Vladimirs Petrovs, el jugador borrado de los libros de ajedrez de la URSS de Stalin

Por Sergio Negri

El jugador letón Vladímirs Petrovs fue, como tantos otros ajedrecistas y ciudadanos del mundo, una víctima de los horrores de un tiempo que, en muchas latitudes de Europa, estuvo marcado a sangre y fuego.

Nació el 27 de septiembre de 1907 en Riga, cuando Letonia formaba, como desde fines del siglo XVIII, del Imperio Ruso. En esa ciudad 29 años después vería la luz primera el futuro campeón del mundo Mijaíl Tal (1936-1992) y en 1894 lo había hecho Hermanis Matisons (1894-1932), el primer campeón mundial aficionado de ajedrez). Petrovs, a diferencia de los otros, será un rehén de los cambios que se produjeron a consecuencia de los movimientos geopolíticos.

Siendo un letón de pura cepa, cuando su país quedó subsumido en la URSS, debió adaptarse a las nuevas circunstancias, pasando a ser, brevemente, referente de los fortísimos campeonatos realizados en esa aglutinante Nación, herencia de un juego magistral de otro tiempo en que se había destacado en su Letonia de origen ahora, como en buena parte de su historia, oprimida.

A esta, cuando era un país independiente, la representó en el Torneo de las Naciones de Buenos Aires de 1939, oportunidad en la cual Petrovs fue nada menos que medalla de bronce, detrás de José Raúl Capablanca y de Alexandre Alekhine, ocupando el primer tablero.

Mas, una vez declarada la Segunda Guerra Mundial, y pasando Letonia a ser parte del coloso soviético, su destino primero será incierto, para terminar siendo trágico y fatal. Será confinado a Siberia, por su prédica nacionalista (aunque los motivos esgrimidos por el poder para su confinamiento ominoso, desde luego, habrían sido otros), en donde hallará horrorosas condiciones de existencia y una prematura muerte.

Deceso físico que, por muchos años, será acompañado por una virtual muerte civil. Es que, por un buen margen de tiempo, se lo hizo desaparecer de los libros soviéticos, invisibilizándoselo, casi como si nunca hubiera existido.

Petrovs y su esposa

Por supuesto que Petrovs, en otras condiciones, debió haber sido protagonista de una vida más tranquila y plena, una en la que los únicos combates debieron haber sido los desarrollados frente al tablero. Pero, lamentablemente, no pudo ser así.

Su punto más alto quizás haya sido en aquella oportunidad en el cono sur del planeta. Ese año de 1939 les cambiaría la vida a todos. Cuando comienza la final del Torneo de las Naciones de Buenos Aires, el 1° de septiembre, los nazis invaden Varsovia. Todo cambiará a partir de entonces. Miguel Najdorf, y tantos otros, permanecerán en el sur. Algunos se quedarán un tiempo, como el futuro israelí Moshe Czerniak y el sueco Gideon Ståhlberg.  Mas otros regresarán, Como Petrovs. Sin sospechar siquiera el sino trágico que el desafío de existir les depararía.

Pero, por ahora, eran tiempos felices para el letón. Lo dicho, en el sur de América cumple su mejor performance olímpica haciendo 9.5 puntos sobre 13 en la final. Su país, será séptimo, en prueba que gana Alemania por sobre Polonia y la Estonia de Keres. Petrovs, sumando la actuación en esa etapa y en la preliminar, quedará invicto, con ocho triunfos (cayeron ante él Tartakower, Czerniak y once empates (entre ellos con Capablanca, Alekhine, Keres y Eliskases).

Letonia siempre lo tuvo en los equipos olímpicos desde La Haya 1928, hasta 1939, sin solución de continuidad (incluyendo su participación en los Juegos oficiosos de Múnich 1936). El rendimiento general en pruebas oficiales fue de 60.9%. La mejor actuación fue, además de la de Buenos Aires, cuando fue medalla de oro individual en 1931 en Praga en el tercer tablero.

Sus comienzos frente al tablero lo fueron de la mano de un buen jugador letón, Viktors Rosenbergs, quien supo ser rival alguna vez de Alekhine, a quien batió en una sesión de simultáneas. Petrovs, a nivel de torneos individuales, tuvo crecientes actuaciones positivas. A los 19 años fue campeón de Riga y tercero en el campeonato nacional; en 1931 y 1932 fue campeón de los países bálticos; en 1934, 1935 y 1937 fue campeón de Letonia,

En proyección continental, se lo ve en noviembre de 1936 vencer en Helsinki; mas redobla su actuación en Kemeri en 1937 cuando en su propio país comparte la punta con Reshevsky y Flohr, en gran competencia en la que quedaron rezagados Alekhine, Keres, Fine, Tartakower, Ståhlberg, entre tantos otros.

Ludwig Rellstab vs. Petrovs, Kemeri, 1937, en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1004682

En 1937 le gana al fuerte jugador estonio Paul Keres en un match por 1.5 a 0.5; y en 1938 comparte con Erich Eliskases y Ståhlberg , el tercer puesto en Łódź , competencia en la que se impone Vasja Pirc, delante de Tartakower. Esa posición, en solitario, registra en el mismo año en Margate, quedando por detrás de Alekhine (a quien derrotó) y Rudolf Spielmann.

Petrovs vs. Alekhine, Margate, 1938, en https://www.chessgames.com/perl/chessgame?gid=1013336 

Petrovs vs. Keres

Tras el torneo de las Naciones de Buenos Aires viajó a la ciudad de Rosario, donde ganó claramente en un torneo organizado por el Club Español de esa ciudad, en donde se impuso en seis partidas, para empatar la restante, dejando atrás a Erich Eliskases (el primer tablero del conjunto alemán campeón ese año), al lituano Vladas Mikenas y a varias figuras regionales.

En su periodo soviético, Petrovs disputar el 12do. campeonato soviético en 1940, en el que se imponen Andor Lilienthal e Igor Bondarevsky, viéndoselo al letón décimo entre veinte intervinientes.

En años próximos se lo verá saliendo segundo en los campeonatos de Moscú de 1941 y 1942, detrás de Izaak Mazel y Bondarevsky, respectivamente. y de Ragozin, también en 1942, en Sverdlovsk.

Los avatares políticos de su país quedan reflejados en su vida. Cuando nace Petrovs, lo dicho, Letonia formaba parte del Imperio Ruso, ese que caerá en 1917 con la Revolución de la que derivará la existencia de la URSS. Y la independencia de esta Nación que fue declarada el 18 de noviembre de 1918. Su independencia se mantuvo hasta 1940 cuando la URSS la invadió. Pero en 1941 es invadida por los nazis, quienes ocuparon el territorio hasta que en 1944 la URSS vuelve a sentar sus bases allí, con lo que Letonia pasará a integrar el coloso soviético.

En esas condiciones, Petrovs, nacido ruso, devenido en letón, y luego con su patria objeto de las pretensiones de soviéticos y germanos, debió lidiar, como todos, con los avatares que se le iban presentando. Por caso, cuando los nazis invaden en junio de 1941 su nación, él estaba en territorio soviético, no pudiendo regresar, por lo que queda separado de su mujer e hija.

Ser nacionalista podía ser motivo de cuestionamientos y de equívocos. En tiempos de Stalin, eso podía ser sinónimo de haber sido colaboracionista nazi y traidor a la causa comunista. Y las cosas empeorarían, aún más, para su turbulenta existencia. En agosto de 1942, por sus críticas al régimen soviético, se lo condena a diez años de trabajos forzados. El ajedrecista caerá en el triste olvido. Se anunció su muerte en 1947. Pero ello había ocurrido en 1943. Solo en 1989, glasnot mediante, se supo (la KGB, el servicio secreto del país, abrió para ello los archivos) que había perecido en la cárcel de Kotlas de neumonía. Estaba confinando en el estado minero de Kotlas, uno de los Gulags de Stalin, que se mantuvo en ese ominoso rol hasta 1953.

Para quienes alzaran su voz, ser conducidos a Siberia, al destierro, al olvido y a la muerte, y en las peores condiciones posibles, podía ser meramente un trámite. Particularmente triste fue tal vez haber sido ignorado por colegas y borrado de los libros, esos que no debían de dejar de registrar sus brillantes actuaciones ajedrecísticas. En términos de Hanna Arendt, la banal decisión de algún oscuro funcionario burocrático del autocrático régimen de Stalin, fue el factor que hizo que esas críticas públicas del jugador marcaran su oscuro destino.

A Vladimirs Petrovs se lo quiso, como en otros casos, borrar de la historia: se lo consideraba “no persona”, se lo excluía de los libros y, eventualmente, se cambiaba su apellido letón Petrovs por su forma equivalente rusa, Petrov (Петров) el que, por otra parte, al ser tan común, invitaba a las confusiones con otros individuos. En cualquier caso, estábamos en presencia de formas de invisibilizarlo, algunas más sutiles, otras más contundentes. Y lo cierto es que el jugador será confinado y llevado a una muerte trágica y temprana por el régimen estalinista. Esa sería la forma escogida para sacarlo definitivamente de circulación de los ámbitos del ajedrez y de la vida.

Pero no pudieron, a pesar de esos esfuerzos negacionistas, lograr que nos olvidemos del gran ajedrecista letón. A Vladimirs Petrovs lo recordaremos por siempre con respeto aunque, por qué ocultarlo, con honda pena por el destino trágico de un ajedrecista que se merecía, como tantos ciudadanos del mundo de buena voluntad que le fueron contemporáneos, un mejor destino.

Vladimirs Petrovs

©ALS, 2021

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