Un armenio en la cima del ajedrez mundial: Tigrán Petrosián

Por Sergio Negri

“Ya nunca te veré / Armenio cielo miope / Ya no miraré entornando los ojos / Hacia la tienda de campaña de Ararat, / Y nunca ya abriré / En la biblioteca de autores alfareros / El libro vacío / de la hermosa tierra / En que estudiaban los primeros hombres”.

 Armenia, de Ósip Mandelshtam

La armonía de la creación ajedrecística de Tigran Vartinovich Petrosian reside en una fina elección práctica y teórica del comienzo. Toda su base teórica estaba unida con la propia práctica. Él aprovechó perfecta y sutilmente cualquier medio en ese momento en el que pudo obtener el objetivo propuesto y aprovechó cualquier recurso suplementario para la total realización de la tarea propuesta”, así definió Gary Kaspárov (nacido en 1963) al excampeón mundial Tigrán Vartánovich Petrosián  (1929-1984) al prologar el libro Ajedrez en la cumbre,[1] el que puede ser considerado su legado ajedrecístico.

De origen armenio (su nombre en el idioma de esa actual Nación, antes integrada a la exURSS, es Տիգրան Վարդանի Պետրոսյան), en realidad nació en Georgia, otro país escindido de ese conglomerado soviético, en su capital, Tiflis, a la que llegó su padre escapando de Turquía.

Mas Petrosián por lo hecho en vida, lo que será reconocido especialmente tras su muerte, será considerado un héroe de la causa armenia por lo que una calle y un centro de ajedrez llevan su nombre, y se erigió una estatua que lo representa, en prueba de reconocimiento a su hijo pródigo, todo ello en la ciudad de Ereván, la capital de un país que terminaría por independizarse, donde hizo sus estudios iniciales.

Imagen de la Casa Central de Ajedrez Tigran Petrosian en Ereván

Tuvo dos hermanos, uno de cada sexo: Hmayak y Vartoosh, habiendo aprendido Tigrám algo tardíamente a jugar al ajedrez: fue en el verano de 1941, poco antes de la invasión nazi a la URSS y, en apenas un año, subió de la quinta a la segunda categoría. En ese tiempo se acostumbró a jugar partidas a la ciega; seguramente contribuyó a esa afición el hecho de que, por su pobreza, sólo tardíamente dispuso de un tablero de ajedrez, por lo que se acostumbró a seguir los libros, particularmente el de Aron Nimzowitsch (1886-1935), sólo leyéndolo sin reproducir los juegos. Esa práctica años después deberá abandonarla ya que fue prohibida en su país al considerarse que perjudicaba la mente de las personas.

El contexto familiar no era particularmente estimulante; su padre era analfabeto y, desde luego, pretendía para su hijo, de gran contracción al estudio, que eligiera un camino más atractivo en vistas del necesario sustento. Petrosián comenta específicamente sobre su momento fundacional con el juego de esta manera: “…en 1940 fui a caer en uno de los círculos de pioneros de Tiflis, y allí los amigos me enseñaron  cómo mover las piezas de ajedrez”. Luego irá al Palacio de Pioneros donde lo deslumbró el hecho de que un adulto diera una sesión de simultáneas, lo que lo hizo “estudiar seriamente el ajedrez”. Una vez le dijo su progenitor: “Estudia, porque con el ajedrez no te ganarás el pan”. Un pequeño Petrosián hizo parcial caso a la consigna ya que, si bien nunca descuidaría su progreso académico, será precisamente su estrecho vínculo con el juego el que lo acompañará toda su vida dándole viabilidad económica y financiera, trascendencia y, ante todo, razón de existencia…

La Segunda Guerra Mundial sería catastrófica para el futuro campeón: primero su madre murió de pena al creer que el hijo mayor había caído en el campo de batalla, habida cuenta de que este había sido alistado en el Ejército Rojo y no se tuvieron por un tiempo noticias de su paradero. Y, pocos años después, siempre en ese fatídico periodo, mientras el ya adolescente Tigrán estaba jugando un torneo de primera categoría en un ajedrez en el que se lo veía progresar, le informará en plena partida sobre la muerte de su padre. Debió madurar repentinamente (tenía quince años cuando queda huérfano) y asumir mayores responsabilidades: el ajedrez sería entonces su refugio definitivo.

En el plano físico Petrosián enfermó, siendo sostenido por una tía que reemplazó la figura materna perdida; además, aunque ello ocurrirá más tarde, quizás al no seguir queriendo escuchar las malas nuevas de siempre, adquirirá una persistente sordera que, paradojalmente, le ayudará en el futuro a mantener la concentración en el ajedrez (se lo verá más tarde en torneos quitándose el audífono para aislarse) y a ser un gran fanático de la música (Chaikovski y Wagner fueron sus preferidos). Con el curso de los años tendrá otros pasatiempos: la fotografía, el fútbol, el backgammon, el esquí de fondo, el tenis de mesa y la jardinería.

Su mentor en ajedrez fue Archil Ebralidze (1908-1960), campeón de Georgia en cuatro ocasiones (la primera en 1938, la última en 1946). Petrosián en 1945 y 1946 obtuvo el título de campeón juvenil de la URSS (en el último caso con trece triunfos, dos empates y sin derrotas), un tiempo en el que trabajó de barrendero (¡y cuánta nieve había que recoger quitándole tiempo a sus estudios en ajedrez!) y en un club de oficiales: es que hacía falta alimentar a la familia. El adolescente, en aquel 1945, será campeón de Georgia, y todo ello pese a que su maestro tenía otros preferidos entre los jóvenes estudiantes de ajedrez que lo frecuentaron.

En la capital armenia de Ereván, donde irá en 1946 y vivirá tres años, en aquella fecha es campeón de esa Nación al ganarle el match por 8 a 6 a quien será también su entrenador, Guénrij Kasparián (1910-1995), excelente jugador (varias veces campeón de esa nación) y mejor problemista (uno de los mejores del mundo en todo tiempo). Ambos habrán de compartir la punta en el campeonato de Armenia en 1947 y 1948; aquél lo fue varias veces más, antes y después.

Un pensativo Petrosián

En 1949 Petrosián se muda a Moscú, uniéndose de inmediato al club Spartak, el que le facilitó las cosas, y al que llevará al título de campeón por equipos nacional en 1954.

Ya en la primavera de ese año disputa la semifinal del campeonato soviético, quedando segundo de Yefim Géler (1925-1998), clasificándose para la instancia final con veinte años de edad. En la capital del país ganarán Vasili Smyslov (1921-2010) y David Bronstein (1924-2006), quedando Petrosián entreverado en los últimos lugares. En la siguiente edición, siempre en Moscú, el armenio repuntará ligeramente (permanecerá en la segunda mitad de la tabla de posiciones): será en 1950 cuando el que se consagra campeón es Paul Keres (1916-1975).

En la gran urbe, en cuyo torneo de ajedrez local fue tercero en su debut e 1950 y vencedor en 1951, se doctorará años más tarde en Filosofía, bajo la dirección de Georg Brutian (1926-2015), el fundador de la Academia de Filosofía de Armenia, con una tesis muy ubicua: Algunos problemas de lógica en el análisis ajedrecístico, que es de1968, año en que comenzará a ejercer el rol de editor. Fue el primero en serlo, de la revista semanal de ajedrez 64, una de las más prestigiosas del planeta, de la que será destituido en 1977 cuando no le perdonarán en la URSS haber perdido nuevamente con el “traidor” (a juicio del régimen) Víktor Korchnói (1931-2016), quien, en esa ocasión, lo venció en un match rumbo a la corona mundial (ya había sucedido lo propio en 1974 y esa situación se repetirá más tarde en 1980).

Ese hecho doloroso contrasta con otros reconocimientos en tiempos mejores, en los que había recibido la Medalla de los Trabajadores Distinguidos; el título de Maestro Emérito de los Deportes; la Orden de la Amistad de los Pueblos, y la Orden de la Insignia de Honor. Siempre en Moscú dirigirá, asimismo, la escuela de ajedrez del club “Spartak”, al que representó como jugador.

Los mayores hitos de su trayectoria deportiva, entre tantos otros, sin duda estuvieron dados en 1952, cuando obtiene el título de Gran Maestro; el  20 de mayo de 1963 al proclamarse campeón mundial ante Mijaíl Botvínnik (1911-1995); el 9 de junio de 1966 cuando lo revalida ante Boris Spaski (nacido en 1937) y el 17 de junio de 1969 en que lo pierde ante este mismo rival.

Si bien había arribado a la instancia definitiva de los campeonatos soviéticos antes en dos oportunidades, como hemos visto antes, su primer gran logro fue cuando salió segundo en la fortísima competencia disputada en Moscú en 1951, empatando posición con Géler, a sólo medio punto de Keres, el vencedor, posicionándose Petrosián por delante de Smyslov, el campeón del mundo Botvínnik, y su mejor desafiante de entonces Bronstein. Y eso que el armenio comenzó esa prueba con dos derrotas consecutivas. Previamente, se había impuesto en la respectiva semifinal nacional realizada en Sverdlovsk.

En la arena internacional, tras una actuación discreta en el mes de marzo en el torneo de Budapest, en el que se impone Keres, brilla en el Torneo Interzonal de Saltsjöbaden (en las cercanías de Estocolmo), disputado en 1952, en el que se consagra vencedor su compatriota Aleksandr Kótov (1913-1981), quedando Petrosián segundo, empatado con Mark Taimánov (1926-2016), por delante de una pléyade de grandes jugadores, comenzando por Géler.

En ese año de 1952 se casa con Rona Yakovlevna Avinezer (1923–2005), de origen ruso y fe judía, nacida en Ucrania, maestra de inglés e intérprete. La pareja habrá de tener un hijo: Mijaíl, mientras que Vartan fue el otro vástago de la dama de un anterior matrimonio.

Petrosián, su esposa y el hijo de ambos

Esa será su primera oportunidad de aspirar a la corona mundial mas, en el Torneo de Candidatos que se realiza en Zúrich en 1953, el que se impone es Smyslov, ocupando Petrosián un muy buen quinto puesto (entre quince jugadores), a sólo una unidad de los escoltas.

En sus recuerdos Petrosián atesora uno muy valioso cuando fue parte de la delegación soviética que jugó en 1954 un match contra la Argentina, en el que ocupó el sexto de los ocho tableros establecidos, venciendo a Herman Pilnik (1914-198) por 2½ a 1½. La remembranza fue al haber establecido vínculo con la comunidad armenia en ese lejano país del sur, sobre la que apunta:

Destacadas personalidades de la colonia me pidieron un encuentro con los naturales de Armenia. Resultó que el encuentro se celebró un día en horas de trabajo, y a pesar de todo, para mi asombro, en la sala se reunieron más de 1.500 personas”.

Los asistentes descreían de que en la URSS se pudiera hablar en armenio, pero el futuro campeón, entre otros ejemplos les expresó:

La lengua armenia en Armenia es una lengua oficial, y en ella no sólo se publican tratados, sino también leyes”. 

Con esto Petrosián demostró estar orgulloso de ser armenio y, también, como parte de una Nación más amplia a la que la propia local se integraba: la URSS (por otro lado no había modo de ser “políticamente incorrecto”).  En esa oportunidad el jugador, que tenía una buena voz, en un club de Buenos Aires se animó a entonar una canción en idioma armenio.

Imagen del Teatro Cervantes de Buenos Aires en el que se disputó el match Argentina vs. la URSS en 1954, con Pilnik y Petrosián en primer plano 

En el Interzonal que en 1955 se hizo  en Gotemburgo, con Bronstein como triunfador, siendo Keres segundo y con la extraordinaria actuación del argentino Oscar Panno (nacido en 1935) que resulta tercero, Petrosián queda cuarto, a una unidad del escolta. En el Torneo de Candidatos subsecuente, en Ámsterdam en 1956, cuando Smyslov se impone delante de Keres, el armenio empata el tercer lugar, con otros cuatro jugadores, en cabal muestra de una prueba muy pareja en la que sólo compitieron diez ajedrecistas.

Mijaíl Tal (1936-1992) se consagra campeón soviético en 1957 y 1958. En la primera oportunidad Petrosián fue séptimo, en posición compartida para, en la siguiente, quedar a medio punto del letón, siendo invicto. Tal, quien se aprestaba a consagrar campeón mundial, se habrá de imponer en 1958 en la ciudad eslovena de Portorož en el Interzonal, cuando se adelanta al yugoslavo Svetozar Gligorić (1923-2012), apareciendo el armenio tercero (una derrota con Fischer lo privó del invicto y de alcanzar al cabo de todo la punta), a un punto, igualado con el húngaro-norteamericano Pal Benko (1928-2019). Petrosián ya tenía para entonces como entrenador a un gran ajedrecista: Izaak Boleslavski (1919-1977), con quien comenzará una larga relación, incluido su éxito futuro para llegar a ser campeón del mundo, colaboración que culminará en 1969 cuando Petrosián resignará el título.

A inicios de 1959 llega su primer título en campeonatos soviéticos (serán cuatro a lo largo de su carrera), al prevalecer en su ciudad natal en forma invicta, por sobre Spaski y al apenas un año después campeón del mundo Tal. Hay un hecho muy interesante: se disputó en el Teatro Nacional Rustaveli, sobre la calle homónima; en la vereda de enfrente de ese sitio, estaba el club de ajedrez en el que Petrosián, años atrás, se había convertido en campeón de Georgia y, sobre esa misma acera, a metros, estaba el Club de Oficiales en donde residió junto a su familia, lugar en donde el padre ejercía de portero. Una misma avenida condensó buena parte de su destino…

Al año siguiente, en Leningrado, cuando se consagra Korchnói, Petrosián logra igualar la segunda colocación con Géler, a medio punto del triunfador, con la particularidad de que durante el transcurso de la competencia sufrió una enfermedad que lo obligó a posponer varios juegos y disputar alguno de ellos en el hotel en el que se alojaba.

Será tres veces más campeón nacional: a inicios de 1961, cuando se adelanta a Korchnói; en 1969, siempre invicto, cuando comparte el liderato con Lev Polugayevski (1934-1995), a quien vence en el desempate claramente, y a fines de 1975, en su Ereván de adopción, adelantándose a Oleg Romànixin (nacido en 1952), con muchas figuras retrasadas, entre ellas Tal, Géler, Polugayevski y Bronstein.

En ese 1961, en el fortísimo torneo de Bled en el que se impone Tal, delante de Bobby Fischer (1943-2008), Petrosián se ubica tercero, compartiendo posición con Gligorić y Keres.

La paciencia infinita del armenio, la superación de las críticas (que le cuestionaban un estilo de juego al que se veía como excesivamente tímido y por momentos especulativo) y su ferviente nacionalismo (Armenia siempre lo impulsó a más), hicieron que pudiera aspirar a llegar a lo más alto.

En el Interzonal de Estocolmo, disputado en 1962, cuando Fischer se impone claramente en forma invicta, es secundado por Géler y Petrosián (este también imbatido), por lo que todos ellos acceden, entre otros, al Torneo de Candidatos de Curazao, el que se hará a mediados de año en un clima cálido (con 29 grados se consideraba al día fresco) que terminó por afectar, al menos a nivel de cansancio, a todos los jugadores. El armenio aquí también permanecerá sin ser vencido, lo que ocurrirá tras nada menos que 28 encuentros, logrando el éxito por la mínima diferencia respecto de sus compatriotas, Géler y Keres, con lo que se consagra desafiante del campeón mundial.

Aquí Fischer quedó muy rezagado (era aún demasiado joven), pero será determinante en el desenlace ya que no vencerá al armenio en ninguna de las cuatro partidas del duelo individual, pero sí lo hizo en una oportunidad ante los otros soviéticos, por lo que los quitó del podio, particularmente al estonio quien, de haberle ganado al norteamericano en la última rueda, lo hubiera desplazado a Petrosián del podio, ya que en esa última rueda este había igualado su encuentro. Por su lado, el excampeón mundial Tal, otro de los candidatos a priori, debió abandonar prematuramente la prueba afectado de sus crónicas enfermedades.

Así, tan ajustadamente, Petrosián adquiere el derecho a confrontar con Botvínnik por la corona quien, ahora, y eso era una novedad, ya no tendría la posibilidad de revancha en caso de perderla, como había sucedido en las experiencias previas con Smyslov y Tal. Campeón y desafiante se encuentran en Moscú, desde el 23 de marzo al 20 de mayo de 1963, oportunidad en la que el retador, a pesar de comenzar con una derrota, se impone claramente en el match por 12½ a 9½, sin necesidad de jugarse los últimos dos cotejos. 

En la quinta partida, por primera vez Petrosián le ganó una partida a Botvínnik; y recién en el 15to. cotejo aquel pasa a tomar el control definitivo de la contienda, lo que reforzará al ganar los encuentros Nos. 18 y 19, momento en el que se dejó atrás lo que, poco antes, parecía que conducía a un resultado que aparecía del todo incierto. Pata entonces al campeón se lo notó bastante fatigado.

En esa oportunidad, además de Boleslavsky, asistió al nuevo campeón Vladímir Simagin (1919-1968) y, en una etapa previa, lo propio hizo el por entonces Maestro Internacional Aleksei Suetin (1926-2001). La prueba se realizó en el Hotel Estrada y en el Club de Ajedrez Central de Moscú.

Petrosián vs. Botvínnik en el match por el título

Entre el 9 de abril y el 9 de junio de 1966 en Moscú llega Spaski a enfrentarlo por el título, quien venía de tener performances superlativas por lo que, en principio, se lo creía con buenas posibilidades de alzarse con la corona. Mas, en cerradísima definición, de hecho serían necesarias las 24 partidas pactadas, Petrosián conservará el título, al imponerse 12½ a 11½.

El campeón, quien nunca estuvo por debajo en el marcador (comenzó la brega con seis tablas, con algunas partidas favorables al armenio, hasta que este logra desequilibrar el marcador en el séptimo encuentro aunque, más tarde, el retador logra de nuevo emparejar las cosas), desarrolló un juego mucho más agresivo de lo que tenía por costumbre, lo que sorprendió a un rival, que venía muy entonado tras haberse impuesto en las fases previas a Keres, Géler y Tal.

Esa séptima partida fue particularmente importante y emblemática. Petrosián, al opinar sobre ella, mencionó que reflejaba perfectamente el arte de juego tal como era de su concepción, ya que incluyó:

“…restricción de las oportunidades del adversario; una estrategia abarcativa de todo el tablero; el rodeo del rey del rival, y un gradual estrangulamiento del anillo que lo rodea”.

Hay un hecho muy destacable desde el punto de vista de la estadística ecuménica: esta fue la primera victoria de un campeón mundial vigente en el siguiente match por el título, tomando como punto de referencia el correspondiente a su coronación, desde los tiempos del gran Alekhine (!!!). Y esto no volverá a suceder hasta que vaya a aparecer otro ruso: Anatoli Kárpov (nacido en 1951), unos cuantos años más tarde. Petrosián. Sólo por eso, y sabemos que el armenio hizo bastante más a lo largo de su carrera, merece un reconocimiento muy especial en la historia del juego.

Años después, entre el 14 de abril y el 17 de junio de 1969, Spaski tendrá una nueva oportunidad y, en este caso, logra derrocar a un Petrosián quien, en los años previos, como se verá más adelante, venía registrando resultados más bien mediocres. El campeón comienza no obstante con una victoria, aunque el desafiante igualará en el cuarto cotejo, asumiendo ventaja en el siguiente, extendiendo la diferencia en el octavo. Pero el armenio, al triunfar en dos partidas consecutivas, restablece la igualdad promediando el encuentro, la que se mantiene impertérrita hasta el 16° juego. Spaski ganará las tres partidas siguientes con blancas, estableciendo diferencias que serán inalcanzables por lo que, en Moscú, se consagra campeón, sin necesidad de disputarse la última de las partidas previstas, al imponerse 12½ a 10½.

El último encuentro se acuerda tablas (Spaski tenía ventaja, por lo que podía haber extendido la ventaja, pero ya todo estaba decidido), tras la suspensión de la 23ª partida, coincidiendo con el cumpleaños N° 40 de Petrosián. Este, en la reunión familiar y de amigos, en la debida celebración, en vez de mostrarse triste por la inminente pérdida del título expresó que, desde ese momento, se sentía del todo liberado. Ya había sido campeón, era hora de recuperar la tranquilidad perdida. Estaba del todo clarto que estábamos en presencia de una personalidad que nunca buscó las estridencias.

En el próximo ciclo llegará hasta la última instancia de la etapa preliminar, habiendo de ser derrotado claramente en Buenos Aires, por 6½ a 2½, en 1971, por el norteamericano Fischer, quien logra imponerse en las últimas cuatro partidas en forma consecutiva.

Tras ese episodio Petrosián ya no llegará a lo más alto aunque tendrá relevante presencia, en los próximos ciclos mundiales. En 1974, si bien vence al húngaro Lajos Portisch (nacido en 1937) en cuartos del final, a los que tuvo acceso en su carácter de excampeón, cosa que logra por 7 a 6 a principios de año en Palma de Mallorca (logrando imponerse en el último encuentro), en las semifinales disputadas en Odessa en el mes de abril perderá ante Korchnói (quien aún no era un disidente soviético) por 3½ a 1½.

En el ciclo siguiente cae frente al mismo adversario en la ciudad italiana de Barga, entre los meses de febrero y de abril de 1977, esta vez por un más apretado score de 6½ a 5½. Fue ahora en cuartos de final y como ya vimos antes, esa caída le traería muchos contratiempos en su país al no lograr derrotar a quien ya se había sindicado como un traidor. Previamente Petrosián había accedido a estos matches al prevalecer en un desempate respecto de Portisch y Tal (se clasificaban dos para la siguiente instancia), quienes habían compartido el segundo lugar en el Interzonal de Biel de 1976, a apenas media unidad del vencedor, el danés Bent Larsen (1935-2010).

Por último Petrosián nuevamente cruza fuerzas contra Korchnói en el mes de marzo de 1980 en la ciudad austriaca de Velden, perdiendo esta vez 5½ a 3½, y sin lograr derrotar a su adversario en ninguna de las nueve partidas disputadas. Nuevamente el armenio, para llegar a esta etapa, debió competir en un Interzonal que, en esta oportunidad, fue el realizado entre septiembre y octubre de 1979 en Río de Janeiro donde, permaneciendo invicto, compartió la punta con Robert Hübner (nacido en 1948) y Portisch.

Un espacio en el que Petrosián siempre especialmente brilló fue en las Olimpiadas. Participó en diez ediciones, de 1958 a 1978, siendo este el único año en que la URSS resignó la medalla de oro, en Buenos Aires, cuando se consagró Hungría (en 1976 los soviéticos se ausentaron de Haifa, Israel, afectando la consecutividad de la presencia del armenio en esta clase de pruebas). En ese recorrido fue seis veces medalla de oro en su tablero, lo que no logró únicamente en 1964, 1970, 1972 y 1978.

Fue quien lideró la delegación en cuatro ocasiones (1964, 1966, 1968 y 1972), segundo tablero apareció en tres (1962, 1970 y 1978), cuarto en uno (1974) y, en las restantes, a sus inicios, fue segundo suplente (1958 y 1960). De las 129 partidas disputadas sólo perdió en una (el alemán occidental Hübner lo venció en Skopie´72: fue por tiempo en una partida que, en alguna perspectiva, fue controvertida ya que se dio pese a los problemas de funcionamiento del reloj del armenio). Ganó 78 juegos, registrando una performance global notable del 79,8%, el segundo mejor registro histórico, únicamente superado por Tal (81,2%).

Bajo la modalidad colectiva fue integrante, por otra parte, de la exitosa delegación de su país que fue campeona en los torneos europeos de 1957, 1961, 1965, 1970, 1973, 1977, 1980 y 1983.

Otras competencias destacadas dentro de su trayectoria son las siguientes:

  • En 1960 gana, invicto, empatado con Larsen, en Hoogovens, Países Bajos
  • En el Memorial Nimzowitsch (a 25 años de la muerte de su admirado maestro), disputado en 1960 en Copenhague, se impone delante de Géler, en calidad de invicto, con 11½ en 13
  • En la primera copa Piatigorsky en Los Ángeles, en 1963, jugada mes y medio más tarde de que el armenio había conquistado el título, comparte la punta con Keres, delante del argentino Miguel Najdorf (1910-1997) y del islandés Friðrik Ólafsson (nacido en 1935)
  • En Buenos Aires, en un torneo de 1964, es segundo de Keres, a medio punto. Y ese año en Moscú prevalece en una competencia, siendo segundo Lev Polugayevski (1934-1995)
  • En 1965 es segundo de Korchnói, en Ereván, junto a Leonid Stein (1934-1973)
  • A poco de defender el título ante Spasky, participa de la segunda copa Piatigorsky en 1966 en Santa Monica, donde apenas conseguirá la mitad de los puntos, por lo que quedará detrás de Spaski, Fischer, Larsen, el alemán Wolfgang Unzicker (1925-2006) y Portisch, igualando un lejano sexto puesto con el polaco-norteamericano Samuel Reshevsky (1911-1992), entre diez participantes
  • En los próximos dos años el campeón mundial participó en cinco torneos internacionales, sin ganar ninguno, con dos bajísimas actuaciones: entre mayo y junio de 1967 en Moscú, cuando se impone Stein, Petrosián iguala la novena posición (con Géler, Najdorf y Keres), con apenas el 50% de los puntos; y en noviembre y diciembre de 1968, en Palma de Mallorca, con un brillante triunfo de Korchnói invicto delante de Larsen y Spaski, viéndoselo al armenio cuarto a tres puntos y medio del ganador    
  • Pese a perder el título en 1969 con Spaski, a poco de ello juega el campeonato soviético en Moscú, en el que se impondrá, manteniéndose invicto, con Polugayevski, delante de Taimánov, Smyslov y Géler, venciendo a su rival directo claramente en el desempate, por 3½ a 1½, conservando en esa instancia también la condición de imbatido 
  • En 1970 se celebra el match URSS vs. Resto del Mundo en Belgrado. Petrosián, en el segundo tablero, debe enfrentar al ascendente Fischer (quien curiosamente aceptó ser relegado por Larsen en el respectivo ordenamiento). El norteamericano ganará dos de los encuentros entre ellos, empatando los otros dos  
Fischer vs. Petrosián, Belgrado, 1970
  • En 1972 es segundo del húngaro László Szabó (1917-1998) en el torneo de Sarajevo y, a fin de año, en San Antonio, comparte la punta con Portisch, KárpovGligorić, siendo de entre todos ellos el armenio el único invicto. Otras figuras presentes fueron Larsen, Keres, el brasileño Henrique Mecking (nacido en 1952) y el checoslovaco Vlastimil Hort (nacido en 1944)
  • En abril de 1973 se impone en Las Palmas con Stein, quedando a medio punto varios jugadores, entre ellos el argentino Panno
  • En 1973 triunfa en Ámsterdam, junto al esloveno Albin  Planinc (1944-2008), aunque resigna un invicto que llevaba por 73 partidas, desde su caída en las Olimpíadas en el año anterior
  • Ese año, en el campeonato soviético, en el que se impuso Spaski, Petrosián iguala la segunda colocación, permaneciendo invicto, junto a Kárpov, Polugayevski, Korchnói y Gennady Kuzmin (1946-2020). Y estaban también presentes Keres, Tal, Smyslov y Géler  
  • Luego del campeonato soviético obtenido en 1975, del que ya se habló, en 1976 iguala el cuarto lugar con Polugayevski, detrás del campeón Kárpov y de Yuri Balashov (nacido en 1949) ; y en 1977 repite posición, junto a Polugayevski, a sólo media unidad de Gulko (nacido en 1947) e Iossif Dorfman (nacido en 1952)
  • En el torneo a sistema suizo de Lone Pine, EE. UU., en el mes de marzo de 1976, con tres tablas y cuatro triunfos, Petrosián logra prevalecer por media unidad respecto de sus seguidores, entre los que estuvieron Smyslov, Panno, Najdorf y un tercer argentino, Miguel Quinteros (nacido en 1947) en una competencia que reunió a 57 jugadores. Dos años después, en igual contienda, cuando gana Larsen, Petrosián hace seis puntos en nueve, por lo que iguala la sexta colocación 
  • A inicios de 1979 se impone en Tallin delante de Tal; y, en el mes de junio, se impone en Las Palmas, con su clásico invicto, compartiendo el liderazgo con Géler y el inglés Anthony Miles (1955-2001)
  • En el gran torneo de Moscú, que en 1981 lo ve a Kárpov como triunfador, delante de Polugayevski, Smyslov y Kaspárov (quienes comparten el segundo lugar), Petrosián iguala la novena colocación, entre catorce jugadores (Géler queda último), dándose el armenio el gusto de vencer a Kaspárov
  • Ese año, en Tilburg, cuando gana Aleksandr Beliavsky (nacido en 1953), Petrosián es segundo, invicto, le vuelve a ganar a Kaspárov, que queda muy rezagado (también lo estarán Spaski, Hübner y Larsen). Aquí mismo, en 1982, vencerá Kárpov, siendo Petrosián quinto-sexto junto a Smyslov. Y en este año, en Bugojno, con triunfo de Kaspárov, Petrosián iguala la sexta posición
  • Su último torneo es en Niksic, en 1983, triunfo de Kaspárov, con un Petrosián alejadísimo de la punta, ya que iguala la undécima colocación con Gligorić, entre quince jugadores

La escuela de Petrosián, centrada en el juego posicional, en el respeto permanente del concepto de profilaxis, de no sólo hacer lo mejor para uno, sino el de evitar que el adversario pueda mejorar la disposición de las piezas, su capacidad de defensa, sus sacrificios materiales de calidad (torre propia ofrendada por un caballo o alfil del eventual rival), una marca en el orillo del armenio, (que obedecían a razones que sólo podían ser entendidas en el largo plazo), su talento en la fase final del juego, fueron fiel reflejo de una personalidad moderada, ubicua, agradable, armónica.

Llegó a lo más alto pero, tal vez, nos deja la sensación de que, por esa combinación de don de gentes (fuera del tablero) como de parsimonia (dentro de él), por esa ausencia de espectacularidad (confundida con aburrimiento), tal vez no haya sido lo suficientemente reconocido. Por la acumulación de pequeñas y casi imperceptibles ventajas se lo llegó a comparar con una “boa constrictora” o, un “pitón”, como se lo definió en la versión en inglés del libro[3] que había decidido escribir en diciembre del año previo a su prematura muerte, el que se escribió basado en sus anotaciones.

En ese tiempo postrero, tras someterse a dos operaciones, estando en el hospital de Moscú, estaba esperanzado aún en recuperarse y poder participar del próximo Interzonal. Es que, en el último que había disputado en Las Palmas en el mes de julio de 1982, tuvo el sabor amargo de no lograr clasificarse, al quedar en la cuarta colocación, junto a Vladímir Tukmakov (nacido en 1946), a un punto de Smyslov (fue el escolta, accediendo a la próxima instancia junto al primero), en prueba en la que se impuso el húngaro Zoltán Ribli (nacido en 1951).

Acabarán sus días, prematuramente, el 13 de agosto de 1984, cuando contaba con 55 años de edad, aquejado por un cáncer de estómago. Ese mismo año, en estado de debilidad, y pudiéndoselo ver muy demacrado, no dejó de colaborar con Kaspárov para ayudarlo en su preparación ante el inminente enfrentamiento con Kárpov por el título mundial. El ajedrez le permitió superar, al menos transitoriamente, en esos días aciagos, todos los dolores…

Para Chessmetrics, Petrosián fue el jugador N° 1 del planeta durante treinta y tres (33) meses, siendo la primera vez en mayo de 1961 y la última en enero de 1964. Su mejor performance individual fue durante el Torneo de Candidatos de Curazao de 1962, cuando alcanzó los 2.829 puntos.

En la nómina de todos los tiempos (hay que hacer notar que los registros toman en cuenta lo actuado sólo hasta el 2005, por lo que no aparecen las figuras más nuevas), para un periodo de veinte años, la que encabeza Kaspárov, el armenio figura en el octavo lugar, siendo superado por aquel, y por Kárpov, Lasker, Alekhine, Korchnói, Smyslov y Keres, antecediendo Petrosián a Botvínnik, Spaski y Tal. En la consideración para quince años desciende al lugar N° 13; en la de diez años baja al 16; en la concerniente a un lapso que va de dos a cinco años queda en el 17; para llegar al 18 cuando la medición corresponde a un exclusivo año. 

Petrosián llegó a lo más alto casi sin proponérselo, con una modestia del todo infrecuente. En su mundo de experiencias, la vanidad ajena sólo le generaba una sonrisa que podía ser entendida en su tono irónico. En cierto momento, angustiado por las críticas recibidas por su estilo de juego (que lo hacía casi imbatible pero, a la vez, no tenía tantos triunfos como podían ser de esperar), estuvo a punto de abandonarlo todo, decisión que modificó cuando comprobó que en su Armenia seguían sus peripecias frente al tablero con fruición y esperanza.

Petrosián, a quien por su aire de invencibilidad se lo llegó a considerar un hombre de acero (que contrastaba con la dulzura de su mirada y de su comportamiento dentro y fuera del tablero), creía en la lógica, en el juego correcto, en el que nada surgía en forma accidental. No todos podían llegar a comprender la profundidad de ese pensamiento.

No tuvo nunca ese “instinto asesino” que caracterizó a muchos de sus colegas que llegaron a las cumbres. Alguna vez dijo:

“…los éxitos deportivos nunca fueron para mí el primer factor”, agregando, por si quedara alguna duda: “Para mí lo principal siempre fue el contenido interno de la lucha ajedrecística, el estado interno de dos personas sentadas ante el tablero de ajedrez” y “…en ajedrez no hay nada más importante y principal que quedarse con el principio creativo”.

Pese a esa ausencia de agresividad, que generalmente se la asocia a los deseos de alcanzar la gloria deportiva, no sólo que fue campeón del mundo sino que, en una disciplina tan exigente y frenética como es la del ajedrez rápido, llegó a ser uno de los mejores exponentes de todos los tiempos.

Vaya pues nuestro mayor reconocimiento al máximo ajedrecista que dio el sufrido pueblo armenio, una tierra de heroica historia cultural plagada de talentos: poetas, músicos, artistas, cineastas, científicos y ajedrecistas, con Petrosián en primerísimo plano (un rostro tan familiar que llegó incluso a ser parte de un billete de circulación en el país).

Billete con la imagen de Petrosián

Este fue uno de sus hijos dilectos. Y en ese suelo se registra una de las mayores pasiones por el milenario juego evidenciado en el hecho de que, hoy mismo, como sucede en muy pocos lugares del planeta, es enseñado, cotidianamente, a los niños en todas las escuelas del país.

Ellos, seguramente, en algún lugar del corazón, tienen el deseo de emular, al menos en parte, al héroe local. Alguien que fue un estratega, alguien a quien la táctica no le era ajena, pero la dejaba de lado ya que siempre prefirió la perfección del largo plazo que las luces relucientes de corto alcance.

Así, como lo hace seguramente cada escolar en su país, en el reconocimiento de los altos valores de Tigrán Petrosián, lo debemos considerar y recordar el mundo todo. ¡Gloria, entonces, al gran ajedrecista armenio!

Estatua de Petrosián en Ereván
Notas:
[1] La versión al español de esta obra, cuyo original está en ruso, en la cual se recogen catorce trabajos de autoría del noveno campeón mundial de la historia del ajedrez, que aparecieron en diversos medios soviéticos, integra la Colección Internacional de Ajedrez dirigida por Antonio Gude, Ediciones Eseuve, Madrid, 1989.
[2] Una importante calle de esa ciudad, la capital de Armenia, lleva el nombre del ajedrecista.
[3] Un libro de su propia autoría se titula, muy sugestivamente, Python Strategy (La estrategia del pitón), Quality Chess, Londres, 2015, en https://archive.org/details/pythonstrategy/page/n5/mode/2up.

©ALS, 2021


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