Julio Bolbochán (6)

Por Juan S. Morgado

1954 Templo del ajedrez

Hace más de veinte años, un diario de la tarde comentaba a dos columnas en negrita, como tratando de llamar la atención del lector desprevenido:

—…y el resultado de nuestro concurso que finalizó ayer tuvo la virtud de revelarnos un nuevo valor brillando intensamente en el cielo del ajedrez argentino: ha ganado el torneo con suma comodidad, displicentemente, a la manera de los grandes maestros. Tiene 11 años, se llama Julito y es el menor del clan ajedrecístico de los Bolbochán. (…) Julito Bolbochán puede llegar a campeón del mundo, porque… bla, bla, bla—

Se explica: la casa de Julito Bolbochán era un templo del juego-ciencia; menos el perro y el canario, todo el mundo jugaba al ajedrez, empezando por el progenitor, que había llegado al país con una valija conteniendo un par de zapatos, dos trajes, tres mudas y un tablero de ajedrez. Siendo algo revolucionario, papá Bolbochán parecía atacado por la manía de vivir defendiendo al rey; hijo que nacía, hijo que a los tres o cuatro años se sentaba frente a él, al otro lado de la mesa, empeñado en enseñarle cómo se defiende la causa del rey, sea blanco o negro. Así comenzaron Lázaro y Jacobo, sus hermanos mayores. A los cinco años Julio ya conocía bien a fondo la estrategia de los movimientos.[1]

1955 La promesa

Julio Bolbochán se inició en el ajedrez a edad temprana, al lado de su hermano 14 años mayor que él. Se convierte en su más consecuente discípulo y ayudante en los análisis de partidas que sostiene aquél en los Torneos Mayores y matches por el Campeonato Argentino de aquellos años, contra Grau, Pleci, Piazzini. Resulta vencedor en la primera competencia juvenil en que interviene: un concurso organizado por el diario La Razón. Dedicado a sus estudios, pasa varios años sin participar en torneos, y su primera intervención en la 1ª Categoría la hace en 1938 en el Club Jaque Mate, superando a los mejores jugadores de la institución, como su propio hermano Jacobo, Bensadón, Fenoglio. Participa inmediatamente en el Torneo Mayor, donde finaliza 4º. Por esta actuación es invitado al Torneo Internacional de Río de Janeiro, donde finaliza empatado en el primer lugar junto a Guimard y Fenoglio, con 12½/17, quedando Grau a medio punto.

Es suplente del equipo argentino que interviene en el Torneo de las Naciones de 1939, donde toma contacto con el Campeón Mundial Alekhine. (…) Afianza su juego y llega a conquistar el título de Campeón Argentino, alternándose en los puestos de honor en los torneos en que participa junto con los más destacados maestros.

Las características sobresalientes de su juego son su gran seguridad y depurada técnica, respaldados por el gran caudal de sus conocimientos teóricos, que lo hacen casi imbatible. Es así como desde 1950 registra sólo dos derrotas –con Czerniak y Trifunovic– a pesar de haber actuado como segundo tablero del equipo argentino en las Olimpíadas de Dubrovnik, Helsinki y Ámsterdam. Otro hecho sobresaliente de su carrera fue el empate con Keres en el match URSS – Argentina de 1954.

Paralelamente a su calidad de jugador, es ponderable su valor como didacta y analista. No debemos olvidar que a él se debe en gran parte la formación ajedrecística de Oscar Panno, a quien secundó en el Campeonato Mundial Juvenil que ganó.[2]

1962  Antes del Interzonal de Estocolmo

Entrevistamos al excampeón argentino Julio Bolbochán, que participó en el Interzonal de Saltsjobaden, Suecia, en 1952. Disputó en él sólo dos partidas. Contra Geller, la primera, que quedó suspendida en un final de torre y caballo con un peón más para el soviético, pero muy difícil de imponer. Afirma Julio:

—Yo no vi la forma—

La segunda, contra Szabó, fue tablas. Luego se retiró de la prueba, enfermo.

Es opinión de algunos entendidos que Bolbochán tiene serias posibilidades de clasificarse entre los seis primeros.

JB: —Sin pensarse que voy vencido, y calculando la fuerza de los maestros, creo que puedo estar en el décimo lugar. Mi lucha, en este evento, consistirá en tratar de ascender al sexto puesto—

LP: —¿Cómo estudia? ¿Cómo se adiestra?—

JB: —Desde el Torneo Zonal de San Pablo, hace un año, sólo jugué una partida con reloj en un match interclubs. Y en estos momentos estoy jugando el torneo en memoria de Daniel Greenway—.

El maestro Bolbochán es auditor en la Junta Nacional de Carnes, y además tiene a su cargo la sección ajedrez del diario La Nación. Esto le toma muchas horas del día y determina, nos dice, su alejamiento de los torneos.  Considera que para jugar la mente no debe estar sobrecargada de problemas, ya que en esas condiciones ni se trabaja ni se juega bien. En este sentido, aprueba la práctica de Botvinnik, quien cuando ejerce sus funciones de ingeniero no hace otra cosa, y cuando se dedica al ajedrez abandona el laboratorio. (…) No obstante, mantiene un adiestramiento liviano consistente en partidas rápidas. Al mismo tiempo, constantemente amplía sus conocimientos de variantes examinando lo que se juega en los últimos torneos magistrales, a las que procura incorporar ideas propias.

JB: —Miro las partidas como si fuera una novela. Leo las partidas –sea mentalmente o reproduciéndolas en una libreta de bolsillo o bien en el tablero– hasta encontrarles el punto crítico, es decir, el cambio respecto a lo conocido. Me preocupo por hallar la idea que tuvo el protagonista. No es lo mismo el entrenamiento de una hora diaria comparado con el que realizan los grandes maestros, con un promedio de varias horas al día y frecuentes confrontaciones. No obstante, me siento despejado, ágil y seguro en la captación de variantes—[3]

1962  Una lección a Arturo Pomar

Julio Bolbochán era uno de los dos argentinos que participaban en el extenuante súper Interzonal de Estocolmo en 1962, que contaba con 23 participantes. Un certamen en el que Bobby Fischer superaba a los soviéticos Geller, Petrosian, Korchnoi y Stein por amplio margen. Julito hacía lo que podía. Al llegar a la penúltima ronda, tenía 10 puntos sobre 20 posibles, un modesto pero digno 50%. Ese día le tocaba jugar con blancas frente al español Arturo Pomar, que venía mejor colocado, con 11½. El ex niño prodigio soñaba con una victoria, que lo catapultaría desde el puesto 12º varios puestos hacia arriba, alrededor del sexto o séptimo puesto.

Veamos cómo relató lo que sucedió en el momento de sentarse a jugar Julito y Arturito el legendario periodista Alberto Laya, famoso por su seudónimo Olímpico con en que firmó muchas de sus notas en La Nación.

—Hubo una vez –y esto no es cuento– un niño prodigio que daba mates a los diez años. Se llamaba Arturo Pomar. España, su país, estaba orgulloso de él, pero al propio tiempo temía que cuando grande se convirtiese en un mediocre. Su genio infantil se esfumó y terminó transformándose en un adulto discreto. Ahora tiene 38 años. En el Interzonal de Estocolmo intentó desplegar un extraño arte de la convicción.

—Te ofrezco 5.000 pesos si te dejás ganar—.

Su rival se sonrojó. Su reconocida timidez no impidió decir que no. Contestó Julito:

—Juguemos—

Gran productor de tablas –algunos lo llaman El Carpintero– jugó como nunca y ganó. Era y es un compatriota nuestro, un retraído analista ruboroso de fama mundial. La suya fue una limpia lección de honradez. Deseemos que este presunto deporte sepa despojarse de trampas y tramposos. El ajedrez no es fútbol— [4]

Conmovido anímicamente por el rechazo a su pedido vergonzante, Pomar no pudo mantener la calma, y perdió por tiempo en la jugada 34ª, luego de un fallido intento de jugar para ganar en la jugada 30ª, cuando ya la partida se encaminaba a unas tablas muertas. Doblemente conmovido, Pomar no quiso arriesgar en la última ronda con el mediocre Mario Bertok, pese a llevar las blancas, y entabló apenas después de la apertura. Julito, en cambio, debió luchar hasta la 52ª jugada para entablar un final en posición muy inferior frente al fuerte Gran Maestro de Yugoslavia, Svetozar Gligoric, frustrándole llegar al 5º lugar. Pomar finalizó 11º/12º con 12 puntos. Julio Bolbochán quedó medio punto detrás, con 11½.

Modestísimo, tenaz, de perfil muy bajo, Julito sintió no haber podido traer para Argentina un puesto mejor, que recordara aquellos vicecampeonatos olímpicos de 1950, 1952 y 1954, o los Campeonatos Mundiales Juveniles de Oscar Panno en 1953 y Carlos Bielicki en 1959. En ética deportiva, conservó el primer lugar.


Notas:

[1] Gary Sherwood en PBT nº 910 del 26 de febrero de 1954.

[2] Nuestro tablero nº 2 de marzo-abril-mayo de 1955.

[3] Reportaje a Julio Bolbochán en el diario La Prensa, marzo de 1962, previo al Interzonal de Estocolmo.

[4] Trampas en el tablero, Alberto Laya, revista Primera Plana, 27 de agosto de 1963.

Entregas anteriores de Juan S. Morgado:
Julio Bolbochán (1), en https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/06/28/julio-bolbochan-1/.
Julio Bolbochán (2), en https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/07/09/julio-bolbochan-2/.
Julio Bolbochán (3), en https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/08/03/julio-bolbochan-3/.
Julio Bolbochán (4), en https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/08/07/julio-bolbochan-4/.
Julio Bolbochán (5), en https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/08/16/julio-bolbochan-5/.


Otra nota relacionada:

Julio Bolbochán, el maestro, mi maestro. Por Sergio Negri. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/06/28/julio-bolbochan-el-maestro-mi-maestro/.

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