Silvina Ocampo, escritora argentina que incluyó al ajedrez en su obra cuentística

Por Sergio Negri

Una de las escritoras que incluyó al ajedrez tempranamente en el siglo XX en su obra, en el caso de la Argentina, es la notable Silvina (Inocencia) Ocampo (1903-1993) quien, como su hermana Victoria Ocampo (1890-1979), su esposo Adolfo Bioy Casares (1914-1999) y su amigo Jorge Luis Borges (1899-1986), fue una virtuosa de las letras, orientada particularmente a los cuentos, habiendo de referirse al juego en varios de ellos. En El vendedor de estatuas comienza diciendo:

Para llegar hasta el comedor, había que atravesar hileras de puertas que daban sobre un corredor estrechísimo y frío, con paredes recubiertas de algunas plantas verdes que encuadraban la puerta del excusado. En el comedor había manteles muy manchados y sillas de Viena donde se habían sentado muchas mujeres y profesores gordos. Mme. Renard, la dueña de la pensión, recorría el corredor golpeando las manos y contemplaba a los pensionistas a la hora de las comidas. Había un profesor de griego que miraba fijamente, con miedo de caerse, el centro de la mesa; había un jugador de ajedrez; un ciclista; había también un vendedor de estatuas y una comisionista de puntillas, acariciando siempre con manos de ciega las puntas del mantel…”.

Un ajedrecista era un habitante muy posible en un ambiente en el que las riquezas materiales no parecían estar a la orden del día. Por otra parte, en Fragmentos del libro invisible, la milagrosa protagonista, que logró hablarle a su madre cuando ella estaba aún en el octavo mes del proceso de gestación, logra convencerla para que el nacimiento se produzca en Debra Berham (Montaña de Luz), un lugar diferente al de la ciudad de Lobos en cuyas cercanías se aprestaba a suceder ese parto. La prodigiosa niña, luego conocería el lenguaje de los muertos, de las plantas abisinias, de las bestias y de los minerales. Y compondría sendos libros, el de la Oscuridad y el Invisible, cuyas frases imprimió  únicamente en su memoria. Esos textos eran un instrumento de enseñanza. En cierto momento, al filosofar con uno de sus discípulos sobre el misterio de la muerte, se hará la siguiente descripción de algún lugar en el que pueda habitarse en la trascendencia:

“…Las frutas adivinan los deseos de quienes las van a probar, tienen más o menos azúcar, son más o menos ácidas de acuerdo con cada paladar (…) La ausencia de dolores tiene distintos grados de agudeza. En los senderos de los jardines hay piedrecitas en cuyo fondo se encuentran diminutos jardines, millones de diferentes jardines; penetrar en ellos no es imposible. En cada gota de rocío hay otra noche en miniatura, con sus estrellas. Contemplar estas bellezas es un entretenimiento inagotable, pero también hay cosas horribles que no sabría describir sino muy lentamente. Hay pájaros anaranjados, con seis patas y cuatro alas, sin cara, sin ojos. Hay un crisantemo grande como un imperio en cuyos pétalos mil hombres pueden pasearse. Los pensamientos vuelan como las mariposas. (…) Hay un ajedrez de nácar con verdaderas reinas y un ruiseñor mecánico cuyas veinte mil canciones corresponden a cada una de sus veinte mil plumas.”.

¿Ese ajedrez de nácar entre las cosas horribles en un sitio  que se lo supone beatífico? Habrá que seguir el hilo del relato para ver hacia dónde apunta la autora:

Oh, hermanos, reprimid los suspiros, no guardéis luto por los objetos perdidos ni por los hombres muertos. Que la hierba se seque, y que la flor caiga, pero que el pensamiento dure para siempre. Muchos muertos creerán que están en el cielo cuando llegan al infierno; esto no sucede por obra de la misericordia divina ni por la perversidad de un demonio que colmándonos de lujo y de belleza física agota la pureza de nuestro espíritu: esto sucede porque está en la naturaleza del hombre equivocarse…”.

Es un alivio, si el ajedrez, en tanto objeto, nacarado o del material que fuese, podría eventualmente incluirse en un inventario de cosas horrorosas, el ajedrez como concepto, como idea, como pensamiento, durará por siempre. Y en eso el hombre no puede llegar a equivocarse…

Finalmente,  en el cuento Las esclavas de las criadas de su libro Los días de la noche, que apareció en los años 70, en cierto tramo, al aludir al pensamiento de una leal y eficiente criada, la autora presenta a una persona lamentarse por las actitudes de un hijo y de quienes ella creía eran amigas de su patrona moribunda, a este tono:

…Herminia estaba sentada junto a la ventana viendo todas estas cosas. No le gustaba, no le gustaba nada que se hubieran apoderado de esa casa, que se hubieran apoderado de la vida de su patrona, que tantas mujeres frívolas anduvieran por los corredores de la casa, se sentaran en la sala, tocaran los libros, los floreros, las fieras, acariciaran el pelo de las queridas fieras de la señora. Ya era bastante amargura que el hijo se hubiera llevado el piano. ¿No habían forzado la cerradura de una de las vitrinas donde brillaban los abanicos y las piezas de ajedrez de marfil? ¿A qué desmanes llegarían? Qué triste es la vida, pensaba Herminia. Nunca hubiera imaginado que las personas fueran tan malas, la amistad tan falsa, las riquezas tan inútiles…”.

El ajedrez en una vitrina, entre las piezas valiosas; como debería estarlo también la preciada, y por lo visto del relato, defraudada amistad. Vitrina en la que podría incluirse, en caso de ser susceptible de ser materializada, la lealtad de la criada a su patrona que, pese a todo, sobreviviría a tantos ingratos que quisieron aprovecharse de su delicado estado de salud.

Con estos cuentos Silvina Ocampo se coloca, como tantos de los literatos argentinos del siglo XX, y particularmente de aquellos que le fueron tan cercanos, en el panteón de los escritores que no dudaron en recurrir al ajedrez a la hora de concebir el producto de su talento y de sus inquietudes expresivas.

Silvina Ocampo, foto de 1959

©ALS, 2021

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s