El cineasta Ingmar Bergman y el ajedrez, más allá de “El séptimo sello” (II)

Por Sergio Negri

El vínculo de Ingmar Bergman con el ajedrez, más allá de su relevancia impar, no se limita a la experiencia de El Séptimo Sello ya que, antes y después, lo contempló de formas diversas en su vasta e influyente cinematografía.

La primera vez que lo muestra es en Sommarlek, Juventud divino tesoro como se llamó a este film en la Argentina y el Uruguay, aunque una traducción más exacta es Juegos de verano, nombre con el que se lo conoció en España. Esta película, realizada también en blanco y negro, fue estrenada en Suecia en 1951, mas su repercusión mayor se dio a partir de su presentación fuera de las fronteras de su país, más exactamente al ser proyectada en el marco del Festival de Cine Internacional de Punta del Este (República Oriental del Uruguay) en 1952, comenzando el idilio de Bergman con Sudamérica..

En efecto, es habitualmente reivindicado que el sueco tuvo un primer mayor reconocimiento en los países ubicados a ambas orillas del Río de la Plata (y también en Brasil) y, sólo después, habrá de adquirir fama más global. De hecho, este film cayó en la indiferencia absoluta cuando fue proyectado en el Festival de Venecia (Italia) de 1954.

Se trata de la historia de una bailarina (Marie), que se enamora de un joven (Henrik), quien muere al dar un salto al mar desde las rocas, mientras las risas de ella se transforman en un inmediato gesto de horror, al observar el hecho y comprobar la crueldad del destino que transformó, en un instante, la mayor de las dichas en la más absoluta de las desesperaciones. Tiempo después la mujer, que ya no volvería a ser la misma tras aquella tragedia ocurrida en un verano en el que los jóvenes se conocieron y enamoraron, reflexionará sobre esas jornadas recordando que se trataba de:

Días como perlas, brillantes, colocadas en cuerdas doradas… llenas de juegos y caricias. Noches hechas de sueños despiertos, Donde no hay tiempo para dormir”.

Dentro de esos juegos, que en principio se refieren claramente a los de la seducción, podía estar más tangiblemente el ajedrez aunque, en este caso, se presenta en una situación menos propicia. Es que, tras la primera pelea de la pareja, ella va a buscar a su novio a su casa, observando que lo están jugando un clérigo y una señora, que era la tía de su novio, quien no se mostró precisamente acogedora y amable (minuto 53 del film).

En ese instante se verifica un diálogo del que se traslucen profundos resquemores y problemas familiares, con imputaciones a la conducta de Henrik por parte de su familiar (lo menos que lo imputaba era de holgazán), quien estaba aquejada por el cáncer. La mujer, pese a considerarse un esqueleto en vida, bastante premonitoriamente, al menos en lo que respecta a su sobrino, y pareciendo disfrutar mucho la situación, dirá:

Os enterraré a todos”.

El ajedrez, entonces, se presenta como un adecuado telón de fondo para pláticas en las que primaron, a pesar de la falta de armonía reinante (La señora, por caso, dice: “Estoy muerta desde hace algún tiempo” y su rival en el juego, un clérigo, sin inmutarse le espetará: “Como Dios planeó”), a un debate con un implícito trasfondo de inquietudes metafísicas.

Por otro lado, el juego no es sólo en este film imagen, sino que también forma parte de los diálogos, ya que en cierto momento, el pastor le anuncia a su contrincante: “Tengo estrés, señora, mi caballo está amenazando su torre”, a lo que la dama le responde, algo extrañamente: “No me mantiene sintiéndome como un fantasma”.

Imagen de Sommarlek (Juventud divino tesoro. Captura de pantalla

En esta escena, aunque sin llegar a constituir un espejo absoluto, podrían advertirse algunas reminiscencias con la partida presentada en El Séptimo Sello, donde es ahora la vieja moribunda quien asume el papel del caballero, siendo  interpelada por un clérigo y no por la Muerte.

Sin embargo, no hay otras analogías posibles entre ambas situaciones, fundamentalmente ante el distinto comportamiento de los respectivos personajes que afrontaron, en cada caso, la conducción de las piezas blancas y negras en las respectivas partidas. 

El film Sommarlek (Juventud divino tesoro), con subtítulos en español, puede ser visto en https://archive.org/details/BergmanJuegosDeVerano

En 1957 se estrena Smultronstället, una película conocida en España, siguiendo la traducción exacta de la expresión original, como Fresas salvajes, aunqueen Hispanoamérica se la llamó, más poéticamente, Cuando huye el día, aludiendo a un fragmento de un trabajo del poeta y eclesiástico sueco John Olof Wallin (1779-1839), el cual en cierto momento del film recita un anciano, cuya estrofa más precisamente anunciaba:

“¿Dónde está el amigo que busco por doquiera?

Cuando apunta el día,

mi inquietud también aumenta.

Cuando el día muere,

lo busco todavía”.

Ya para entonces Bergman había obtenido reconocimiento internacional con El Séptimo Sello (fue Premio Especial del Jurado compartido en el Festival de Cannes de 1957) consolidando, ahora con esta nueva realización que se estrenó en Suecia diez meses después que la anterior, un prestigio que había sido descubierto tan lejos, en el Cono Sur de América.

De hecho, y como prueba de ese enamoramiento rioplatense, Cuando huye el día obtuvo el Premio a la Mejor Película en el Festival de Cine de Mar del Plata de 1959 y, ese mismo año, fue nominada para el Óscar al mejor guión original, obtuvo un Globo de Oro al mejor film extranjero y el Oso de Oro en el Festival de Berlín. 

Sin embargo, al cabo de todo el sueco admitirá que no se preciaba demasiado de algunos de estos reconocimientos, ya que llegará sobre el punto a expresar:

Opino que las nominaciones al ÓSCAR son una humillación para el arte cinematográfico

Haciendo referencia a la ya mencionada Juventud Divino Tesoro, y extendiendo el análisis también a otra de sus obras, conocida en el mundo hispanoparlante como La fuente de la doncella (o El manantial de la doncella), agregará:

Nunca me alegra cuando me hablan acerca de FESTIVALES y, además, lamento profundamente que JUNGFRUKÄLLAN sea mostrada en el Festival de Cannes. Me desilusiona, pues JUNGFRUKÄLLAN, junto con SOMMARLEK, es una de las películas que más atesoro”.

En otro plano de evaluación, menos artístico quizás, aunque también decididamente espiritual, es de señalar que Smultronstället fue seleccionada por el Vaticano como una de las cuarenta y cinco mejores películas de la historia del cine, en un listado que dio a la luz en el 2017, en el que ese film del sueco aparece en la categoría “VALORES”, en el cual también aparece El séptimo Sello.

Fresas salvajes es un nuevo trabajo en blanco y negro de Bergman, en el que se retrata el viaje del anciano profesor Isak Borg desde Estocolmo a Lund, donde se concretará su jubileo doctoral, en compañía de su nuera y tres jóvenes.

En esa travesía reflexionará sobre la vida, la muerte y la existencia humana, tópicos tan recurrentemente presentes en el universo del director y guionista.

El protagonista emprende entonces una excursión, que no es sólo física, sino que apela a lo profundamente emocional, en la que los sueños jugarán un papel clave. En ese marco onírico podrá, por ejemplo, aparecer en su casa de la juventud, trasladándose en el tiempo, para observar el comportamiento de quienes eran parte de sus afectos.

También se lo verá siendo juzgado por sus comportamientos en vida, siendo inapelable la calificación, al ser condenado, justo él, que se consideraba tan correcto y exacto, por “incompetente”, siendo acusado de frialdad, egoísmo y de haberse entregado a sus obligaciones profesionales a expensas de otras experiencias más personales e íntimas en la vida.

La película comienza con el personaje principal presentándose reconociendo que, efectivamente, se dedicó a su profesión científica, agregando que tiene una madre muy mayor, una esposa fallecida hace mucho y un hijo que siguió sus pasos de médico, aunque aún no le dio descendencia.

En ese contexto de soledad, sólo siendo acompañado por un perro y su ama de llaves, se muestra un escritorio plagado de fotos de afectos no tan recorridos en lo cotidiano y, en forma muy próxima, se vislumbra un tablero de ajedrez, con una posición de una partida comenzada, seguramente de algún análisis o de una partida que disputa el profesor contra sí mismo.

En su primer parlamento anuncia: “Las conversaciones suelen reducirse a comentar y censurar la manera de ser y el comportamiento del prójimo”, razón por la cual decidió renunciar a la vida social. Mirándose ya más en tono crítico, admite ser un  pedante.

En el mencionado tablero, mientras se desplaza por la sala, el anciano hace el amague de hacer una jugada, mas sin terminar por concretarla (minuto 1 del film).

Imagen de Smultronstället (Fresas salvajes o Cuando huye el día). Captura de pantalla

Podríamos creer que el juego es contemplado en este film como fiel y permanente compañero de la cotidianidad del solitario profesor. Por lo demás, hay que destacar que, seguramente denotando su relevancia metafórica, aparece en la escena inicial, incluso antes de los títulos, un segmento en el que el protagonista se está presentando ante los espectadores en sus cualidades más esenciales.

En estas condiciones, la inclusión del ajedrez en esta escena de presentación, más allá de que luego no se reitera, podría ser vista como absolutamente relevante al advertirse que el juego es de alguna manera una parte constitutiva esencial dentro de la compleja personalidad del protagonista de la historia.

El film Smultronstället (Fresas salvajes o Cuando huye el día), con doblaje al  español, puede ser visto en https://www.youtube.com/watch?v=4HivG6fBC8M

En 1964 Bergman presenta För att inte tala om alla dessa kvinnor (¡Esas mujeres!, aunque también se la conoció como ¡Ni hablar de esas mujeres!) una comedia que, por su tono delirante, puede considerársela un acto de transgresión dentro de la filmografía del sueco. Estamos en presencia de una parodia de Otto e mezzo (), el film de su colega italiano Federico Fellini (1920-1993), que había previamente ganado el Óscar a la mejor producción extranjera en 1963.

La trama se centra en un músico talentoso, de nombre Félix, quien vive con siete mujeres en una gran casa, viéndose que es visitado por un periodista presuntuoso, de nombre Cornelius, que quiere escribir su biografía. En el film se desarrollan escenas muy desopilantes de alta comicidad las que, en principio, parecen muy alejadas del estilo argumental conceptual del cineasta sueco.

En cierto momento de la narración se observa a cinco de las damas en cuestión, conversando a la vera de una piscina, de una forma muy animada. Se genera una discusión entre dos de ellas, en el marco de la cual una le arroja el café sobre la cabeza a la otra, la que replica embadurnándole la cara con crema a su interlocutora.

En ese contexto tan bizarro, se observa ingresar a un asistente, quien acerca una mesa en la que está apoyada una copa y una botella, que se intuye, dentro del desenfreno del clima reinante, que corresponde a alguna bebida alcohólica, en la cual se ubica un tablero de ajedrez (minuto 35 del film).

Imagen de För att inte tala om alla dessa kvinnor (¡Esas mujeres!). Captura de pantalla

 En este caso el juego es un recurso meramente incidental, siendo parte de un fotograma. De todas maneras, hay que significar que será un mudo testigo de alguna de las situaciones hilarantes que acontecerán en su derredor.

El film För att inte tala om alla dessa kvinnor (¡Esas mujeres!), en idioma sueco original, puede ser visto en https://hdfy.to/movies/comedy/all-these-women-1964-watch-online

De 1969 es  En passion, titulada Pasión en España y La pasión de Ana en Hispanoamérica, el primer film en color realizado por Bergman. Esta obra se centra en las dificultades de comunicación entre las personas, impidiéndoles amarse con libertad y verdad, por lo que las relaciones desembocan necesariamente en tragedias. De alguna manera el implícito interrogante que se formula es si la única alternativa que nos queda es la de llevar una vida de ermitaños.

Andreas, el protagonista, nuestro conocido Max Von Sydow (nacido en 1929), el mismo que asumió el rol del caballero medieval en El Séptimo Sello, es ahora un hombre bastante solitario, que se refugió en una isla, tras un controvertido divorcio, donde conoce a Anna, rol interpretado por la grandiosa Liv Ullmann (nacida en 1938). Ella, por su parte, tiene sus propios profundos conflictos: es que, en un accidente de auto, mientras ella misma conducía, perecieron su esposo e hijo.

Ambos, uniendo los dolores, y algunas expectativas, habrán de abordar  una relación compleja, no exenta de mentiras, en el marco de una convivencia que, en principio, parecía serles propicia. En cierto momento, tras sacrificar un ave malherida, comienzan un diálogo mientras juegan una partida de ajedrez. Primero, discurren si esa decisión extrema adoptada con el pájaro era inevitable para, de inmediato, pasar a cuestionamiento de tono interpersonal. En ese instante Anna le inquiere a Andreas si era cierto que había tenido una relación con Eva, una amiga de ellos. El ajedrez, como tantas otras veces, genera un clima de  intimidad y de necesidad de confesiones, las que no siempre llegan.

La forma en que afrontan la partida (minuto 67 del vídeo), es absolutamente irregular desde el punto de vista de la técnica: 1. d4 d5 2. e3 e6 3. b4? seguido de la aún más dudosa Dd3. Además, los movimientos se efectúan en forma excesivamente rápida, denotando la poca preparación de los contendientes.

Por lo demás, es notable otra circunstancia ya que, contra toda lógica, los rivales no están sentados en forma enfrentada, como es natural y convencional, sino que se ubican uno al lado del otro. Evidentemente, estas concesiones se impusieron para permitir que el director tome primerísimos planos de los protagonistas del film más que, como también se ha especulado, para que  nos proponga la idea de la existencia de un contacto más íntimo.

Anna, quien conduce las piezas blancas, drásticamente da por concluido el combate, con el simple expediente de arrojar las piezas de forma tal de que las desestabiliza, lo que sucede cuando Andreas niega ese otro vínculo amoroso diciendo que Eva: “De mí en todo caso no necesita defenderse”, como respuesta a la afirmación de Anna en el sentido de que “Eva es totalmente indefensa”.

Por cierto, el paralelismo de este diálogo con la evolución del juego es paradigmático y, en todo caso, por la forma en que se resolvió la partida, pareciera que el que debe procurar defenderse, en todo caso, es el bueno de Andreas…

Imagen de En passion (Pasión o La pasión de Ana). Captura de pantalla

Hay otro momento del film en el que el ajedrez hace acto de presencia. Ya aproximándose el final, la policía arriba a la casa en la que viven Andreas y Anna, para comunicarle la muerte de un vecino de ellos quien, al ser encontrado sin vida, tenía una carta dirigida a aquel. En ese contexto se aprecia que, mientras ella se halla frente a una máquina de escribir, donde hacía sus trabajos de traducción, su aún compañero está analizando, pipa en mano, desde el lugar que le corresponde al conductor de las piezas negras, una partida  ya comenzada (minuto 74 del vídeo).

La secuencia es importante ya que el conflicto entre ambos se profundiza cuando, al acto de Anna de rezar por la memoria del suicidado, Andreas la increpa diciéndole que esa escena se trata de “un maldito teatro barato” y que ella sólo rezaba por sí misma.

En Bergman siempre podemos obtener diálogos memorables,  por su profundidad impar. Un segmento para destacar del film, de entre tantos otros, fue estructurado en tono de interrogantes:

“¿Porqué todo será así?, ¿Qué clase de veneno mortal carcome todo lo mejor de nosotros y deja tan sólo la cáscara?”.

Eso es lo que le pregunta Eva a Andreas, a la hora de las íntimas confesiones y como preámbulo de las no reconocidas infidelidades. Otro interrogante crucial, que se hace en este caso Andreas a la hora de cuestionárselo todo, es el siguiente:

“¿No es acaso la libertad un veneno terrible para un humillado?”.

Un Bergman que, en su hondura dramática, también en esta obra, como quedó dicho, supo apelar al ajedrez en un momento clave, ese en el que se despierta el conflicto definitivo entre los personajes centrales. Un juego por el cual el cineasta tenía evidentemente el mismo sentimiento de pasión que, quizás, a pesar de algunos de sus dichos y comportamientos, pudieron haber tenido recíprocamente los complejos Andreas y Anna.

Un vídeo de En passion (Pasión o La pasión de Ana), con doblaje al español, (conteniendo imágenes del film, reportajes a los actores y otros elementos de edición), puede ser visto en https://www.youtube.com/watch?v=7I5nP2B77cs

Cuando Bergman llevó en 1975 su propia versión de la ópera La flauta mágica (Die Zauberflöte, en el idioma original), produjo un film que llevó el título original, conforme la traducción literal al sueco, de Trollflöjten, el cual fue concebido, en principio, para la televisión, aunque luego sobrevendría una cinta cinematográfica, en la que el ajedrez aparecerá en varias ocasiones en el contexto de esta recreación de la magnífica obra de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).

Por ejemplo, ello acontece casi de inmediato cuando Papageno, quien es definido como un hombre-pájaro, quien será el  encargado de asistir a Tamino en su búsqueda de la secuestrada Pamina, al despertarse de su lecho, con expresiones de una  alegría que le era tan habitual, se aprecia que, sobre la mesa de su sala de dormir, se ubica un tablero con algunas de las piezas dispuestas sobre él (minuto 15 del film). También se ve al ajedrez (minuto 67 del film) en el momento en el que la pareja protagonista de la historia está, en espera de reaparecer en escena, en un momento del intermedio de la ópera jugando una partida.

Esta situación tiene cierta ambigüedad ya que, si bien no corresponde al film sino al espacio de entre bambalinas, hay un tercer personaje que los observa a los actores en situación de recreo el cual, a continuación, volverá a aparecer apenas recomience la trama. Con lo que el ajedrez es un nexo entre la realidad y la ficción o, en este caso, entre una situación fuera de escena y otra ya recomenzada la filmación..

En ese segundo Acto se apreciará que la fraternidad le proponen a Tamino y a Papageno, sumarse a la orden, por lo que se escenificará una ceremonia de iniciación que es una clara referencia al proceso respectivo que caracteriza a la Masonería, un movimiento al que adscribía Mozart.

Imagen de Trollflöjten (La flauta mágica), captura de pantalla

En este orden podría haber otro meta-mensaje que vincula al ajedrez con el film ya que, como es sabido, las organizaciones masónicas tienen cierta relación con el juego. Por un lado, en sus sedes suele verse que en los pisos se presentan decoraciones en forma de damero, que remiten al tablero escaqueado. Por el otro, valores sostenidos en esa clase de logias apelan a una estricta dialéctica, que se refleja perfectamente en el contraste de colores que caracterizan al ajedrez, esos que pueden ser vislumbrados como el conflicto entre la luz y la oscuridad.

Hay con todo que decir que, en el libreto original de la ópera que tiene la inolvidable música de Mozart, que le corresponde al alemán Emanuel Schikaneder (1751-1812), el ajedrez, al menos en lo que concierne a los diálogos de los personajes, no forma parte de ningún pasaje.

Sin embargo, a la hora de que Bergman la llevara a la pantalla, haciendo su propia versión, no dudó en mostrar diversas imágenes en las que aparecía un juego que, evidentemente, consideraba pertinente mostrar. Juego que, ya lo sabemos, no le resultaba para nada indiferente.

El film Trollflöjten (La flauta mágica), en idioma alemán y con subtítulos en italiano, puede ser visto en https://www.youtube.com/watch?v=QAUBzVldsUw

Höstsonaten (Sonata de otoño), es otro extraordinario film de Bergman, ganador del Globo de Oro y que contó con dos nominaciones a los premios Óscar, que vio en este caso la luz en el año 1978. Su argumento se centra en la relación de una famosa pianista y sus hijas, una de las cuales está postrada por una cruel enfermedad. De alguna manera, el planteo procura reflejar que aquella intenta, tras fallecer su segundo marido, y decididamente en forma infructuosa, recuperar algo del tiempo perdido, ante el débil rol que había ejercido a lo largo de su vida en materia de maternidad.

Una de esas frases inolvidables que en Bergman adquieren la poderosa presencia de un puñal que penetra en la consciencia es la siguiente:

Para mí, el hombre es una creación insuperable como un pensamiento incomprensible. Todo existe en el hombre, desde lo mejor a lo peor. El hombre fue creado a imagen de Dios y todo existe en Dios…”.

Eso dice la hija a una madre a la que solía admirarla, antes de comenzar la hora de los replanteos existenciales y de los consiguientes duros reproches, a quien terminará por espetarle que era una “lisiada emocional” al tiempo de algo cruelmente preguntarle:

“¿Es la infelicidad de la hija el triunfo de su madre?”.

La madre, una exitosa concertista, pasaba su existencia yendo de gira en gira. En su casa, se dedicaba a perfeccionarse al piano por lo que, su dedicación a la familia, distaba bastante de ser la querida por su entorno. La hija, al recordar uno de los tantos momentos de ausencia de su madre, plantea un desgarrador concepto que tuvo en su momento la niña quien, al verla a su madre partir, dice:

Ya estabas de camino, no me viste. Y te habías ido. Pensé: ´Ahora mi corazón se parará. Moriré de dolor´. Nunca volveré a ser feliz”.

Tras ese momento de confesiones que resulta crucial, uno que se refiere a un momento que será terriblemente constitutivo en la psiquis de la memoriosa hija, se la pudo ver a esta permanecer en busca de consuelo encima de su padre, quien fumaba pipa, sentado en el sofá de una sala en la que lucía, como protagonista, una gran biblioteca. En forma muy próxima se disponía una mesa con un tablero de ajedrez que, en esas circunstancias, estaba lejos de poder aliviar las penas (minuto 54 del film).

Imagen de Höstsonaten (Sonata de otoño), en imágenes superpuestas en el original indicando instantes del presente y del pasado. Captura de pantalla

El juego puede ser visto, nuevamente segundos después, en oportunidad en la que un tío comparte con el padre de la acongojada niña una copa de coñac. Libros, volutas de humo, bebidas espirituosas, el milenario ajedrez, todos elementos icónicos que parecen apostar a una tranquilidad, a un paraíso perdido, los que no necesariamente están presentes en la vida. O, al decir de la hija ya en una cuestionadora adultez, que remiten a un silencio que permitía sólo oír los tres relojes de la casa.

En esas circunstancias, con la ausencia reiterada de la madre, no había demasiado qué decir. Sólo dejar que transcurran las manivelas del tiempo y esperar, tal vez, tener la oportunidad de que se verifique otro tiempo, el de los reproches.

El film Höstsonaten (Sonata de otoño), con subtítulos en español, puede ser visto en https://archive.org/details/SonataDeOtooBergmanIngmar1978AngeeParaZoowoman.websiteVOSE

De 1980 es Aus dem Leben der Marionetten (De la vida de las marionetas), un film que fue concebido para la televisión, en el que se presenta una situación en la que se aprecia que, tras una fachada de matrimonio en apariencia irreprochable, el marido, Peter, tiene una fantasía, que viene elucubrando desde hace dos años (la que es presentada en cierto momento como  experiencia onírica), de matar a Katarina, su mujer.

En ese contexto acude a su psiquiatra y, al hacerlo, se percatará de que el profesional era amante de ella aunque, más allá de esta (nueva) infidelidad, comprobará que el amor los seguía uniendo. El matrimonio, sin embargo, va evidenciando pruebas de deterioro. Peter intenta suicidarse y, días después de arrepentirse de esa extrema decisión, tomará otra, la de asesinar a una prostituta que llevaba el nombre de su mujer.

Esta desdichada mujer será la víctima sustitutoria de otros deseos reprimidos. Sin que medie motivo alguno, la estrangula y viola después de muerta. Tras ser encarcelado, el asesino se encierra en un absoluto hermetismo sobre las razones de su proceder. En prisión, como refugio de esa soledad, de ese hermetismo, de esa pena, de esa imposibilidad de relacionarse con otros seres humanos, se lo podrá ver jugando al ajedrez sólo contra una computadora.

El psiquiatra, en ese contexto, traza el diagnóstico en el que asegurará que, producto de una homosexualidad reprimida y la interacción continua con mujeres dominantes (la madre primero, la esposa después  Peter:

 “…en vez de ser él mismo jugaba el rol que la educación y el medio le habían impuesto”.

Para de inmediato agregar:

La avalancha emocional comienza a moverse”.

De esta forma el profesional se refiere a los momentos previos al asesinato, mientras la imagen lo muestra al criminal mover un caballo sobre el tablero (minuto 95 del film), en el preciso instante en que le anuncia mate a su rival no humano, con el mismo gesto imperturbable con el que seguramente decidió quitarle la vida a la prostituta.

Es que, y Bergman bien lo sabía, se juega al ajedrez de la misma forma por momentos imperturbable en que se juega el juego de la vida aunque, en este caso, de una forma tan perversa como aparentemente inexplicable, se puede llegar a quitar la existencia a un inocente semejante sin que medie marco lógico explicativo alguno.

Imagen de Aus dem Leben der Marionetten (De la vida de las marionetas). Captura de pantalla

En el Epílogo del film (comienza en el minuto 96), se refuerza el vínculo del relato con el juego al exponerse que el recluso:

En cuanto se ha levantado toma el desayuno y se hace la cama. Se levanta antes que todos los demás. Se sienta frente al tablero de ajedrez Programa la computadora a un altísimo nivel de dificultad. Y a veces sigue durante varios días con la misma partida (…) Algunas noches duerme con un viejo y gastado osito de peluche. Probablemente un recuerdo de la infancia”.

Peter se convirtió, como sugiere el título del film, definitivamente en una marioneta. Como siempre lo ha sido. Como trató a esa prostituta antes de matarse. Como considera a cada una de las piezas de ajedrez inertes de esas interminables partidas que disputa a la hora del silencio, de la soledad, del confinamiento, del pesar más profundo, ese que nunca pudo ni podrá expresar por su reprimida personalidad y psicología.

El film Aus dem Leben der Marionetten (De la vida de las marionetas), con doblaje al español, puede ser visto en https://zoowoman.website/wp/movies/de-la-vida-de-las-marionetas/

Bergman ofrece la notable y extensa Fanny och Alexander (Fanny y Alexander), una obra de 1982 que en principio se la había considerado como definitiva (veinte años después sorprenderá con una nueva realización, Saraband), mas lo es en tanto legado, la cual obtuvo en 1984 cuatro premios Óscar, en las categorías de Mejor película extranjera, Mejor fotografía, Mejor diseño de vestuario y Mejor dirección de arte, mas no sucedió lo propio en el rubro Director. Sus sucesos se ubican a inicios del siglo XX, en el contexto de la celebración navideña de una numerosa familia burguesa dedicada al teatro, viéndose a la abuela actriz, quien en cierto momento reconocerá que:

“…todo el mundo actúa en la vida en realidad: hay papeles divertidos y otros menos”.

El film asume la perspectiva de la infancia, siendo los protagonistas dos hermanos de ocho y diez años. Se ha dicho, alternativamente, que Bergman se reflejó a sí mismo en su propia infancia en  los caracteres de ambos niños. En cualquier caso estamos en presencia de un film que contiene numerosos aspectos autobiográficos, además de contemplar ciertos trazos en los que se entremezclan lo real y las fantasías. De hecho de ella el director dirá que es:

“…la suma total de mi vida como cineasta”.

En esas condiciones, no debería de sorprender que el ajedrez tuviera también su lugar en la mirada de un cineasta que tuvo al juego presente en tantas de sus magníficas realizaciones. Un piso que remite a un tablero escaqueado, con forma de damero, es la inicial imagen que se aprecia (en los primeros segundos del film), divisándose como elegante ornamento de un telón que se baja durante una representación que transcurre en un pequeño teatro infantil en el que Alexander acomoda algunas de las figuras que, en su imaginación, habrán de entrar en escena.

Luego, cuando el niño va a presenciar un ensayo de Hamlet, se observan detrás de bambalinas algunas situaciones más vinculadas al presente que al relato de Shakespeare. Por un lado, se verá al actor, que hace de espectro, es decir la aparición que le sucede al protagonista informándole que es el espíritu de su padre y que su tío Claudio lo asesinó al verter veneno en su oído, recitar una parte de  la Escena V del Acto I, en la que se dice:

Dormía yo una tarde en mi jardín según lo acostumbraba siempre. Tu tío me sorprende en aquella hora de quietud, y trayendo consigo una ampolla de licor venenoso, derrama en mi oído su ponzoñosa destilación…”.

Por el otro, una pareja, menos acomplejada y atormentada, está seduciéndose. Además, en una situación paralela, otros intérpretes, con uno de ellos manteniéndose de pie, pasan el tiempo jugando al ajedrez usando desde ya los ropajes que prescribe la directriz escénica (minuto 55 del film).

Imagen de Fanny och Alexander (Fanny y Alexander). Captura de pantalla

Todo ello transcurre antes de que el mentado actor, ese que estaba recitando el referido tramo de Hamlet, quien no era otro que el padre de Fanny y Alexander, iba a tener una descompensación física que lo llevaría a su muerte, tras lo cual se provocarían cambios profundos y en varios sentidos indeseados en la situación familiar. El fallecido, ya como espectro, es decir asumiendo el mismo personaje que estaba interpretando a la hora de morir, habrá de regresar, presentándose a varios de los circunstantes, en particular a Alexander.

Los niños sufrirán los rigores de su padrastro, que era un clérigo (la misma condición que tuvo el severo padre de Bergman), del que se liberarían, aunque no del todo, ya que el obispo también volverá, tiempo después, y una vez muerto, como otra figura fantasmal. En este clima, en el que se entremezclan las realidades y las fantasías, resuena la frase final del film pronunciada por la abuela de Fanny y Alexander:

Todo puede ocurrir, todo es posible y verosímil. Tiempo y espacio no existen: sobre una insignificante base de realidad, la imaginación hila y teje nuevos dibujos…”.

Es un parlamento que corresponde a El sueño, una obra de teatro del dramaturgo August Strindberg (1849-1912). Unas  palabras que, podría decirse, reflejan perfectamente el ideario de la cinematografía de Bergman.

El film Fanny och Alexander (Fanny y Alexander), con doblaje al español, puede ser visto en   https://youtu.be/yi9hfrZ8WtM

A manera de cierre podemos afirmar que Bergman empleó en su cinematografía, en forma reiterada y relevante, al ajedrez, dotándolo de diversos sentidos metafóricos. Como hemos visto, lo consideró testigo de las reflexiones personales más íntimas, en Smultronstället (Fresas salvajes o Cuando huye el día); de algunos devaneos no exentos de causticidad, lo que sucedió en Sommarlek (Juventud divino tesoro); de confesiones demandadas en el plano amoroso, tal cual lo sugiere en En passion (Pasión o La pasión de Ana), o del dolor de una hija por los reiterados abandonos de su madre, lo que se evidencia en Höstsonaten (Sonata de otoño).

Otros abordajes con centro en el ajedrez fueron los que se visualizan en Trollflöjten (La flauta mágica), donde los actores principales lo tuvieron como entretenimiento antes de comenzar el segundo acto de la ópera, lo que se reitera en Fanny och Alexander (Fanny y Alexander) con sendos intérpretes de una obra de teatro; y el de haber podido ser testigo de las jocosas, y algo inesperadas -desde la perspectiva de la estética reconocible en el sueco-, situaciones  planteadas en För att inte tala om alla dessa kvinnor (¡Esas mujeres!).

Un uso particularmente central del juego, y que merece una atención especial, está dado en Aus dem Leben der Marionetten (De la vida de las marionetas), film en el ajedrez aparece sobre el final adquiriendo gran protagonismo. Es que, siendo compañero del atormentado personaje principal, a la vez ayuda a comprender la complejidad de la psiquis  de quien, inopinada e inexplicablemente, comete un crimen.

Con todo, como es bien sabido, el momento más relevante y sublime en el que aparece el ajedrez a lo largo de su filmografía, convirtiéndose desde ese momento parte de una relevante iconografía universal que tiene al cine como medio expresivo, se dio al proponer que un caballero medieval pudiera jugar una partida con la muerte, lo que sucedió en Det sjunde inseglet (El Séptimo Sello).

Esa película, a la que un muy exigente Bergman califica de “irregular”, y a la que sin embargo le guarda mucho cariño, ya que la hizo “en condiciones muy primitivas con una gran movilización de vitalidad y entusiasmo”, remite a su propia infancia, a poco que se recuerde la imagen evocativa que había visto cuando niño en la que esos mismos rivales, el caballero medieval y la Muerte, estaban en un mural pintado en una iglesia que visitó junto a su padre.    

Bergman, con esta creación, le reconoce al ajedrez su intenso sentido metafísico, abonando además esa tesis, sostenida entre otros por el periodista español Gregorio Belinchón quien, muy apropiadamente, asegura que el sueco se encargó de filmar el alma humana.

Esta clase de imágenes nos recuerdan los vínculos de los juegos de proto-ajedrez orientales, esos que le sirvieron de sustento y de fuente de inspiración, con planos superiores. Por ejemplo, la relación del chaturanga indio con los mandalas, con los que quizás se procure disolver las diferencias entre lo humano y lo divino. O las teorías que emparentan al xiang-qi chino con el I Ching, el libro de los sortilegios, donde se refleja perfectamente  la dualidad entre el Yin y el Yang (el Cielo y la Tierra).

Un sentido metafísico del Bergman de El séptimo sello que nos remite, especialmente, al momento crucial en el que, los simples mortales, en la antigua civilización egipcia, eran presentados jugando al senet, un juego que es un antecedente de todos los que sobrevendrían. En esas condiciones los mortales debían enfrentarse  a Osiris, el dios funerario y juzgador de las almas, en el preciso momento del paso a la ultratumba, en una precisa analogía de las imágenes del cineasta sueco que confrontan, a la hora final, al caballero y a la Muerte.

En estos terrenos metafísicos transitados por Bergman, conla poderosa fuerza de imágenes y diálogos que resultan desafiantes y conmovedores, el ajedrez, en su calidad de metáfora, adquiere una fuerza muy especial y de profunda simbología a la hora de reflexionarse sobre las cosas últimas, habida cuenta de que el juego puede reflejar de forma perfecta, como muy pocas otras cosas en la vida, la lucha agonal y definitiva en la que nos embarcamos en la vida.

Por esa razón, y más allá de una imperecedera filmografía integral que, por múltiples razones, es de imprescindible relectura, el cineasta sueco, ese que siempre expresó que su idea era, más que procurar reflejar “la verdadera naturaleza de la condición humana, la forma en que a él le hubiera gustado que fuera”, quedará por siempre asociado al más misterioso, influyente y ancestral de los entretenimientos que supo alguna vez crear la Humanidad.

En sus prodigiosas manos, y bajo su esencial mirada, el juego habrá de adquirir una decisiva y definitiva fuerza dramática.

A partir de lo hecho por Bergman teniendo como eje al ajedrez, fundamentalmente por esas inolvidables escenas que aparecen en El séptimo sello, aunque también por las que surgen a lo largo de su obra cinematográfica más integral (como procuramos evidenciar en el presente trabajo), podremos conservar en nuestras retinas, y también en nuestras memorias y nuestros corazones, imágenes cautivantes que apelan a un marco reflexivo las que, sin dudas, resultarán por siempre inolvidables.

Nota relacionada:

El cineasta Ingmar Bergman y el ajedrez (I): “El séptimo sello”. Por Sergio Negri, en https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/?s=bergman.

©ALS, 2021

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