Francesco Petrarca y su furibunda interpelación al ajedrez

Por Sergio Negri

Francesco Petrarca (1304-1374) fue uno de los grandes escritores italianos de la Edad Media, junto a Dante Alighieri y Giovanni Boccaccio quienes, como hemos visto en otros trabajos, tuvieron al ajedrez en sus respectivos mundos de experiencias literarias y, como era de esperar, de forma tan metafórica como amable.

Pero Petrarca recorrió otra cuerda, el de una furibunda interpelación al juego, dando quizás por inicio el vínculo de muchos otros hombres de letras que vieron en el ajedrez un motivo de queja, cuando no de desprecio.

Petrarca, como se sabe, estuvo caracterizado por un humanismo que fue exponente de una sociedad que pasaba del teocentrismo al antropocentrismo. Y, pese a que el ajedrez es un símbolo claro de la búsqueda del hombre de la belleza y la verdad, no tuvo precisamente simpatías por el milenario juego. El que de todos modos practicaba: se cree que lo aprendió en la corte papal de Avignon, una ciudad mundana y rica, en donde el ajedrez era un pasatiempo que se disfrutaba con cierta fruición.

En esa perspectiva el escritor se preguntó cómo era posible que se perdiera el tiempo con un juego al que consideraba muy aburrido, en el cual los adversarios se sentaban horas y horas, moviendo de vez en cuando la cabeza, como si se tratara de algo de suma importancia.

El Capítulo XXVI de su Dè rimedi dell’una e dell’altra fortuna (en el latín original:De remediis utriusque fortunae; en español, Las medidas de la fortuna), trabajo escrito entre 1354 y 1366, se lo dedica a “Los juegos de mesa y el ajedrez”, donde presenta el siguiente diálogo entre La alegría y La razón:

“La alegría: Me gustan los juegos de mesa y el ajedrez. / La razón: Los de mesa son perjudiciales y el ajedrez es vano… / La alegría: Con mucho gusto me gustaría jugar al ajedrez. /La razón: ¡Oh, estudio pueril!, ¡Oh, tiempo perdido!, ¡Oh, preocupaciones superfluas!, ¡Oh, proclamas que crujen!, ¡Oh, necios placeres, ira que hace reír! Ver viejos mudos perder el tiempo ante el tablero y en pequeños bosques, vagabundos del ajedrez…”.

Y así continúa la invectiva de “La razón” contra el ajedrez. Petrarca, apoyándose en Plinio y en los antiguos,[1], asocia el juego a la práctica de robar[2] y a los simios.[3] Es que, a su juicio, es propio de simios mezclar y  transportar las piezas y  golpearlas contra las  del compañero; es propio de simios agitar las manos para luego retirarlas; es propio de simios insultar al adversario, es decir al compañero con el cual juega, y rechinando los dientes; es propio de simios amenazar al rival, cuestionarlo, rumorar en su contra.

Francesco Petrarca

Petrarca dice que Horacio[4] advierte que. quienes juegan al ajedrez, mientras lo hacen, se rascan la cabeza, se muerden las uñas; en fin, hacen todas las cosas necesarias para hacer reír a los que pasan por ahí. Como los monos.

Por eso Petrarca recomendaba practicar otros juegos, de los que no cabría avergonzarse Y en ese marco, refiriéndose al ajedrez, le pregunta “La Razón” a “La Alegría”:

“¿No es que has estado jugando, así de afligido y de atormentado, casi como si de estuviera en peligro tu propia salud o la de la República?”.[5]  


Francesco Petrarca, con razones o sin ellas, como advertimos, iniciará un camino de invectivas que, desde la literatura, se dirigirán al ajedrez. El juego milenario no siempre será comprendido. Será objeto de prohibicionismos, de indiferencias y, como en el caso, de reproches. Pero permanecerá incólume. Pese a todo. Y por siempre.

Notas:
[1] La referencia de Petrarca es ambigua ya que puede estar aludiendo a Plinio el Viejo (23-79) o a Plinio el Joven (63-113). El primero fue un importante escritor, historiador, filósofo, científico, naturalista y militar romano. El otro, que era su sobrino, también se destacó como escritor, científico y jurisconsulto.
[2] Alude evidentemente a que el juego de ludus latrunculorum de los romanos significa, literalmente,  “juego de los ladrones”.
[3] Brunet y Bellet, para consuelo de los ajedrecistas, recuerda que en todo caso la cita de Plinio sobre el ajedrez (en realidad sobre el ludus latrunculorum), fue cuando aquel autor romano destacaba la sagacidad de ciertas monas que tenían afición por ese juego. Aquí queda claro que, en todo caso, Petrarca se refería a Plinio el Viejo y su obra Historia Natural.  Ello lo hemos verificado en la traducción inglesa impresa por el Club de G. Barclay de 1848, obrando en el capítulo LIV titulado “Of Monkeys” (“De los monos”).
[4] Quintus Horatius Flaccus fue un poeta romano que vivió entre los años 65 antes de Cristo y 8 antes de Cristo.
[5] Las traducciones en este parágrafo son propias. Para quienes quieran ver el original de Petrarca, vaya la siguiente reproducción de la parte más sustantiva de su relato en el que se refiere al ajedrez: 

“G. lo volentieri giuoco agli scacchi./R. Oh studio puerile! Oh tempo perduto! Oh sollecitudini superflue! Oh gride sconcissime! Oh stolte letizie, corucci da ridersene! Vedere vecchi rimbambiti mettere tempo in sú lo scacchiere e in piccoli legni, cioè in scacchi vagabondi, co' quali fanno futuri inganni e tolgono e rubano or questo or quello scacco; per la quale cagione appo gli antichi era detto giuoco di rubare, al quale giuoco la scimmia già fece secondo che dice Plinio; di che so che tu piglierai amirazioue. Et è propriamente giuoco di scimia , mescolare e trasportare gli scacchi , e percuotergli dietro agli altri scacchi del compagno; di subito gittare la mano e ritrarla; insultare all' aversario suo, cioè al compagno con cui giuoca; e, percuotendo i denti, minacciarlo, crucciarsi, quistionare, fare romore: et a ciò ch' io usi il detto d' Orazio; mentre che fannosi detti atti ; or l'uno or l'altro grattarsi il capo, rodersi l'unghie; e alla perfine fare ogni cosa, che abbi a fare ridere quegli che passano indi. Or lasciate voi a fare alcuna cosa di queste, o alcuna altra spezie di pazzia? Or non state, giucando voi, così affaticati e tormentati; quasi se la salute vostra, o quella della repubblica fosse in grande pericolo? Credo che molti avrebbono vinto in battaglia i loro nemici; s'eglino avessono mosso quella solicitudine ad avere cavalieri, ch'eglino a quegli scacchi messa; che si chiamano cavalieri di leguo o d' avorio. Appena troverrai la sollecitudine d' alcuna cosa così sconcia e così moltiplicare, come questa. Ma nel regno della stoltizia è questa cosa comune; che lo disiderio e il diletto sie maggiore in quelle cose, delle quali è minore frutto e utile”. 

©ALS, 2021

Notas relacionadas:
Dante Alighieri evoca la clásica leyenda de la invención del ajedrez en “Divina Comedia”, por Sergio Negri, en  https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/01/13/dante-alighieri-evoca-la-clasica-leyenda-de-la-invencion-del-ajedrez-en-divina-comedia/.
El erotismo, y algo de ajedrez, estrategias frente a la peste en el Decamerón de Boccaccio, por Sergio Negri, en https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/06/18/el-erotismo-y-algo-de-ajedrez-estrategias-frente-a-la-peste-en-el-decameron-de-boccaccio/.

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