente” entre su Checoslovaquia natal y otro país en el que se hablaba también la lengua que había primero aprendido en casa. Esa última coincidencia de un Destino obsceno, no ha impedido que otro Destino, tal vez el mismo no tan frenético, el descubierto por nuestro entrañable desarraigado, se haya asociado a una vida que logró cumplir con el deseo de saber y la generosidad de comunicárnoslo. 

2 Echecs

Si el primer ajedrez nos llamó la atención, este segundo será una reinterpretación y ampliación. Por ejemplo la consideración del tablero, y el análisis de las diagonales, que comanda la distribución alternada. Este detalle, lleva el tablero a la estructura de damero, en el que las diagonales comandan hasta las reglas de las piezas y fichas. Algo que nos deja anonadados al descubrir que tenemos que saber las reglas del juego para entender que lo que constantemente representa al ajedrez es un damero. Extraña cesión que un juego le hace a otro. Como prestar un ropaje. Así terminaba el anterior ajedrez con Khayyam, y este empieza ensayando olvidarlas.

Fragmentos intercalados de Ajedrez[2]

a. El método

Mirar las cosas como si uno las viera por primera vez es un método que permite descubrir cosas desapercibidas. Método poderoso y fecundo, pero exige una disciplina rigurosa que puede resultar frustrante.

b. El Tablero

Aquí un tablero y, sobre él, formados en posición de inicio, los peones.

Si uno solo presta atención al tablero puede olvidar que está frente a un tablero. Puede hacerlo porque el tablero sirve para jugar ajedrez, también a las damas, al loup et agneaux[3], además existen platillos con motivos ajedrezados para infinidad de cosas además de para jugar ajedrez. Entonces, para olvidar realmente, nos faltaría igualmente poner entre paréntesis el conocimiento del hecho de que una cosa sirve para algo, que es un producto cultural. Si uno lo logra, verá, según el punto de vista, una superficie dividida en ocho filas horizontales de cuadrados marrón claro y marrón oscuro sucediéndose según un orden regular, o una superficie de filas verticales estructuradas de la misma manera, o una superficie dividida en un número no inmediatamente determinable de filas diagonales en las que, de a poco, una queda exclusivamente constituida en marrón claro, y la otra exclusivamente en marrón oscuro, y donde la fila aumenta en tamaño en la mitad del tablero para volver a disminuir en el borde.

Termina hasta comparando el tablero a la superficie dentada de una sierra, o así lo intuye el traductor al francés. Y dialoga imaginariamente con el argumento de la parcialidad en sus consideraciones.

¿Por ejemplo, el jugador de damas imparcial tomará los acercamientos más usuales? ¿De ser así le parecerían a él las horizontales como a mí? En general es probablemente imposible responder este género de cuestiones, en este punto el método fenomenológico de observación se muestra vacilante. Incluso cuando haya dado una serie de respuestas.

c. Las casillas

Luego de referir lo difícilmente olvidable de llamar a las casillas oscuras como negras y las claras como blancas. Luego de realizar el esfuerzo de olvidarlo, según exige el método, se pregunta por la posible convención que rige al marrón claro y al marrón oscuro.

Y para el que ve casillas, la situación no es menos peligrosa. Esa palabra viene de una lengua llamada “geométrica”, muy convencional.

Para desgracia del autor no hay manera de arribar a la realidad, no hay ni casillas, ni filas, ni marrones, en la realidad.

Pero las manchas que veo se asemejan a casillas vistas desde una perspectiva ya determinada.

El descubrimiento de la poca probabilidad, después de pasar por una serie de convenciones, mas o menos convencionales, hasta inconcientes, de acceder a la realidad que llama tablero lo sume en un “vertige ontologique concret”.

d. Fichas y piezas

Los peones frente a mi”, y las torres, otra vez. Llegamos así a la columna de periódico del mismo ajedrez visto de nuevo. Finalmente se trata de saber las reglas del juego. Así aparecerá una esencia, al tiempo que otra se desvanece.

En otros términos, en las cosas no solo encontramos lo que buscamos, sino la manera en la que buscamos. 

En otros términos, si no tengo nada que olvidar, si de hecho soy realmente ingenuo, no veré nada.

e. El Descubrimiento

En ese tablero se esconde alguien, otro que olvido al no ver nada ahí. O es que siempre hay otro, o es que no hay nada nuevo, siempre el mismo ajedrez que hizo alguien.

Cuando nos sorprendemos de ver una cadena de peones, eso de nuevo es también viejo; para un jugador advertido es obvio, para alguien que desconoce todo del juego, es nada, un fortuito ordenamiento, no será ni nuevo ni viejo, será lo que en la teoría de la información se llama “bruit”, un ruido.

En este sentido, no descubro jamás nada de nuevo: todo lo que vivo como nuevo es un redescubrimiento de algo viejo.

Y luego de sugerir que Colón algo sabía para llegar a América dice:

Si se debe calificar el nuevo conocimiento como “invención”, se podría decir que no se puede descubrir más que lo inventado; si es cierto que lo inventado es olvidado, después encontrado.

f. El Gran Descubrimiento

En última instancia, el producto, en este caso el tablero, tiene por finalidad servirme. Así, el que en los ajedreces me habla, desde su esencia misma, es la voz de otro.

g. Marchons! Joue-nous!

Esa voz me habla bajo el modo imperativo: ¡Jugános!

Servir para jugar es en este caso condicionar, así es que con este tablero como con las cosas “culturales”; lo que me resta es descubrir ese otro, y transformar el imperativo en indicativo.

Si la ciencia de la cultura debe realmente liberarnos de nuestro condicionamiento cultural, transformando los imperativos en indicativos, la visión de las esencias de las cosas culturales constituirá una parte de las ciencias de la cultura.

h. El llamado de la naturaleza

Para terminar se le manifiestan las cosas que se suelen llamar “naturales”, “sin finalidad ni utilidad ni valor”. A pesar de todo las puede “disponer”, pero prefiere mirarlas “desinteresadamente”, así aparece otra voz: “…no me habla en el mismo sentido que en las cosas producidas; al contrario, detrás de esas cosas se abre silenciosamente, un abismo vacío, un puro ser sin sentido ni finalidad.”

Pero eso que veo no es otra cosa que la mirada de otro, es la mirada de otro, de no ser así no vería nada.

La mirada del otro me ha dejado esta cosa visible, ha inventado para mí – lo sé, sin que me sea posible descubrir esto. El otro en las cosas de la naturaleza que descubro, me habla por la voz del inventor; y en las cosas de la cultura, me habla por la voz del productor.

En el caso del ajedrez, descubro al otro que lo ha inventado en tanto cosa natural y al que lo ha producido en tanto juego, como a la larga cadena de todos los que han llevado esta invención y esta producción hasta mí.

Tratando de olvidar el ajedrez se encuentra rememorando estos otros olvidados. Al darle la palabra al ajedrez responden los otros. Son todas esas voces las que hablan.

Mirar las cosas como si uno las viera por primera vez es un método poderoso y fecundo, donde se detiene pone al día un número de cosas.


[1] Columna bajo el título Xadrez, bajo el título Decadencia das ciudades, de Vilém Flusser, bajo una aparente sección, Posto Zero, de una aparente publicación periódica, bajo el membrete de una fecha, Quarta-feira, 2 de fevereiro de 1972.

[2] Échecs, en Choses et non-choses, de Vilém Flusser, Éditions Jacqueline Chambon, Nîmes, 1996.

[3] Juego de encierro de cuatro fichas contra una.

Sobre el autor:
Fernando Auciello es Licenciado en Psicología y estudioso del ajedrez. Es docente integrante del Plan Escolar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Ha escrito artículos, libros (entre ellos El juego, Alción Editora, Córdoba, 2009) y ensayos sobre el tema del juego. Se ha especializado en experiencias socio-educativas forjadas a partir del juego ajedrez. Ha participado en la formación de ludotecarios y recreólogos en la ciudad capital de la República Argentina.
Fernando Auciello en el contexto de una actividad de divulgación

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