Semblanza de Steinitz. El primer campeón mundial de ajedrez que descubrió la modernidad dejando atrás el romanticismo

Por Sergio Negri

“Lo correcto era adaptarse a las circunstancias. Aun en el supuesto de que a alguien le fuera posible mejorar algunos detalles –aunque sólo se trataba de una superstición absurda–, lo único que habría conseguido, en el mejor de los casos, sería mejorar algo para asuntos futuros, pero se habría dañado extraordinariamente…”

El proceso, Franz Kafka

Al encarar este análisis adelantemos desde ahora mismo un concepto que nos parece central: todos los ajedrecistas nacidos en el siglo XX, y también en el actual, muchas veces sin saberlo, son (somos) herederos de un jugador del siglo XIX, nacido el 14 de mayo de 1836 en la hermosa ciudad de Praga, Bohemia, región que por entonces pertenecía al Imperio Austro-Húngaro.

Sobre la fecha de nacimiento ha habido alguna controversia (lamentablemente alimentada por el error cometido en su lápida en donde se consigna que fue en 1837), que entendemos ha sido saldada por Kurt Landsberger en el libro The Steinitz Papers. Letters and Documents of the First World Chess Champion Mc Farland, Jefferson, Nueva Carolina, EE.UU., 2002) donde se asegura que un niño, con el nombre W. Steinitz, fue anotado el 14 de mayo de 1836 en la casa 6/4 (¡número premonitorio de las casillas del tablero del juego que amaría y de la cantidad de años que habrá de vivir la persona recién nacida!) de Praga.

Ese autor hizo la pesquisa documental del caso habiendo determinado que es esa la fecha al revisar los libros de la comunidad judía a la que considera la única fuente documental legítima. Es más aclara que, en los otros archivos consultados, incluyendo el General, el del Presidio de la Policía Central y el del Presidio de la Policía de Praga, no figura persona alguna con ese apellido nacido en el entorno temporal buscado.

Concordantemente, es esta misma la data natal que surge en la Enciclopedia Británica (https://www.britannica.com/biography/Wilhelm-Steinitz) y en el texto de Izaak Linder & Vladímir Linder (1st World Chess Champion, Russell Enterprises Inc., Milford, EE.UU., 2014). Charles Devidé, en cambio (en A Memorial to William Steinitz, G. P. Putnam´s Sons, Nueva York y Londres, 1901 (en https://archive.org/details/cu31924029919606/page/n8/mode/2up), indica el día 17 como el que habría sido el del alumbramiento del futuro campeón, aconteciendo lo propio en el The Palgrave Dictionary of Anglo-Jewish History.

Esta discordancia en principio la aclara el historiador inglés Bill Wall para quien, si bien en los archivos de Praga se registra que el 14 fue anotado un niño llamado Wolf (luego Willhelm) Steinitz, sería el propio jugador quien aclararía ulteriormente las cosas al indicar que en rigor fue el día 17. Así se lo expresa en el número de junio de 1887 de la revista International Chess Magazine, de la que fue editor. Para mayor divergencia, en una crónica necrológica del diario The New York Times, publicada el 14 de agosto de 1900, se indica que el día de nacimiento de Steinitz fue el 18 de mayo. Kaspárov, más prudentemente, quizás al conocer todo este debate, en su magna obra My Great Predecessors Part. I sólo indicará el mes y año de nacimiento del campeón sin consignar el día exacto.

Entonces sabemos que, además de esta discordancia temporal, en rigor el nombre real de Steinitz fue el de Wolf, el que será reemplazado, al menos es lo que se sabe, por el de Willhelm por primera vez oficialmente en un pasaporte que se expedirá el 30 de junio de 1857. Así se lo conocerá por siempre al primer campeón mundial oficial de la historia del ajedrez quien, para el gran jugador letón-danés Aron Nimzowitsch (1886-1935), tuvo un solo defecto, el de que “por cincuenta años fue el mejor exponente de su generación“.

Su infancia se desarrolló en condiciones de notoria pobreza. Hasta el año 1857 vivió en una zona que supo ser otrora el gueto de Praga, transformado al cabo del tiempo en el moderno y atractivo barrio actual de Josefov el cual, en el tiempo en que se crió Steinitz, sólo presentaba pequeñas casas semidestruidas, tabernas sucias y húmedas, en un ambiente de miseria caracterizado por un olor nada agradable que provenía de los vertederos en donde se incubaban temibles enfermedades.

Siendo parte de una familia judía, sus padres, Josef-Salomon, que era sastre, y Anna Torsheva, deseaban que el niño fuera en el futuro rabino; pero se inclinó por un camino diverso, el de las matemáticas. En todo caso, fue el sobreviviente menor de todos los hermanos, siendo el noveno de trece vástagos que tuvieron sus padres. Los más pequeños que él murieron en etapas muy tempranas de su existencia, lo que era factible por las condiciones de habitabilidad en las que vivían. Su madre fallecerá también muy joven, cuando el futuro ajedrecista contaba con apenas nueve años de edad.

Aprendió a jugar al ajedrez de un compañero escolar a la edad de doce años; y eso pese a que su padre lo jugaba, mas no quiso ser quien lo introdujera en su magia, tal vez para no distraerlo. Años después, cuando vaya a Viena, alquilará un pequeño cuarto de un sastre (la profesión de su progenitor), propietario al que le pedirá prestadas las tijeras para poder cortar las cartulinas de las superficies que le servirían de tablero y de piezas, cuyo nombre se colocaba sobre cada superficie recortada. Desde esa humildad extrema, Steinitz habrá de transformarse, poco a poco, en un destacado ajedrecista, primero en su ciudad de Praga, después en Viena, más tarde en Londres, para terminar por dominar el panorama mundial.


Wilhelm Steinitz

Ese camino a la gloria ajedrecística se inicia a sus veinte años en Viena, una de las capitales del Imperio Austro-Húngaro (la otra era desde luego Budapest), para estudiar matemáticas en el Instituto Politécnico, pero durará allí apenas un año ya que, no progresará, al quedar absorbido por el juego, lo que lo condujo al fracaso en los exámenes de mineralogía y de dibujo.

Es que a fines de 1858 concurre al Café Romer, donde el ajedrez lo atrapa y, para sorpresa de todos, evidencia sus conocimientos jugando a ciegas contra varios rivales. Luego de esa exitosa experiencia será introducido en el Club de Ajedrez de Viena donde adquirirá, crecientemente, una bien ganada reputación. En ese deslumbramiento abandonará en 1859 sus estudios universitarios. El ajedrez era todo desde entonces y sería todo en su vida ulterior…

En ese club progresará rápidamente, siendo tercero en el torneo de 1859, segundo en 1860 y primero en 1861 (con 30 victorias en 34 juegos), desplegando un estilo de ataque que hiciera que se lo compare con el gran Paul Morphy (1837-1884), a quien conocerá en Nueva Orléans, muchos años más tarde, aunque en un encuentro algo tenso ya que este no quería que ni le mencionen al ajedrez cuando para el otro el juego lo era todo.

A la hora del gran torneo de Londres que se jugó entre el 16 y el 28 de junio de 1862, de nuevo en el marco de otra Gran Exhibición Universal (como había sucedido en 1851 cuando se impusiera Adolf Anderssen (1818-1879), este deslumbra nuevamente con un magnífico éxito, en una competencia en la que se introdujo el control de tiempo (25 jugadas debían ser hechas dentro de las dos horas). Este fue el ingreso de Steinitz a las grandes ligas internacionales, la que admiró su brillante encuentro ante el local Augustus Mongredien (1807-1888) el que obtuvo un premio de belleza, y quedó expectante con su quinto puesto compartido (entre catorce intervinientes). Ese mismo año hay un match casual contra Anderssen, a quien se consideraba el mejor ajedrecista de ese tiempo, en el que Steinitz pierde dos cotejos ganando uno, dando cuenta de su gran valía.

Se quedará un tiempo en Inglaterra, hasta 1864, ganando diversos matches ante buenos rivales, particularmente uno ante el italiano Serafino Dubois (1817-1899) y otro ante un exponente local en alza, el inglés Joseph Blackburne (1841-1924). En 1865 se casa con una joven inglesa de dieciocho años de edad con quien prontamente tendrá una hija, Flora, que nace el 7 de agosto de 1866.

En ese año, entre el 18 de julio y el 10 de agosto (coincidente con su paternidad), se dará un match espectacular entre Steinitz y Anderssen, siempre en Londres, con un triunfo del más joven, por 8 victorias a 6. Fue una brega muy cruenta, que se resolvió sin que se acordaran ningunas tablas (las que de todos modos no hubieran contado). El más veterano comenzó con un triunfo, luego sobrevinieron cuatro consecutivos de Steinitz, para recuperarse aquel, pasando incluso al frente tras cuatro victorias seguidas. Pero, en definitiva, en esta extenuante porfía, se impondrá el de Praga, en una actuación consagratoria, dados los pergaminos de un rival que, tras sus triunfos en los torneos de Londres de 1851 y de 1862, y salvo por la aparición fulgurante de Morphy en 1858 y 1859 en su excursión europea, se lo consideraba como el más potente jugador del mundo.

Ahora, podía en principio considerarse a Steinitz como si de un campeón mundial se tratara pero, ello sería luego puesto en duda por dos motivos básicos: Morphy, aunque virtualmente no jugaba, aún vivía; y aquel, en próximos torneos no brillará, lo que tampoco aconteció ya que vencerá a Henry Bird (1830-1908) en el otoño de 1866 demasiado ajustadamente (cuando el norteamericano en su tiempo había logrado lo propio ante el inglés en forma escandalosa). Sin embargo se observa cómo Steinitz quien, hacía apenas ocho años había comenzado a jugar al ajedrez, ya estaba a las puertas de la gloria.

Aquel match contra Anderssen, en el que se pudo establecer una suerte de puente intergeneracional, se lo considera más aún una bisagra del ajedrez mundial, entre un tiempo que fue, el del antiguo romanticismo (tan bien representado por el prusiano), y otro que sobrevendría, el de un mayor racionalismo, en una evolución que se estaba dando en la sociedad embarcada en la Revolución Industrial, la que tendrá su reflejo también en el ajedrez. Es que el mejor cultor de los nuevos tiempos, un más adaptativo Steinitz, quien supo ser romántico en la primera etapa de su carrera, supo pasar ahora a poder encarnar un más eficiente tecnicismo. Este cambio de estilo de juego particularmente se apreció en la penúltima partida en la que en el futuro sin discusión campeón del mundo, con las piezas negras, supo acumular pequeñas ventajas y asumir el control de las acciones con un lento pero continuo desplazamiento de los peones, en forma de falange, una exhibición de virtuosismo que hubiera hecho las delicias del gran jugador francés Philidor (1726-1795).

Partida N° 13 del match Steinitz vs. Anderssen, Londres, 1866, en  https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1019315

Adicionalmente, y como testimonio de un nuevo y necesario avance de la tecnología, también en las condiciones objetivas en las que debían disputarse las partidas hay que señalar que, en este match, se empleó por primera vez un reloj con dispositivo mecánico para el control del tiempo que, en el caso, fue de veinte movidas para dos horas de juego.

Formato de los relojes de ajedrez usados en los primeros tiempos

En 1867, instaladísimo en Inglaterra donde dictaba clases, daba sesiones de simultáneas (incluso bajo la modalidad de a ciegas) y se había ido convirtiendo en un importante promotor del ajedrez, es nombrado miembro honorario del London Chess Club. Siempre en la isla, en el mes de septiembre, en la ciudad escocesa de Dundee, es segundo del nacido en Silesia, Gustav Neumann (1838-1881), en una prueba en la que también juega Blackburne, la promesa local.

Ese mismo año, entre los meses de junio y julio, había sido tercero de un importante torneo en París, una vez más desarrollado en el marco de una Exhibición Mundial, en el que se impuso el eslovaco Ignác Kolisch (1837-1889), talentoso jugador que, para su fortuna personal y la pena del medio ajedrecístico, abandonó prontamente su práctica, para dedicarse a sus negocios (luego será un importante mecenas). Segundo fue el polaco Szymon Winawer (1838-1919), siendo tercero Steinitz, en el contexto de una prueba en la que se aplicó la regla de que las tablas serían consideradas derrotas para ambos contendientes.

Entre el 18 de julio y el 4 de agosto de 1870 en la ciudad de Baden-Baden, se dio el último gran triunfo de Anderssen, siendo un torneo a doble vuelta, apareciendo aquí Steinitz en calidad de escolta, habiendo perdido ambos encuentros con el vencedor. Más atrás quedaron Neumann, un jugador que morirá prematuramente, previo ingreso al estado de locura, en una condición que compartirá con Morphy y el propio Steinitz. Más atrás quedaron Blackburne y el germano Louis Paulsen (1833-1891).

Del 6 de agosto al 5 de septiembre de 1872 se registrará en Londres un gran match contra el polaco (radicado en Inglaterra) Johannes Zukertort (1842-1888), el alumno de Anderssen que se venía perfilando como su principal rival en el escenario mundial, en el que se impondrá Steinitz tras 7 triunfos, 1 derrota y 4 tablas.

Johannes Zukertort

Del 21 de julio al 29 de agosto de 1873 se realiza un gran torneo a doble vuelta en Viena, la ciudad en la que comenzó su carrera, con los auspicios financieros de un Kolisch devenido en banquero) y del Barón von Rotschild (1840-1915), donde Steinitz iguala la primera posición con Blackburne, a quien derrota en el desempate 2 a 0, quedando más atrás Anderssen

Ese año es muy importante en su carrera, ya que decide profundizar los estudios del juego, dejando de participar en torneos por un lapso prolongado de tiempo. Asume como columnista de la revista inglesa The Field donde, por casi nueve años, desplegará buena parte de sus contribuciones analíticas de la moderna escuela ajedrecística que lo tuvo de principal exponente y divulgador, y concurre a algunos torneos, mas ahora únicamente en su rol de cronista. En estas circunstancias, se mantendrá con el producido de las exhibiciones de simultáneas, sus clases (fue su alumno el padre del futuro primer ministro Winston Churchill) y del producido de su contrato con aquel medio de prensa. Pero se dedicará más bien a profundizar su análisis del juego, siendo la época más relevante para ello, ya que cambiará sustancialmente su forma de encararlo, sabiendo pasar del viejo romanticismo, apoyado en la táctica, a otra forma en la que pesará la estrategia. Era el momento de combinar las capacidades de ataque con la de defensa, siendo Steinitz el que abriría este camino con el que se establecerán las pautas definitivas de la denominada, por entonces, escuela moderna, la cual luego se considerará clásica.

Lo de Steinitz es asombroso, no solo por haber sido el mejor de su tiempo (inevitablemente cada momento histórico tiene su principal referente, en ajedrez o en lo que fuera, por lo que esa circunstancia de ser el mejor no marca la diferencia), sino por su capacidad de metamorfosearse. Para representar los nuevos valores, no fue necesario que surgiera un nuevo ajedrecista, sino que bastó que el mejor exponente de la época supiera reinventarse, asumiendo los valores impuestos en el nuevo clima que exigían los tiempos modernos. Steinitz cambió rotundamente y, en ese proceso personal, arrastró a todo el juego a dar un salto cualitativo definitivo. Es por eso que todos somos herederos del nacido en Praga. Sus años de previo ostracismo, estuvieron lejos de ser estériles. La revolución en ajedrez se hizo desde el más absoluto silencio, quizás por eso a veces no se la reconoce en toda su dimensión.

Entre los meses de junio y julio de 1881 juegan en Londres Zukertort y Blackburne un match, con triunfo amplio de aquel, cuestionado un semi retirado Steinitz ácidamente el desempeño de ambos. Se genera una fuerte polémica ya que el polaco responde en la revista Chess Monthly, siendo todo ello el preludio con el que se alimentará un conflicto entre esas dos figuras.

Eso hace que Steinitz decida regresar a la brega, tras casi una década de ausencia de los tableros, lo que hará en el gran torneo de Viena disputado a doble vuelta, entre el 10 de mayo y el 24 de junio de 1882, cuando el regresado a la escena comparte la punta con Winawer, viéndose a ambos anticiparse al irlandés Jamos Mason (1849-1905),  los rezagados Zukertort y Blackburne , y otras grandes figuras de la época, entre ellos el ruso Mijaíl Chigorin (1850-1908), quie naparece 12° entre los 18 participantes.   

A fines de ese año Steinitz se embarca en una gira por los EE. UU. invitado por el Philadelphia Chess Club´s. Y esa será la oportunidad en que habrá de conocer a un Morphy quien, además de los escasos diez minutos que le dispensó en la entrevista personal que tuvieron, en momento previo, cuando le preguntaron si lo registraba al de Praga, lacónicamente dijo: “Lo conozco. Su gambito no es bueno”. 

Regresa a Londres, para jugar la prueba que se disputa a doble vuelta entre el 26 de abril y el 23 de junio de 1883, en el que Zukertort tiene un magnífico triunfo, sacándole a Steinitz nada menos que tres puntos de ventaja, quedando más abajo Blackburne y Chigorin. Se dio aquí una gran novedad: por primera vez en torneo se usó en un torneo el reloj con doble esfera que se transformará en un clásico, en este caso uno manufacturado por Thomas B. Wilson (1843-1915), un fabricante de la ciudad de Manchester. Estaba claro quiénes eran los dos mayores exponentes de la época. El match entre ellos se estaba gestando a fuego lento…

En octubre de 1883 Steinitz viaja de nuevo a los EE. UU.,  ya que comenzó a sentir un clima de cierta hostilidad en Londres (alguna vez dijo que estuvo veinte años allí pero que siempre se sintió un extraño). Lo cierto es que esa plaza decantó su favoritismo, primero por la figura local, Blackburne, y luego por la de Zukertort, quien venía deslumbrando, el que incluso lo desplazó a aquel de su columna de ajedrez en The Field. Esta situación contrastaba fuertemente con el buen recibimiento que había tenido del otro lado del Atlántico, por lo que decidirá emigrar definitivamente. En su nueva residencia, desde enero de 1885, se editará su revista International Chess Magazine y también publicaría en el New York Tribune.

International Chess Magazine, revista dirigida por Steinitz

En las ciudades de Nueva York, St. Louis y Nueva Orleans, en esos EE. UU. que le estaban siendo tan propicios, se hará entre el 11 de enero y el 29 de marzo de 1886 el esperado encuentro entre Zukertort y Steinitz (se había convenido una revancha en Londres). A pesar de que no existía una entidad del ajedrez mundial que regulase esta clase de encuentros (la FIDE, bajo el nombre FIE, se creará recién en 1924), sin embargo a su ganador se lo habrá de considerar el primer campeón mundial oficial de la historia.

Un renovado Steinitz, que comenzaba a convertirse sin dudas como el mejor de su tiempo, vence convincentemente a Zukertort, alumno del último romántico (Anderssen), por 12,5 a 7,5. Se había acordado que el ganador del match sería el que obtuviera diez triunfos, lo que el de Praga alcanza en la vigésima partida; en las restantes, se registraron cinco empates y cinco triunfos del ajedrecista polaco. El desarrollo del encuentro fue curioso: estando en Nueva York, Steinitz gana el primer juego el 11 de enero, pero sobrevienen cuatro triunfos consecutivos de su rival, el último el 20 de ese mes. El 3 de febrero se reasume la brega en St. Louis donde Steinitz, de cuatro partidas, gana tres de ellas, la última de las cuales se desarrolló el día 10. Se traslada todo a Nueva Orléans donde, tras un segundo empate registrado el 26 de febrero, vienen dos triunfos de Steinitz, preludio del último que obtendrá Zukertort. Dos nuevas tablas a continuación para un final a todo orquesta a favor de aquel, quien concretará cuatro triunfos y otro empate, para cerrar el 29 de marzo su actuación consagratoria.    

Partida N° 19 del match Steinitz vs. Zukertort, Nueva Orléans, 1886, en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1132661
Zukertort (izquierda) vs. Steinitz

Empezaba un nuevo tiempo en el ajedrez. Comenzaba la era de Steinitz como campeón mundial, título que alcanza a los 48 años de edad y el que se lo dedica, en oportunidad en la que se consideraba un norteamericano más, en el Manhattan Chess Club de Nueva York, al “genio inmortal de Morphy”, a la sazón su compatriota y gran antecesor como la figura más destacada previa a su propia aparición. La estrategia (la ciencia), de aquí en más, habría de prevalecer sobre la táctica (la poesía) en el mundo escaqueado…

La revancha contra Zukertort nunca se registrará por el hecho de que este enferma tras el match y, a pesar de que juega algunas otras competencias, muere poco después, en el mes de junio de 1888. Pero Steinitz tendrá otra pérdida personalmente más dolorosa: ese mismo año, el 14 de enero,  fallece Flora, la hija que contaba con apenas veintiún años de edad.

Entre el 20 de enero y el 24 de febrero de 1889 se desarrolla en La Habana (la isla de Cuba todavía seguía bajo dominio español), el primer match por el título entre un campeón instalado y su desafiante. El rival será Chigorin, un romántico algo tardío, por lo que Steinitz aseguró que se trataría de un enfrentamiento entre un viejo de la nueva escuela y un joven de la vieja escuela.

Esta vez se llegan a disputar diecisiete partidas de las veinte previstas, con la particularidad de que las únicas tablas se dan en el último encuentro. Habrá antes, entonces, diez triunfos para Steinitz, que de esa forma conserva el título, frente a seis para su rival. Nuevamente el curso de los acontecimientos será algo sinuoso: la primera partida es a favor del retador, quien estará al frente en varios momentos del match, cuando iba ganando 2 a 1 y 4 a 3. Pero luego el de Praga, primero equilibrará las cosas, para culminar por imponerse con cierta comodidad.

Chigorin (a la izquierda). vs. Steinitz

De este tiempo de mayor madurez viene lo mejor de su labor como divulgador, la que se expresó empero con fruición a lo largo de toda su carrera, no sólo con libros de torneos sino, aún mejor, como editor de revistas en Londres y Nueva York. Su obra más influyente, The Modern Chess Instructor, fue publicada en su primera parte originalmente en Nueva York en el mes de julio de 1889. Ese trabajo incluye una parte general con los siguientes capítulos: 1) Descripción del juego; 2) El sistema de notación; 3) Las leyes del juego; 4) Términos técnicos; 5) El ajedrez como entrenamiento de la mente y de la forma de mejorar; 6) La escuela moderna y sus tendencias; 7) El valor relativo de las piezas y los principios del juego; agregándose luego el estudio de diversas aperturas, con partidas ilustrativas; y también se incluye en el volumen los encuentros del match que ese año disputó contra Chigorin.

En dicho libro se consigna una sentencia que es toda una definición de la nueva escuela: “Pero incluso las combinaciones ganadoras que contemplan grandes sacrificios, muy raramente presentan dificultades tan grandes como las que exige el mantenimiento del balance de posición y la estrategia requerida que conduce a un proceso ganador final”. Sus principios abarcan conceptos que, siendo hoy muy conocidos, en ese tiempo resultaban inéditos, tales como: adelantarse en el desarrollo de las piezas; darle movilidad; ocupación del centro; enfocarse en la posición del rey enemigo; trabajar las casillas débiles del contrario; generar una mayoría de peones, particularmente en el flanco de la dama; abrir líneas; aprovechar la ventaja de los dos alfiles. Todos aspectos muy claros para un ajedrecista moderno pero, en ese tiempo, estos razonamientos comportaban toda una novedad, máxime al ser estructurados dentro de un sistema de alcance más general.

Un nuevo enfrentamiento por la corona ahora presentará como retador el húngaro Isidor Gunsberg (1854-1930), alguien que supo ser operador del autómata ajedrecístico Mephisto quien, como tantos otros de sus colegas, emigrará a Inglaterra para perfeccionar su carrera, y que venía de igualar un match contra Chigorin. Será en el Manhattan Chess Club de Nueva York, entre el 9 de diciembre de 1890 y el 22 de enero de 1891, y el ganador sería quien, de nuevo, primero obtuviera diez triunfos o quien prevaleciera a lo largo de veinte cotejos, lo que logró Steinitz recién en el decimonono encuentro ya que las cosas fueron más parejas de lo esperado, con seis victorias para el campeón, cuatro para el magyar y nueve empates.


Isidor Gunsberg

Concomitantemente, desde el 23 de octubre de 1890 el campeón venía disputando contra Chigorin un encuentro telegráfico a dos partidas, estando uno en Nueva York y el otro en San Petersburgo, habiendo ambas culminado con el éxito del ruso, un hecho que formalmente aceptó el derrotado el 28 de abril de 1891. Se ha asegurado, aunque ello ingresaría solo en el terreno de la leyenda, que en los EE. UU. se lo llegó a arrestar al campeón durante un día, hasta que le supo explicar a la policía que no era un espía ruso. Es que los pesquisantes supusieron eso al observar el intercambio de correspondencia, en la que relucía la notación ajedrecística, esa que es tan extraña para los legos, la que periódicamente fue fuente de equívocos.

Entre el 1° de enero y el 28 de febrero de 1892 se vieron las caras de nuevo en La Habana con Chigorin, quien agigantó su reputación con esas dos partidas ganadas a la distancia. Steinitz, consecuentemente, hace su tercera defensa del título, esta vez arribándose a un más apretado resultado, que se verificó cuando alcanza la décima victoria necesaria en el juego veintitrés. Los restantes arrojaron ocho éxitos para el retador con cinco empates.

El curso del encuentro fue dramático. Al cabo de la partida diecinueve el ruso, se venía imponiendo por ocho victorias a siete. En ese momento repunta el campeón, ya sobre el final, ganando tres de las cuatro próximas partidas, con la particularidad de que en la última se dio un espectacular vuelco ya que el desafiante, absolutamente ganado, y con pieza de ventaja, comete un error garrafal, que significó que el de Praga pudiera dar vuelta el resultado y, a la postre, mantener el cetro. Para Kaspárov ese error concreto cometido por el retador en la jugada posterior al control del tiempo fue “la pifiada del siglo”.

Alegoría del match Steinitz vs. Chigorin

El 27 de mayo de 1892 el campeón tendrá una dura novedad: con 45 años de edad, muere Caroline Golder, la esposa con quien había compartido veintisiete años de su vida, afectada por hepatitis. Sin embargo rehace rápidamente su situación matrimonial (aunque podría suponerse que en todo caso formaliza una historia amorosa paralela que sostenía estando casado), contrayendo enlace con una joven suiza de nombre Elizabeth, veintiocho años más joven, que ese mismo año en diciembre, le dará un hijo varón que, como su padre, aunque con grafía inglesa, tendrá el nombre de William. En 1897, a la misma avanzada edad que su padre, la de 61, el ajedrecista también tendrá descendencia, en este caso llegando al mundo una niña, a la que llamarán Julia.

Dos figuras estaban surgiendo en Europa en la última década del siglo XIX, oriundas del Reino de Prusia (Alemania). Por un lado, el gran teórico Siegbert Tarrasch (1862-1934) y, por el otro el más joven y decidido Emanuel Lasker (1868-1941). Aquel, quien era médico, se negó a abandonar Europa para jugar un match por el título. Pero Lasker aprovecha su presencia en los EE. UU. y para algunos imprudentemente, ya que parecía que su juego aún no tenía suficiente fortaleza, desafía a Steinitz, cosa que hizo mediante una carta fechada el 31 de agosto de 1893.

El encuentro tendrá lugar en las ciudades norteamericanas de Nueva York y Filadelfia y en la canadiense de Montreal, entre el 15 de marzo y el 26 de mayo de 1894, viéndose al alemán vencer, y muy claramente, al nacido en Praga, logrando los diez triunfos necesarios para consagrarse, sufriendo cinco derrotas y habiéndose registrado cuatro empates (que no contaban). Un joven de veinticinco años, que al cabo de todo demostró que no era un temerario al proponer el desafío, tomaba el cetro de un veterano de cincuenta y ocho, dándose el inevitable recambio generacional.

De ese modo Lasker se convierte en el segundo campeón mundial de la historia. Y Steinitz culmina un récord asombroso: estuvo treinta y un años sin perder match alguno (¡y fueron nada menos que veintisiete las contiendas, incluidas tres con Blackburne, dos con Zukertort y Chigorin y una con Anderssen y Gunsberg), todo ello desde su aparición en el torneo de Londres de 1862.

Lasker versus Steinitz (siempre este a la derecha)

Ya como excampeón, participa entre el 20 de octubre y el 15 de noviembre de 1894 de un torneo en Nueva York (¡el primero desde 1883!), en el que se impone claramente, quedando segundo el rumano Adolf Albin (1848-1920) y, muy rezagado, una figura local emergente: Harry Nelson Pillsbury (1872-1906).

Steinitz volverá a cruzar el Atlántico, regresando a una Londres en la que tanto había en su tiempo crecido, ajedrecísticamente y en la vida, para disputar un gran torneo, el de Hastings, el que se hará entre el 5 de agosto y el 2 de septiembre de 1895. Inesperadamente, se dará el triunfo de Pillsbury, a quien el de Praga había enfrentado en partidas amistosas en Boston tres años atrás dándole ventaja de peón y salida (aunque perdiendo dos de los tres cotejos). Este éxito se dio delante de Chigorin, Lasker, Tarrasch, quedando Steinitz en el quinto lugar, entre veintidós competidores. De este evento surge una de sus partidas más memorables, que ganó el premio de belleza, la que le ganara al alemán Curt von Bardeleben (1861-1924).

"La batalla de Hastings", partida que Steinitz le ganó a von Bardeleben en ese torneo inglés de 1895, en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1132699

A fin de año concurre a San Petersburgo donde, entre el 13 de diciembre de 1895 y el 27 de enero de 1896, se hace un cuadrangular (estaba previsto un pentagonal pero Tarrasch declina participar por sus actividades como médico). La modalidad es de seis encuentro entre cada pareja de contendientes, viéndose a Lasker vencer y a Steinitz quedar segundo a dos puntos, adelantándose a Pillsbury y Chigorin.

Instalado en aquel tiempo momentáneamente en Europa, va de un punto a otro dando muestras de su conocimiento del juego como divulgador y, eventualmente, jugando partidas y dando simultáneas. Lo más importante de estas actividades se registra en el torneo de Núremberg, en Alemania, con otro triunfo de Lasker, entre el 20 de julio y el 10 de agosto de 1896, siendo segundo el húngaro Géza Maróczy (1870-1951) y, más atrás, apareciendo Pillsbury y Tarrasch, quedando Steinitz sexto entre 19 jugadores.

Para cuando se vuelve a enfrentar a Lasker por la corona, ahora con Steinitz en calidad de retador, su juego venía progresivamente decayendo y, contrariamente, el campeón estaba más fuerte, por lo que no extrañará que en Moscú, donde se disputó esta nueva edición por el título, que el alemán se imponga con absoluta facilidad. Será entre el 7 de noviembre de 1896 y el 14 de enero de 1897, logrando Lasker el décimo necesario triunfo en la partida número diecisiete, instancia al cabo de la cual Steinitz había ganado únicamente dos veces y habiéndose registrado cinco tablas. 

Pero lo peor no aconteció para el viejo excampeón dentro del tablero sino fuera de él. Cuatro meses más tarde se lo internará, pese a su resistencia, por cuarenta días, en una clínica psiquiátrica donde le diagnosticarán un estado de locura. El excampeón sufrió mucho su estancia en Rusia, muy curiosamente, por ausencia de frío. Es que todos los lugares en los que estuvo (hotel, salas de juego, etc.), para preservarse de las condiciones externas, tenían a su gusto un exceso de calefacción que lo irritaba. Y por sus problemas de reumatismo no podía, a diferencia de Lasker, hacer caminatas buscando un poco de aire fresco. Esta situación pareciera, al menos conforme sus dichos, que afectó mucho su estado emocional.

En febrero de 1897, curiosa y del todo equívocamente, el diario The new York Times publicó una nota dando cuenta de la muerte de Steinitz, supuestamente en un asilo mental de la ciudad. El jugador, por su lado, estaba embarcado en sus intentos de cura de su dolencia de reumatismo, lo que hizo a través de una hidroterapia a la que también adjudicaba, quizás, otros beneficios más intangibles, los que evidentemente en su caso no darían resultados.

En ese estado proclive a las alucinaciones, de alguna manera podríamos decir que fue el inventor del teléfono inalámbrico: su teoría era que podía usar su fuerza de voluntad para transmitir palabras a cualquier distancia. Se ha dicho que, con ese mecanismo, se conectó con Dios, al que desafió al ajedrez y venció, dándole ventaja de peón y salida, pero no se sabe a ciencia cierta si la deidad aceptó la propuesta de un match más integral (seguramente lo rechazó por temor a ser derrotado…).

Steinitz hablando con Dios (del trabajo de Edward Winter en https://www.chesshistory.com/winter/extra/steinitzgod.html)

En mayo de 1897 Steinitz regresa a Nueva York retomando, pese a todos estos duros avatares prvios, la actividad ajedrecística. Partirá más tarde, y por última vez a Europa donde, del 1° de junio al 31 de julio de 1898 se hace un torneo a doble vuelta en Viena, nuevamente bajo el patrocinio del Barón von Rothschild, en el que Tarrasch se impone, siendo segundo Pillsbury, completando el podio el bielorruso-francés David Janowski (1868-1927), obteniendo Steinitz un buen cuarto lugar, quedando por delante del local Carl Schlechter (1874-1918) y su viejo conocido Chigorin.

Los jugadores del torneo de Viena de 1898

Luego irá a Colonia, Alemania donde, entre el 1° y el 19 de agosto de 1898, quedará en un oscuro quinto puesto, detrás del inglés Amos Burn (1848-1925); del fantástico, aunque prematuramente malogrado jugador húngaro, Rudolf Charousek (1873-1900), de su viejo conocido Chigorin y del menos competitivo jugador alemán Willhelm Cohn (1859-1913).

Finalmente, va a Londres, donde juega la última competencia de su vida. Demostrando que ya nada era como antes, entre el 30 de mayo y el 10 de julio de 1899 igualará la colocación correspondiente al décimo/undécimo lugar, entre quince participantes, en una exigente prueba  a doble vuelta, en la que Lasker se impone con autoridad, delante de Janowski, Pillsbury, Maróczy, Schlechter, Blackburne y Chigorin. Aquí, por vez primera en todo su historial en torneos, Steinitz tendrá más derrotas (doce) que triunfos (ocho), una inequívoca señal de que el paso del tiempo había deteriorado a un jugador que, otrora, había sido cuasi imbatible. Por otro lado, esta será la primera oportunidad en que quedará fuera de los premios monetarios, justamente en un tiempo en que tanto los necesitaba…

Finaliza el siglo, el milenio y la propia existencia del ajedrecista. Será exactamente el domingo 12 de agosto de 1900, durante la tarde, en el Manhattan State Hospital en la isla Ward de Nueva York, donde dice adiós tras un ataque al corazón.

Tenía 64 años, tantos como escaques del tablero (final de partida personal que repetirá a esa misma altura, en el próximo siglo, otro genial jugador, el norteamericano Bobby Fischer). Estaba por entonces Steinitz embarcado en la escritura de un panfleto sociológico, dedicado a su mujer e hija muertas, cuyas copias destruirá su nueva familia, que llevaba por título (en traducción al español): “Mi aviso a los antisemitas en Viena o donde fuere, por un Mercenario Judío, o un Ensayo sobre el Capital, el Trabajo y la Caridad”, en el que, amargamente, se queja de su situación financiera, habida cuenta que no podía siquiera cubrir sus gastos médicos y mantener a su esposa, quien abrió una tienda de dulces para sobrevivir, y sus dos hijos pequeños. Se lo enterrará en un cementerio de Brooklyn. Murió alienado, enfermo y en estado de pobreza. Una situación muy ingrata para alguien que tanto había dado al ajedrez mundial.

El The New York Times, ahora correctamente, en su edición del 14 de agosto de 1900 publicará la necrológica bajo el titular: “WILLIAM STEINITZ DEAD; Chess Champion of the World Over Twenty Years. DEFEAT BROKE HIS SPIRIT Memorable Tournaments in Which Lasker Lowered His Proud Record — His Sad Decline and Insanity”. Allí se indica que la primera derrota por el título mundial ante Lasker marcó el comienzo de su ruina y que, con la segunda en Moscú, se verificó su declive mental. Triste declive e insania, como anuncia ese medio, es cierto, así fue su fin; pero ello sucedió luego de una carrera que, por tantos motivos, resulta memorable.

Hoy podemos y debemos ser absolutamente reconocidos por la dimensión de sus logros y su figura. Es que todos los ajedrecistas del siglo XX le somos tributarios al primer campeón mundial de la historia, no sólo por haber alcanzado ese carácter, sino por haber sabido marcar el rumbo de estilo ajedrecístico que se impondrá de ahí en adelante en el escenario mundial.

Steinitz, aunque silenciosamente, fue un revolucionario, al metamorfosearse en su manera de encarar el juego habiendo de dotar las bases estratégicas definitivas con las que luego, todos sus sucesores, sin distingo alguno, se nutrirían y podrían progresar.

El nacido en Praga supo, primero progresar desde un contexto inicial poco propicio para, cuando las circunstancias lo exigieron, reinventarse, adaptándose al nuevo escenario de modernidad. Como recomienda su compatriota Kafka en el epígrafe con la que comienza este trabajo, y como más plenamente imaginó en su Metamorfosis, Steinitz pudo mutar desde una modalidad de juego que era brillante pero insegura, a otra caracterizada por la certeza, aunque de cierta opacidad. De jugador de estilo romántico pasó a ser otro que será estratégico, en principio moderno y, en definitiva, cuando esos nuevos valores se impongan, en el prototipo de la definitiva escuela clásica.

La clave, ahora, no será intentar ganar por ataques furibundos, sino por la acumulación de pequeñas ventajas. Nacía el llamado juego posicional o de maniobras, una concepción que comportó una alteración copernicana para el ajedrez respecto del previo estado de cosas. Lo que ahora prevalecerá es la visión de largo plazo y ya no tanto una mirada centrada en el aquí y ahora, esa que caracterizaba la pureza táctica de una escuela romántica que comenzó a ser parte de un glorioso pasado.

De ese modo, el nacido en Praga protagonizó, con aportes que remiten a la sencillez y a la esencialidad, un hito clave en la evolución del milenario juego. Nuestras reverencias y los mejores recuerdos, entonces, para el gran Willhelm Steinitz.

Placa conmemorativa a Steinitz

©ALS, 2021

Notas relacionadas:
Análisis astrológico de Wilhelm Steinitz. Por Silvia Méndez. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/02/12/analisis-astrologico-de-wilheim-steinitz/.
Tributo de un argentino a Steinitz y Lasker al visitar sus tumbas. Por Christian De luca. En  https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/02/12/tributo-de-un-argentino-a-steinitz-y-lasker-al-visitar-sus-respectivas-tumbas/.
El ajedrez en la obra de Franz Kafka. Por Sergio Negri. En https://wordpress.com/post/ajedrezlatitudsur.wordpress.com/1043.

William Steinitz In Memoriam: primer americano campeón mundial de ajedrez. Por Uvencio Blanco Hernández. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/08/12/12578/.
Wilheim Steinitz: una pieza de la historia. Por Alejo De Dovitiis. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/08/12/12562/.

Partidas Memorables: William Steinitz vs. Curt von Bardeleben, Hastings 1895. Por Zenón Franco Ocampos. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/08/12/partidas-memorables-william-steinitz-vs-curt-von-bardeleben-hastings-1895/.

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