Semblanza de “El pibe” Carlos Maderna

Por Juan S. Morgado

Breve palmarés

Fue campeón argentino en dos oportunidades: 1939 (venció a Luis Piazzini 8-6), y en 1950 (ganó el desempate contra Jacobo Bolbochán y Enrique Reinhardt). En 1940 perdió el título frente a Carlos Guimard. Representó a Argentina en las Olimpíadas de La Haya 1928 y Varsovia 1935.​ Ganó los torneos de Buenos Aires 1930 “Bodas de Plata del Club Argentino”, Buenos Aires 1931 “Geniol” y “Ángel Cassanello” 1948 en Santa Fe.

Carlos Maderna ya se destacaba en 1927 (El Ajedrez Americano)

Carlos Hugo Maderna (4 de agosto de 1910 – 23 de enero de 1976) llegó al ajedrez más tarde, allá por la época del match Capablanca – Alekhine, cuando era campeón de La Plata y estudiante del Colegio Nacional. Tímido entonces, y como buscando siempre un pedazo del espacio donde pasar inadvertido, supe al cabo de un año de trato asiduo que era un gran maestro a quien debía yo respeto de discípulo. Creció en todo sentido más pronto y más arriba de lo que él mismo esperaría, sin perder aquella cualidad juvenil que conserva inmarcesible el talento auténtico y que consiste en no decidirse a disponer de ese talento con soltura, como si todavía le tuvieran que pedir cuentas de su uso. El juego de Maderna tiene una sencilla solidez de muchacho huesudo que parece no emplear de su fuerza sino la cantidad indispensable para vencer. Y para quien, por supuesto, la timidez no es más que una cierta vergüenza de tener tanta fuerza a su disposición.[1]

Derrotas y Tulipanes en 1928 (Pío García)

En el Torneo de las Naciones de 1928 Maderna jugó en las ruedas 2ª, 3ª, 5ª, 6ª y 11ª, ¡perdiendo todas las partidas frente a jugadores de mediana fuerza! (De Nardo, Kroone, Ruben, Ribera Arnal y Wagner). En la ronda 12ª obtuvo su primer medio punto ante Herman Steiner. ¡Y luego renació de entre las cenizas venciendo en las 5 últimas ruedas frente a rivales sumamente fuertes! (Apsenicks, Makarczyk, Koltanowski, Ståhlberg y Pokorny). ¡Sus compañeros lo enviaron a ver los tulipanes!

Vea y Lea, 19 de marzo de 1953 (1)
Vea y Lea, 19 de marzo de 1953 (2)

Bodas de Plata Club Argentino 1930

▓ El Torneo Bodas de Plata finalizó con un empate. Maderna y Bolbochán lograron 13/17, aventajando ampliamente a Grau y Villegas, que se clasificaron terceros. Con el desenlace de la partida Grau – Bolbochán ha finalizado el gran certamen, que con éxito merecido organizó el Club Argentino. Pocas veces un certamen ha dado lugar a comentarios más apasionados, y pocas veces el resultado ha significado la consagración simultánea de dos jóvenes valores de indiscutible capacidad. Al empatar la partida, Bolbochán ha logrado compartir el primer puesto con el campeón platense Maderna, y Grau ha obtenido un empate en el tercer puesto con Villegas. Estos resultados ponen a los dos ganadores en una situación por demás interesante. Han sido escoltados por dos de las figuras de mayor prestigio, y si bien es posible que éstos hayan jugado por debajo de lo que son capaces, también es cierto que la ventaja obtenida por Maderna y Bolbochán es tan amplia que su triunfo no puede ser discutido.

Ambos jugadores son muy nuevos en el ajedrez. La carrera de los dos es paralela, si bien la de Maderna es mucho más conocida, ya que desde hace tres años actúa con éxito en la categoría superior de la FADA. Cada uno de los cinco jugadores recibirá un premio de acuerdo con su clasificación, y un diploma que les adjudica el Club Argentino por su buen comportamiento en esta prueba, que reunió a catorce participantes. El acto de entrega de los premios se hará el sábado próximo a las 21.30, y esa misma noche se rematará el tablero que lleva la firma del campeón mundial Alekhine. Una especial mención merece el Club Argentino, no sólo por el esfuerzo realizado al reunir a tan numeroso y selecto grupo de jugadores de primera fuerza, sino por la ecuanimidad con que resolvió todas las dificultades de la prueba, y por la intensa labor desplegada por los fiscales, y muy especialmente por el doctor Gabarret, presidente de la entidad, que contribuyó con su entusiasmo y actividad al éxito de esta fiesta ajedrecística.[2]

▓ La recia lucha entre Maderna y Bolbochán por el primer puesto del Torneo Bodas de Plata del Club Argentino ha finalizado con el más justiciero de los resultados: un empate. Terceros fueron Grau y Villegas, y quinto el campeón catamarqueño Nogués Acuña. Hubiera sido realmente lastimoso que, por la insignificante y siempre azarosa diferencia de medio punto, se hubiese consagrado un vencedor absoluto, en desmedro de la verdad ajedrecística que proclamaba la paridad de fuerzas entre ambos contendientes.

Dos vencedores y dos estilos completamente distintos: el campeón platense, agresivo, violento, desaliñado, dueño de una técnica personalísima, peligroso en las posiciones de ataque, más peligroso todavía en las defensa, porque nunca se concreta a una labor de espera, sino que cada jugada encierra posibilidades de contraataque nada despreciables; y Bolbochán, tranquilo, pausado, de una lógica férrea en sus maniobras, guiado siempre por el cerebro y no por impulsos ni corazonadas, que no coinciden con la naturaleza intelectual del juego de ajedrez; pasta de maestro, en una palabra.

Y es curioso que estos dos estilos más que diferentes, antitéticos, hayan producido el mismo resultado práctico: la victoria. En ajedrez estamos en pleno florecimiento de la juventud, auspiciosa señal de que las enseñanzas de los maestros no han caído en el vacío, y de que nuestras figuras consulares del tablero tendrán dignos sucesores: Pleci, campeón argentino, reciente vencedor de Grau, cuenta veintidós años; Bolbochán y Maderna, veintitrés y diecinueve años, respectivamente. La iniciación ajedrecística de estos últimos data, también, de hace muy poco tiempo: de 1926. Rápida y fructífera carrera. En esa época Maderna comenzó a jugar el torneo de segunda categoría de la FADA, prueba que abandonó al perder las dos partidas iniciales. El mismo año, a raíz de los impresionantes progresos alcanzados por Maderna, éste desafió al ingeniero Conrado Bauer por el campeonato de la ciudad de La Plata, y lo venció en un match donde abundaron las buenas partidas.

En 1927 el joven Maderna, dueño de su título de campeón provincial, debutó en el Torneo Mayor de la FADA con éxito singular: sólo le precedieron Reca y Palau. En cambio, la revelación platense aventajaba a ajedrecistas consagrados de la talla de Villegas, Fernández Coria, Subirá y Del Río, Portela, Ibáñez, Querencio, Nogués Acuña, Ipata y Bauer. 

A principios de 1928 Maderna hizo su estreno muy promisorio, como jugador internacional en el certamen internacional de Mar del Plata: compartió el cuarto puesto con el campeón paulistano Vicente Romano, precedido únicamente por Grau, Palau y el campeón brasileño doctor Souza Mendes. Después de este magnífico resultado, la ausencia de Grau en el Torneo Mayor de 1928 transformó a Maderna en el favorito del certamen, y poco faltó para que se lo adjudicase. De seguro lo hubiese hecho de no presentarse en aquella oportunidad otro elemento nuevo: el actual campeón nacional don Isaías Pleci, quien logró aventajar a Maderna por la insignificante diferencia de medio punto. El año pasado el campeón platense se trasladó a Rosario para disputar el torneo interprovincial, que tuvo amplia repercusión en el país; pero su comportamiento fue allá menos bueno, Sin embargo, Maderna demostró en algunas partidas el valor de sus excepcionales condiciones. Además, defendió exitosamente en este lapso dos veces el título de campeón platense: contra Vilches y contra Merlo Villanueva.

La ascensión de Bolbochán a primera figura del ajedrez argentino ha sido más lenta. Nacido, como Maderna, en la provincia de Buenos Aires, en el Azul, el campeón del Club Jaque Mate se considera hijo espiritual del barrio de Barracas, donde transcurrió toda su niñez y adolescencia, desde los dos hasta los dieciocho años. Bolbochán se inició como jugador de torneos en el certamen de segunda categoría del Círculo de 1926, prueba que ganó el notable aficionado Rafael Bensadón delante de Antonio Piro, León (Colman) Lerner y Bolbochán. Ese mismo año, en el torneo nacional de segunda categoría, Bolbochán llegó tercero, precedido por Eduardo Magee y Antonio Piro. Más tarde jugó un gran torneo a mayor velocidad, treinta jugadas por hora, en Los 36 Billares, en el que conquistó el tercer puesto. Otra vez fue tercero en el Torneo Selección de 1929, que ganó Enrique Falcón delante del prestigioso aficionado francés Luis Puharré.

Por último, obtuvo el gran éxito precursor del que acaba de conquistar en el campeonato interno del Club Jaque Mate realizado a comienzos de este año, en que se impuso brillantemente, nada menos que al actual campeón argentino Pleci, a Piro y a Puharré. Además, Bolbochán marcha segundo en el Torneo Ciudad de Buenos Aires, que suspendió el Club Jaque Mate para permitir a sus participantes que pudieran jugar en la magna prueba que acaba de finalizar. Le precede Pleci, y le siguen Villegas, Falcón, Fenoglio y Puharré. La equivalencia demostrada entre Pleci y Bolbochán dice muy alto a favor de la capacidad ajedrecística del nuevo astro que surge, aureolado por brillante resplandor (Sic).

Dos jóvenes barraqueños, compañeros de travesuras infantiles de Bolbochán, se presentaron anoche en los salones del Club Argentino.

Pero, ¿sos vos, Jacobo? ¡Quién nos lo había de decir!

Bolbochán nos explicó:

Estos dos amigos y yo, ¡si habremos jugado y hecho bandidadas por las calles de Barracas! Han pasado muchos años, nos habíamos perdido de vista, jamás volvimos a encontrarnos en nuestra grande y populosa ciudad. Y han venido esta noche para ver si era yo, yo mismo, el arrapiezo (Sic) indisciplinado de la niñez, el que ganaba una cosa tan seria como es un torneo de ajedrez. ¡Todavía no están convencidos del todo!

Agrega uno de los amigos:

Leíamos tu nombre en CRÍTICA, comentábamos los elogios que se te hacían… ¡y eras vos!

Añadió Bolbochán:

Alegra el alma la reanudación de afectos tan sinceros, de afectos nacidos en una edad en que no se sabe calcular. Nada más que por ellos, bien valía la pena ganar el torneo.

Ya dijimos antes que este magno torneo se había singularizado por su absoluta corrección. Es ahora el momento de repetirlo y de recalcarlo. El triunfo que obtuvo Piacentini sobre su maestro, amigo y compañero del club, el veterano Villegas, arrebató a éste el derecho a figurar tercero absoluto, sin la compañía de Grau. Idénticos títulos que Villegas para Piacentini, tiene Grau para Nogués Acuña, y ellos no impidieron que el campeón catamarqueño hiciese peligrar las posibilidades de Grau hasta para tener derecho a jugar el quintangular final. Y, por último, la victoria de Nollman sobre Piazzini, que nada significaba para el primero, impidió al segundo totalizar el 40% de los puntos imprescindibles para ascender a primera categoría, cuando un simple empate le hubiera bastado para ello. Todo esto da la pauta de cómo proceden los caballeros en ajedrez, al que verdaderamente corresponde en esta ocasión el calificativo de más noble de todos los juegos.[3] 

El Ajedrez Americano, julio de 1930
Jacobo Bolbochán y Maderna ganan en el Torneo Bodas de Plata del Club Argentino – La Prensa y La Nación, 8 de julio de 1930

Microbiografía de Carlos Hugo Maderna 1937 (Roberto Grau)

Hace muchos años acompañé al doctor Alekhine a La Plata. Debía realizar una serie de partidas simultáneas y le fueron opuestos los mejores ajedrecistas platenses. Entre ellos, se hallaba un chico de pantalón corto, delgado, esmirriado, puro nervio, que concentraba gran parte de la atención de la sala. Las horas pasaban y las partidas iban terminando, y el público se amontonaba cada vez más cerca del tablero en que el adolescente de La Plata ponía en apuros al entonces aspirante al campeonato mundial.

Este adolescente era Carlos Hugo Maderna, nacido en 1911 –tenía entonces 15 años– y cuando quedaron solos, frente a frente, el gran Alejandro y el diminuto adversario, y cuando el maestro, luego de pugnar por vencer, debía conformarse con el empate, el aplauso cerrado que se oyó saludó el advenimiento al primer plano de nuestro deporte de una de las figuras mejor dotadas que haya tenido nunca el ajedrez argentino.

Carlos Hugo Maderna se formó solo en La Plata, carente de rivales, en los años en que Bauer ya no jugaba, y los demás poco podían cooperar a su perfeccionamiento. Se consagró campeón platense al derrotar a Bauer en 1927, luego de un hermoso match, y en 1928 integraba el team internacional argentino que actuó en La Haya, después de clasificarse tercero en el Torneo Mayor de ese año. Su lejanía de nuestro medio y el sacrificio físico que significa jugar un torneo debiendo realizar diariamente más de 100 km de viaje, fueron retaceando sus actuaciones.[4]

Ganó en 1930 el torneo Bodas de Plata, puesto que compartió con Jacobo Bolbochán, delante de los mejores ajedrecistas del país, y al año siguiente se adjudicó el Torneo Geniol, una de las pruebas más extraordinarias que registra nuestro ajedrez, ya que en ella participó el Dr. Tartakower. Representó al país en Varsovia, y últimamente el desentrenamiento y la falta de horizontes conspiraron contra sus chances. Pero puede afirmarse que Maderna, como lo anticipó el doctor Tartakower en uno de sus libros [5] es uno de los ajedrecistas jóvenes mejor dotados, que hace un ajedrez inteligente y de factura magistral, y que sólo su falta de contacto permanente con los elementos en actividad le ha impedido ser un ajedrecista de renombre internacional.[6]

Grau sobre Maderna

Match fallido Grau – Maderna por el Campeonato Argentino de 1940

Próximo a concretarse el enfrentamiento del campeón Roberto Grau y el desafiante Carlos Maderna, Tartakower elogió a este de manera efusiva. La posterior renuncia de Roberto Grau a disputar el match causó decepción entre la afición argentina, que esperaba una lucha cerrada.

Tartakower destaca a Maderna. El Sol, 2 de abril de 1940
Alekhine y Tartakower elogian a Maderna. Linterna, 17 de mayo de 1940

Maderna vence a Piazzini 8-6 y es campeón argentino 1940

Maderna gana las dos partidas y define por 8-6. La Razón, 11 de junio de 1940
Maderna siempre esperaba ganar.  Noticias Gráficas, 8 de junio de 1940

Personalidad del campeón Carlos Hugo Maderna (Amílcar Celaya, 1940)

El chico Maderna, nuevo campeón argentino de ajedrez. Cómo aprendió a jugar y cómo se tiene fe contra cualquiera.

El 4 de agosto de 1910 nacía en la ciudad de La Plata un varoncito largo, flaco y gritón, al que, en cumplimiento de una inveterada tradición familiar, se le puso de nombre Carlos. Carlos era el padre. Carlota la hermana. Carlos había para dar y prestar en su árbol genealógico. Ese varoncito sería, desde la noche que corrió desde el 10 al 11 de junio –y quién sabe hasta cuando–, campeón argentino de ajedrez. Se llama Carlos Hugo Maderna. (…)

Mientras Don Carlos su padre– y Don Pablo –un amigo— jugaban al ajedrez en las noches tranquilas y muertas de La Plata, Carlitos, sobre la misma mesa del comedor familiar, hacía sus deberes del colegio, y, de reojo, sin despegar los labios, fingiendo hallarse muy enfrascado en los deberes, carpeteaba el entretenimiento de su padre y el amigo. Así, sin que nadie se lo enseñara y sin preguntarlo, aprendió el movimiento de las piezas.

Mocoso insolente

Ocurrió, durante una tranquila velada platense, lo que por fuerza tenía que ocurrir. Su padre había salido para hacer una diligencia. Mientras, Don Pablo se aburría como una ostra y echaba miradas de dulce añoranza a las maderitas blancas y negras, ociosas porque faltaba quien pudiera moverlas. Y fue en ese instante propicio cuando Carlitos, venciendo su timidez, le propuso a Don Pablo jugar una partida. Éste lo miró con la complacencia con que se mira siempre a un mocoso simpático, y le dijo:

–Pero, ¿vos sabés jugar al ajedrez?–

–Sí–

–¿Qué ventaja querés que te dé? ¿Tenés bastante con una torre?–

–Prefiero jugar mano a mano–

–Como querás, muchacho–

Y bien, aquella tranquila y sosegada noche platense, en la que no pasaba nada, hirvió las sienes del bueno de Don Pablo. (…) Contra ese mocoso insolente recibía mate tras mate, sin descanso, sin darle el más breve resuello.

¿Por qué no fue campeón antes?

Maderna es un ajedrecista que se hizo de golpe. Nunca conoció otra categoría que primera. Luego de haber aprendido el movimiento de las piezas de la manera original que ya se relató, su señor padre quiso enterarse de la fuerza ajedrecística del hijo. Lo único que sabía Don Carlos es que Carlitos le ganaba … a toda la familia. Pero ¿también sería el mocoso capaz de imponerse a los jugadores más experimentados? Para averiguarlo, Maderna padre lo enfrentó a los mejores ajedrecistas locales. Al principio el chico ganaba y perdía con Vilches, Biava, etc. Después, los superó con facilidad. Cuando venció en match por un score neto al Ing. Bauer, el chico se consagró definitivamente como campeón platense. Ha conservado ese título durante catorce años consecutivos.

Maderna estuvo a punto de competir por el Campeonato Argentino de 1928. Favorito unánime en el Torneo Mayor, perdió una partida en la que llevaba una torre de ventaja frente a Pleci, cuando éste era menos que desconocido. Este resultado tan anormal hizo que Pleci lo superara por medio punto, y le arrebatase el derecho de desafiar a Grau. También el Torneo Mayor de 1934 quedó a su disposición, comenzando con siete partidas ganadas sobre siete. Parecía inalcanzable, cuando se coaligaron en su contra dos decisivas circunstancias: persistentes hemorragias nasales que lo debilitaron, y la expiración de su licencia de trabajo en el Ministerio de Hacienda de la Provincia de Buenos Aires, que lo obligó a jugar falto de sueño. Con todo, aún le restaron fuerzas para compartir la segunda colocación con Pleci, detrás de Grau, en la clasificación general. Mala suerte tras mala suerte.

En el ínterin, en 1931, Maderna se adjudicó el torneo más importante que hasta esa fecha se había disputado en nuestro país. Venció en él no sólo a Pleci, campeón nacional, no sólo al resto de los mejores jugadores argentinos, sino que también precedió en la tabla de posiciones (…) al gran maestro y reputado teórico, el campeón polaco Dr. Savielly Tartakower. Hoy, mientras Maderna conquista el campeonato argentino de ajedrez, Tartakower (…) actúa de corresponsal de guerra en el frente francés. A pesar de estos y otros éxitos –Torneo Bodas de Plata del Club Argentino–, aunque Maderna haya sido considerado en repetidas ocasiones como el mejor ajedrecista argentino, sólo ahora ha tenido la oportunidad de demostrarlo en un cotejo en que se pusiese en juego el título máximo.

Bromista como un chico

Carlos Maderna empezó a descollar en la arena nacional cuando tenía 17 años, y siempre ha quedado con una aureola característica de niño prodigio. (…) Y es que Maderna, aún hoy, tiene mucho de niño, así que no haya sido completamente desacertado suponer que “se plantó” en los 17 años. Es desordenado, indisciplinado como un chico travieso. Por una broma se siente capaz de sacrificar su tranquilidad y la de las personas que lo rodean.

Maderna sigue siendo un chico en todo, y especialmente en las cualidades más simpáticas de los chicos: espontaneidad y absoluta franqueza. Cuando le pregunté si al iniciar el match por el campeonato había pensado ganarlo, me respondió que estaba seguro de adjudicárselo en la primera oportunidad que se le presentara, cualquiera fuese su adversario. A una nueva pregunta –ociosa, seguramente– de si también hubiera vencido a Grau si éste no hubiera abandonado el título, Maderna me refirmó su íntima convicción de que así hubiese ocurrido.

–¿Piensa defender el título el año que viene?–

¡Contra el que raye!– [7]   

El Gráfico nº 1093, 21 de junio de 1940

Una advertencia para Maderna en Mar del Plata 1944 (Roberto Grau)

Un tercer jugador local se ubicó entre los tres primeros del torneo: el campeón platense Carlos Maderna, tan capacitado para el ajedrez como siempre desentrenado. Sólo juega por año un torneo, el de Mar del Plata. No se prepara nunca, y eso le significa en las primeras ruedas contrastes inesperados. Luego reacciona, pero ya es tarde para una lucida colocación final. Si a pesar de adiestrarse a medida que juega ha logrado una situación tan destacada como lo es terminar a sólo 1½ puntos de Ståhlberg, se hace fácil suponer lo que podría hacer este notable jugador a poco que viviera más vinculado al ajedrez serio que se practica en la metrópoli.[8]

El nuevo campeón argentino 1950 (Carlos Portela)

Quien no lo haya visto ante un tablero y sólo se atuviera a su exterior, a su modalidad tan personal, no adivinaría al jugador concienzudo, al apasionado del ajedrez, también ciento por ciento. Lo fue desde niño, cuando su padre, con el mismo embeleso que trasluce hoy pese al tiempo transcurrido, lo llevaba para que jugase con los mejores ajedrecistas platenses: los Casas, los Astargos, los Etcheverry; y aquel chiquillo de pantalón corto y trajecito de marinero, frisando apenas en los doce años, daba ya la pauta de lo que llegaría a ser.

Lo conocí en esa época. Había ido yo a jugar una sesión de simultáneas a La Plata. El chico Maderna estaba allí, ocupando un tablero: la partida fue tablas, según creo. Lo que sí recuerdo es que el viejo Maderna me preguntaba luego con una ansiedad que le desbordaba por todos los poros, aunque se esforzara en dar naturalidad a sus preguntas. ¿Qué le parece el muchacho? Tiene idea, ¿verdad?, ¿Cree usted que llegue a ser alguien en el tablero? Y no fue por simple cortesía que contesté sin titubear al simpático amigo:

No tenga la menor duda.

Fue por convencimiento: aquel niño era realmente notable. Vivaz, movedizo, riente, infantil en todos, se transformaba al situarse frente al adversario, ya fuera un chambonete cualquiera o tuviese los títulos mejores o más imponentes. Y no era la suya esa actitud del chico botarate, tan frecuente como fuera de lugar, ni tampoco una manera tímida que podía justificarse. No, Carlitos Maderna sentábase seguro, y lentamente su sonrisa desaparecía por completo. Luego de algunos movimientos previos de hombros y de cabeza combinados, de los que no ha podido desprenderse, cruzaba los brazos y los apoyaba sobre la mesa. Un motorcito invisible parecía poner en movimiento acelerado su pierna derecha, lo mismo que hoy, y ya sin apartar la vista del tablero, se daba a la partida. Sólo de cuando en cuando daba otra muestra de su nerviosidad contenida, pellizcándose despiadadamente la mejilla, la oreja o la barbilla. También lo hace ahora, y yo, como entonces, suelo con un gesto llamarle la atención sobre tan peligrosa costumbre. Y como entonces, él me mira, sonríe y se queda otra vez quieto, rígido, concentrado en el juego. Eso sí, con la dichosa pierna motorizada que no tiene remedio… (…) 

Creo que está en su mejor forma. Ha aumentado sensiblemente sus conocimientos teóricos y no es de los que echan en saco roto la experiencia. Juega un ajedrez lógico, serio, y es un profundo valiente combinador. No se ha dejado nunca –¡para su bien!– ilusionar por espejismos de variantes librescas. No fía porque sí en lo que hicieron los otros. Analiza, mira, palpa –a lo Santo Tomás y pone en la balanza su buen juicio. Claro está que a veces se equivoca, se le escapa un detalle, una jugada de réplica. Pero ¿quién, de Botvinnik para abajo, podría, en ajedrez, arrojar la primera piedra? En cambio, pocos jugadores he conocido aquí y fuera de aquí con más recursos para manejarse en posiciones difíciles, y aún inferiores, para, a la primera aflojada del adversario, volverle la oración por pasiva.[9]

Maderna, un campeón de verdad 1951 (Paulino Alles Monasterio)

Quizá la más simpática de las actuaciones haya correspondido al campeón nacional Carlos Madreña. Y decimos más simpática porque, a pesar de su título, era injustamente discutido. Mientras él se aprestó, sin alharacas, a competir en el último campeonato, otros ajedrecistas de campanillas hicieron una especie de huelga –curiosa huelga—para eludir el cotejo. Maderna era, efectivamente, el campeón de un país cojo el nuestro, donde se juegan tan bien al ajedrez, pero surgía, de inmediato, la pregunta escéptica:

Sí, de acuerdo, es el campeón. Pero ¿a quién le ganó?

El torneo Zonal Sudamericano de 1951 en Mar del Plata ha dado la respuesta:

¡A los mejores ajedrecistas de América! [10]

El I Zonal Sudamericano de 1951 (Carlos Guimard)

La situación del campeón argentino Carlos Hugo Maderna revela algo grato para quienes conocen sus últimas actuaciones, saben su historial, y lo vieron mantenerse durante mucho tiempo en un plano que no acusaba sus reales méritos. Maderna está de nuevo fresco y lozano en el campo de batalla del I Zonal Sudamericano, 1951. Tiene el empaque airoso de sus mocedades perdón, Maderna–, y hasta el mismo celo. El otro día discutía con Rossetto acerca de los niños prodigio, y recordaba, cuando se aludía a otro jugador participante en este mismo torneo, que cuándo él ya era una figura consagrada, éste recién comenzaba. [11] Pero dejémoslos hablar:

Rossetto: Éste fue más prodigio que vos. Sí, no lo discutas– [12]

Maderna: –¡Cómo no lo voy a discutir si en 1928 yo viajé a Europa, y entonces tenía 17 años. Y después volví y me gané ese torneo delante de Tartakower! ¿Qué me dices?–  [13]

Guimard: –Yo creo que todavía eres un prodigio. Al menos muy pocos te daban esta actuación–

Maderna: –¡Pavadas! Esto no es nada. Ya vas a ver lo que voy a hacer. Aquí tuve un poco de mala suerte, pero a mí me pasa algo que me vence, que tiene una influencia grande en mis actuaciones. En un torneo de fuerzas parejas tengo mucha confianza, pero donde hay calidades distintas… ¡No hay nada que hacer! ¡Puedo perder partidas increíbles!–

En fin, me agrada que se exprese en esa forma cortante. Es un índice que habla a las claras de un espíritu fortalecido y dispuesto a la lucha: lo que requiere el juego ciencia.[14]

Un D’Artagnan (I)

Un mosquetero alto, inverosímilmente alto, que a pesar de sus triunfos, de sus pantalones largos, de sus dos viajes a Europa y de los años que pasan para él como para todo el mundo, sigue siendo el pibe Maderna, gran jugador y gran muchacho, capaz de quedarse 48 horas en un cine e incapaz de leerse un tratado de ajedrez. Solamente D’Artagnan, aventurero y simpático, podría, como el pibe Maderna, salir un mismo año de los últimos en un torneo, y de los primeros en otro… A esta acertada semblanza, agregaremos una anécdota. Ricardo Reti, gran maestro que nos visitó hace ya varios lustros [15] dio tres sesiones de simultáneas en el Jockey Club de La Plata. De las tres, un chiquillo de pantalones cortos nervioso, intranquilo, le ganó dos y empató la restante.

Era el pibe Maderna. Alekhine visitó también dos veces la ciudad de La Plata para ofrecer sesiones de simultáneas. ¿Cómo no iba a tener un tablero el pibe Maderna? Le ganó la primera y empató la segunda. En la tercera tentativa, Alekhine indicó a los organizadores que ubicaran el tablero del enfant terrible en un lugar destacado. La sesión de simultáneas había pasado a ser un pretexto para dar lugar a la partida entre Maderna y Alekhine. Y pasó lo que pasa en todas las anécdotas: al final, ¡primero el pibe Maderna! [16]

Un D’Artagnan (II)

Maderna es irregular y dinámico en el tablero, aunque de presencia serena, apática. Busca la iniciativa y suele recrearse en las complicaciones. Temerario, ha tenido partidas delicadas que salvó evidenciando capacidad de reacción y abundancia de recursos. Es D’Artagnan, un D’Artagnan impenitente. En el año 1924, cuando empezó a jugar, de pantalones cortos, era el pibe Maderna. En 1928, cuando llegó 3º en el Torneo Mayor, era el pibe Maderna. Fue a Europa y Ståhlberg, uno de los grandes maestros de la actualidad y a quien venció, lo conoció sin duda como el pibe Maderna.[17]


[1] El Ajedrez Americano nº 43, pág. 162.

[2] Roberto Grau, La Nación, 8 de julio de 1930. Crítica, 12 de julio de 1930.

[3] Amílcar Celaya, Crítica, 8 de julio de 1930.

[4] Tenía que viajar desde La Plata a la ciudad de Buenos Aires, en tren.

[5] Die Schachsterne. Traducción: Las estrellas del ajedrez.

[6] Roberto Grau, Leoplán, 21 de julio de 1937.

[7] Nota de Amílcar Celaya en El Gráfico nº 1093.

[8] Nota póstuma de Roberto Grau en ¡Aquí Está! nº 826 del 17 de abril de 1944.

[9] Carlos Portela, revista Vea y Lea, 15 de febrero de 1950.

[10] Nota de Paulino Alles Monasterio firmada con el seudónimo de Roque de Reina, Mundo Deportivo, 2 de mayo de 1951.

[11] Mientras Maderna nació en 1910, Rossetto lo hizo en 1922.

[12] Rossetto utiliza la expresión “Éste” como sinónimo de “yo”, muy común en las charlas de café.

[13] Se refiere al Torneo Geniol, Buenos Aires 1931.

[14] Nota de Carlos Guimard en Mundo Deportivo nº 105 del 19 de abril de 1951.

[15] En 1924.

[16] El Gráfico nº 1643 del 2 de febrero de 1951.

[17] Nota de Rafael Castells Méndez, citada en El Gráfico nº 1643 del 2 de febrero de 1951.

Nota relacionada:
Carlos Maderna, doble campeón argentino de ajedrez y parte esencial de “la generación pionera”. Por Sergio Negri y Ernrique Arguiñariz, en https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/08/04/carlos-maderna-uno-de-los-ajedrecistas-argentinos-de-la-generacion-pionera/.

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