Samuel Schweber, gran ajedrecista argentino de profunda mirada

Por Sergio Negri

El maestro Samuel Schweber nació en Zarate, provincia de Buenos Aires, el 16 de julio de 1936, falleciendo el primer día del año 2017. Fue un gran ajedrecista, dos veces subcampeón nacional y reiterado represente argentino en competencias olímpicas.

Ya en la capital argentina, ingresó de joven al Club Jaque Mate, al que habría de representar durante toda su carrera. En el último tramo de su vida fue un fervoroso colaborador de la Bolsa de Comercio, en donde registró intensa actividad ajedrecística como jugador y también favoreciendo la realización de torneos y actividades ajedrecísticas.

 

Samuel Schweber, foto gentileza Ajedrez 12

Se destacó desde la época de juvenil, habiendo de representar a la Argentina en el tercer mundial de la especialidad en Amberes, Bélgica, en 1955, el inmediato siguiente tras el triunfo de Oscar Panno en la prueba registrada dos años antes. Allí arriba a la final tras derrotar en la preliminar a dos futuros destacados GM: el húngaro Lajos Portisch y el búlgaro Georgi Tringov. En la instancia definitiva, decae, empatando la última posición, en una competencia en la que resulta campeón el soviético Boris Spaski, el futuro titular del orbe.

Schweber será un permanente animador de los campeonatos argentinos superiores, no obstante lo cual nunca llegaría a consagrarse campeón. Estuvo más cerca que nunca de serlo en sendas ocasiones: en 1963, empata el primer puesto con Juan Carlos Klein y Raimundo García. Para desempatar se realiza un triangular a doble vuelta, tras el cual quedan igualados García y Schweber. Para terminar con la paridad, se lleva a cabo un match, que se define con el triunfo de Raimundo escapándosele a Samuel una ventaja que había previamente acumulado de dos puntos, en una porfía que adquirió tintes dramáticos.

En 1969, nuevamente, empata el primer puesto del torneo, esta vez con Raúl Sanguineti, quien lo vence en el desempate por 2,5 a 1,5.

En otras ediciones de la máxima prueba nacional, Schweber tendría los siguientes resultados: debuta con apenas veinte años en 1956, logrando un muy buen octavo puesto; en 1957, es undécimo; en 1960, es cuarto, detrás de Miguel Najdorf, Julio Bolbochán y Jorge (Jiri) Pelikán; en 1962, es quinto; en 1964, es cuarto y en 1965 logra un excelente tercer puesto, detrás de Sanguineti y Héctor Rossetto, adelantándose en esa ocasión a Pelikán, Jorge Rubinetti, su clásico rival Raimundo García, Alberto Foguelman y Raúl Cruz.

En 1967, resulta octavo; en 1969, cuarto; para luego desaparecer de la escena; hasta 1980, cuando finaliza en la cuarta colocación, detrás de Miguel Quinteros, Rubinetti y Roberto Debarnot, dejando atrás a los históricos Najdorf y Oscar Panno, entre muchos otros.

En 1983 sale tercero, a media unidad de los vencedores, los jóvenes Jorge Gómez Baillo y Marcelo Tempone, evidenciando su vigencia en el tiempo a pesar del contexto de recambio generacional. En 1984 baja al octavo puesto y, en 1985, al undécimo, remontando en 1986, en que termina sexto. Esa fue la última presencia en una prueba que lo tuvo de protagonista a lo largo de treinta años.

De la arena internacional, se lo ve a Samuel en 1960 con un extraordinario subcampeonato en el Zonal de São Paulo, Brasil, siendo invicto, a medio punto de Julio Bolbochán, por lo que accede a la siguiente fase rumbo al campeonato mundial. Es así que participa, dos años más tarde, en el Interzonal de Estocolmo, Suecia, en el que quedará 20°, entre 23 jugadores, cuando se impone claramente el norteamericano Bobby Fischer delante de los soviéticos Yefím Géler y Tigrán Petrosián.

En 1963 obtiene Schweber otro excelente cuarto puesto, compartido, en el Zonal Sudamericano de Fortaleza, Brasil, en el que se impone Héctor Rossetto; pero, en esta oportunidad, no llega a acceder al Interzonal, ya que es eliminado por el peruano Oscar Quiñones en el desempate hecho al año siguiente en Río de Janeiro (en el que también queda en el camino el brasileño Mauro Athayde).

En 1966 juega el Zonal de Río Hondo, quedando quinto entre dieciocho participantes. Y ese mismo año, en el campeonato panamericano de La Habana, ganado por el local Eleazar Jiménez, comparte el tercer puesto, a dos puntos del vencedor.

Ya en el Zonal de Mar del Plata de 1969, aparece relegado en el noveno lugar. Y, bastante después, en el disputado en Morón en 1982, repetirá esa posición.

Samuel participó en cinco Olimpíadas: en Leipzig´60; en Tel Aviv´64; en La Habana´66 (donde apenas jugó dos partidas); en La Valetta´80 y en Salónica´84 (escasas tres presencias aquí). Su debut fue auspicioso y, a la vez, marcaría su punto más alto en esta clase de competencias, al alcanzar la medalla de plata individual, en el primer tablero de reserva, siendo sólo superado por el excampeón del mundo, el soviético Vasili Smislov.

Su rendimiento general a lo largo de estos torneos fue excelente, nunca quedando por debajo de la media, llegando a un 65,4%, producto de 17 partidas ganadas, 17 empatadas y apenas 5 derrotas.

En 1971 integró el equipo argentino que se consagró en San Miguel de Tucumán campeón panamericano, delante de Cuba y Brasil, donde también obtuvo la medalla de oro al desempeño individual, al igual que todos sus compañeros que lo precedieron en el elenco: Najdorf; Panno; Sanguineti; Quinteros.

Para Chessmetrics, Schweber fue el jugador N° 68 del mundo en febrero de 1962, cuando ostentó 2.578 puntos de ranking. ¡Y para entonces contaba con apenas veinticinco años de edad! En 1961 la FIDE le otorga el título de Maestro Internacional.

En el país, a lo largo de su trayectoria, jugó numerosos torneos, pudiéndose mencionar, entre tantos otros, su triunfo en Trelew en 1972, junto a Rossetto, delante de Herman Pilnik y Pelikán. Igualmente es evidente que sus mejores años fueron los de los 60, en donde obtiene el título, la medalla olímpica y sus actuaciones más consagratorias a nivel de competencias nacionales e internacionales.

El profeta Samuel, que en la tradición hebrea es tan importante como Moisés y Aarón, es “aquel que escucha a Dios”. Otro Samuel, nuestro Schweber, también sabía escuchar mensajes muy profundos. Y transmitirlos, como lo demostró cuando lo entrevistamos con Enrique Arguiñariz para uno de los libros de la colección olímpica, oportunidad en la que hizo gala de conocimientos que exceden, en mucho, al ámbito escaqueado.

De todas sus historias, nos quedamos con su profunda admiración por Fischer. Contra las convenciones que apuntan a definir la personalidad del norteamericano en sus ribetes de excentricidad, cuando no de paranoia, Schweber supo ver en el genial jugador un puritanismo que sólo una mente elevada puede advertir.

Es que nuestro Samuel, siguiendo al otro, puede ser definido como “aquel que ve lo que aparece oculto”. Su mirada profunda penetra tanto como su inteligencia. Sólo nos lamentamos que sus historias no hayan sido recogidas debidamente por un cronista perspicaz.

Nos limitaremos, por lo pronto, a quedarnos con su trayectoria ajedrecística, en la que se destacó especialmente en campeonatos argentinos y en Olimpíadas, como le sucediera a muy pocos de sus coetáneos. Y si no llegó más alto, seguramente fue por haber preferido levantar de tanto en tanto la mirada del tablero, por encima de las volutas que disparaban sus inconfundibles habanos, buscando un poco saber qué sucedía más allá.

Es que lo que rodea al ajedrez es tan valioso como el ajedrez mismo. Siempre que sea apreciado correcta, esencial y profundamente. Como el querido y recordado Samuel Schweber, intentó y siempre pudo llegar a comprender.

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