Julio Bolbochán (4)

Por Juan S. Morgado

1950 ¿No pudo concentrarse Julito en Mar del Plata 1950?

Después de su reñidísimo match contra Najdorf, que Julio Bolbochán perdió sólo en la última partida, tras haber luchado de igual a igual con el campeón argentino y aspirante al título mundial, todo inducía a suponer que Julito tendría en Mar del Plata una actuación mucho más descollante que la que le cupo, no obstante ésta buenísima. Su concepto de la posición es siempre de primer orden, comparable al criterio más profundo y depurado de cualquier gran maestro; pero, como en otras ocasiones, se advierte en su estilo una tendencia constante a eludir los riesgos, lo que explica muchos de sus empates. (…) Quizás correspondiese reprocharle el academicismo extremo de sus partidas.[1]

1950 Vencí a Gligoric en Mar del Plata 1950 gracias a su empecinamiento

El Torneo de Mar del Plata ha tenido un héroe que ha hecho converger a su alrededor, en el último instante de la larga y difícil prueba, la expectativa de entendidos y profanos. Ese héroe es Julito Bolbochán, quien en la madrugada del domingo, quitó a Gligoric, triunfador del certamen, su preciada condición de único invicto. Ha dicho un comentarista: ¨Ninguno de los competidores del torneo se irá sin llevar su marca¨. 

Apoteótico

El triunfo de Julito sobre el vencedor de la prueba fue apoteótico. Llovieron a su alrededor las felicitaciones, que se hicieron extensivas a su flamante esposa. ¡El único que había podido derrotar a Gligoric, el Campeón Yugoslavo, el maestro que derrotó a Ståhlberg en match, el guerrillero que asoma como la estrella más promisoria entre los ajedrecistas jóvenes! No nos creímos con derecho a interrumpir congratulaciones tan merecidas, y al día siguiente, ya más tranquilo Bolbochán, mientras alineaba sus bártulos para regresar a Buenos Aires, lo interrumpimos en medio de estos preparativos, a fin de requerirle sus impresiones sobre el torneo que él no había ganado, en el que tampoco había sido segundo ni tercero, pero en el que su talento de eximio conductor de finales de partida lo transformó en figura central.

Gligoric ofrece tablas

Nos dijo:

—Gligoric me ofreció tablas en la jugada 17ª, ofrecimiento que rehusé porque yo había cambiado piezas y peones para provocar un final en que quedaría aislado un peoncito de mi adversario. Logrado ese propósito que había planteado desde que inició la partida, ¿cómo iba a aceptar la nulidad en el instante mismo en que Gligoric, con su peón aislado en el centro del tablero, estaba, a mi concepto, algo inferior?—

Sorprendió su decisión, máxime cuando usted, anteriormente, había hecho tablas varias partidas en pocas jugadas, y nos pareció que al Campeón Yugoslavo no le hizo mucha gracia su negativa—

La razón de las otras tablas

—No quisiera que se interprete mal mi actitud. No es que yo haya pretendido derrotar a Gligoric a todo trance, ni que tenga en menos sus elevadas cualidades de maestro. Si, por ejemplo, cuando me enfrenté con Rossolimo acepté tablas en 15 jugadas, fue porque yo estaba en posición delicada. Sólo cuando me sentí inferior o sin perspectivas para intentar una maniobra, me avine a convenir tablas con mis adversarios ocasionales. El caso de la partida con Gligoric era distinto: yo había conseguido aislarle un peón en el centro del tablero, es decir, que mi posición era un poco superior. ¿Qué justificativo ajedrecístico hubiera tenido para aceptarle tablas en esa situación?—

Bolbochán ofrece, y Gligoric rehúsa

Pero después usted le ofreció tablas…

—En efecto, lo hice al llegar a la jugada 31ª, pero fue porque, debido a una trasposición de movimientos, perdía la situación ventajosa que hasta ese momento había tenido. Me pareció que a la jugada 31ª las tablas tenían ya una justificación técnica—

Pero Gligoric no aceptó su propuesta—

—Barruntando, en efecto, que se habían trocado los papeles, al campeón yugoslavo ya no le satisfacía la nulidad, y se propuso derrotarme—

Para castigarlo, quizá, por su osadía de no acceder al ofrecimiento?

—No prejuzgo intenciones. El vencedor del Torneo de Mar del Plata se limitó, sencillamente, a no usar de un derecho.

25 minutos una sola jugada

—A partir de ese momento, fui yo quien debía maniobrar con sumo cuidado. Gligoric era el único que no podía perder. Si (después de la jugada 44) él hubiera dejado su caballo tranquilo en 3AD, habría sido imposible que yo me acercase a sus peones. Mis perspectivas de triunfo se habían reducido a cero; en cambio, Gligoric podía intentar una maniobra, buena o mala, para ganar. Tuve la suerte de que la intentara, y de que fuese mala… Cuando, a la movida 44ª, debí suspender la partida y sellar mi jugada secreta, les confieso que estaba un poco asustado. La analicé prolijamente, variante por variante, durante 25 minutos, y sólo al cabo de ese tiempo me atreví a sellar 44.A1A—

Bolbochán olvida la cena

—Inmediatamente de ensobrar la jugada secreta, corrí al hotel para analizar, con las piezas y el tablero, la posición suspendida. Sabía que yo no podía ganar, pero quería comprobar si Gligoric tampoco, mediante maniobras de su caballo, estaba en condiciones de imponerse. Naturalmente que me olvidé de la cena, y examiné con cuidado, moviendo las piezas, todas las posibilidades del Campeón Yugoslavo. Con gran satisfacción de mi parte, comprobé que, si Gligoric pretendía ganar, sacando su caballo de la magnífica posición defensiva en que estaba, podía perder…—

La sorpresa

—Imaginarán ustedes mi asombro a la noche, al reanudar la partida, lo primero que hizo el Campeón Yugoslavo fue retroceder con el caballo C1C y dejar que mi rey se metiese entre sus peones. ¿Me había equivocado en mi análisis solitario? Gligoric, al que suponía asistido por sus compañeros de equipo Trifunovic y Pirc, ¿habría analizado mejor y más lejos que yo? Les confieso que el corazón me dio un vuelco, pero ya no era tiempo de retroceder; puesto que se me brindaba la oportunidad de ganar, había que aprovecharla. Felizmente, resultó que mis análisis eran correctos, y los de Gligoric, en cambio, equivocados—

La partida Julio Bolbochán vs. Gligoric puede ser vista desde el siguiente enlace: https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1307820.

Lentitud mental

¿Está usted conforme, señor Bolbochán, con su actuación en el torneo, coronada tan brillantemente?—

—No, no estoy satisfecho. No sé lo que me pasaba, pero la verdad es que me daba cuenta que mi cerebro no funcionaba normalmente. No soy un ajedrecista lento; sin embargo, en la partida con Michel, por ejemplo, me encontré con que para las cinco o seis primeras jugadas de apertura yo había consumido una hora y diez minutos o una hora y quince, y en muchas otras partidas se me esfumó la primera hora y media sin que me sintiese capacitado para efectuar sino poquísimas jugadas. En fin, espero reaccionar para lo sucesivo, porque de lo contrario de poca utilidad podría serle a Najdorf, si se me designase uno de sus ayudantes en el torneo de desafiantes de Budapest, y poca ayuda podría prestar al equipo argentino en el próximo Torneo de las Naciones, a realizarse en Belgrado (Dubrovnik)—

Perspectivas

¿Cuáles son sus planes para lo sucesivo, señor Bolbochán?

—No sé si la FADA me enviará a Budapest a ayudar a Najdorf a conquistar el Campeonato del Mundo. Si me quedase en Buenos Aires, mi plan sería dejar la práctica del ajedrez por uno o dos meses. Después tendría que estudiar, para prepararme para el Torneo de las Naciones a realizarse en Belgrado (Dubrovnik), en el que se presentan las más rosadas perspectivas para el equipo argentino. Con Guimard y Pilnik, que están jugando tan admirablemente bien, así como con Rossetto, que es un ajedrecista de primer orden, la Argentina puede presentar un conjunto casi imposible de superar. Además, no debemos olvidar que, naturalizado Najdorf, tendrá nuestro equipo un primer tablero distinto de los que presentó en los anteriores torneos de las naciones. Antes, la Argentina no pretendía otra cosa, en el primer tablero, que hacer la mayor cantidad posible de tablas, mientras buscaba acumular puntos en los tableros de abajo. Ahora, gracias a Najdorf, también pretendemos, con todo derecho, ganar muchos puntos en el primer tablero. Para no desentonar con Najdorf, Guimard, Pilnik y Rossetto, comprenderán ustedes que tengo la obligación de estudiar, y de estudiar mucho—

Música a destiempo

Señor Bolbochán, nos dijo usted que no está conforme con su propia actuación en Mar del Plata, pero, ¿está usted satisfecho con el éxito del torneo?—

—Satisfechísimo. Excelente en todos sus aspectos, y correcta y precisa su organización. Sólo tendría que deslizar amablemente –y nuestro entrevistado se sonrió— una pequeña queja: ¿no se hubiera podido conseguir que las partidas suspendidas, a la noche, se jugasen en un local donde no llegasen los ecos de la música del cine y del teatro del Gran Casino? Intrascendente lunar de una tarea magnífica, de la que las autoridades de la FADA pueden hallarse justamente orgullosas—[2]


[1] Noticias Gráficas, 2 de abril de 1950.

[2] Noticias Gráficas, 3 de abril de 1950.

2 respuestas a “Julio Bolbochán (4)

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