El día en que la máquina agote al ajedrez

Por Enrique Arguiñariz

Todos, de niños, nos hemos puesto, alguna vez, manos a la obra para desentrañar los modestos misterios del Tatetí. En realidad no nos pudo haber llevado demasiado trabajo descubrir que cualquier partida de este juego, bien jugada, sólo puede terminar en empate, aunque nos toque ser el que inicia la partida (o trasladando al ajedrez, “el que lleva las blancas”). El secreto estratégico es hacer jugadas siempre por las casillas que correspondan a la mayor cantidad de filas y diagonales. Obviamente, lo primero que debe intentarse es ocupar la casilla central, que pertenece a dos filas y dos diagonales. Si ella ya está ocupada, lo mejor es buscar alguna de los cuatro vértices, que corresponden a dos filas y una diagonal. Y las peores alternativas, siempre serán las casillas centrales de cada fila lateral, que sólo pertenecen a dos filas y ninguna diagonal de tres (O “tatetizable”. Perdón por el neologismo). Todas estas consideraciones estratégicas van de la mano de la apreciación táctica del juego: lo que acabo de decir es muy lindo, pero siempre habrá que priorizar la posibilidad de que el rival no nos vaya a hacer un tatetí en una, que equivale a un mate seco en ajedrez.

Escribiendo esta introducción, me doy cuenta de que el tatetí es una buena metáfora del ajedrez: en los dos hay táctica y hay estrategia, pero en el tatetí esta estrategia es fácilmente demostrable por la táctica, ya que mientras en ajedrez una partida dura un promedio de cuarenta jugadas, en el tatetí la partida apenas dura 9 medias jugadas, es decir, cinco jugadas del que empezó, y cuatro del segundo jugador. Entonces, cualquier hipótesis estratégica puede demostrarse muy rápidamente por la táctica.

Otra similitud entre ambos juegos es el ataque doble: en ajedrez siempre es un dolor de cabeza para el rival, ya que implica dos amenazas distintas en una jugada, y como en ambos juegos cada participante dispone de una jugada por vez, no siempre existe una única jugada que defienda ambas amenazas. Y en el tatetí, la doble amenaza también existe, y es el recurso ganador del juego: ubicar nuestra jugada en una casilla en la que se amenazan dos tatetís (o “tatetíes “, no sé cuál es el plural) simultáneos, que no van a poder ser defendidos con un solo movimiento.

Pero dejemos de hacer consideraciones que los lectores tienen muy claro, porque alguna vez han sido niños. Y los que nunca antes han sido niños, no queda otra alternativa más de que lo estén siendo sean en este momento. En ambos casos, no hay nada más que explicar con el tatetí, vayamos al ajedrez.

Desentrañar el misterio del ajedrez, o agotarlo, ya no es tarea fácil. Aún no se lo ha logrado, y la única alternativa es esperar a que la informática haya evolucionado tanto como para poder hacerlo, vaya uno a saber en cuantos años. Porque el árbol de variantes que tiene el ajedrez desde su posición inicial no es infinito, pero sí descomunalmente gigantesco. No vamos a caer en la exageración que anda por ahí (“hay más posiciones en el ajedrez que átomos en el universo”), porque esa  afirmación es totalmente falsa: si todavía no se conocen cuántas galaxias existen, ¿Cómo podemos saber desde ahora  cuantos átomos las componen? Es más: me animaría a afirmar que mi propio cuerpo hoy ya tiene más átomos que todas las posiciones que puedan existir en ajedrez. Afirmo esto porque con el encierro de la pandemia, he engordado algunos kilos.

Pero volvamos al ajedrez y su agotamiento: va a ser desentrañado por la informática, y este proceso ya está en marcha, por dos vertientes: de atrás para adelante, y de adelante para atrás.

De atrás para adelante está desentrañando este misterio  Eugene Nalinov, un desarrollador de software ruso que ya ha agotado por medios informáticos finales de ajedrez de 6 o menos piezas. Su trabajo se conoce como “Las tablas de Navilov”, y hasta podemos introducir cualquier posición de ajedrez con esa mínima cantidad de piezas entre los dos bandos en algún sitio de internet, y el sistema dictaminará de manera inapelable qué bando gana la partida o si es un empate.

Cuando Namilov o sus continuadores hayan desentrañado posiciones de hasta 32 piezas, podemos considerar agotado el ajedrez. Y tampoco valdrá el recurso de que si el ajedrez tradicional quedó agotado “podemos seguir jugando al Fischer Random”, porque este método de solución del enigma “de atrás para adelante” también se llevará puesto al Fischer Random o cualquier otra variante del juego que consista en cambiar la posición inicial de las piezas.

Por otra parte, los motores de análisis usuales, que entre otras cosas usan el “análisis por fuerza bruta”, que consiste en recorrer absolutamente todas las ramificaciones de cada posición hasta el número de jugadas que sea posible gracias a la tecnología, cada vez profundizan más su trabajo, y no va a ser raro que algún día  digan “hemos explorado totalmente el inconmensurable árbol de variantes que surge desde la posición inicial, hasta llegar a las puntas de cada ramita, en las que existe empate por cualquiera de las causales reglamentarias, o alguno de los dos bandos ha dado jaque mate”.  Cuando ello suceda, tendremos “de adelante para atrás” una evidencia de que el ajedrez ha sido agotado.

Debemos apuntar que todavía falta mucho para que un motor de análisis destruya o agote al ajedrez.  En 1997, Deep Blue derrotó por la mínima diferencia a Gary Kaspárov (3.5 a 2.5). Hoy, el programa Stockfish 8 en cualquier computadora hogareña posee un Elo de 3.400 puntos, que ningún ser humano, aunque sea campeón mundial, ha llegado a alcanzar. De esta manera nuestra computadora, o quizá nuestro teléfono es capaz de vencer a Kaspárov o a Carlsen como si nada. Pero la historia no quedó allí. Alpha Zero derrotó a Stockfish 8 en el 2017 de manera inapelable, demostrando un Elo de 3.453.  

Queda claro que la competencia en las grandes alturas del ajedrez universal ya prescinde de la participación directa de humanos. No obstante todo esto, ninguno de estos aplicativos está ni cerca de agotar al ajedrez.

Pero, más tarde o más temprano, el día llegará. ¿Qué ocurrirá cuando las máquinas resuelvan definitivamente quién gana en la posición inicial? Para el imaginario colectivo, hay tres resultados posibles: o ganan las blancas, gracias a su tiempo de más, o es tablas, o ganan las negras, porque se descubre que en la posición inicial las blancas están en “zugzwang”. En cualquiera de los tres casos, la informática develaría “la partida perfecta”, es decir, la partida sin errores. Y desde ese momento, todos los maestros de ajedrez se limitarían a memorizar esa partida perfecta, de manera tal que en pocas jugadas, el bando perdedor abandonaría rápidamente la partida, cuando compruebe que su rival la recuerda perfectamente, o del mismo modo se sellaría el empate en pocas jugadas, si el dictamen final va por ese lado. Y todo esto no sería otra cosa que la tan temida muerte del ajedrez.

Pero permitámonos revisar de manera crítica y cuidadosa todas estas afirmaciones.

Por un lado, de los tres resultados, yo retiraría aquel que pronostica que triunfan las negras por zugzwang del blanco. Este pronóstico sólo tiene el valor de un buen chiste. Y también descartaría el triunfo de las blancas, por una razón de analogía con el tatetí: si en un juego de tablero muy pequeño y desarrollo total de apenas 4,5 medias jugadas  el segundo jugador, el “negro” del tatetí no pierde, el resultado normal es empate, menos ello va a ocurrir en un juego de mucha mayor complejidad como el ajedrez. Me arriesgo entonces a afirmar que cuando la informática desnude el misterio del ajedrez, el resultado final va a ser que jugando de manera perfecta ambos bandos, la partida será tablas. Sustento esta afirmación, en principio, en cierta intuición que manejo, cierta lógica que entiendo que me asiste, y también, en varios años de tatetí en mi infancia.

“Sea como sea, el ajedrez va a morir igual a manos de la informática. Todos los jugadores memorizarán la partida perfecta, la ejecutarán en el tablero, y en todos los torneos solo existirán los empates”. Otro vaticinio erróneo que quiero descartar. Lo más probable es que luego del trabajo de la máquina, no va a existir una única partida perfecta, sino…millones. Y nadie puede memorizar millones. Y aún en el improbable caso de la “única partida perfecta”, siempre existirá la posibilidad de salirse de ese libreto, patear literalmente el tablero, y todo vuelve a quedar en manos del talento, la creatividad y el esfuerzo de cada jugador.

En definitiva, es seguro que la práctica del ajedrez por correspondencia, también llamado teleajedrez, va a dejar de existir[i]. En realidad, creo que ello ya ha ocurrido, aunque los teleajedrecistas no lo sepan. Como los maestros del teleajedrez se valen del mejor software informático para jugar, resulta que ese software juega contra sí mismo en todas las partidas de un torneo…y  entonces es lógico que, como ya ocurre, casi todas las partidas sean tablas.

Pero en el ajedrez “en vivo”, por siempre va a haber un lugar para el talento y la imaginación.


[i] En el ajedrez por correspondencia es la única modalidad en la que está permitido que los jugadores se asistan por aplicativos informáticos.

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