La muerte no es excusa para abandonar el ajedrez

Un delirio de Enrique Arguiñariz

Hace algunas décadas, el mundo del ajedrez se sorprendió con una partida entre dos grandes de la historia del ajedrez, Geza Maroczy y Víctor Korchnoi.

Esta partida no sorprendería a nadie de haberse jugado, por ejemplo, en el año 1947. Hubiera sido el enfrentamiento de un maduro Geza con un teenager Korchnoi.  Quizá Víctor hasta pudiera haber asistido a alguna sesión de simultáneas del maestro húngaro.

Pero no. La partida se jugó durante un período de casi siete años, entre 1985 y 1992. ¿¿Cómo?? ¡Si Maroczy falleció en 1951!

Si, es cierto. Pero el hecho existió, o al menos está relatado en crónicas prestigiosas, como el libro “Chess is my Life”, de Victor Korchnoi, y los que quieran tener mayor detalle, pueden ir a la nota de ya publicada en Ajedrez Latitud Sur https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/05/29/la-partida-de-korchnoi-con-un-maroczy-desde-la-ultratumba/ . O presten atención a la síntesis que sigue a continuación.

En 1985, el Dr. V. Eisenbeib, presidente de la Sociedad Suiza de Parapsicología, le preguntó a Korchnoi con qué maestro ya fallecido le hubiera gustado jugar. Víctor eligió tres: Capablanca, Keres y Maroczy. Parecía una pregunta orientada tan sólo a conocer gustos de Víctor, hasta que días después, reapareció el parapsicólogo con este extraño mensaje: “No pude localizar ni a Capablanca ni a Keres, pero Maroczy está dispuesto a jugar”.

Repuesto de la sorpresa de esta respuesta, Eisenbeib le explicó a un incrédulo Korchnoi como sería el proceso. El parapsicólogo ya tenía elegido a un médium que, como requisito fundamental, no tenía que saber jugar al ajedrez. Sólo se le explicaría lo suficiente para que pueda manejar el sistema de notación algebraico de las jugadas. De esta manera, recibiría y trasmitiría mensajes tanto de Korchnoi como del supuesto Maroczy sin conocer en esencia de qué se trataba. Con esto se procuraba eliminar ruidos en el proceso, como sería que al final de cuentas termine siendo el propio médium el que juegue con Korchnoi,  llevando a una conclusión falsa del orden de que “los 34 años que lleva en el Más Allá, le han hecho olvidar a Maroczy cuestiones muy básicas del juego”.

También, el doctor Eisenbeib tuvo la precaución de diseñar rutinas para asegurarse que el rival de Korchnoi sea Maroczy y no otra persona del mismo más allá, o simplemente, “una del más acá”: contrató a un historiador para que elabore un detallado informe sobre todo lo que se sabe de Maroczy, a fin de hacerle preguntas muy bien dirigidas, que sólo el maestro húngaro podría contestar. La crónica indica que el nivel de acierto fue superior al 94%. Y que hasta hubo una aparente confusión con el apellido de un rival suyo en un torneo de San Remo, de 1930, que los historiadores daban como de apellido Romi y pero que “Maroczy” recordaba como “Romih”. La solución del diferendo le dio la razón a Maroczy, al demostrarse que Romih, al radicarse en Italia, como consecuencia de algún error de algún empleado de Migraciones, perdió la “h” que su apellido tenía originalmente.

La partida la ganó Korchnoi, pero reconociendo que su rival, sea Maroczy o no, tenía fuerza de Gran Maestro, y que incluso lo puso en aprietos al llegar a la instancia del final, etapa del juego en la que el Maroczy histórico se destacaba por su precisión. Apuntemos que en ese entonces, Víctor era un jugador top del mundo, y había pocos ajedrecistas capaces de ponerlo en aprietos. También apuntemos que en ese entonces, los motores de análisis estaban absolutamente en pañales, lo que descarta que el médium pueda haberse valido de uno de ellos. Y en cuanto a las respuestas del supuesto o real Maroczy a las preguntas de control, la garantía de que no eran generadas por el médium estaba dada en buena parte por el hecho de que en esa época aún no existía Google ni nada parecido. El parapsicólogo había organizado todo con nivel científico. El médium y el historiador nunca se conocieron entre sí. Y hasta el médium jamás tomó contacto directo con “Korcho”. Hacía de intermediario entre ellos el Dr Eisenbeib, probablemente para evitar que el médium llegue a leer la mente del ex segundo del mundo, y de esta manera contamine el experimento, y resulte que la partida no sea contra el espíritu de Maroczy, sino un simple enfrentamiento de Korchnoi contra sí mismo.

¿Qué me genera toda esta historia? Gran curiosidad. En principio tiendo a no creerla, pero debo reconocer que la parapsicología es una ciencia seria, que un reconocido experto en este tema lideró el proyecto, y que la persona que supuestamente hizo contacto con el espíritu de Maroczy no era un espiritista de barrio, sino una persona elegida rigurosamente por el Dr. Eisenbeib, quien como ya dijimos presidía un organismo científico prestigioso, como era la  Sociedad Suiza de Parapsicología.

Si todo esto es cierto, quedaría demostrado que el ajedrez es el único deporte que se puede practicar después de muerto. Veamos un poco: para cualquier práctica deportiva, hace falta algún elemento: para el fútbol y muchos otros, una pelota. Para el tenis, además de la pelota, una raqueta. Para el atletismo, una pista.

Ahora bien, en el imaginario colectivo, las almas están en un estado etéreo, digamos “gaseoso”, con el perdón de los expertos en la ultratumba que puedan estar leyendo esto. Es imposible concebir que un ser de consistencia gaseosa empuñe una raqueta. O como arquero, pueda atajar un penal. La pelota seguiría tranquilamente su curso ignorando el acrobático salto del guardameta.

Alguien dirá “pero podrían correr los cien metros llanos. Sólo necesitan la pista”. No lo niego, pero como sabe cualquiera que haya visto películas de zombies, esas carreras tendrían un aspecto tan siniestro, tan espeluznante, que sería muy difícil conseguir sponsors para financiar este deporte. Además, según lo visto en las películas, los zombies están muy, muy lejos de superar algún record olímpico.

“Bueno, pero el ajedrez tampoco puede ser jugado por un alma, un espíritu. ¿Cómo hace para levantar las piezas para efectuar una jugada?” Muy simple, cualquier jugador que superase –digamos- los 1.800 puntos de Elo, puede jugar tranquilamente una partida a ciegas. El ajedrez debe ser el único deporte para cuya práctica no hace falta absolutamente nada.

Entonces –esto lo digo para acercar a los promotores del ajedrez un argumento más que aconseje su práctica- el ajedrez es el único deporte que puede seguirse practicando después de la muerte, como parece demostrarlo esta experiencia que estamos comentando.

Hubo sólo una cosa que me desilusionó un poco: yo esperaba que el espíritu de Maroczy mande a responder a Korchnoi: “Querido Víctor, lo lamento pero no podría aceptar el desafío porque no puedo permitirme jugar con tanta ventaja. En este plano donde estoy, está todo tan evolucionado que hasta los niños conocen perfectamente cosas complejas como –por ejemplo- la teoría de la relatividad. En cuanto al ajedrez, los aficionados que recién empiezan ya tienen un Elo de 9.300”. Pero no sólo existió esa respuesta, sino que Maroczy terminó siendo superado por el refugiado en Suiza.

Yo hubiera aprovechado el contacto para preguntarle a Maroczy cómo es hoy un día en su vid…perdón, en  su muerte. A qué dedica el tiempo durante toda una jornada.

Porque se sabe bastante poco sobre la vida del más allá. Por una parte, nos han dicho que si has muerto en pecado, te tocará quemarte eternamente en el infierno, pero si has muerto en gracia de Dios, te tocará compartir el cielo con el creador.

Ahora bien, en términos prácticos, ¿Qué hace todo el día un alma que está en el infierno? Se quema. Y el quemarse por toda la eternidad es una cosa tan seria que no te deja hacer ninguna otra cosa. Esto está muy claro.

¿Y qué hace un alma que reside en el Paraíso? “Gozar de la vista de Dios” es un poco abstracto. Yo quiero conocer actividades concretas. Por las caricaturas más populares, sabemos que cada una de las almas salvadas estará parada sobre alguna nubecita, vestida con un camisón blanco y tocando el arpa, o un instrumento de cuerda similar. Por toda la eternidad.

No estoy seguro si ambas realidades, por ser eternas, no llega un momento en que se equiparan. Es decir, luego de quince mil trillones de años, el que se estaba quemando, puede haberse acostumbrado al fuego, y ya no la pasa tan mal. Y el que estaba cantando y tocando el arpa, en ese mismo período, llega un momento en que ya detesta absolutamente todo lo que tenga que ver con la música, y tocar el arpa se transforma en una horrible tortura.

Si finalmente me dejan elegir alguna actividad para practicar en el más allá, yo propongo ajedrez. Quién sabe si en los portales de ajedrez on line, entre los innumerables nicks de jugadores no se encuentra algunos seres que ya han dejado este mundo. En ajedrez uno nunca juega una partida igual a la otra, aunque esto tal vez no valga para la eternidad. Cada millón de años, uno es posible que vuelva a repetir la misma partida. Pero si Dios nos da la gracia de no poseer una súper memoria, todas las partidas nos parecerán nuevas, y nunca nos aburriremos.

 Si la gloria de Dios incluye alguna partidita de ajedrez, en lugar del arpa, bienvenida. Después de todo, el ajedrez también es creación divina.

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