El cineasta Ingmar Bergman y el ajedrez (I): “El séptimo sello”

Por Sergio Negri

La escena cinematográfica más sugerente que tiene como eje al ajedrez es la que representa la partida en la cual un caballero medieval, que regresa a su hogar después de haber participado de las Cruzadas, disputa con la Muerte. Aparece en Det sjunde inseglet (El Séptimo Sello), extraordinario film del mítico director sueco Ingmar Bergman (1918-2007), estrenado en su país natal en 1957.

Ese título en principio enigmático, alude a un pasaje de la Biblia, específicamente al  Apocalipsis 8:1-5, donde se dice que:

Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, hubo silencio en el cielo durante una media hora Y vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios, a los cuales se les dieron siete trompetas. Se acercó otro ángel y se puso de pie frente al altar. Tenía un incensario de oro, y se le entregó mucho incienso para ofrecerlo, junto con las oraciones de todo el pueblo de Dios, sobre el altar de oro que está delante del trono. Y junto con esas oraciones, subió el humo del incienso desde la mano del ángel hasta la presencia de Dios. Luego el ángel tomó el incensario y lo llenó con brasas del altar, las cuales arrojó sobre la tierra; y se produjeron truenos, estruendos, relámpagos y un terremoto”.

Se referencia, entonces, al preciso momento en que, tras la apertura del séptimo sello, se produce un profundo silencio, en cuyo transcurso se les entregan siete trompetas a los siete ángeles y, tras sonar todas ellas,  comienza el juicio divino.

De esa manera se introduce la dimensión escatológica a la que todos los hombres estamos inevitablemente destinados, también desde luego Antonius (Antonio) Block, el mentado caballero, interpretado por el actor sueco Max von Sydow (nacido en 1929).

La trama del film transcurre a mediados del siglo XIV cuando Block, junto a su escudero, regresa  a su hogar, hallando un clima de desolación, ante las consecuencias de la peste negra. Junto al mar se los ve yacer a ellos en la playa, reponiendo seguramente energías, percibiéndose la presencia de un tablero de ajedrez que tiene sus piezas colocadas en las primeras movidas de una ignota partida.

La imagen, enfocada sobre el juego en un primerísimo plano, se funde con el mar, sugiriendo la idea del vínculo entre el ajedrez y el mundo. En ese preciso instante se da paso a la escena clave del relato al surgir, casi desde la nada misma, una figura muy sugestiva la cual, al ser interpelada por el caballero, asegura ser la Muerte, anunciando que venía en su busca.

Imágenes correspondientes al comienzo de Det sjunde inseglet (El Séptimo Sello): 1) El caballero dormita junto al tablero; 2) La imagen del tablero se funde con el mar; 3) El caballero advierte la presencia de una figura que se identifica como la Muerte. Capturas de pantalla realizadas por el autor de la nota (como las que se presentarán más adelante con igual origen)

Block admite, en esas condiciones, que su espíritu está pronto ante la invitación que implícitamente se le formula, mas no lo está su débil carne, Cuando la Muerte se aproxima a llevarlo, en tono dilatorio, aquel le señala: “Tú juegas al ajedrez, ¿verdad?”, asegurando que eso lo sabe por haberlo visto en pinturas y escuchado en canciones.

La Muerte admite ser una excelente ajedrecista por lo que Block plantea que, seguramente, no es mejor en el juego que él mismo, por lo que formaliza el desafío, fijando la condición de que, en caso de vencer, preservará la vida.

Imagen correspondiente al comienzo de Det sjunde inseglet (El Séptimo Sello) cuando se sortean los colores

En este contexto surgen tres cuestiones que no quedan debidamente dilucidadas en el relato. Primero, no se halla una adecuada explicación al hecho de que la Muerte, que podría por derecho propio ser implacable, acepta sin más ese convite, y el respectivo condicionamiento.

Nos gusta trazar la hipótesis de que ello sólo fue posible ya que su pasión por el ajedrez es más fuerte que el apremio por concretar su tarea. Además, seguramente le quiso demostrar al caballero que ella era mejor ajedrecista que él.

Un segundo aspecto se presenta al suponer los alcances de lo qué podría haber sucedido en el caso de que fuera el caballero el que triunfe. En ese escenario: ¿podría asegurarse una existencia eterna? O, quizás más probablemente, sólo conseguiría un efecto dilatorio hasta que la Muerte lo lograra vencer en una próxima partida a disputar por los mismos protagonistas.

Otra duda que se genera es acerca de qué sucedería si se arribara a un eventual empate, posibilidad que ni siquiera se plantea. Es más: ¿Qué acontecería si el caballero lograra construir una posición en la que le pudiera dar a su rival un jaque perpetuo? Otra vez se abrirían las puertas a una posible eternidad en la que, no obstante, imperaría el tedio de la repetición constante; y el de la anulación de toda acción alternativa al juego.

Pero es mejor dejar de lado estos planteos, que pudieran pecar de un exceso de  racionalidad para, olvidándonos un poco de todo tecnicismo, ingresar de lleno en la magia de un film que, por su estructura narrativa, y por la poderosa fuerza de sus imágenes, invita a disfrutar sin matices la obra concebida en la mente del cineasta.

Se procede, entonces, a hacer el respectivo sorteo de colores. A la Muerte le corresponderá las piezas negras, lo que ella considera, y así lo señala con evidente sarcasmo, una circunstancia absolutamente lógica, lo que es una clara remisión a la tradición que se fue construyendo en Occidente en el Medioevo, en el sentido de que las blancas aluden a la virtud, a la claridad, al día, a la vida, al Bien mientras que, por el contrario, las negras remiten al vicio, la oscuridad, la noche, en fin, a la muerte y al Mal.

La fotografía del film agiganta esta metáfora contrastante, al exponerse las imágenes en perfecto blanco y negro, lo que refuerza el simbolismo, al poder asociarse perfectamente a los colores que se enfrentan en el juego. En este contexto contrasta, por un lado, el rostro particularmente blanco de la Muerte y, por el otro, la túnica plenamente negra de su ropaje.  

El hombre, que tras las Cruzadas se venía cuestionando el sentido de todo, incluida desde luego la fuerza de la fe, registra, con quien cree que es un confesor, pero que al cabo de la escena se comprobará que es la propia Muerte, un intercambio imperdible en el que el ajedrez tiene rutilante presencia:

“Antonius (A): Quiero confesarme y no sé qué decir… Mi corazón está vacío. El vacío es como un espejo puesto delante de mi rostro, y al contemplarme siento un desprecio profundo de mi ser… por mi indiferencia hacia los hombres y las cosas. Me he alejado de la sociedad en la que viví. Ahora habito un mundo de fantasmas, prisionero de fantasías y ensueños.

La Muerte (M): Y a pesar de todo no quieres morir…

A: ¡Si… quiero!

M: Entonces a qué esperas…

A: Deseo saber que hay después…

M: Buscas garantías…

A: Llámalo como quieras.

(…)

A: Yo quiero entender, no creer… No debemos afirmar lo que no se logra demostrar. Quiero que Dios me tienda su mano, vuelva su rostro hacia mí y me hable…

M: Él no habla…

A: Clamo a él en las tinieblas y desde las tinieblas nadie contesta a mis clamores…

M: Tal vez no haya nadie…

A: ¡Pero entonces la vida perdería todo su sentido. Nadie puede vivir mirando a la muerte y sabiendo que camina hacia la nada!

M: La mayor parte de los hombres no piensa en la muerte y en la nada.

A: ¡Pero un día llegan al borde de la vida y tienen que enfrentarse a las tinieblas!

M: Si, y cuando llegan…

A: ¡Calla! Se lo que vas a decir… que nos hace crear el miedo una imagen salvadora que llamamos Dios.

M: Te estás preocupando…

A: Hoy ha venido a buscarme la muerte. Estamos jugando una partida de ajedrez. Es una prórroga que me da la oportunidad de hacer algo importante…

M: ¿Qué piensas hacer?

A: He gastado mi vida en diversiones, viajes, charlas sin sentido. Mi vida ha sido un continuo absurdo. Creo que me arrepiento… ¡Fui un necio! En esta hora siento amargura por el tiempo perdido, aunque sé que la vida de casi todos los hombres corre por los mismos cauces… Por eso quiero emplear esa prórroga en una acción única que me de la paz.

M: Por eso juegas al ajedrez con la muerte…”.

Jugar al ajedrez con la Muerte con el propósito de que podamos emprender una acción única que nos brinde la paz, un objetivo muy loable que quizás podríamos encarar los humanos cotidianamente sin aguardar estar ubicados en tan extremas circunstancias…

Block, quien evidentemente no se resignaba a su destino, dice que en la partida su rival (que insistimos, no era otro que su confesor, más el caballero aún no lo sabía), emplea “una táctica muy hábil”, aunque “no he perdido ninguna de mis piezas”. De inmediato le confía su estrategia de juego que consistía en implementar “una combinación de alfiles y caballos que aún no me ha descubierto. Una jugada más y le arrebataré la reina”, a lo que la Muerte, bajo la sorpresa de su interlocutor, se muestra ahora sí en toda su dimensión, volteando el rostro, que estaba hasta ese momento escondido, diciendo: “Lo tendré en cuenta”.

En este parlamento no hay que dejar de notar el uso de las alegorías, teniendo en cuenta que el alfil, el obispo según la terminología en habla inglesa de la respectiva pieza de ajedrez, de la mano del caballo, caballero, siempre conforme a la denominación del trebejo que corresponde al mundo anglosajón, se considera que deben actuar coordinadas en ese acto planificado por Block en procura de obtener el triunfo. Con lo que parece que el autor nos quisiera indicar que es necesario que la Iglesia y el poder terrenal se unan para enfrentar a la Muerte en una batalla que, de todos modos, ya sabemos que seguirá siendo desigual.

En cualquier caso conmueve la pretensa idea del caballero de creer que podía vencer a la Muerte, con una táctica planeada la que fue descubierta en forma previa por la reconocida e implacable astucia de su rival.

Imagen correspondiente a un momento intermedio de Det sjunde inseglet (El Séptimo Sello) en donde el caballero está analizando cómo habrá de proseguir su partida con la Muerte. Captura de pantalla

En cierto momento la Muerte se le vuelve a presentar al caballero, para reanudar el juego, instante en el que se plantea el siguiente diálogo, teniendo como eje la partida previamente interrumpida:

“Antonius (A): Desde que te descubrí el plan de mi juego, he emprendido la retirada. Te toca a ti.

La Muerte (M): ¿por qué te encuentras tan animado?

A: Es cuestión mía.

M: Por supuesto. Ahora vas a perder el caballo.

A: Lo tenía ya perdido.

M: Me has engañado.

A: Pues, sí. Has caído en la trampa. Tienes jaque al rey.

M: ¿De qué te ríes?

A: Preocúpate en salvar tu rey.

M: Es que te encuentro muy animado.

A: Porque nuestro juego es muy divertido.

M: A ti te toca. ¡Vamos, pronto, tengo prisa!

A: Ya sé que tienes mucho que hacer, pero no se puede jugar atropelladamente, este es un juego lento…”.

Por lo que la partida quedará interrumpida esperando se reanude en otra oportunidad en su fase final…

Imágenes correspondientes a Det sjunde inseglet (El Séptimo Sello), ubicables cerca del minuto 60 del film, mostrando la continuidad de la partida entre el caballero y la Muerte. Capturas de pantalla

La Muerte, a su paso, se va cobrando una víctima tras otra. Con la consciencia del inminente final, el caballero resignifica la forma en que debe (siempre debió) enfrentar los hechos de la cotidianidad.

Tras un momento en el que impera una plena armonía, compartido con unos amigos que se hizo, entre ellos los juglares José y María y su hijo (que bien pudo haberse llamado Jesús siguiendo la parábola bíblica aludida), comiendo fresas, bebiendo leche recién ordeñada, ese momento mágico fue valorado por el caballero de forma distinta de lo que hubiera sucedido en el pasado, asegurando que nunca más lo olvidaría, y diciéndose a sí mismo, casi resignadamente: “me bastará este recuerdo como una revelación”.

Pero la Muerte, implacable, habrá de interrumpir ese momento tan preciado, proponiéndole a Block proseguir el juego, situación que se refleja en este decisivo pasaje:

“M: Terminemos ya nuestra partida Antonio Block.

A: Te toca a ti.

M: Has perdido la reina.

A: Ya lo veo.

M: Ahora te toca a ti. ¡Juega ya! No atiendes al juego. Nada te interesa”.

Es que, aprovechando que estaban absortos en el juego, José, María y el niño escapan al advertir, sólo el primero de ellos (quien tenía visiones especiales), del fatídico juego.

El caballero, consciente de ese otro movimiento, que se registraba a la espalda de la Muerte, intenta distraerla siguiendo la plática en estos términos:

“A: Que nada me interesa. Al contrario.

M: Pareces inquieto. Algo me ocultas.

A: Crees que no se te escapa nadie.

M: No, nadie se me escapa. ¿Por qué? ¿Por qué me lo preguntas?

A: Ya no temo nada.

M: Estás cambiado”.

Aquí el caballero utiliza otro recurso distractivo, el de arrojar con sus ropas algunas piezas, tras un aparente descuido, dándose este intercambio:

“A: No recuerdo cómo estaban las piezas.

M: (Sonriendo y acomodando las piezas) Yo sí lo recuerdo. No te podrás escapar (mientras la imagen se los ve a los otros tres escapar en el carromato).

M: Y puedo decirte una cosa muy interesante.

A: Dímela.

M: Jaque mate en la próxima jugada.

A: Ya lo sé”.

Al fin, el juego había acabado. En ese instante se plantea un estupendo parlamento en el que la Muerte le pregunta al caballero si ya había hecho su buena acción, ignorando, o haciendo creer que desconocía el hecho de que ello ya hubiera sucedido (posibilitar la escapatoria de sus amigos), para continuar el intercambio a esta guisa:

“M: Te dejo un momento. La próxima vez que te encuentre te llevaré a ti y a los que estén contigo. A todos.

A: ¿Y nos revelarás tu misterio?

M: Yo no tengo nada que revelar.

A: ¿No sabes nada, tú?

M: Yo no sé nada”.

Es algo extraño, desde el punto de vista del argumento, que no sea ese el preciso instante en que la Muerte se lleve al caballero. Por lo demás, es inquietante que exprese que no sabe nada. No parece que así fuera. Por lo pronto, bien sabe algo: que siempre hará, más tarde o más temprano, acto de presencia frente a cada ser humano en el momento de la partida (y no una de ajedrez, precisamente).

Imágenes correspondientes al tramo decisivo de la partida de ajedrez presentada en Det sjunde inseglet (El Séptimo Sello). En la penúltima se observa a la Muerte acomodar las piezas caídas por la supuesta torpeza del rival, mientras que en la última se percibe la ominosa mano del conductor de las negras asestando el respectivo jaque mate. Capturas de pantalla

Estamos en este film de Bergman, probablemente,  en presencia de un cuento moral, en el que el hombre enfrenta a sus miedos más atávicos en el contexto de una sociedad desolada.

La peste, en el plano físico, y las supersticiones religiosas, en el plano espiritual eran, cada una a su modo, del todo acuciantes en el plano terrenal. La muerte, por su lado, aparece como una invitación a lo desconocido, siendo el signo distintivo que recorre todo el relato. La muerte como presencia, la muerte como amenaza, la muerte como destino. La omnipresente muerte.

A lo largo de la película se disfrutan muchos contenidos de profunda índole filosófica. Por ejemplo, cuando dialogan tres integrantes de un teatro circulante, uno de ellos le indica a otro (el José antes citado):

“Tú por ser tonto de remate harás de alma humana”.

Quien marcaba qué papel le tocaba a cada uno no era otro que el Director y, siendo así, era del todo lógico que, para sí mismo, hubiera reservado el mejor papel posible, el de la Muerte…

En otro momento aparece un muralista quien, interrogado sobre el contenido de una pintura que estaba realizando, asegura que estaba retratando “la danza de la Muerte”. Muy lúcida y amargamente agrega que ella:

“…bailando, se lleva a todos”.

Sobre el final, efectivamente, esa danza se consuma, en una imagen en que la Muerte, en fila, se los va llevando al caballero y a quienes, en su postrera morada, lo acompañarán.

La poderosa imagen de la Muerte jugando contra el caballero al ajedrez que es, como ha quedado expresado, del todo esencial en El Séptimo Sello, constituye en Bergman, en todo caso, más un recuerdo que una construcción, a poco de que se tengan en cuenta las palabras que empleó al rememorar los tiempos en los cuales, siendo un niño, acompañaba a su padre, vicario de una parroquia, por diversas iglesias rurales de Suecia:

Un niño como yo estimaba que la predicación era cosa para personas mayores. Mientras mi padre predicaba en el púlpito y la asamblea de fieles oraba, cantaba o escuchaba, yo concentraba mi atención en el mundo secreto de la iglesia, hecho de cúpulas bajas, muros gruesos, perfume de eternidad y coloreada luz solar que temblaba sobre la extraña vegetación de las pinturas medievales y de las figuras esculpidas en el techo y en los muros (…) En un bosque estaba sentada la Muerte jugando al ajedrez con el Caballero. Una criatura desnuda, con los ojos desorbitados, trepaba a un árbol mientras la Muerte se disponía a talarlo. Sobre las colinas de suaves pendientes la Muerte guiaba la danza final hacia la región de las tinieblas. Pero, sobre otra bóveda, la Virgen María andaba por la rosaleda llevando de la mano al Niño”.

En ese fresco, ubicado en la penumbra del coro de la iglesia de Täby (una localidad ubicada a 15 km. de Estocolmo), que se le debe al artista nacido en Alemania, aunque devenido sueco, Albertus Pictor (1440-1507), se evocan episodios correspondientes precisamente a la peste negra que sufrió buena parte de Europa en el siglo XIV.

Imagen de la pintura que inspiró a Bergman para Det sjunde inseglet (El Séptimo Sello), en https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/0/0b/Taby_kyrka_Death_playing_chess.jpg/250px-Taby_kyrka_Death_playing_chess.jpg

Esa pintura fue evocada por Bergman a la hora de concebir Pintura de madera, una serie de monólogos que tuvieron como destinatarios algunos de sus alumnos de un teatro municipal en el que dictaba clases, de donde surgió un primer guión cinematográfico, sin datación, que tuvo de provisorio nombre “La muerte y el caballero” y, como subtítulo, “Una crónica medieval”. Este fue originalmente rechazado por la compañía Svensk Filmindustri aunque, más tarde, aunque no sin deber mediar insistencias del cineasta, sería la encargada de llevarla a la pantalla.

Imagen del primer guión cinematográfico de El Séptimo Sello, en https://www.ingmarbergman.se/en/production/death-and-knight

En Linterna mágica, el libro donde se recogen sus memorias, sobre Pintura de madera dirá:

Durante unos años fui profesor en la Escuela de Teatro de Malmö; teníamos que hacer una función con público, pero no sabíamos qué obra representar. Me acordé entonces de las paredes de las iglesias de mi niñez con todas sus imágenes. En unas cuantas tardes escribí una piececita que titulé Pintura en madera, con un papel para cada alumno. El muchacho más gallardo de la escuela era, para desgracia nuestra, el menos dotado, iba a dedicarse a la opereta. Él hizo de caballero; los sarracenos le habían cortado la lengua así que era mudo. Pintura en madera se convirtió más adelante en El Séptimo Sello”.

Siguiendo su relato autobiográfico, respecto propiamente del film, al que se le asignará un escaso presupuesto (estará en el orden de los 150 mil dólares estadounidenses) y se le exigirá que estuviera terminado en un corto lapso (será de 36 días), expresará algunos conceptos que, por cierto, son asimismo aplicables a su universo cinematográfico integral:

“Como todos los visitantes de iglesias de todos los tiempos, me he engolfado en la contemplación de retablos, sagrarios, crucifijos, vidrieras y pinturas murales. Allí estaban Jesús y los ladrones bañados en sangre y desencajados de dolor; María reclinada sobre Juan, he ahí a tu hijo, he ahí a tú madre. María Magdalena, la pecadora, ¿quién era el último que se la había tirado? El Caballero juega al ajedrez con la Muerte. La Muerte siega el Árbol de la Vida, un aterrorizado infeliz en lo alto se retuerce las manos. La Muerte dirige la danza hacia El País de las Tinieblas, lleva la guadaña como una bandera, la congregación de los fieles baila en una larga fila y el bufón se cuela entre los últimos. Los demonios mantienen el fuego de la caldera, los pecadores caen de cabeza en las llamas. Adán y Eva han descubierto su desnudez. El ojo de Dios bizquea tras el árbol prohibido…”.

En ese juego definitivo se aprecia un profundo ejercicio de introspección del caballero quien parece preguntarse acerca del sentido de la vida, del problema del mal en el curso de la existencia y sobre la posibilidad de la trascendencia e incluso la existencia de un Dios.

Por otro lado es del todo plausible efectuar la recurrente asociación, tan típica en la bibliografía, que emparenta a la literatura con el ajedrez, vinculando a la situación de la muerte con la figura del “jaque mate”, objetivo implícito de toda partida en la que cada jugador quiere vencer llevando al monarca rival a la situación de aniquilación definitiva.

La otra clara imagen ajedrecística de esta historia es más que obvia: en la nomenclatura del juego de muchas culturas, no es la de caballo, como la conocemos los hispanoparlantes, sino la de caballero: knight (en cambio en francés se dice cavalier, aludiendo también a una persona, aunque en este caso se lo hace al jinete).

Y esa es la condición de Block, quien enfrenta a la Muerte en la partida decisiva, la de un caballero, tal como se apropió el nombre de la pieza, al menos en gran parte de Europa, precisamente en el periodo medieval (en las versiones previas que venían de Oriente se hablaba más bien de la fuerza militar de caballería).  Es de destacar que, no obstante, en idioma sueco, la palabra correspondiente para el trebejo es también la que remite al animal, ya que la pieza en cuestión recibe el nombre de springare (corcel).

Esta idea, la de que el caballero del relato de Bergman sea a la vez jugador y pieza de un juego más decisivo y amplio, como bien lo señala Baldo, implica que Block sea tanto un personaje de la historia como su narrador. En ese contexto la propia partida puede ser resignificada como un simulacro de la muerte, por lo que el mencionado académico muy certeramente agrega:

El juego de ajedrez, emblema de la incertidumbre de la vida humana tanto como de la inevitabilidad de su desenlace, representa por consiguiente, sin importar el resultado, una victoria parcial sobre el oponente Muerte, desde que el Caballero de este modo sobrevive a su propia muerte figurativa”.

Los debates filosóficos a los que nos lleva el film son insondables, y no pueden ser observados exclusivamente como referidos a una personalidad concreta que transcurre sus días en una oscura Edad Media, sino que pueden ser extendidos a otros tiempos, situaciones y geografías, alcanzando el estatus de eternos e impostergables.

Si un hombre del pasado podía estar aterrorizado por la peste, uno más moderno tiene sus propias angustias, por la posibilidad de una bomba atómica (o catástrofe de cualquier tipo), como imaginó el propio Bergman:

Esta película no pretende dar una imagen realista de la vida en Suecia durante la Edad Media. Es un ensayo de poesía moderna, que traduce la vivencia de un hombre moderno, pero está realizado libremente con motivos medievales. En mi película, el caballero regresa de las cruzadas como en nuestros días vuelve de la guerra un soldado. En la Edad Media, los hombres vivían aterrorizados por la peste. Hoy día, viven aterrorizados por la bomba atómica. El Séptimo Sello es una alegoría cuyo tema es sencillísimo: el hombre, su búsqueda eterna de Dios, con la muerte por única respuesta”.

La muerte por única respuesta…, una inquietante mirada que, no por ser estrictamente original, en la poderosa imagen que el artista ofreció en El Séptimo Sello, adquiere una fuerza que adquiere una particular contundencia y simbolismo al plantear que, ese tránsito definitivo, puede quedar representado de una forma lúdica.

Tal vez, en esta perspectiva subyacente, la de que en definitiva en la vida todo no es más que un juego, aún cuando se produce ese momento crucial de la existencia en el que se verifica el tránsito definitivo a otros horizontes (instante que nos invita a definitivas reflexiones personales), vemos la presencia del influyente ajedrez.

Es que el milenario juego, por su fuerza metafórica impar y su apropiación extendida a todas las culturas, en esa hora crucial (y siempre), nos puede eventualmente ayudar a mitigar la angustia idiosincrásica que caracteriza a toda persona humana por el simple hecho ontológico de la finitud del ser.

El film Det sjunde inseglet (El Séptimo Sello) con doblaje en español, puede ser visto en https://archive.org/details/BergmanElSeptimoSello

Este film fue muy potente e influyente en grandes creadores. Por ejemplo, el argentino (y universal) Jorge Luis Borges (1899-1986), quedó muy impactado al verlo, según lo confirma su viuda María Kodama (nacida en 1937) quien a la par de plantear la posibilidad de que la obra de ambos pudiera eventualmente quedar de algún modo vinculada,  recuerda:

“…a Borges le había fascinado El Séptimo Sello, se sabía diálogos de memoria, y aun siendo tan diferentes quizá había algo esencial en lo que hubieran podido coincidir y lograr algo”.

El actor y también cineasta Woody Allen (nacido en 1935), al presentar su libro Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, le dedica un capítulo íntegro a su admirado colega, al que le dedica un capítulo denominado, muy sardónicamente, como lo es todo el texto y, quizás, la propia mirada integral del norteamericano, Para acabar con Ingmar Bergman El Séptimo Sello (yen un diverso orden hay que recordar que otro de los capítulos de ese texto se llama … Para acabar con el ajedrez!!!).

Imagen de Woody Allen al debutar como actor y guionista en cine, en una escena del film What’s New Pussycat? (¿Qué hay de nuevo, Pussycat?), en https://ar.pinterest.com/pin/244812929714545255/?autologin=true&nic=1a

Allen presenta, al inspirarse en el sueco, la historia de Nat Ackerman, una persona que se halla en su departamento en algún lugar de Nueva York, siendo visitado por la Muerte, momento en el que se plantea este intercambio:

NAT (N): Deme un poco de tiempo. Un día más.

LA MUERTE (M): No puedo, ¿qué quiere que le diga?

N: Un día más. Veinticuatro horas.

M: ¿Para qué las necesita? La radio dijo que mañana llovería.

N: ¿No podríamos llegar a algún acuerdo?

M: ¿Como cuál?

N: ¿Juega al ajedrez?

M: No

N: Una vez vi una foto suya jugando al ajedrez.

M: No podía ser yo porque no juego al ajedrez. Gin rummy, quizás…”.

Y así será en tiempos bastante más líquidos. En vez de un caballero medieval, tenemos un confeccionista de prêt-à-porter (la profesión de Nat) y en lugar del ajedrez, el rummy. Pero siempre, incólume y omnipresente, la Muerte, aceptando el desafío final para jugar unas partidas (de lo que fuera). Allen imaginó que en este caso la Muerte pierda y, al hacerlo, al victorioso sólo se le concederán las 24 horas adicionales de existencia pedidas.

Cuando Margarethe von Trotta (nacida en 1942) le dedicó a su admirado colega sueco, en el centenario de su natalicio, el documental  Searching for Ingmar Bergman, le dio una especial importancia a la escena de la partida de ajedrez que disputan la Muerte y el caballero, a punto tal de que una de las que registran ese encuentro es la primera en aparecer en el tráiler preparado en oportunidad de la presentación de este film en el Festival de Cannes en su edición de 2018 (segundo 7 del vídeo).

Hay que destacar que la prestigiosa cineasta alemana justamente decidió inclinarse por esa mágica profesión en el momento en que asistió por vez primera a una proyección de El Séptimo Sello.

El tráiler del film Searching for Ingmar Bergman, de Margarethe von Trotta, puede ser visto en https://vimeo.com/266796420

Una nota de color: el juego de ajedrez que usó Bergman, sufrió algunos daños en el proceso de filmación, por lo que  la pieza del rey de las blancas (¡todo un símbolo!) quedó afectada.

Además, en una subasta, realizada el 28 de septiembre de 2009, el set de juego respectivo fue vendido por la firma Bukowski’s, en Estocolmo (Suecia), en 143.000 dólares estadounidenses.

Con todo, por el valor intrínseco de un juego que quedó directamente identificado con las poderosas imágenes metafísicas de la película de Bergman, seguramente que para los amantes de la obra del cineasta, que queremos creer que son también los del ajedrez, esa suma determinada aparece desde luego como del todo irrisoria.

Imagen del juego de ajedrez de El Séptimo Sello subastado en 2009, en http://laficharoja.blogspot.com/2009/10/el-ajedrez-de-el-septimo-Sello_03.html

©ALS, 2021

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