Juan Filloy, escritor y Presidente de un club de ajedrez en Córdoba, Argentina

Por Sergio Negri

Un caso de notable vigencia en el tiempo es el del escritor cordobés Juan Filloy (1894-2000), a quien se suele sindicar como un hombre de tres siglos aunque, en rigor, le faltó poco menos que un semestre para arribar al tercero de ellos, el actual.

Dentro de su vasta obra literaria, se presenta una característica común notable: los nombres de los libros están siempre constituidos por palabras de siete letras, con la posible incorporación de algún que otro número o signo. Por ejemplo, entre ellos se puede observar desde Periplo, que es de 1930, hasta Decio 8A, que es 1997; pasando por La potra; Tal cual; Elegías; Yo, yo y yo; Gentuza; Sonetos; y tantos otros, en un número de veintisiete, a los que se suman otros más, no publicados aún, que responden al mismo requisito de longitud a la hora de su denominación.

Siendo así, lo que se nos presenta casi como muy poco justificable es que Filloy, con su acercamiento al juego, no hubiera escrito un texto bajo el contundente nombre de Ajedrez, con lo que hubiera cumplido estrictamente con ese requisito cuantitativo planteado por el propio autor.

Juan Filloy

Podría especularse que ello hubiera podido obedecer a un supuesto, y en todo caso autodeclarado, insuficiente conocimiento del juego, ya que llegó a decir:

Fundé un Club de Ajedrez y no sé hacer gambitos…”.[1]

Pero quizás estemos en un caso clásico de ejercicio de modestia. Por lo que el hecho de que no haya abordado un trabajo más específico respecto del ajedrez, seguramente se debió a razones que quedarán dentro del campo del misterio.

Filloy fue un hombre muy inquieto. Además de juez, fue socio fundador del popular club Talleres de la ciudad de Córdoba, dirigió combates del boxeador Luis Ángel Firpo, participó de la mítica Reforma Universitaria en 1918 y fundó el Museo de Bellas Artes de Río Cuarto. Y, además, resultó primer Presidente del club de ajedrez Vélez Sarsfield de la capital mediterránea.

En este último carácter el futuro gran escritor recibe una misiva del historiador ajedrecístico José Pérez Mendoza, indagándolo acerca del estado del ajedrez estando a las puertas de los años 20 en su provincia. Filloy responderá, con toda atención y excelente pluma, en carta fechada el 7 de febrero de 1919, que:

“…La senda en que marcha el Club hace presagiar su triunfo cercano. No habiendo hasta la fecha defecciones y sí mayor número de aficionados, es evidente que el ajedrez en Córdoba tiene ya una base inamovible. Los que tenemos la certidumbre de la saludable abstracción de dicho deporte y su alta función moral y de profilaxis social, al substraer a los que lo practican de los halagos y transitorios goces deletéreos, no podemos sino felicitarnos por el progreso de esta institución que, aún en su modestia, juegan un rol patriótico importante”.

El cordobés es considerado uno de los principales cultores universales de los palíndromos pudiéndose recordar, entre ellos, los siguientes: “Solo diseca la fe de falaces ídolos”; “Si tragar era gratis….”; “Sarita Sosa es idónea en odiseas o sátiras“; “Allí tápase Menem esa patillla” “Acaso hubo buhós acá”; “Ateo por Arabia iba raro poeta”.

Al respecto, en un trabajo de 1988 titulado Karcino dirá, en tono ciertamente comparativo y mencionando al ajedrez:

La palindromía es un saludable quehacer lúdico. Su falta de obligatoriedad, su carencia de beneficios inmediatos o aleatorios ennoblecen su perfecta nadería. Su nadería absolutamente fáustica, de regocijo incoercible. ¡Cuántas horas sustraídas al enojo, a la rabia, a la indignación! Sedante maravilloso, la abstracción que produce es la higiénica del ocio puro. No es la del juego venal que acucia el interés, la emulación, la envidia. No es la del póquer, que sutiliza el engaño; la del truco, que tecnifica la mentira; la del ajedrez, que geometriza el silencio vacío”.

En Caterva, incluirá este pasaje:

Hacía más de una hora que lo habían depositado en la guardia de prevención. Como un peón tomado en un gambito. ´Katanga´ seguía igual, sin impacientarse. Jugador de ajedrez, tenía la pachorra de los jugadores de ajedrez. Esa variante nueva le intrigaba; pero, poco, en realidad. Sabía que los hechos no surgen por generación espontánea…”. 

En Vil & vil dirá:

Pocos años han bastado para demostrar la inutilidad de las fuerzas armadas tal como han venido actuando desde la prehistoria hasta el 6 de agosto de 1945. ¡Adiós clanes, legiones, ejércitos! ¡Adiós combate tipo ballet con guerreros adornados de plumas, tótems, escudos y tambores! ¡Adiós batallas decorativas con pendones, bandas de música y caballos esculturales! ¡Adiós ´blitzkrieg´  de ataques y gambitos regalados como una partida de ajedrez!”.

En Sexamor, al referirse a experiencias en la adolescencia y primera juventud en clubes deportivos, asegurará:

Su comunidad es afectuosa a quienes practican fútbol, básquet o bochas. Somos muchos los que hemos ´sentado cabeza´ en esos ambientes, en los cuales suele haber unas mesas de ajedrez y hasta una biblioteca incipiente”.

En La potra, y dando pistas de tantos jugadores de ajedrez que son también muy exitosos en el bridge, concluirá muy apropiadamente diciendo:

El bridge es una especie de ajedrez con naipes”.

Y en Estafen! apuntará:

“…cautelosamente, empezó a organizar los argumentos y ensayar su táctica. Y esa tarde, como un técnico de ajedrez, planteó en su tablero mental las situaciones más difíciles”.

Menciones todas al ajedrez que, por su calidad y profusión, hablan a las claras de un Filloy que tuvo al ajedrez muy cercano. Y ello, como lo evidencia el hecho de que hubiera presidido un club del ramo. Y ello, muy a pesar de que no hubiera legado una obra que, con esas siete mágicas letras, se hubiera denominado, pura y simplemente: Ajedrez, con la que hubiera podido completar su de por sí prolífica y relevante obra.


[1] Reportaje a Juan Filloy de Mempo Giardinelli, en El Jinete insomne, 23 de septiembre de 2008. En http://eljineteinsomne2.blogspot.com.ar/2008/09/encuentros-xv-juan-filloy-mempo.html. Es de destacar que, del todo concordantemente, en la ciudad de Río IV fundó además un club de golf y, según también admitió, “nunca toqué un palo de golf”. En Conversaciones con Juan Filloy, Armando Almada Roche, Ediciones El Pez del Pez, 1998.

©ALS, 2021

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