El ajedrez de Lord Dunsany

Por Sergio Negri

Edward John Moreton Drax Plunkett (1879-1957), XVIII Barón de Dunsany, fue un escritor y dramaturgo anglo-irlandés, conocido sobre todo por sus cuentos fantásticos, quien trascendió por el simplificado nombre de Lord Dunsany.

El ajedrez estuvo presente en su obra y en sus sentidas palabras a manera de epitafio en el contexto de la muerte del excampeón mundial José Raúl Capablanca.

Pero también ha trascendido por otra faceta del todo excepcional: como el gran ajedrecista cubano (quien propuso la adopción de las piezas del canciller y del arzobispo para renovar la práctica del pasatiempo que lo viera brillar), Dunsany llegó a inventar una variante propia del milenario juego.

Lord Dunsany (parado a la derecha) con contertulios y el ajedrez, 1951

Vayamos por partes, En efecto, Capablanca fallece en 1942. Uno de sus admiradores era Lord Dunsany quien, en ese mismo año, inventa una modalidad de ajedrez asimétrico llamada Ajedrez Dunsany u Horda ajedrecística.

En ella las blancas tienen únicamente treinta y dos (32) peones, que ocupan las cuatro primeras filas, enfrentando a las negras, que tienen las dieciséis (16) piezas convencionales ubicadas en las casillas iniciales. La idea es que el negro capture todos los peones rivales, antes de que se les acaben a éstos los movimientos legales, en cuyo caso se declarará tablas. El primer jugador, para ganar, debe dar jaque mate, lo que puede ser favorecido por las promociones eventuales en dama (reina) de los integrantes de esa poderosa falange de peones (una que hubiera hecho seguramente las delicias de Philidor).

Posición inicial del “Ajedrez Dunsany”

Lord Dunsany, yuxtaponiendo sus amores por el juego y la literatura, fue autor de un cuento llamado The Three Sailors’ Gambit (El gambito de los tres marineros), en el que se cuenta la historia de cómo tres inexpertos ajedrecistas pueden sorpresivamente derrotar a los mejores exponentes de su época.

La situación transcurre durante la primavera en la ciudad de Over, donde los mentados navegantes, tras hacer un largo viaje por el sur, en una taberna desafían a algún circunstante al ajedrez. Un oscuro hombre, que estaba en otra mesa, les consultó porqué actuaban de esa manera, a lo que le respondieron que lo hacían para ganar una libra en cada apuesta y que la condición era jugar en consulta.

El ignoto parroquiano aceptó el desafío. Es que era un competidor por el campeonato del mundo, llamado Stavlokratz. Los marineros no se amedrentaron y, en el primer juego, aplicaron un gambito de su creación, que consistía en entregar tres peones, luego un caballo y, para completar el terceto de tipo de piezas sacrificadas, un alfil. Hacia la jugada treinta, Stavlokratz estaba muy sorprendido por el juego rival, el que prosiguió con la entrega de dos peones adicionales pese a lo cual el aspirante a la corona máxima terminaría resignando el juego.

Lo propio acontecería en la revancha, en la que Stavlokratz llevó las blancas. Los amigos, pese a estos triunfos, parecían casi desconocer por completo las reglas del ajedrez. Sólo murmuraban entre ellos mas, inesperadamente, llegaban a sus mentes jugadas tan extrañas como efectivas.

Los días transcurrieron, la intriga crecía hasta que, uno de ellos, ayudado por los excesos del alcohol, confesaría que un tiempo atrás un cuarto marinero, el que luego murió, había conseguido un cristal, vendiendo su alma a cambio, el cual tenía la propiedad de reflejar la posición del tablero de ajedrez sugiriendo la mejor respuesta ante cada movida del adversario la cual, siempre, era implacable (¿un anticipo de los módulos computacionales actuales, esos que indican la mejor jugada frente a una posición dada?)

Así ganaban al ajedrez. Así ganaban una libra por partida. Y jugaban juntos ya que, en el infierno, ese regenteado por quien seguramente aseguró las condiciones del pacto, habrá de ser un lugar frío y hostil como para llegar a él en solitario (¿allí aprenderán en definitiva a jugar al ajedrez y podrán jugarlo?; ¿o serán condenados, como máximo castigo, a la eterna ignorancia del milenario pasatiempo?).

Lord Dunsany, ya no en ficción, habrá de referirse, como sugerimos previamente, a Capablanca a la hora de la despedida. Al cubano llegó a enfrentar (igualando el juego) en una sesión de simultáneas dadas en Londres en 1929 (había perdido antes otro encuentro similar en 1928). Este mejor desempeño fue en la notoria tienda Selfridges, toda una señal de la relevancia y popularidad del encuentro. Por entonces Dunsany , en prueba de su afición por el juego, era el Presidente de la Kent Chess Association.

Partida simultáneas del 12/4/1929 entre Capablanca y Lord Dunsany, en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1476306 

En ese rol dirigencial, Dunsany también, por unos años, presidió el club Irish Chess Union y, nada menos que durante 54 años (1903-1957), el Sevenoaks Chess Club, también ubicado en el suburbio londinense de Kent.

Volviendo al cubano, ahora, al momento de la despedida, le dedica un sentido Epitafio a Capablanca en el que expresa, en perfecta rima fonética en el original en inglés:

“Now rests a minds as keen,

A vision bright and clear,

As any that has been.

And who is it lies here?

//One that, erstwhile, no less

Than Hindenburg could plan,

But played his games of chess,

and did no harm to man”.

(“Ahora descansa una mente tan entusiasta, / Una visión brillante y clara / Como ninguna ha sido. / ¿Y quién aquí yace? / Uno que, antes, nada menos / De lo que Hindenburg podría planear, / Jugó sus juegos de ajedrez, / y sin dañar al ser humano”).

Nota: la mención corresponde a Paul von Hindenburg (1847-1934), el político alemán que llegará a ser Presidente del país quien, a pesar de cuestionar al nazismo, ungirá a Hitler como canciller. Se lo consideraba un héroe militar de la Primera Guerra Mundial y, en ese contexto, encabezó acciones militares con consecuencias desde ya muy sangrientas (a diferencia de otros combates pacíficos que un Capablanca podrá desarrollar en un tablero escaqueado...).

En otros hermosos versos, dedicados en este caso a la memoria de Rufus Henry Streatfeild Stevenson (1878-1943), el Secretario de la Federación Británica de Ajedrez y esposo de la campeona mundial Vera Menchik (1906-1944), lord Dunsany expresará:

One art they say is of no use;

The mellow evenings spent at chess,

The thrill, the triumph, and the truce

To every care, are valueless.

And yet, if all whose hopes were set

On harming man played chess instead,

We should have cities standing yet

Which now are dust upon the dead”.

(En traducción propia: “Un arte que dicen no tiene utilidad; / Tranquilos anocheceres dedicados al ajedrez, / La emoción, el triunfo, el fin de la hostilidad / Para todos los efectos, sin valor es. / Y, sin embargo, si para todos esperanzas cabía / Dañando al hombre, en su lugar jugó al ajedrez, / Deberíamos  tener ciudades en pie todavía / Que son polvo sobre los muertos en vez”).

También Dunsay concibió historias vinculadas al juego, siempre apelando a su preferido tono fantástico, como aquella llamada The small green idol, donde se aprecia una extraña pieza que mueve como la dama y el caballo (en la imagen próxima se ubica en la casilla a8). La resolución del problema es del todo sencilla: e7 y luego coronar dama, dando jaque mate, con lo que las blancas vencen a pesar de la notoria desventaja de material.

dunsay idol
En la revista inglesa Chess, enero de 1943

En Two bottles of relish (Dos especieros) incluye una mención ajedrecística que surge muy interesante:

No hay más misterio en diez asesinatos que el que existe en una partida de ajedrez“.

(“There´s not the mistery in ten murders that there is in one game of chess”, en idioma original)

Lord Dunsany, con sus epitafios dedicados a grandes referentes del juego, con su inclusión en un cuento tan bello como enigmático y en otros trabajos literarios, como aficionado al pasatiempo, en su rol dirigencial, y particularmente por el hecho de haber inventado una modalidad del todo original basada en él, evidentemente fue otra personalidad de la cultura que cayó rendida, como tantos de sus semejantes, a la magia del ajedrez.

Lord Dunsany

©ALS, 2021

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