Simbiosis de arte y ajedrez en Duchamp

Por Sergio Negri

«Hoy me conformo con jugar. Todavía soy una víctima del ajedrez. Tiene toda la belleza del arte y mucho más. No puede ser comercializado. El ajedrez es más puro que el arte en su posición social. Las piezas del ajedrez son las mayúsculas del alfabeto que da forma a los pensamientos; y estos pensamientos, aun componiendo un diseño visual en el tablero, expresan su belleza de forma abstracta, como un poema. […] He llegado a la conclusión de que, si bien no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son artistas.»

Marcel Duchamp. Conferencia impartida ante el banquete de la New York State Chess Association en 1952

Marcel Duchamp (su nombre completo era Henri-Robert-Marcel Duchamp) nació el 28 de julio de 1887 en Blainville-Crevon, una comuna de la Normandía francesa. Era el menor de seis hermanos (tres varones y otras tantas mujeres), en el marco de una familia bien posicionada desde lo económico y bien aspectada desde lo cultural.

Contaba Marcel once años de edad cuando el mayor de los hermanos, Jacques Villon (1875-1963), lo introdujo en el juego. Se trata de alguien que será otro reconocido pintor, cuyo nombre real era Gaston Duchamp. Otro de sus hermanos, Raymond Duchamp-Villon (1876-1918), quien será escultor, practicaba ese pasatiempo, por lo que la observación de las partidas de los mayores por parte del menor de los vástagos forjaron su interés por el ajedrez.

Familia de ajedrecistas y artistas. Clima ideal para desarrollar habilidades en ambas dimensiones para alguien que habrá de tener, con el curso del tiempo, una crucial influencia en el mundo del arte y un vínculo muy estrecho con el ajedrez.

Marcel Duchamp, Jacques Villon y Raymond Duchamp-Villon en Puteaux, Francia, 1912, en https://philamuseum.org/calendar/exhibition/duchamp-family/duchamp-siblings

A propósito de ambas dimensiones, Jacques Villon tiene un grabado de 1904, que se exhibe en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, en el que se aprecia al propio Marcel jugando al ajedrez con Suzanne Duchamp (1889-1963), una de sus tres hermanas, quien será una reconocida pintora. Como dato complementario de esa institución, años más tarde Duchamp jugará al ajedrez con Alfred Barr (1902-1981), el primer director del MOMA (lo fue desde 1929-1943).

La Partie d’échecs de Villon, 1904, en https://www.moma.org/collection/works/65243

De 1910 es el cuadro famoso de Duchamp, desarrollado bajo clara influencia de Paul Cézanne (1839-1906), en donde muestra a sus hermanos varones jugando al ajedrez y a dos de sus hermanas en proximidad, pero sin parecer que ellas reparen en lo que sucedía sobre el tablero. La imagen pone el acento en el grado de concentración de los jugadores para afrontar la partida. Ese es su primer trabajo artístico conocido vinculado al ajedrez por lo que hay que considerarlo un hito fundacional de la simbiosis entre ambas disciplinas.

La Partie d’échecs de Duchamp, Museo de Arte de Filadelfia, EE. UU., 1910, en https://www.wikiart.org/en/marcel-duchamp/chess-game-1910

En una evolución de estilo pictórico notable, en ese 1911 ofrece Les joueurs d’échec (Los jugadores de ajedrez). Ahora, en un lenguaje decididamente abstracto, que se adscribe a los movimientos cubista y/o futurista, se puede intuir a los ajedrecistas, ya no en su práctica vista desde una perspectiva convencional, sino adentrándonos propiamente en el pensamiento de ellos a la hora de disputar un encuentro del milenario juego. Por otra parte, se aprecia o intuye que los ajedrecistas están íntimamente enlazados, en una comunión que los convoca: la partida que los une.

Les joueurs d’échec, exhibido en el George Pompidou Center, París, Francia, 1911, en https://www.chess-and-strategy.com/2007/03/les-checs-artistiques-marcel-duchamp.html

Del mes de octubre de ese año es Portrait de joueurs d’échecs, una serie de seis dibujos y dos cuadros, también de estilo cubista, en donde se los ve a sus hermanos Jaques y Raymond jugar al ajedrez. Se puede colegir, como mensaje de estas obras, la existencia de una intensa actividad intelectual del juego, viéndose a las piezas flotar libremente en el marco de una propuesta que se desarrolla en un mundo abstracto. En cualquier caso, el espacio puede ser visualizado desde una perspectiva estrictamente cerebral.

El descubrimiento de los rayos X, la radioactividad y el electrón de fines del siglo XIX hizo ver a la Humanidad, y a los artistas dentro de ella, que la materia podía ser penetrada. Desde allí la mirada profunda será otra y habrán de aparecer diversas corrientes que irán hacia el futurismo, el cubismo, la posibilidad de expresarse desde lo abstracto, Duchamp, como pocos, y en forma muy pionera, se sumará a las nuevas corrientes y, es más, será un emblema de ellas. Pero dará un paso más, como veremos más adelante, con lo que denominará “ready-made”.

Portrait de joueurs d’échecs, Museo Guggenheim, Nueva York, 1911, en https://www.marcelduchamp.net/wp-content/uploads/2008/11/Big-Gallery-Image-401.jpg
For a game of chess, Duchamp, 1911, en https://kostisvelonis.blogspot.com/2009/08/once-more-to-this-staircase-another.html

Del mes de mayo de 1912 es otra obra, ya con un Duchamp decididamente instalado en el género cubista-futurista, llamada Le Roi et la Reine entourés de Nus vites (El rey y la reina rodeados de rápidos desnudos). El gran poeta francés Guillaume Apolinaire (1880-1918), que será su amigo, refiriéndose a este trabajo, supo advertir en Duchamp “la capacidad de penetrar la naturaleza esencial de las formas” y que “ha abandonado el culto de las apariencias”.  Postuló que el aún novel artista sabía conectar mejor con la gente común, al prestarle más atención a cuestiones reales (las derivadas de los avances científicos y tecnológicos) que confiar en la tradicional mirada estética, El escritor decía que el francés promedio podía estar mejor conectado con el diseño de un aeroplano que con un cuadro exhibido en el Louvre..

Le Roi et la Reine entourés de Nus vites, Museo de Arte de Filadelfia, EE. UU., 1912, en https://elcultural.com/Duchamp-el-no-pintor

Marcel, en 1915 va a Nueva York, ciudad que rápidamente se convirtió en el centro de la vanguardia artística, vinculándose allí con un grupo de artistas que, a la vez, eran buenos ajedrecistas, entre ellos el coleccionista y escritor Walter Arensberg (1878-1954), el poeta Alfred Kreymbord (1883-1966), el profesor  Ernest Southard (1876-1920) y, fundamentalmente, el influyente artista, y futuro inseparable compañero de ruta, Man Ray (1890-1976).

Duchamp, como fuera dicho antes, fue en principio un pionero de lo que habría de denominarse arte conceptual. Y su postura sobre el “ready-made” (“ya hecho” o “confeccionado”), será un paso más, el decisivo que dará el artista y, con ello, un cambio radical de un arte que era conmovido en sus propias entrañas. Con ella se comenzó a poner el acento en lo que se “encuentra”, dotando a los objetos hallados de un sentido artístico a la hora de la exhibición, generando un efecto muy sorprendente en el espectador. Con ese concepto Marcel se adelantó al movimiento dadaísta.

Colocar un urinal en una sala de arte fue, en ese camino, toda una provocación y, a la vez, una genialidad. Lo hizo en 1917. Pero poco antes, en ese mismo año, inició el camino al presentar un perchero, en una exhibición que bautizó bajo el nombre Trébuchet, todo un guiño para el mundo ajedrecístico. Es que ese término del idioma francés se usa para hablar de una especie de trampa que implica que el que deba jugar, al hacerlo, perderá inexorablemente material.

Trébuchet, la obra de Duchamp, y una posición ajedrecística que representa el uso de esa expresión, en https://lamanzanadeladiscordiarte.blogspot.com/2019/10/

Las por muchos incomprendidas ideas de Duchamp implicaron, a la vez, una fuerte crítica a la institucionalidad y a una suerte de fetichismo instalado en la apreciación de las obras de arte. Con ellas el artista provocó enormes tensiones, incluso dentro del mismo círculo surrealista que otrora integrara. Duchamp, a su modo, interpeló las bases mismas en las que hasta su aparición se asentaba el arte. Se trataba de conceptualizar y no meramente de observar.

Siempre Marcel supo dar un paso más, extendiendo los márgenes. Por eso habrá de ser considerado. al cabo de todo, como uno de los artistas más influyentes de todo el siglo XX. Su idea de que el arte estaba en el pensamiento, y no en la mirada, fue toda una revelación. La mente, y no los ojos, a partir de ahora será el factor eficiente y principal en el camino de la búsqueda de belleza. Duchamp es al arte lo que Galileo Galilei (1564-1642) fue a la ciencia.

Por supuesto que su postura no necesariamente será comprendida. Por caso, el prestigioso crítico de arte austriaco-británico Ernst Gombrich (1909-2001), en su emblemática obra, sólo le dedica a Duchamp un párrafo, y nada halagüeño por cierto. Allí afirma:

“Podría haber  hablado de este grupo de los dadá en la sección del capítulo precedente dedicada al primitivismo…era deseo de aquellos artistas transformarse en niños y darle una higa a la solemnidad y la pompa del Arte con A mayúscula. No resulta difícil comprender tales sentimientos, pero a mí siempre me ha parecido un tanto incongruente registrar, analizar y enseñar estos gestos del antiarte con la misma solemnidad, por no decir pompa, que ellos se habían propuesto ridiculizar y abolir…El artista francés Marcel Duchamp (1887-1968) adquirió fama y notoriedad en base a coger cualquier objeto (al que él llamaba ready-made (ya hecho)) y firmarlo, y otro artista mucho más joven,  Joseph Beuys (1921-1986), que siguió sus pasos en Alemania, sostenía que él había ampliado la noción de arte”.

La Historia del Arte, contada por E. H. Gombrich, pp. 601-602, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1999


Quizás para evitar ser enrolado en la guerra mundial (¡eran tiempos difíciles!), el artista se embarca hacia lo más al sur posible, arribando a Buenos Aires tras una larga travesía de veintiséis días en el barco Crofton Hall. En la ciudad de destino permanecerá unos nueve meses,entre 1918 y 1919. donde alquilará dos departamentos, uno en la calle Alsina N° 1743, en la zona del Congreso (lo habita en el primer tiempo con su compañera de excursión, Yvonne Chastel y otro en Sarmiento 1507 (que usará de estudio). Chastel había sido la esposa del artista suizo-francés Jean Crotti (1878-1958) y, en una voltereta del destino en el marco de un círculo algo cerrado, se casará más tarde con Suzanne, la hermana de Duchamp.

La última de las locaciones consignadas estaba muy próxima al Club Argentino de Ajedrez, donde Duchamp despuntaría la práctica del objeto de su pasión: de hecho, la entidad lo acepta como asociado el 31 de enero de 1919. El artista en una de sus cartas dirá que fue en ese sitio en el que toma lecciones de un reconocido maestro local.

Acta del Club Argentino de Ajedrez del 31 de enero de 1919, gentileza Juan S. Morgado

El investigador argentino Juan Sebastián Morgado entiende que pudo haber sido su mentor Benito Villegas (1877-1952), futuro campeón nacional, vencedor en el Club Argentino de la primera edición en 1905 de su competencia interna, lo que repetirá en la siguiente correspondiente a los años 1906/1907). Villegas fue una de las grandes figuras del ajedrez local del primer tercio del siglo XX.

Pero también pudo haber ejercido ese rol de maestro el ajedrecista norteamericano (de padres cubanos) Rolando Illa (1880-1937), habida cuenta de que fue el campeón de esa entidad en 1910, y entre los años 1912 y 1919. Lo cierto es que Duchamp, en una de sus cartas de marzo de 1919, expresó: “Tomo clases de ajedrez con el mejor jugador del club“.

Al decir de los resultados, al menos hasta entonces, ese lugar de privilegio lo ocupaba Illa, aunque acechado por Villegas quien, entre septiembre y noviembre de 1918, ganó el torneo interno delante de Illa y de Juan Lynch (que quedaron a media unidad del vencedor). Sin embargo, en el mes de diciembre, Villegas fue derrotado claramente en el match por el título por un Illa que se impuso por 3,5 a 0,5.

Con todo, Morgado es bien consistente cuando prefiere la hipótesis Villegas al sostener que este era el “…único que hablaba de teoría de aperturas y de estrategias y podía estar “noche y día” en el Club o en los cafés. En cambio, Lynch las odiaba, e Illa las ignoraba“. El mentado Julio Lynch (1880-1947) era otra de las grandes figuras, campeón en 1908 y 1911 de un club que, para entonces, concentraba a lo más granado del ajedrez vernáculo.

Lo cierto es que Duchamp no dio pistas de quién fue su instructor en la Argentina. En sus cartas no lo aclara. Y, quizás avalando la tesis Villegas, podría creerse que difícilmente hubiera omitido consignar en esas epístolas que Illa había nacido en la Nueva York de sus amores.

También se sabe que desde Buenos Aires jugó partidas por cable con el antemencionado Arensberg, quien estaba en Nueva York. Para ello Duchamp diseñó un código que le permitía transmitir las movidas de forma tal de economizar los costos: asimismo creó algunas estampillas alusivas. Con todo lo más relevante, en términos de creatividad, será que concebirá unas hermosas piezas que se denominan, muy apropiadamente, “Buenos Aires”. Un artesano local lo ayudó a resolver el caso más difícil: el caballo, uno que tendrá, particularmente, una hermosa forma.

Las piezas “Buenos Aires” diseñadas por Duchamp, en https://blogs.20minutos.es/trasdos/2015/01/05/ajedrez-on-line-contra-marcel-duchamp/
Pieza del caballo diseñada en 1919, en http://www.edochess.ca/batgirl/Imagery_of_Chess_no9.html

De sus recuerdos argentinos se destaca una opinión no del todo favorable de un sitio que, a su juicio, tenía habitantes “de rostros oscuros y adormecidos”. Abundando en la crítica (parece que esos eran tiempos de cierta oscuridad personal para un artista que estaba lejos y en creciente soledad), diría que:

No es nada más que una gran población provinciana con gente muy rica sin pizca de gusto, que todo lo compra en Europa, hasta las piedras de sus casas. No hay nada hecho aquí… Hasta he encontrado un dentífrico francés del que me había olvidado por completo en Nueva York”.

Esa fue la etapa en donde el ajedrez quizás lo absorba en mayor medida en toda su existencia. Hasta pensó que el fanatismo podía conducirlo a caminos peligrosos. En una carta fechada en Buenos Aires en el mes de diciembre de 1918 al respecto dirá:

“Tengo la impresión de que estoy a punto de convertirme en un fanático del ajedrez. Todo cuando me rodea adopta la forma de un caballo o de la reina y el mundo exterior carece totalmente de interés para mí, salvo en su traducción como conquista o pérdida de posiciones”.

Visto ese nivel de obsesión es que su compañera Chastel lo deja, tan en el sur, con su ajedrez y con sus búsquedas. En esas condiciones, es inquietante que en el film argentino Todo lo que veo es mío, se lo presente a un Duchamp entregado a placeres sexuales desenfrenados y adicciones que lo vinculan a la cocaína. Hay otro planteo, en este caso interesante, en esa película: ¿se habrá encontrado aquí con el poeta y boxeador suizo Arthur Cravan (1887-1918), otro precursor del dadaísmo, quien había viajado al sur desde México con destino final misteriosamente incierto? Cravan es recordado cuando fue invitado en Nueva York en 1917 por Duchamp y otro pintor francés, Francis Picabia (1879-1953) a dar una conferencia en la Grand Central Gallery sobre los artistas independientes de Francia y de América. En ella el invitado aparece en la sala titubeante y visiblemente borracho, da un golpe sobre la mesa y empieza a desvestirse, por lo que la policía se lo lleva esposado mientras que él grita su indignación ya que de eso se trataba, de hacer un ejercicio de plena libertad. Cosas del naciente dadaísmo.

Por lo pronto, en Buenos Aires, un lugar tan lejos de su Paris de origen y de su Nueva York de adopción, se habrá de enterar, a poco de llegar, de la muerte de su querido hermano Raymond. Para peor, más tarde, sabe que su amigo Apollinaire había asimismo fallecido. Era evidentemente un tiempo de oscuridad, como se sugirió antes.

Lo cierto es que, tras su estadía en Buenos Aires, más allá de todos los cuestionamientos que recibió la urbe que lo acogió, Duchamp ya no sería el mismo. Aquí, más allá de su frenética pasión por el ajedrez, produjo cuatro obras (además de las piezas Buenos Aires ya señaladas). Esta experiencia sudamericana fue crucial para el artista a punto tal de que la crítica de arte Rosalind Krauss (nacida en 1941), en su libro The Optical Unconscious, se interroga sobre si ese viaje a la Argentina no marcó el comienzo del rechazo de Duchamp a la visión modernista que predominaba por entonces. Por otro lado, mucho se especula en el sentido de que esa estancia tan lejos de todo su mundo de referencias, significó un vuelco de preferencias de Duchamp por el ajedrez, en vez de por el arte.

Todo lo que veo es mío, trailer de la película argentina de 2017 de Mariano Galperin y Román Podolsky, donde se refleja el paso de Duchamp por Buenos Aires

De su manía por el juego, despertada en tierras bonaerenses, hablan varias cartas que el artista remitió a algunas de sus relaciones:

“... Por el momento juego al ajedrez solo: he recortado de las revistas unas cuarenta partidas de Capablanca, que tengo intenciones de reproducir.
Es probable también que ingrese al club de ajedrez local, para ponerme a prueba nuevamente.
Me hice hacer un “set” de sellos de goma (diseñados por mí) con los que marco las partidas. Adjunto un ejemplar para Walter…”

Carta a Louise Arensberg, Buenos Aires, 7 y 10 de enero de 1919 


“…Yo pude trabajar mucho sin vida de café ni salidas nocturnas. Me lancé al juego de ajedrez. Pertenezco al club local y, de las 24 horas del día, paso un buen número ahí…”

Carta a Jean Crotti, Buenos Aires, domingo 9 de marzo de 1919

“—Juego ajedrez a lo loco. Formo parte de un club local donde hay algunos jugadores muy buenos clasificados por categorías. Todavía no he tenido el honor de ser clasificado y practico con varios jugadores de 2da y 3ra categoría, perdiendo y ganando según el día.
Tomo clases de ajedrez con el mejor jugador del club, que enseña admirablemente bien y gracias a quien estoy haciendo progresos “teóricos”__
Así que había pensado que de regreso a Francia podría quizá jugar con Walter al menos vía telegrama__
Encontré en un libro la manera de jugar por cable reduciendo los costos de tel. del envío__
Les explico cómo es y les pido que guarden este papel hasta julio__ Si reciben un extraño telegrama desde Francia, ese será el inicio de una partida de ajedrez.”

Carta a Louise y Walter Arensberg, Buenos Aires, finales de marzo de 1919

Es interesante destacar que en el Club Argentino de Ajedrez, ya instalados en el siglo XXI, se habrán de jugar varios torneos que recibirán el nombre de Magistral Marcel Duchamp. Otra reconocida entidad argentina, la Organización Marcel Duchamp, promueve actividades relacionadas al juego en la Argentina y el exterior, con lo que la impronta Duchamp está bien vigente en ese confín del planeta que lo supo albergar al artista en un momento tan especial de su vida.

Regresando a la ilación temporal, de vuelta en Nueva York, y ya finalizada la Primera Guerra Mundial, se lo ve a Duchamp en 1920 en el famoso Marshall Chess Club jugando una y otra vez todas las noches. Una carta suya de 1921 a Picabia da cuenta de su ambición por convertirse en profesional del ajedrez. Esto causó el malestar de André Breton (1896-1966), el creador del surrealismo, que le reprochó a Duchamp que no privilegiara el arte al dedicarse, en demasía, al ajedrez, diciendo sobre e punto:

“Cada día nos trae nuevas indicaciones de las decepciones que hemos de tener el valor de admitir, por ninguna otra razón más que como una medida de higiene mental y para  inscribirla horriblemente en el debe de la balanza de la vida. Con todo hay muy pocas excepciones, que conciernen a  gente en quien, demasiado generosamente, hemos depositado nuestra confianza y esperanza. Darle libertad a Duchamp no era para que abandone  el juego que estaba jugando, en la vaga proximidad de los años de la  guerra, por un juego interminable de ajedrez que puede dar una idea extraña de una mente poco dispuesta a servir…”.

Segundo Manifiesto del Surrealismo de 1930

En esos años, contrariando a su dolido colega, Duchamp representará al mencionado club y participará de unas simultáneas dadas en el otoño de 1922 por el campeón mundial, el cubano José Raúl Capablanca (1888-1942) quien venciera al artista (y a otros 19 rivales, de entre los 24 que ese día enfrentó).

El primer torneo de relevancia de Duchamp fue el de Bruselas, disputado entre el 20 y el 31 de octubre de 1923, en el marco de la primera copa nacional belga, la que fue obtenida por el local George Koltanowski (1903-2000), quien es escoltado por el rumano Emanuel Sapira (1900-1943). En esa oportunidad Duchamp obtiene un excelente tercer puesto, entre once jugadores, tras caer frente a los que lo antecedieron en la tabla, y permanecer invicto con los restantes concursantes: vence a siete de ellos, entre ellos al buen jugador local Edgard Colle (1897-1932) y entabla con el restante.

Partida Duchamp vs. Edgard Colle, Bruselas, 1923, en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1742680

De ahí vuelve, tras larga ausencia, a su país, donde militará en el club de ajedrez Rouen. En 1924 integra el conjunto francés que participó en el mes de junio del Torneo de las Naciones en París, el que fue dirigido por el ruso Alexandre Alekhine (1892-1946), futuro campeón mundial y referente galo, tras nacionalizarse en 1927. Se trata de la primera Olimpiada oficiosa y el preámbulo para la conformación de la FIDE, la entidad mundial del juego.

Allí Duchamp, en la instancia clasificatoria (Grupo 7), tuvo dos triunfos, uno ante el neerlandés Alexander Rueb (1882-1959), quien será consagrado Presidente de la naciente entidad mundial, y tres derrotas; no arriba a la final principal y, en la de consuelo, hará cuatro puntos en ocho, con tres triunfos, tres derrotas y dos empates, uno de ellos, en la despedida, ante el argentino Valentín Fernández Coria (1886-1954).

Partida Alexander Rueb vs. Duchamp, Torneo de las Naciones de París, 1924, en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1579970

Uniendo ajedrez y arte, 1924 es muy importante ya que Duchamp aparece, en tanto actor, junto a Man Ray en el cortometraje Entr´acte, una pieza que es un ícono del movimiento surrealista, bajo la dirección de René Clair (1898-1987), con guion compartido por el cineasta francés con nuestro conocido Picabia, quien oficia también de actor, y con música del compositor Éric Satie (1866-1925), otro galo que fue precursor del minimalismo y del impresionismo.

El film, de clara vocación experimental, que podría estar inspirado en la figura atractiva del ya mencionado y malogrado Cravan, quien alguna vez aseguró: “Los imbéciles solo ven la belleza en las cosas bellas”, quien desapareció en una travesía por barco que desde México tenía como rumbo la Argentina, es un carrusel de imágenes y de sensaciones. La base argumental se centra en un cortejo fúnebre que exhibe, a la vez, una connotación siniestra cuanto cómica.

En la sucesión de fotogramas hay uno que especialmente nos interesa: en los altos de un teatro de París, se observa a dos hombres jugando una partida de ajedrez, tan enfrascados en el juego que, casi en una exhalación, y sin que se percaten de lo que sucedía en su derredor, terminan desapareciendo luego de que un torrente de agua, que no es precisamente producto de la lluvia, cae desde las alturas, mojando el tablero y tumbando a los trebejos que estaban sobre él. Los protagonistas de esa escena son Duchamp y Man Ray, artistas inseparables.

Marcel Duchamp y Man Ray jugando al ajedrez en los tejados del Théâtre des Champs Elysées en París, en https://atmostphereblog.wordpress.com/2015/05/26/manray-duchamp/

En la breve secuencia se aprecia que, sobre el respectivo tablero, se sobreimprime la imagen de una rotonda de una ciudad, en la que se representan numerosos automóviles girando en torno a un gran monumento que corona la plaza central en forma de obelisco. Primero, Duchamp y Man Ray ofician meramente como sorprendidos testigos de lo que sucede en la superficie cuadriculada estática, esa que se halla intervenida por esa otra realidad; luego, sobreviene la aludida caída de agua furiosa, desapareciendo los protagonistas súbitamente de la imagen tras esa suerte de temporal.

Quienes vean este film, de insuperable nivel de calidad, seguramente quedarán conmovidos por su originalidad, su particular vértigo inicial, y la interesante y larga escena de cierre, en la cual se presenta un cortejo mortuorio que, entre otras peculiaridades, en el marco de un clima festivo que en la tradición occidental no suele asociarse a un momento de esa naturaleza, se aprecia que el carro es tirado por un camello en vez de por el convencional caballo. Una evidencia, otra más dentro del relato, de surrealismo puro.

Se culmina la trama de una forma tan sorprendente cuan inolvidable, con un virtual doble final, destacándose el ingenio del creador quien, al exhibir a un mago resucitado (el que antes ocupaba el féretro), lo presenta blandiendo su varita mágica y, con ella, todo lo que le circunda se encarga de hacer desaparecer, incluso a sí mismo como persona, y al propio film.

El film de Rene Clair Entr´acte, en https://archive.org/details/ArteReneClairwFrancisPicabiaErikSatieEntracte1924

Los años siguientes serán para Duchamp de gran dedicación al juego. En ese clima personal terminará el artista la década del 20 y comenzará la del 30. En 1924 se impone en una competencia en Haute Normandie y, desde ese mismo año, participa en varios torneos de París, en el que se impondrá en 1932, junto al buen ajedrecista ruso (radicado en Francia) Yevgueni Znosko-Borovski (1884-1954).  

Un momento particularmente importante para él desde lo deportivo fue cuando en París, en 1929, logró derrotar a Koltanowski quien, a la sazón, era su amigo desde hacía al menos un lustro.

Planilla de la partida Koltanowski vs. Duchamp, París, 1929, en https://www.ajedrez365.com/2020/02/libro-la-pipa-de-duchamp.html
Partida Georges Koltanowski vs. Duchamp, París, 1929, en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1080563

Si bien su mejor ubicación en el ranking mundial, conforme la medición oficiosa de Chessmetrics, fue la número 95, obtenida en enero de 1931, durante este torneo de París de 1929, Duchamp alcanza un equivalente de ELO de 2.455 puntos en el marco de una competencia desarrollada en enero de 1930, en la que se impuso el polaco-francés Savielly Tartakower (1887-1956), en la que jugarán, además, Colle, la campeona mundial femenina Vera Menchik (1906-1944), el inglés (nacido en Turquía) George Thomas (1881-1972) y Znosko-Borovsky.

Por otra parte, será animador de los campeonatos nacionales galos (una de sus ambiciones fue obtenerlo, pero ello no habrá de suceder), de 1925 a 1928. Este último año comparte la punta en un torneo en Hyeres, a la par de otros dos jugadores. En aquel 1925, en su algo olvidada para entonces faceta de artista, hizo el poster con el que se presentaba la prueba disputada en Niza en el mes de septiembre.

Poster de Duchamp para el campeonato francés de 1925, en https://www.moma.org/collection/works/5291

Esa ciudad en la costa del Mar Mediterráneo será muy importante para Duchamp por un motivo diverso. El artista se casó allí, en junio de 1927 con Lydie Sarazin-Levassor (1902-1988), a quien había conocido poco antes (en marzo de ese mismo año). Mas las cosas no funcionarían debidamente: resulta que el artista, en esa ciudad de la bella Costa Azul francesa, y en plena luna de miel, se la pasaba en un club de ajedrez, bajo los reproches de su flamante esposa. Man Ray, quien filmó la ceremonia de matrimonio de la pareja (y Picabia fue testigo de boda), dijo que ella incluso le adhirió con pegamento al tablero las piezas para inmovilizarlas. El conflicto derivará en un divorcio que prontamente se concretará: en enero de 1928.

Reparando en todo esto, Sarazin-Levassor, quien era escritora pero no estaba demasiado vinculada al mundo del arte y evidentemente llegó a detestar el ajedrez (le provocaba celos enfermizos), escribirá un libro de sugestivo título Un échec matrimonial: le coeur de la mariée mis à nu par son célibataire même (Un fracaso matrimonial: el corazón de la mujer al desnudo por su aún célibe marido). Nótese el juego de palabras al usarse el término échec (fracaso), tan emparentado a nivel sonoro con el de échecs (ajedrez; y también el plural de fracaso). En el texto autobiográfico la exesposa de Duchamp dirá sobre su relación con el juego, ahora más compresnivamente, lo siguiente:

“Yo no sentía gran simpatía por Man Ray, al que encontraba más bien indiscreto; pero me emocionaba mucho ver el afecto y la deferencia que demostraba por Marcel. En ese entonces, casi cada tarde, después de cenar, se organizaba la inevitable partida de ajedrez, la cual duraba más de dos horas durante las que yo contenía mi genio encendiendo cigarrillo tras cigarrillo, esperando con impaciencia el momento de volver a la calle Larrey, y de estar por fin a solas. No es que el ajedrez no me interesara como se ha pretendido, sino que estaba tan enamorada de Marcel que me ponía celosa del tiempo que se me robaba. Me parecía que aquella interminable partida interrumpía e incluso destruía el clima en el que nos encontrábamos y pensaba que Man Ray carecía de tacto al acaparar así al que yo consideraba como una propiedad personal. Yo no había comprendido todavía que la evasión que proporciona el juego del ajedrez era tan absolutamente necesaria para Marcel como el aire que le gustaba tanto respirar profundamente, que el lado abstracto de la especulación del pensamiento atrapaba las ideas pequeñas que llenaban su mente”.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-2699-2005-12-18.html

Las Olimpíadas lo verán a Duchamp representando a su país, a excepción de la primera oficial que se disputó en Londres en 1927 año que, como hemos visto, lo tenían al artista muy ocupado en cuestiones más personales. En La Haya, a fines de julio y comienzos de agosto de 1928, tendrá un debut en el equipo, registrando al cabo de la prueba una actuación discreta, con un triunfo, ante el gran jugador letón Vladímir Petrovs (1907-1943), once empates, uno de ellos ante el primer campeón argentino Damián Reca (1894-1937), y cuatro derrotas.

En julio de 1930 se desarrolla la tercera Olimpíada y, ya con Alekhine al frente del conjunto galo (¡ganará las nueve partidas jugadas!), Duchamp asume el cuarto tablero, donde nuevamente tendrá una sola victoria, para acumular seis empates, uno muy bueno ante el norteamericano Frank Marshall (1877-1944) y otro ante Petrovs, y sumar ocho derrotas.

Praga será el sitio del próximo encuentro olímpico, que se hará en julio de 1931, momento en el que Duchamp es llevado a la posición de reservista. Nuevamente alcanzará un solo triunfo, con tres derrotas y cinco empates.  

Entre esta Olimpíada y la próxima, que será para él la última, Duchamp escribe en 1932 un manual sobre finales de partida, junto con el jugador francés (nacido en Ucrania) Vitaly Halberstadt (1903-1967). El libro, titulado L’opposition et les cases conjuguées sont réconciliées (La oposición y las casillas conjugadas se reconcilian), se editó en Bruselas, estando enteramente dedicado a una situación de fin de partida en el que todas las piezas mayores fueron previamente capturadas, quedando solo uno o dos peones por bando, por lo que la cuestión de la “oposición de reyes” es clave para imponerse o lograr el empate. Sobre ese texto dijo alguna vez Duchamp:

“La oposición es un sistema que permite llevar a cabo tal o cual operación. Las casillas conjugadas es lo mismo que la oposición, pero se trata de una invención más reciente a la que se ha dado un nombre distinto. Naturalmente, los defensores del antiguo procedimiento se estaban peleando continuamente con los del nuevo. Añadí “reconciliados” debido a que encontré un sistema que suprimía la antítesis. Ahora bien, los finales de partida en los que se juega eso […] no se presentan en la vida más que una vez. Se trata de problemas de posibles finales de partida, pero tan raros que casi son utópicos.».

Por su contenido, orientado a la fase postrera del juego, esta obra parece que fue muy influyente para que Samuel Beckett (1906-1989), el gran escritor irlandés, su amigo y con quien compartió tertulias intelectuales y ajedrecísticas, concibiera su gran trabajo teatral llamado, precisamente, Fin de partida.

En Folkestone, Inglaterra, se disputará la quinta Olimpíada, la última en la que participará. Será en el mes de julio de 1933, en la que Francia presenta un equipo encabezado de nuevo por Alekhine, como en las dos ocasiones anteriores, con Duchamp en el cuarto tablero. Otro pobre resultado para su haber, ya que ganará su acostumbrada única partida, empatará en dos ocasiones y caerá nueve veces.

Partida Duchamp vs. Movsas Feigins, Folkestone, 1933, en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1606304

La recorrida olímpica, al cabo de todo, le arrojó el pobre resultado de cuatro triunfos, veintidós empates y veintiséis derrotas. Seguramente el perspicaz Duchamp advirtió que lo suyo, con estos resultados, y al no haber podido conseguir su soñado cetro francés, no era precisamente orientarse al ajedrez profesional. En ese sentido Folkestone pudo haber sido un punto de inflexión para el artista, desde la perspectiva de las competencias deportivas, de las que parece correrse, al menos de forma sistemática.

Aunque se lo verá más tarde en alguna que otra, como por ejemplo en una disputada en el mes de agosto de 1947 en Nueva Jersey, EE. UU e, incluso, venciendo en las preliminares de una competencia organizada en 1948 por la New York State Chess Association. Evidenciando cierto reverdecer frente al tablero, participa de futuras ediciones anuales de esta prueba, hasta 1953, inclusive, y también en 1957, la que fue obtenida por el gran ajedrecista norteamericano Larry Evans (1932-2010) con quien cultivará una amistad.

Pero el ajedrez, desde luego, no se alejará de su poderoso radar. Ya sabemos que lo tuvo presente en pinturas, en dibujos, en sus participaciones cinematográficas, en exposiciones y en toda instancia en la que pudo conectar el arte con el juego, sus dos grandes y simbióticas pasiones. Por otra parte, ya desde los años 30, disputará torneos por correspondencia, obteniendo algunos, entre ellos uno europeo correspondiente al periodo 1934/1935. En otra faceta siempre vinculada al ajedrez, será delegado de su país ante la FIDE, posición que ejercerá hasta el año 1937.  Tendrá a su cargo, por otro lado, una columna ajedrecística en el semanario parisino Ce Soir.

En este nuevo tiempo,  y ya decididamente orientado a la veta artística, se lo verá en el verano de 1940 en un prodigioso encuentro en Arcacho (localidad cercana a Bourdeaux, Francia) por el cual Duchamp pasó algunas semanas (desde junio a septiembre) con Beckett (y sus respectivas esposas). Este desde 1938 vivía en París, y era otro apasionado por el ajedrez. Ambos, Duchamp y Beckett, compartieron horas y horas discurriendo sobre el juego y practicándolo. De allí vendría la influencia sobre el escritor irlandés a la hora de concebir su clásico Fin (Final) de partida, tal como consignamos previamente.

Otro dato familiar: su hermana Suzanne estuvo casada con un pintor suizo, Jean Crotti (1878-1958) quien, como su cuñado, era fanático del ajedrez. Crotti, Duchamp y Beckett, solían cenar en la capital francesa en una casa ubicada en el N° 135 bis del Boulevard de La Plage y, vistas sus compartidas aficiones, no sería de extrañar que allí desplegaran su actividad frente a un tablero. Por otro lado es sabido que ellos quedaron muy impresionados por poder interactuar con el ruso Alekhine, radicado en la ciudad luz desde los años 20.

Con la ocupación nazi en 1942, Duchamp pudo emigrar junto a su nueva compañera, la reconocida artista norteamericana Mary Reynolds (1891-1950) a Nueva York: lo hicieron vía Marsella y Casablanca. Ambos eran parte de la Resistencia, particularmente ella era muy activa, por lo que ante el avance enemigo el peligro se cernía sobre sus cabezas. Ellos se habían conocido en los EE. UU. en 1917, estando ella casada, pero se reencontraron en París, en 1923, y fortalecerán el vínculo íntimo en los años 30, manteniéndolo con algunas intermitencias hasta la muerte de Reynolds que se dio con un Duchamp acompañándola al lado de su lecho,

En los EE. UU. junto a Koltanowski, formará desde aquel mismo año un club especializado: el Greenwich Village Chess Club. Los dos, y el belga también era un refugiado, jugarán un encuentro el 10 de marzo de 1944, ganará Koltanowski y el francés, en prueba de reconocimiento, le obsequiará una pipa autografiada.

En ese 1944 organiza Duchamp una Muestra en la Julien Levy Gallery, en la cual se invitó a treinta y dos artistas (pintores, escultores), entre ellos Man Ray, André Breton, John Cage (1912-1992) y Max Ernst (891-1976), a fin de rediseñar imágenes vinculadas al ajedrez, de forma tal de presentar obras nuevas. Marcel hará el respectivo Catálogo.

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Imagen del Catálogo de la Muestra “Imagery of Chess”, Nueva York, 1944-1945, en http://chessforallages.blogspot.com/2018/09/the-imagery-of-chess-new-york-1944.html
Repercusión de la Muestra en reconocido medio de prensa ajedrecístico

Asimismo, Duchamp ejercerá en su marco, como árbitro de una exhibición de simultáneas a ciegas brindada por un especialista de esa modalidad, su íntimo amigo Koltanowski, quien enfrentará a siete rivales, entre ellos a Max Ernst.

En 1943 diseñará un juego de ajedrez de bolsillo, con piezas de celuloide y de material de cuero: lo llamó Rectified ready-made.

Tras quedar Duchamp viudo en 1950, tendrá un nuevo matrimonio, que concretará en 1954, un año antes de naturalizarse como ciudadano norteamericano, con Alexina “Teeny” Sattler Matisse (1906-1995) quien era una muy entusiasta aficionada al ajedrez. De hecho, ella se unió al Marshall Chess Club y, para mayor alineamiento de los planetas, había sido la anterior esposa de Pierre, hijo de otro gran pintor: Henri Matisse (1869-1954).

De 1956 es una performance de partida viviente que se hizo en Connecticut, EE. UU. bajo la dirección de Duchamp.

Otra imagen de la performance de 1956 dirigida por Duchamp, en http://www.cocosse-journal.org/2013/10/marcel-duchamp-life-sized-chess.html
Duchamp dirigiendo la partida viviente de Connecticut, 1956, en http://www.cocosse-journal.org/2013/10/marcel-duchamp-life-sized-chess.html

El pintor y cineasta alemán-norteamericano Hans Richter (1888-1976) produjo, escribió y dirigió el film experimental 8 X 8: A Chess Sonata in 8 Movements, que se hizo el 15 de marzo de 1957 en Nueva York. Tiene una duración de algo más de 70 minutos. Para Richter, quien en el relato discurre con la asociación del juego al mundo de los mitos:

El ajedrez es tan universal que prácticamente cada situación humana tiene su movimiento correspondiente entre las innumerables posibilidades del ajedrez”.

Hans Richter

Suele decirse que Duchamp codirigió esta obra, mas ello no es así. Su participación se concentra en el primer episodio, titulado Black Schemes (Esquemas negros), aunque seguramente su influencia conceptual e intelectual fue aún mucho más relevante, habida cuenta de que fue el propio Marcel quien introdujo a Richter en la magia del ajedrez. En ese segmento del film también participó Jaqueline Matisse (1931-2021), hija de Alexina (de un matrimonio anterior), la segunda y definitiva esposa de Marcel. Ella asume en el film el papel de la Reina Blanca, a quien se la ve acosada, por momentos violentamente, por varias personas que asumen la representatividad de piezas del bando negro.

Es especialmente interesante la escena en la que el Caballero Negro intenta seducirla, para lo cual practica el tiro al blanco sobre un espacio conformado, en vez de por un círculo (como es lo convencional), por un cuadrado tablero de ajedrez, en donde hay algunas piezas. Lo que sucede con estas, les pasa a los personajes. Si se le clava la flecha al centro del trebejo de la reina, automáticamente la monarca también es alcanzada por ese disparo, que arriba en este caso al corazón de la dama.

Otros artistas que participan de la experiencia, en diversos roles, son el poeta francés Jean Cocteau (1889-1963), el novelista estadounidense Paul Bowles (1910-1999) y el alemán-francés Max Ernst (1891-1976), gran exponente del dadaísmo y otro fuerte interesado en el ajedrez. Ningún actor o actriz, pero todos artistas ¡Y qué portento de artistas!

Al principio del relato se aprecia un manifiesto escrito por el que se apela al gran escritor inglés Lewis Carroll (1832-1898) quien, como es sabido, propuso que Alicia, al atravesar el espejo, pasa de la realidad al otro lado para ser parte de una partida de ajedrez en la que participa como peón (que coronará al cabo de todo en reina). También se remite el trabajo fílmico a Sigmund Freud (1856-1939) por lo que las representaciones pueden ser interpretadas como invocaciones al mundo del subconsciente.

En las imágenes se ve de inmediato a dos hombres que juegan tranquilamente una partida de ajedrez en el parque. Pero, de repente, se comprueba que el tablero estaba atado a la espalda de un personaje, interpretado por el artista Jean Arp (1886-1966), quien deja caer los trebejos cuando se incorpora para huir. Los ajedrecistas, intentan proseguir el juego, aunque ello es imposible, y las piezas irán inexorablemente al suelo, para terminar por penetrar en las grietas de la acera, desapareciendo del plano.

Más tarde, en el transcurso del film, con episodios que cada uno de ellos remite al ajedrez de diversas maneras (entre ellos: “Obstáculo autoimpuesto“; “Medio juego“; “Coronación de peón” y “Movida fatal“), veremos por caso presentada la referencia especular entre piezas y personas: lo que sucede en el juego acontecerá inexorablemente también en la vida, en un guiño que seguramente hubiera deleitado a Carroll.

Podría creerse que estamos en presencia de un delirante relato, si se lo midiera con criterios convencionales. Pero, en el contexto de sus tintes experimentales, el film encierra una propuesta artística encantadora que apela, desde lo argumental y la fuerza de las imágenes, a una búsqueda a los recovecos de la mente. El empleo de metáforas de cautivantes efectos tendrá siempre al ajedrez como elemento central para lograr incursionar en tales profundidades.

Ya en la etapa de madurez, con más de setenta años, Duchamp sigue despuntando el vicio del ajedrez ganando en 1958 y 1959 sendos torneos en Londres en el Terrace Chess Club. De ese tiempo es también su designación como miembro de la American Chess Foundation. El tiempo pasaba y el vínculo con el ajedrez permanecerá intacto.

En marzo de 1961, desde su Nueva York, participará de un encuentro telegráfico contra un conjunto neerlandés, en el marco de una actividad organizada por el Museo de Arte Moderno de Ámsterdam, que tenía la particularidad de ofrecer una jugada nueva por día.

De 1963 es su clásica performance en el Museo de Arte de Pasadena, EE. UU., donde se lo aprecia jugar contra una bella mujer desnuda, que era la artista norteamericana Eva Babitz (nacida en 1943) a la que, desde luego, no le presta la más mínima atención: ¡sólo importaba lo que sucedía sobre el tablero escaqueado! 

Julian Wasser (fotógrafo). Marcel Duchamp y Eva Babitz jugando al ajedrez en el Pasadena Museum. 1963, en https://lithub.com/eve-babitz-on-the-time-she-played-chess-nude-with-marcel-duchamp/

Esta icónica imagen tiene una historia de trasfondo. Babitz propuso la idea de hacerla a Duchamp, para vengarse de su amante, el galerista Walter Hopps (1932-2005) quien, como estaba casado, no la invitó a ella la noche de apertura de la exposición de Duchamp en su galería ya que no quería que se cruzara con su esposa. La respuesta de los artistas fue, como se aprecia, tan contundente como imperecedera.

Una película francesa de 1964, dirigida por el documentalista francés Jean-Marie Drot (1929-2015), llamada Jeu d’échecs avec Marcel Duchamp (Partida de ajedrez con Marcel Duchamp), registra en sus 51 minutos una entrevista con el artista sobre su vínculo con el juego. En el film, que obtendrá un premio en el 7° Festival Anual de Cine de Bergamo, Italia. se aprecia al director jugar una partida de ajedrez con Duchamp, lo que le permite ahondar en las experiencias de vida del entrevistado.

Fragmentos de la película de 1964 en la que se entrevista a Duchamp

En 1965/1966 organiza Duchamp otra Muestra, bautizada Hommage a Caissa (Homenaje a Caissa), a partir de la cual se producen decenas de juegos de ajedrez que luego serán vendidos en la Galería Cordier & Elkstrom de Nueva York.  En ese contexto Duchamp juega al ajedrez con el extraordinario artista español  Salvador Dali (1904-1989) y se presenta una banda musical auspiciada por el norteamericano Andy Warhol (1928-1987). Gracias a estos logros de tamaña constelación de figuras, se recaudan fondos para la American Chess Foundation y se crea el Marcel Duchamp Chess Endowment Fund para apoyar al ajedrez de los EE. UU.

Afiche de la Muestra Hommage a Caissa, en https://artgallery.yale.edu/collections/objects/55600
Hommage a Caissa, Duchamp, 1965, tablero de ajedrez de madera y serigrafía en cuero artificial, exhibida en el Museo de Israel en Jerusalem (en https://www.mutualart.com/Artwork/Homage-to-Caissa–Hommage-a-Caissa-/B381E3B38F843EB6)

Cuando Duchamp en 1966 presenta Étant donnés (La cascada), el mundo del arte se sorprendió ya que se descontaba que Marcel estaba retirado: se suponía que en sus último cuarto de siglo se había dedicado plenamente a su ajedrez. Esa obra, sin embargo, la estuvo paralelamente preparando por dos décadas. La investigadora Astrid Honold (nacida en 1968) puso de manifiesto en uno de sus trabajos la influencia del ajedrez en esa obra póstuma del autor. De hecho en esta pieza póstuma, de la que el artista dejó precisas instrucciones ara su construcción, la base invisible es un tablero en forma de damero. Otra gran definición: ¡Todo se sustenta en un espacio escaqueado!

Se aprecia la base escaqueada en Étant donnés, obra póstuma de Duchamp de 1967
Representación de Étant donnés, obra póstuma de Duchamp de 1967, en https://revistaestilo.org/en/2021/05/22/por-que-marcel-duchamp/#jp-carousel-12849

Un año antes de morir, en 1967, se lo ve a Duchamp asistir al torneo de ajedrez de Montecarlo, Mónaco, existiendo registro fotográfico en el que se aprecia al artista contemplar una partida de Bobby Fischer (1943-2008). Fue en la tercera ronda de la competencia, disputada el 26 de marzo, en la que el rival del norteamericano era el tunecino-francés Guy Mazzoni (1929-2002).  Parece ser que Duchamp, junto a su esposa, tuvo como cometido el de despertar todos los días al genial Fischer (a la sazón su compatriota), a quien venía siguiendo en la evolución de su ascendente carrera desde 1955.

Torneo de Montecarlo, 1967. Duchamp está atrás a la izquierda (en http://deludoscachorum.blogspot.com/2018/11/marcel-duchamp-viendo-jugar-bobby.html)

De ese año previo a su partida es una gran obra escultórica, hecha en bronce, llamada Marcel Duchamp moule vif (Molde vivo de Marcel Duchamp), en la que se aprecia a la propia cabeza de Duchamp vinculada a un tablero de ajedrez, en donde aparece aquel caballo de ajedrez diseñado en Buenos Aires (conseguido con el auxilio de un artesano local). La simbiosis es perfecta, podría suponerse que esa testa, más que estar conectada al espacio escaqueado, se propone como observadora del juego desde una posición privilegiada. Pero, mejor aún, se puede creer que proviene emergiendo desde las propias entrañas del tablero, elevándose a un plano de observación y de íntima y definitiva conexión con el milenario juego.

En marzo de 1968 Duchamp juega una partida de ajedrez con John Cage (1912-1992). Las jugadas que se hacían en el tablero se trasladaban, mediante conexiones instaladas que partían desde el tablero, a un sintetizador, convirtiéndose en sonidos de una electrónica música tan del estilo del célebre compositor norteamericano. La exhibición se hizo en Toronto, Canadá, y al encuentro se lo denominó, muy apropiadamente, Reunion.

Cage, muchos años atrás, se había inspirado en Duchamp para su obra para piano y acordeón, presentada en 1944, la que tituló Chess Pieces.

El 2 de octubre de 1968 Duchamp habrá de fallecer en un suburbio de París. El diario Le Figaro no dudará: su obituario aparecerá en la Sección Ajedrez. ¡Toda una declaración de principios! Contraria y algo curiosamente, en la respectiva nota necrológica publicada al día siguiente de su muerte en el diario Le Monde, no se incluirá ninguna referencia a su vínculo con el juego (en https://www.lemonde.fr/archives/article/1968/10/03/marcel-duchamp-est-mort_2493302_1819218.html).

Los inseparables Duchamp y Man Ray, 1968. Foto Henri Cartier-Bresson, en https://culturacolectiva.com/arte/muerte-de-marcel-duchamp-fue-su-mejor-obra-de-arte

Se ha dicho, y no sin razón, que Duchamp, en vez de ver al ajedrez en tanto refugio, lo consideraba una perfecta expresión del costado cartesiano de su propia esencia. Ponía al juego en un plano social incluso más elevado que el arte. Sólo le reprochaba, aunque no demasiado, que fuera una “escuela del silencio”. Pero reconocía que, gracias a ese pasatiempo, convertido en él en obsesión, había podido obtener la paz y la calma en una ciudad tan bullente como la de Nueva York. Muy hermosamente, alguna vez expresó:

“Las piezas de ajedrez son un alfabeto en bloque que da forma a los pensamientos” (…) “y estos pensamientos, aunque hacen un diseño visual en el tablero de ajedrez, expresan su belleza de manera abstracta, como un poema”.

También aseguró:

“Cuando haces una partida de ajedrez, es como si esbozaras algo, o como si construyeras la mecánica que te llevará a ganar o a perder. El aspecto competitivo del asunto no tiene ninguna importancia, pero el juego en sí mismo es muy, muy plástico, y eso es probablemente lo que me atrajo”.

Permítasenos una elucubración final sobre este artista, que lo fue evidentemente por partida doble (como tal y como ajedrecista, siguiendo su propia línea de pensamiento). ¿No será que, en algún lugar de su inconsciente, o de su alma, Duchamp presintió que la expresión más pura y perfecta del “ready-made” haya sido el propio ajedrez?

Es que podría interpretarse que el juego-ciencia, como pocas cosas en la vida, apela directamente al cerebro, y no a la retina, como antes de su genial contribución se creía que debía limitarse el arte en su forma más clásica. ¡Apreciar una hermosa partida de ajedrez, sin dudas, puede ser considerado, en esta línea de razonamiento, la máxima expresión de belleza, el estado más puro del arte, pues!

Duchamp conjugaba creatividad (su arte conceptual era el mejor paradigma de ello), optimismo (una vitalidad a toda prueba) y amor por el ajedrez. Uniendo esos tres valores acuñó una frase que sería más que representativa de su ser: “Yes and chess” (Sí y ajedrez). Su actitud positiva, su pasión por el juego y su talento, en una sola, corta, exacta y amorosa frase.

En cualquier caso, pasemos de aquella consideración de juego-ciencia a una que le resulta más cercana a Duchamp, la de juego-arte. Duchamp ajedrecista y, siguiendo sus preceptos, por ende artista. Duchamp, en esencia, y a los ojos de todos quienes lo admiraron y admiramos, un artista integral; y uno de los más reconocidos del siglo XX. Decir Duchamp es decir ajedrez. Decir Duchamp es decir arte. Duchamp, en sí mismo, y con su obra y vida, advertimos que es la perfecta representación de la simbiosis posible entre ajedrez y arte.

duchampchess
Duchamp y otra provocación: fotografiarse con tablero y piezas (diseñadas por Max Ernst) mal dispuestos, en https://www.chess.com/article/view/marcel-duchamp-and-chess
BIBLIOGRAFÍA:
Beckett, Duchamp and Chess: A Crossroads at Arcachon in the Summer of 1940;  Harry Vandervlist, en Caliban French Journal of English Studies, en https://journals.openedition.org/caliban/152.

“Buenos Aires no existe”: Recordamos la enigmática y fallida estadía de Marcel Duchamp en Buenos Aires; Leo Balistrieri, 26 de abril de 2021, en https://www.historiahoy.com.ar/buenos-aires-no-existe-n417.
Duchamp en Buenos Aires (1918-1919); Cintia Mezza, Fundación Proa, 2008, en https://www.proa.org/esp/prensa-nota.php?id=9.
Duchamp´s Last Work May Hold On Final Secret; Abigail Cail, The Canvas, 14 de noviembre de 2017,  https://www.artsy.net/article/artsy-editorial-duchamps-work-hold-one-final-secret.
Fin de partida: Duchamp, el ajedrez y las vanguardias; Catálogo de la Muestra organizada por la Fundación Joan Miró, Barcelona, 2016/2017.
‘Finding the right move’: Marcel Duchamp and his passion for chess; Jack Castle, en https://www.christies.com/features/Marcel-Duchamp-his-pipe-and-his-passion-for-chess-7301-1.aspx.
Los años locos del ajedrez argentino; Juan S. Morgado, De los Cuatro Vientos, 2013. 
Luces y sombras del ajedrez argentino; Juan S. Morgado, Editorial Dunken, 2014.
Marcel The King and Queen Surrounded by Swift Nudes (1912) and the Invisible World of Electrons; Linda Dalrymple Henderson, Weber Studies: An Interdisciplinary Humanities Journal, 14 (Winter 1997), 83-101, en https://www.academia.edu/15397056/Marcel_Duchamp_s_The_King_and_Queen_Surrounded_by_Swift_Nudes_1912_and_the_Invisible_World_of_Electrons.
Voyage to the city of the fourth dimensión: Marcelo Duchamp in Buenos Aires, Fundación Proa, 2008.

©ALS, 2021

Notas relacionadas:
La Astrología y el Destino: Marcel Duchamp y sus pasiones. Por Silvia Méndez, en  https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/07/28/la-astrologia-y-el-destino-marcel-duchamp-y-sus-pasiones/.
Marcel Duchamp en Buenos Aires. Por Juan S. Morgado, en https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/07/28/duchamp/.

3 respuestas a “Simbiosis de arte y ajedrez en Duchamp

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