Sospechas. El lado oscuro del ajedrez: Pagos, puntos y grandes maestros de 12 años

Por Ivan Nepechurenko

¿Cuándo un título de gran maestro es menos que grande?

Nota publicada en el diario Clarín de Buenos Aires, el 14 de julio de 2021. En https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/lado-oscuro-ajedrez-pagos-puntos-grandes-maestros-12-anos_0_C7oi6zfTV.html

KYIV, Ucrania – A Sergei Karjakin sólo le quedaba una partida de ajedrez, y tenía que ganarla.

Debería haber sido una tarea fácil.

El rival era el jugador de menor rango del torneo.

Sergei Karjakin durante el Campeonato Mundial de Ajedrez en noviembre de 2016. Foto Misha Friedman para The New York Times.
Sergei Karjakin durante el Campeonato Mundial de Ajedrez en noviembre de 2016. Foto Misha Friedman para The New York Times.

Karjakin era uno de los talentos emergentes del ajedrez, un muchacho de 12 años y 7 meses que estaba, en ese momento, a una victoria de convertirse en el gran maestro más joven del juego.

El título cambiaría su vida.

En el ajedrez, sólo los 30 mejores jugadores pueden esperar construir una carrera adecuada a partir del juego.

Convertirse en el gran maestro más joven de la historia ofrecía a Karjakin un camino directo a ese mundo, una puerta a la aclamación mundial y a los patrocinios corporativos y a las invitaciones a los torneos más importantes, a la vida con la que él y todos los prodigios, y quizás sobre todo sus padres, sueñan.

Pero primero Karjakin tenía que ganar una última partida.

Por una vez, sin embargo, su habilidad no parecía ser suficiente.

Durante casi 60 jugadas, Karjakin planteó problemas sutiles y desafiantes a Irina Semyonova, su oponente.

Cada vez, ella tenía una respuesta, una contra.

Karjakin siguió presionando, pero la partida terminó en tablas.

De repente, todo lo que había estado tan cerca como para tocarlo -la etiqueta, la fama, la historia- se escapaba.

Pero al aspirante a gran maestro y a su equipo aún les quedaba una jugada audaz.

Padres, hijos y puntos

Los grandes maestros de ajedrez no se hacen en un día.

Incluso los talentos más brillantes necesitan años para conseguir el título más alto y codiciado del juego.

Para conseguirlo, un jugador debe obtener una alta calificación a través de un fuerte juego en torneos y reuniendo una serie de puntos de referencia, llamados normas, en partidas en eventos calificados.

Durante las tres décadas posteriores a la introducción formal del título en 1950, el gran maestro era una especie rara.

Los demás jugadores no sólo conocían sus nombres, sino también su estilo de juego.

Se les trataba como a estrellas en los torneos y en las presentaciones.

Todo esto cambió en la década de 1980, cuando la FIDE, el organismo rector del ajedrez, empezó a expandirse a países que no tenían una cultura ajedrecística establecida.

Para lograr su objetivo de tener al menos un gran maestro en cada país, la FIDE relajó sus requisitos.

Ese cambio hizo que la etiqueta fuera más accesible, pero también menos exclusiva:

Casi 2.000 jugadores se han convertido en grandes maestros desde 1950.

Poco a poco, la etiqueta dejó de ser un billete para un gran futuro en el ajedrez.

Los jóvenes jugadores -y sus padres, a menudo obsesivos- necesitaban algo que los diferenciara.

El título de gran maestro más joven se convirtió en uno de esos trampolines.

Para Karjakin y su padre, Alexander, la etiqueta era una promesa casi infinita.

Al convertirse en el gran maestro más joven, Karjakin asumiría en un instante un título que en su día ostentaron Boris Spassky y Bobby Fischer, y que ni siquiera campeones del mundo como Garry Kasparov y Magnus Carlsen habían conseguido nunca.

Este logro convertiría a Sergei Karjakin, de 12 años, en un nombre muy conocido en el mundo del ajedrez.

Le abriría las puertas.

Karjakin había trabajado toda su vida para conseguir este objetivo.

Nacido en Simferopol (Crimea) en 1990, a los 5 años ya jugaba al ajedrez seis horas diarias.

Gracias a su talento y devoción, se convirtió rápidamente en uno de los jugadores jóvenes más prometedores de Ucrania.

El Club de Ajedrez Momot, la escuela de ajedrez más prestigiosa del país en aquella época, se dio cuenta.

Invitó a Karjakin a unirse a sus filas en la ciudad de Kramatorsk, una ruina industrial oxidada en el este de Ucrania.

Con poco que mantener en Crimea -los padres de Karjakin se habían convertido en vendedores ambulantes para llegar a fin de mes en las ruinas de la economía postsoviética- toda la familia se trasladó con su hijo ajedrecista.

Para los Karjakin, el club Momot era una isla de oportunidades en un país aterrorizado por la transformación económica y las guerras de bandas.

Cuando llegaron con Sergei, había empezado a producir campeones y grandes maestros a la velocidad de una cadena de montaje.

En un momento dado, Momot contaba con tres de los 10 grandes maestros más jóvenes del mundo entre sus miembros. Ruslan Ponomaryov, la primera estrella del club, fue campeón del mundo por eliminación de 2002 a 2004.

Karjakin ascendió rápidamente hasta convertirse en una de las estrellas de la escuela. Su éxito, y los fuertes lazos que su padre estaba forjando con los entrenadores, hicieron que Karjakin obtuviera el respaldo de la escuela en los torneos. Esas apariciones, y su éxito, impulsaron su reputación de preadolescente.

Pero para algunos jugadores, conseguir un título de prestigio significaba algo más que jugar bien.

Es un secreto a voces en el ajedrez que muchos jugadores hacen tratos paralelos con organizadores de torneos y otros competidores de primera fila que les ayudan a conseguir normas que podrían haber luchado por conseguir legítimamente.

Esta cultura llegó al club Momot.

Muchos de sus miembros obtuvieron sus credenciales de gran maestro en Crimea, en torneos celebrados en lugares como Sudak y Alushta, conocidos como “fábricas de normas“, donde, por tan sólo 1.000 dólares, los organizadores se aseguraban de que los jugadores acumularan suficientes puntos para obtener una norma.

Pero también había otras formas más sutiles de tener éxito.

Lejos de miradas indiscretas, los acuerdos secretos y los intercambios de dinero en efectivo para arreglar los resultados no eran infrecuentes, según las entrevistas con ajedrecistas y funcionarios de la FIDE.

En un deporte tan obsesionado con el status, el título y el rango, incluso la venta de una partida podía lograrse por el precio adecuado.

Mikhail Zaitsev, que alcanzó el rango de Maestro Internacional y ahora es entrenador de ajedrez, estimó que de los aproximadamente 1.900 grandes maestros vivos del mundo, al menos el 10% ha hecho trampas de una forma u otra para conseguir el título.

Shohreh Bayat, uno de los principales árbitros de ajedrez, describe estos arreglos en los términos más sencillos.

“Arreglar partidas”, dice, “es hacer trampas”.

Algunos aspirantes ni siquiera tenían que jugar una partida de ajedrez para conseguir los puntos que necesitaban:

Algunos torneos, dijo, se desarrollaron sólo sobre el papel.

Nada de esto se les escapa a los frustrados dirigentes de este deporte.

“Tenemos un perro llamado Pasquales”, dijo Nigel Short, vicepresidente de la FIDE.

“Creo que es posible que si me esforzara, creo que podría conseguirle a mi perro un título de gran maestro”.

Juegos vendidos

El torneo de la Gran Ruta de la Seda, en el que Karjakin se convirtió en el gran maestro más joven del mundo en 2002, se celebró en la pintoresca ciudad de Sudak, en el Mar Negro.

Fue un desastre, según las entrevistas con cinco personas que estuvieron allí.

El ganador fue Vasily Malinin.

Cómo ganó fue otra cosa.

Alexander Areshchenko, un joven jugador de la época, dijo que Malinin pagó a la madre de Areshchenko a cambio de una victoria en su partido.

Otro jugador, Nazar Firman, dijo que también le pagaron.

Malinin, que murió en noviembre, siempre negó haber pagado por los resultados.

Pero en una carta publicada en ruso en un oscuro sitio web de ajedrez, reconoció haber desempeñado un papel inusual en el torneo Sudak.

La partida más notable, dijo, fue una que aceptó perder.

Malinin contó la historia así en su carta:

Cuando el título de Karjakin como el gran maestro más joven del mundo se escapaba tras su inesperado empate con Semyonova, el padre de Karjakin, Alexander, se acercó a varios jugadores con los que su hijo había perdido puntos y les ofreció dinero para que repitieran sus partidas.

Firman dijo que estaba entre los que recibieron una oferta de dinero por un empate arreglado.

Malinin, al que le sobraban puntos, aceptó repetir su partida con Karjakin.

Dijo que lo hizo gratis y que, por tanto, no lo consideraba una trampa.

Los dos volvieron a jugar una partida que normalmente habría durado hasta seis horas; en la repetición, dijo Malinin, se jugó “en un blitz“, una variante de ajedrez de alta velocidad.

Karjakin ganó.

Minutos después, el recién coronado gran maestro entró corriendo en la sala principal del torneo, radiante y orgulloso como “un pavo real”, según Areshchenko, que estaba presente.

Preguntado por el episodio en una entrevista con The New York Times, Karjakin dijo que preguntaría a su padre al respecto.

Posteriormente dijo que no está en contacto con su padre y que no tenía más información sobre el torneo.

Las llamadas telefónicas y los mensajes de texto enviados a los padres de Karjakin no fueron contestados.

Sin embargo, los frutos de la victoria de Karjakin no tardaron en llegar.

Al año siguiente, jugó en el torneo de Wijk aan Zee, en Holanda, una ciudad conocida como el Wimbledon del ajedrez.

En París, se unió al prestigioso club de ajedrez NAO.

Sólo unos meses antes, Karjakin había viajado a los torneos de Europa en micro.

Ahora, como el gran maestro más joven del mundo, fue recibido por el presidente de México.

“Me llovieron las invitaciones”, dijo Karjakin en una entrevista, al hablar de las secuelas. “Me hice muy popular”.

Compitiendo contra los mejores jugadores del mundo, Karjakin progresó rápidamente.

En octubre de 2005, cuando tenía 15 años, ya estaba clasificado entre los 50 mejores jugadores del mundo.

En 2016, en el Campeonato Mundial de Ajedrez de Nueva York, estuvo a punto de convertirse en campeón del mundo antes de perder en un desempate con el noruego Carlsen, considerado el mejor jugador del mundo entonces y ahora.

Y durante más de 18 años, Karjakin, que ahora tiene 31 años, ostentó un título que nadie podía igualar: el de gran maestro más joven del mundo.

Sin embargo, la mancha de lo ocurrido en el torneo de Sudak ha perdurado.

Hubo rumores sobre el evento en el mundo del ajedrez, pero nadie parecía interesado en perseguirlos.

Varios participantes en el torneo dijeron que Karjakin no había conseguido su título de gran maestro por las buenas, sino que, para ellos, era sólo un hecho de la vida ajedrecística.

Areshchenko, un jugador más fuerte que Karjakin en ese momento y su compañero en un club de ajedrez, dijo que sus entrenadores le habían dicho que jugara un empate con Karjakin para asegurarse de que consiguiera el título de gran maestro más joven a tiempo.

“No podía hacerlo honestamente”, dijo Areshchenko sobre Karjakin.

“Yo jugaba mejor que él en ese momento, y era difícil para mí llegar a ser gran maestro entonces”.

En una entrevista, Karjakin negó haber ofrecido sobornos o haber hecho tratos secundarios.

Dijo que fue Malinin quien intentó extorsionar a su familia por el simple hecho de jugar una partida que habían acordado aplazar, no repetir.

Después de que el padre de Karjakin se negara a pagar, Malinin se enojó y “armó todo ese lío”, dijo.

“Mi padre se acercó a él y le dijo que tenía que ir a jugar conmigo”, dijo Karjakin sobre Malinin.

“En cualquier caso, nadie entraría en negociaciones con niños pequeños”.

Una visita a Putin

Muchos ajedrecistas dicen que hacer tratos secundarios en el ajedrez es esencialmente inofensivo.

Pero para otros, la carrera de Karjakin ha demostrado que no es así.

Los jugadores que cumplen sus normas con honestidad, dicen otros jugadores, no consiguen el título de gran maestro durante años, y por tanto nunca tienen la oportunidad de entrar en el escalafón superior.

Firman, por ejemplo, ha abandonado el ajedrez profesional en varias ocasiones por su incapacidad para ganarse la vida con ello.

Al menos uno de los antiguos compañeros de Karjakin en el Club de Ajedrez Momot gana ahora dinero dando clases por Skype.

Otros compiten por pequeños premios en sudorosas salas en torneos de bajo nivel.

Karjakin, sin embargo, ha prosperado.

En 2009, el presidente ruso Dmitry Medvedev le concedió la ciudadanía.

En 2014, Karjakin se puso del lado de Rusia contra su Ucrania natal al apoyar abiertamente la anexión de Crimea.

En Crimea, posó con una camiseta con el rostro de Vladimir Putin, de quien por entonces era un destacado y declarado partidario.

En 2016, Putin dijo que “el país siempre ha dado alta prioridad al ajedrez, y el ajedrez siempre ha ayudado al país.”

La corona de ajedrez, sin embargo, está lejos de Rusia desde 2007, cuando Vladimir Kramnik la perdió a manos del indio Viswanathan Anand.

Karjakin ha prometido “devolver la corona de ajedrez a Rusia”.

Ha recibido todo el apoyo para ese esfuerzo.

Contratos lucrativos con empresas rusas han financiado a Karjakin, incluido uno con un banco que le reportó unos 300.000 dólares.

Su rostro apareció en vallas publicitarias por todo Moscú y fue invitado a los programas de entrevistas más populares, convirtiéndose en una celebridad.

 Recibió un representante y un apartamento.

Pronto tuvo también una casa de campo, en la zona más prestigiosa de las afueras de Moscú, así como un Mercedes con chofer.

En 2017, Putin incluso invitó a Karjakin a su residencia.

En su despacho, la primera pregunta de Putin fue:

“Te convertiste en gran maestro a los 12 años, ¿verdad?”.

“Sí”, dijo Karjakin. “Fui el más joven”.

Un digno sucesor

El último día de junio, 18 años después de haberlo reclamado, Karjakin perdió el título que había lanzado su carrera.

Su sucesor como gran maestro más joven de la historia, un joven de Nueva Jersey llamado Abhimanyu Mishra, batió el récord por dos meses, obteniendo el título a la edad de 12 años, 4 meses y 25 días.

Mishra y su padre esperan que este logro haga por él lo que hizo por Karjakin.

Al igual que los padres de Karjakin hace más de dos décadas, el padre de Mishra, Hemant, se jugaba mucho al ver a su hijo ganar el título.

Dijo que había gastado más de 270.000 dólares en convertir a su hijo en el gran maestro más joven del mundo, y que había estado recogiendo donaciones en Internet para hacer realidad su sueño ajedrecístico.

Las pequeñas ventajas que el dinero podía comprar -en la programación, en la oposición, en el tiempo- empezaron a sumarse a medida que se acercaba a su norma final.

Mishra, que describió a Karjakin como su ídolo, jugó en cinco de los llamados torneos normativos en Charlotte, Carolina del Norte, en el otoño de 2020 y la primavera de 2021, pero no consiguió ni una sola norma.

Con la fecha límite para batir el récord de Karjakin, él y su padre viajaron a Budapest (Hungría), donde Abhimanyu Mishra jugó ocho torneos seguidos.

En estos torneos, los buscadores de normas pagaban a los organizadores, que a su vez pagaban a los grandes maestros para que se presentaran, un acuerdo legal y común en el ajedrez profesional.

Pero la calidad no era la misma; la puntuación media de los oponentes de Mishra en los eventos de Budapest era casi 50 puntos inferior a la de Charlotte.

En una entrevista, Arkady Dvorkovich, presidente de la FIDE, dijo que en estos torneos hay poca deportividad.

Esto se debe, en parte, a que los grandes maestros, a menudo jugadores envejecidos que ya han pasado su mejor momento, suelen carecer de la motivación necesaria para esforzarse por vencer a sus oponentes.

“La motivación era bastante baja para mí”, dijo Vojtech Plat, uno de los grandes maestros que jugó.

En los torneos de Budapest, Mishra tuvo la ventaja añadida de jugar una y otra vez contra el mismo grupo de grandes maestros, lo que le permitió aprender sus tácticas y estilos.

Gabor Nagy, un gran maestro húngaro, jugó contra Mishra en seis de los torneos de Budapest. 

En Charlotte, ningún gran maestro jugó en más de tres torneos.

En una partida, acordaron unas tablas tras 13 movimientos, y en otra, tras sólo seis.

Para los expertos en ajedrez, esto era un indicio de que las partidas no se disputaban seriamente.

Pero al jugarlas, Mishra acumuló un precioso medio punto hacia su objetivo en cuestión de minutos.

En otro torneo, Mishra jugó tres partidas en un día, dijo su padre.

Las normas de la FIDE, que tratan de proteger a los jugadores del sobreesfuerzo en este agotador deporte, establecen un límite de dos partidas al día.

Cuando Mishra usurpó el trono de Karjakin, había jugado 70 partidas de ajedrez en sólo 78 días.

“Empieza a oler mal”, dijo Bruce Pandolfini, un consumado entrenador estadounidense, sobre el esfuerzo de perseguir el título de gran maestro más joven con esos métodos.

Aun así, el ascenso de Mishra a gran maestro marcará el comienzo de una nueva vida para él.

Recientemente ha aparecido en las páginas web de ESPN y la revista People y ha sido invitado a la próxima Copa del Mundo de Ajedrez, uno de los torneos más prestigiosos de este deporte, con una bolsa de casi 1,9 millones de dólares.

Hemant Mishra dijo que su hijo consiguió el título legítimamente y que sugerir lo contrario sería “una absoluta tontería”.

Pero los mejores jugadores están cuestionando públicamente el título de Mishra y criticando el sistema que le ayudó a conseguirlo.

Short, gran maestro y vicepresidente de la FIDE, dijo que había intentado reformar ese sistema.

Pero el hecho de que tantos jugadores hubieran adquirido ya títulos de gran maestro cuestionables lo hacía casi imposible.

“El caballo se ha desbocado; no se pueden cerrar las puertas del establo”, dijo.

“Lo mejor es abolir el título por completo”.

2021 The New York Times

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