Personalidad de Jacobo Bolbochán

Por Juan S. Morgado

Box y carreras a pie e inútil hoguera (Noticias Gráficas), 24 de noviembre de 1933

Las primeras actividades de Jacobo Bolbochán no tuvieron que ver con el ajedrez. Nacido en Azul, provincia de Buenos Aires, su familia se trasladó, siendo muy pequeño, a la Capital Federal, al barrio de Barracas. Allí creció, y por las calles de esa populosa barriada fue adentrándose el espíritu de la urbe porteña. Supo del football en las calles, de las primeras y sabrosas rabonas a la escuela, de las indestructibles amistades de la infancia, de algunos coscorrones con esas mismas amistades. Al principio, le entusiasmaron el box y el pedestrismo. Era muy flaco, muy ligero, y corría como una luz. Y no pegaba tan mal, tampoco.

Lázaro y Jacobo –el actual campeón argentino– pasaban el día entero jugando al ajedrez, mientras sus libros dormían, en un rincón, el sueño de   los justos. Ya su señor padre les había advertido –sin que ellos se dieran por enterados– el disgusto que le causaba esta dedicación exclusiva, hasta que un día resolvió cortar por lo sano: el fuego purificador de una hoguera devoró las maderitas destinadas al más sabio de los juegos, que pronto quedaron convertidas en carboncitos chisporroteantes… Y se retiró muy satisfecho, con la satisfacción del deber cumplido. Los muchachos sonrieron. Volvieron a sentarse frente a frente, cambiando palabras misteriosas. ¡Alfil cuatro alfil jaque! ¡Dama toma alfil! ¿Qué pasaba? Ya no tenían piezas ni tablero, pero seguían jugando de memoria.

 Jacobo Bolbochán, el razonador 1933

Perteneciente a los razonadores, hace Bolbochán un ajedrez de factura magistral. Es, quizá, el más firme valor de nuestro juego en el país. Ha hecho de la sutileza técnica un arma, y es quizá el jugador argentino que resulte más difícil desnivelarle una partida. Ya en nuestro medio probó esto, pero donde lo ratificó de una manera plena fue en el Torneo de las Naciones de Estocolmo, donde sólo perdió una partida de las 19 que jugó. Es el ajedrecista argentino de estilo más sutil, y el que más comprende la técnica del juego posicional.

(Ajedrez de Estilo nº 27/8, noviembre de 1984, pág. 2)

Corrección deportiva (Leoplán) 1937

Quizá lo haya perjudicado en su marcha hacia escenarios superiores la escasa cantidad de oportunidades que se le brindaron para mostrar toda su calidad. Esto apagó su entusiasmo, y lo convirtió en un jugador sin ambición, que actualmente, y a pesar de esto, está entre los tres o cuatro ajedrecistas argentinos de más sólida acción. Su campaña es breve, pero generosa de triunfos. Joven, pues exactamente tiene 30 años, y tan generoso en condiciones, ha de ser por muchos años aún uno de los puntales de nuestro ajedrez. Y uno de los que exhiben junto a sus dotes de jugador, una corrección de gestos y maneras realmente ejemplares. Como que es más importante esto que ser un buen jugador.

(Roberto Grau, Leoplán, 7 de julio de 1937)

 

Jacobo Bolbochán y Benito Villegas 1937 (por Najdorf)

Con Jacobo Bolbochán se fue el último sobreviviente de aquel equipo de Varsovia 1935, que inició la serie de grandes actuaciones de la Argentina en las Olimpíadas. (…) Su padre, dueño de una tabaquería en la calle Talcahuano, lo inició en el ajedrez, y él, a su vez, se convirtió en maestro de su hermano Julio. Jacobito –como lo conocía todo el mundo– se casó con una hija del inolvidable Benito Villegas, otro pionero del juego ciencia, y se ha ido dejando hijos y nietos. Fue profesor de varios clubes que nunca pagaron mucho, pero un poquito aquí, y otro más allá, le alcanzó para vivir. (…) Lució el título argentino en una época de muchas figuras, y con el transcurrir de los años actuó como maestro de varias generaciones. Es una lástima que con sus condiciones de didacta no nos haya dejado un libro. No me equivoco si digo que fue el primero que, con su lógica, abrió los ojos del alumnado sobre el valor de una casilla, cómo jugar las torres, la forma de apreciar las posiciones, distinguiendo lo aparente de lo real, y todo esto con ejemplos que repetía infatigablemente, hasta fijar el conocimiento. (…)

Luego de su casamiento quiso hablar con Benito para ponderar a su hija, y éste le dijo:

No me hablés de esas pavadas… Explicame más bien por qué jugás tan mal el PD.

Otra vez, en un torneo de Mar del Plata, Jacobito y su suegro Benito jugaron el mismo torneo, y les tocó enfrentarse en la ronda final. Si ganaba Jacobito, compartía el primer puesto, y la plata, por supuesto, conmigo y con Ståhlberg. Todos pensaron:

Bueno, al menos tiene tablas.

Pero… ¡ganó Villegas!

Esa noche salí con Benito a comer un puchero, y le pregunté:

¿Cómo le ganaste a tu yerno, que necesitaba esa plata para comprar los muebles de recién casado?

Y Benito, para quien estas cosas no tenían nada que ver con una partida de ajedrez, comentó tajante:

¡Para que aprenda, m’hijo!

La anécdota es más risueña aún, ya que la partida iba por la jugada 65ª, y era completamente tablas. En ese momento Jacobo cometió un terrible blunder –muy raro en él– y perdió inmediatamente. En realidad, al llegar a la última ronda, Najdorf tenía 12½, Ståhlberg, Pilnik y Jacobo Bolbochán 12. Los tres primeros ganaron sus partidas, y entonces Bolbochán quedó en cuarto lugar.

(Miguel Najdorf, Clarín, 4 de agosto de 1984)

Villegas, Benito Higinio – Bolbochán, Jacobo [E09]

Mar del Plata, ronda 17ª, 29.03.1942

1.Cf3 Cf6 2. g3 d5 3. c4 e6 4. Ag2 Ae7 5.0-0 0-0 6. d4 c6 7. Cbd2 Cbd7 8. Dc2 b5 9. b3 bxc4 10. bxc4 Aa6 11. Te1 Da5 12. Ab2 Tab8 13. Ac3 Ab4 14. Axb4 Txb4 15. a3… [15. Teb1 Tfb8 16. Txb4 Txb4 17. cxd5 cxd5 18. e3 Db6= Peterwitz – Kammer,  Alemania 1997] 15… Ta4 16. Cb3 Dc7 17. Cbd2 Da5 18. c5 Tb8 19. Cb3 Dc7 20. Cbd2 Ta5?   [20… Ab5!?; 20… Da5 21.  Cb3 Dd8 22. Cbd2 Da5=] 21. a4 Tb4 22. e3 h6 23. Teb1 Txb1+ 24. Txb1± e5 25. Tb4 exd4 26. exd4 Ac4 27. Cxc4 dxc4 28. Dxc4 Cd5 29. Tb3 Dd8 30. h4 g6 31. Ce5… [31. Ah3±] 31… Cxe5 32. dxe5 De7 33. Axd5 cxd5 34. Dxd5?… [34. Db4! Ta6 35. Db8+ Df8 36. Db7 Txa4 37. c6 Tc4 38. c7 De8 39. Db8+–] 34… Txc5 35. Da8+… [35. Tb8+ Rg7 36. Dd4 Txe5 (36… Dxe5?? 37. Dd8+–) 37. Ta8 oo] 35… Rg7 36. Te3 Tc1+ 37. Rg2 Dd7 38. Rh2 Dd1 39. Dg2 Dd7 40. Te4 Tc2 41. Df3 Dc6 42. Rg2 Tc1 43. Tf4 De6 [43… Dxf3+ 44. Rxf3 Tc3+ 45. Rg2=] 44. Tf6 Dc4 45. Rh2 Tc3 46. Db7 Tc1  47. Tf4… [47. h5!?] 47…  De6 48. Tf6 Dc4 49. Tf3 Te1 50. Dxa7?! [50. Dd7!?] 50… Dd5 51. Rg2 Dc4 52. Te3?? Dd5+?? [52… Ta1!-+] 53. Tf3 Txe5 54. Db6 Tf5 55. Db2+ Rg8 56. Db3 Da8 57. g4 Td5? [57… Txf3 58. Dxf3 Dxa4=] 58. Rg3 Dd8 59. Dc4 Dd7 60.Tc3?!… [60. Tf4 !?] 60… Rg7?! [60… Dd6+!?] 61. Dc7?!… [61. Tf3!?] 61…  Dxa4 62. Tf3 Td7  63. Dc3+ Rh7= 64.Td3 Tb7?? [increíble error; 64… Db5=] 65. Td8+– f6 66. Dxf6 Da3+ 67. f3 Tg7 68. h5 1-0

Los tabacos (1952)

Es un joven de regular estatura, fisonomía simpática, ojos azules, cabello rubio, y de trato muy agradable. Su natural bonhomía le ha conquistado la estima de cuantos tienen la fortuna de tratarlo, y pertenece al Club Jaque Mate. Se dedicaba a la comercialización de tabacos, negocio de la familia.

(Diario La Razón. Parte del discurso de presentación de los contendientes)

Jacobo Bolbochán y José Amalfitani (Ajedrez de Estilo) 1984

Jacobo Bolbochán nació en Azul el 26 de diciembre de 1906, y falleció en agosto de 1984 en la ciudad de Buenos Aires. Su pasión por el juego ciencia se había manifestado a temprana edad, progresando en forma rápida hasta ser un jugador de primera categoría. Hombre de extraordinaria sencillez y modestia, pasó sus últimos años enseñando técnica ajedrecística en el Club Atlético Vélez Sarsfield, especialmente finales de partida, tema en el que sus conocimientos eran notables. Hace ya muchísimos años, el recordado presidente velezano José Amalfitani pidió a sus colaboradores que contrataran un profesor de ajedrez. Uno de los dirigentes le presentó a Jacobito. Así dialogaron:

Bueno, señor Bolbochán, ¿qué sueldo desea ganar como profesor de ajedrez?

No sé. Lo que usted diga estará bien.

No, no. por favor dígame cuáles serían sus honorarios.

Bueno, no sé. Digamos unos XX pesos.

No, no. Lo lamento pero eso no puede ser.

Bueno, señor Amalfitani, menos que eso no puedo pedir.

Pero no, don Jacobo. Eso es lo que aquí gana un ordenanza. Usted ganará el doble. ¿Le parece bien?

Esta anécdota sirve para mostrar la personalidad de Jacobo.

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