Alejandro Dumas en dos de sus notables novelas apeló al ajedrez

Por Sergio Negri

¿Quién no ha leído o, al menos, no sabe de la existencia de Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo, dos extraordinarias novelas de Alejandro Dumas (1802-1870)? Lo que es menos conocido es que, en ellas, el ajedrez hace acto de presencia.

En El conde de Montecristo, considerada por muchos como una de las mejores novelas de la historia, en especial por plantear en ella el debate tan humano que se plantea entre la justicia y la venganza, hay una mención al ajedrez:

El día anterior el señor Noirtier, antiguo jacobino, antiguo senador, antiguo carbonario, que se reía de la guillotina, del cañón y del puñal; el señor Noirtier, jugando con las revoluciones; el señor Noirtier, para quien Francia no era más que un vasto juego de ajedrez del cual peones, torres, caballos y reinas debían desaparecer con tal que al rey se le diera mate; el señor Noirtier, tan temido y tan terrible, era al día siguiente, ese pobre Noirtier, anciano paralítico, a merced del ser más débil de la casa, es decir, de su nieta Valentina; un cadáver mudo y helado, que no vive sin alegría ni sufrimiento, sino para dar tiempo a la materia de llegar sin tropiezo a su entera descomposición…”.

El ajedrez era un punto de referencia en la Revolución Francesa, pero también lo había sido previamente en la corte de Francia. Lo jugaban el rey Luis XIII y el poderoso e influyente Cardenal Richelieu. Así al menos nos lo transmite el autor en Los tres mosqueteros, en donde se dice:

“Por su parte, y desde ese punto de vista, el cardenal no le iba a la zaga al rey. Cuando hubo visto la formidable elite de que Luis XIII se rodeaba, ese segundo, o mejor, ese primer rey de Francia también había querido tener su guardia. Tuvo por tanto sus mosqueteros como Luis XIII tenía los suyos, y se veía a estas dos potencias rivales seleccionar para su servicio, en todas las provincias de Francia a incluso en todos los Estados extranjeros, a los hombres célebres por sus estocadas. Por eso Richelieu y Luis XIII disputaban a menudo, mientras jugaban su partida de ajedrez, por la noche, sobre el mérito de sus servidores. Cada cual ponderaba los modales y el valor de los suyos; y al tiempo que se pronunciaban en voz alta contra los duelos y contra las riñas, los excitaban por lo bajo a llegar a las manos, y concebían un auténtico pesar o una alegría inmoderada por la derrota o la victoria de los suyos. Así al menos lo dicen las Memorias de un hombre que estuvo en algunas de esas derrotas y en muchas de esas victorias…”.

Alejandro Dumas

Post scriptum:

Christian Sánchez, tras la lectura de este trabajo, aporta información adicional que es del todo pertinente. El reconocido referente del ajedrez rosarino expresa lo siguiente:

“Alejandro Dumas utiliza dos veces el término “échiquier” en el texto de “El conde de Montecristo”, en ambos casos en sentido figurado; en el primero compara el cerebro con un tablero de ajedrez:
“Bientôt il sentit que le jour rentrait dans son cerveau ; toutes ses idées, vagues et presque insaisissables, reprenaient leur place dans cet échiquier merveilleux, où une case de plus peut-être suffit pour établir la supériorité de l’homme sur les animaux. Il put penser et fortifier sa pensée avec le raisonnement.” (capítulo XV, tomo 1, ver https://fr.wikisource.org/wiki/Le_Comte_de_Monte-Cristo/Texte_entier).

En la segunda ocasión la metáfora es completa y además del tablero menciona las piezas de ajedrez:
“M. Noirtier, pour qui la France n’était qu’un vaste échiquier duquel pions, tours, cavaliers et reine devaient disparaître pourvu que le roi fût mat, M. Noirtier, si redoutable, était le lendemain ce pauvre monsieur Noirtier, vieillard immobile, livré aux volontés de l’être le plus faible de la maison, c’est-à-dire de sa petite-fille Valentine.” (capítulo X, tomo 3, ver https://fr.wikisource.org/wiki/Le_Comte_de_Monte-Cristo/Texte_entier/2).

Curiosamente, cuando Dumas emplea la palabra “échec/s” lo hace no con el significado de “ajedrez” sino de “fracaso”:
“réputé habile par tous, comme on répute généralement habiles les gens qui n’ont jamais éprouvé d’échecs politiques” (capítulo X, tomo 3, ver https://fr.wikisource.org/wiki/Le_Comte_de_Monte-Cristo/Texte_entier/2).
“je ne crois pas que M. d’Épinay recule devant cet échec pécuniaire” (capítulo III, tomo 4, ver https://fr.wikisource.org/wiki/Le_Comte_de_Monte-Cristo/Texte_entier/2)”.

Sánchez tomó como fuente de información para formular estos comentarios, una edición del texto en idioma francés de 1889, la que cita puntualmente.

Recordemos que El conde de Montecristo tuvo innumerables ediciones y traducciones (la primera fue en entregas sucesivas en forma de folletín desde 1846), por lo que su abordaje estará íntimamente relacionado a la base documental tenida a la vista.

En el caso de la nota originalmente presentada en ALS, se consultó la versión en español de Planeta. Madrid, 2006 (colateralmente, digamos que en el caso de Los tres mosqueteros se trabajó sobre la base de la edición de Bruguera, Barcelona, 1971).

Yendo al aporte de Sánchez, podría decirse que el segundo de los pasajes, con las diferencias de traducción que resultan obvias y comprensibles, coincide con la publicada originalmente por nosotros. En cuanto al otro, que ahora nos aparece como un interesante hallazgo, en español podría apropiarse el párrafo del siguiente modo:

“Pronto sintió que el día estaba entrando en su cerebro; todas sus ideas, vagas y casi esquivas, volvieron a ocupar su lugar en este maravilloso tablero de ajedrez, donde quizás una casilla más baste para establecer la superioridad del hombre sobre los animales. Pudo pensar y fortalecer su pensamiento con el razonamiento “.

En cuanto a la otra observación de Christian Sánchez, es del todo comprensible. La expresión échecs significa en idioma francés tanto “ajedrez” como “fracasos”, por lo que su correcta apropiación depende del contexto de la referencia en cada pasaje literario.

©ALS, 2021

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