La “hormiguita” Jacobo Bolbochán. Semblanza en “La generación pionera (1924-1939)”

Por Sergio Negri y Enrique Arguiñariz

Este texto fue incluido en el primer volumen (2012) de la colección HISTORIA DEL AJEDREZ OLÍMPICO ARGENTINO, editada por el SENADO DE LA NACIÓN ARGENTINA 

Jacobo Bolbochán (1906-1984) es el mayor de dos hermanos que tanto le han dado al ajedrez nacional. Del otro, de Julio, hablaremos en una próxima obra, cuando se aborde lo sucedido con la Argentina en las Olimpíadas que se disputarían a partir de la década de 1950.

Jacobo Bolbochán, en este lapso previo, obtiene sendas medallas (de bronce) para la Argentina, siendo el único connacional que logra esta clase de doblete. En su debut olímpico en Varsovia 1935 obtiene su primer bronce, con  12,5 en 19 (seis triunfos, doce empates y apenas una derrota). Juega nada menos que en el segundo tablero, con un rendimiento promedio del 63%.

El comienzo fue de paridad con dos tablas, un triunfo y una derrota pero, tras perder el invicto en la temprana cuarta ronda (con el húngaro Andor Lilienthal, que se alzaría con el oro), Bolbochán despliega un cierre de torneo magnífico, con cinco triunfos y diez empates. Un destacado triunfo ante el checo Karel Opočenský  y sólidas tablas con el austríaco Rudolf Spielmann, el sueco Gösta Stolz, el letón Fricis Apsénieks, el yugoslavo Vasja Pirc y el polaco Paulin Frydman, entre lo mejor en este torneo de Jacobo Bolbochán, para alcanzar su primera medalla olímpica.

En  Estocolmo´37 cae mucho su producción ya que, con 4½ en 12 (38%), luego de dos triunfos, cinco empates y cinco derrotas, fue el  peor (y con margen) del elenco nacional en esos Juegos[1].  En ellos volvió a jugar básicamente en el segundo tablero (aunque alternando por momentos en el primero).

El comienzo fue fatídico para Bolbochán, sin conocer lo que era ganar, y con un punto y medio en cinco (logra un empate en el primer tablero con el yugoslavo Pirc y pierde, en esa misma posición, nuevamente con el húngaro Lilienthal). Luego  le gana al belga Alberic O´Kelly de Galway, dándole paso a una serie aún peor, ya que hace uno en cinco (incluye derrotas con el checoeslovaco Salomon -Salo- Flohr y el estonio Paul Keres, en el primer tablero, y tablas con el polaco Miguel Najdorf en el segundo). Termina con una victoria en el primer tablero, ante el islandés Eggert Gifer,  que lo dejaría un poco mejor parado pero, evidentemente, este no fue el torneo más propicio para Jacobo Bolbochán.

Pero volvería por sus fueros en Buenos Aires en 1939, donde reitera su medalla de bronce de cuatro años atrás, al hacer 13 en 19 (68%), en su mejor performance olímpica, ya que obtiene diez triunfos y seis empates, para caer tres veces. Se transforma en el mejor argentino de la competencia, esta vez en solitario, repitiendo lo de Varsovia (cuando fue el mejor, en ese momento junto a Isaías Pléci).

Jacobo Bolbochán

En la fase clasificatoria comienza con una derrota inesperada, ante un islandés, pero se recupera en esa etapa con dos triunfos (uno ante el danés Christian Poulsen)  y tres empates, jugando siempre de segundo tablero. En la final sigue magníficamente, con tres triunfos consecutivos iniciales (le gana al lituano Markas Luckis en el tercer tablero, al que se le suman dos más en el segundo, uno de ellos ante el checo Jan Foltys). Luego cae con el alemán Ludwig Engels (que es medalla de oro más tarde con espectacular 86% de rendimiento), jugando en el tercero.

Bolbochán habría de terminar el torneo jugando siempre de segundo tablero. Se recupera de la derrota anterior con cuatro triunfos y dos tablas (le gana al letón Apsénieks, y de nuevo a Poulsen, y empata con el polaco Najdorf), pierde con el sueco Nils Bergkvist y termina con un empate y otro nuevo triunfo (ante el estonio Ilmar Raud).

Como expresión general de las Olimpíadas, podría afirmarse que lo de Bolbochán fue muy relevante, con dos medallas de bronce y siendo el mejor argentino en sendas ocasiones. Pero, su muy punto bajo de Estocolmo afecta el promedio, y hace que lo suyo se convierta en desparejo. En lo global alcanza un 59% de los puntos en disputa, con dieciocho triunfos, veintitrés empates y solo nueve derrotas.

Jacobo Bolbochán, que había nacido en Azul (Provincia de Buenos Aires), no solo brilló en las Olimpíadas. Llegó a Buenos Aires en 1924, con dieciocho años, y ese mismo año se lo sabe voraz lector de los diarios en los que se comentaba sobre el magno torneo de Nueva York[2]. En 1926 se presenta en el Club Argentino de Ajedrez, donde transcurrirían los comienzos de su larga carrera. En 1930 se adjudicó el torneo de Bodas de Plata de esa entidad. Fue, además, permanente animador de numerosos campeonatos argentinos.

En la edición de 1931 gana el torneo, adquiriendo el derecho de  desafiar a Pléci, al que vence claramente por 6 a 3, transformándose en el nuevo campeón nacional. En 1932, si bien juega[3], y sale tercero, detrás de Pléci y Roberto Grau,  Retiene luego el título al derrotar a su desafiante Pléci en el match que disputan, en el que lo vence por 5½ a 1½. En 1933 debe resignar el título ante Luis Piazzini, ya que cae derrotado por 5½ a 2½. En 1934 figura cuarto, para volver a ganar el torneo al año siguiente, siendo derrotado por el campeón Grau por 5 a 3. En 1936 fue segundo, detrás de Carlos Guimard. En 1937 gana el torneo, con once triunfos, seis empates y una derrota (pero desiste en desafiar al campeón Guimard). En 1938 queda cuarto y en 1940 comparte la quinta posición.

Los años pasaban y Jacobo Bolbochán seguiría animando los torneos nacionales (pero ahora acompañado por su hermano Julio, quien asomó a ellos en 1939). En 1942 es subcampeón (gana Herman Pilnik), en 1944 es quinto, en 1945 otra vez secunda a Pilnik, y en 1946 empató el tercer lugar (tras su hermano Julio y Pilnik). Luego de unos años de ausencia, comparte en 1950 el primer puesto con Carlos Maderna y Enrique Reinhardt (en el desempate queda segundo de aquél). En 1952 es segundo de Rubén Shocrón, en 1953 queda en un lejano, para los que nos tenía acostumbrados, decimotercer puesto.

Todo se iría haciendo cada vez más esporádico. En 1958 es décimo, y se despide de los torneos nacionales, obteniendo esa misma colocación, en 1965, con lo que fue finalista de los campeonatos argentinos: ¡En una notable distancia temporal de treinta y cuatro años!

Su estilo de juego posicional le valió el mote de “Hormiguita”. Jacobo Bolbochán corona su rica trayectoria al obtener el título de maestro internacional en 1965, a la edad de 59 años.

Fue también destacado en la enseñanza del ajedrez, en particular en el club Jaque Mate, al que había ingresado en 1929,  donde ejerce como tal durante más de cincuenta años, formando jugadores, y siendo campeón de la entidad en forma reiterada. Fue, además, docente en numerosas entidades, entre las que se destacan el Club Atlético Vélez Sarsfield[4] y, en el último tramo de su vida, en el Club San Lorenzo de Almagro.

Chessmetrics coloca a Jacobo Bolbochán nada menos que como el dieciocho (18) del mundo en 1932. En el mes de febrero, con solo 25 años, tiene una puntuación personal de 2.621, siendo por entonces, y con margen, el mejor jugador argentino.


[1]  De haber tenido este jugador una actuación solo un poco mejor, Argentina se hubiera podido alzar con la medalla de bronce (con solo medio punto más) e incluso la de plata (para la que al cabo se hubieran necesitado dos puntos adicionales).

[2]  En el que se impuso el anterior campeón del mundo Emmanuel Lasker por delante de José Raúl Capablanca, Alexandre Alekhine, Frank Marshall y Richard Réti. Se lo recuerda a ese torneo por el hecho que el campeón Capablanca pierde un invicto de ocho años al caer ante Réti.

[3]  La de participar, era una opción que tenía el campeón vigente, aunque lo habitual era que no lo hiciera, limitándose a ser desafiado por el que resultara primero del Torneo Mayor.

[4]  Su modestia y hombría de bien quedan demostradas en la siguiente anécdota. Cuando el entonces presidente de Vélez, José Amalfitani, lo entrevista para decidir su incorporación a ese club, se produce el siguiente diálogo:

“Amalfitani: Bueno, Sr. Bolbochán, ¿qué sueldo desea ganar como profesor de ajedrez?

Bolbochán: No sé. Lo que Ud. diga estará bien.

A: No, no, por favor dígame cuáles serían sus honorarios.

B: Bueno, no sé… Digamos unos 100 pesos.

A: No, no, lo lamento pero no puede ser…

B: Bueno, Sr. Amalfitani, menos que eso no puedo pedir…

A: ¡Pero no, Don Jacobo, eso es lo que gana aquí un ordenanza! Usted ganará el doble. ¿Le parece bien?”.

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