Man Ray, su hermoso diseño de juego y estrecho vínculo con el ajedrez

Por Sergio Negri

Man Ray fue uno de los más notables exponentes del surrealismo. Y el vínculo del ajedrez con ese movimiento, como es sabido, ha sido proverbial.

Desde luego que su máxima contribución es ese precioso diseño que hizo a las piezas del milenario juego, en un trabajo de 1924, las que han sido objeto de comercialización en diversas variantes y se exhiben, en su modelo original, en lugares icónicos, como es el caso del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Set de piezas de Man Ray exhibidas en el MOMA

Su diseño geométrico y abstracto, que en su momento fue visto como toda una novedad desde la perspectiva occidental, sin embargo podría decirse que guarda algún grado de parentesco con la imaginería musulmana clásica del shatranj, el proto-ajedrez que ingresó a Europa para luego modernizarse y universalizarse.

Es sabido que, en esa cultura oriental, por interdicciones religiosas no se podía usar rostros o corporizaciones de personas o animales en los trebejos de un pasatiempo que era del todo difundido en las cortes medievales. Si bien Man Ray no se inspiró exactamente en ese antecedente, en ambos casos el común denominador está dado por la abstracción de las respectivas figuras.

Las piezas del norteamericano remiten a objetos puros y preciosos, a saber: el rey, a la pirámide; la reina, al cono; la torre, al cubo; el alfil, a una botella; el caballo, en su crin, a un violín; el peón, a una esfera.

Las piezas de Man Ray

Man Ray en realidad era el seudónimo de Emmanuel Radnitzky, nacido en 1890 en Filadelfia, EE. UU. y fallecido en 1976 en París, Francia. Un artista visual que fue clave en una movida artística que supo concebir novedades trascendentes que derivaron en el dadaísmo y el surrealismo (este movimiento se separó del otro en 1924 y, desde entonces, Man Ray lo abrazó).

Man Ray

Sus aportes fueron en calidad de pintor, fotógrafo y, en cualquier caso, un artista integral que supo interpretar al tiempo que le tocó vivir. Su vínculo con Marcel Duchamp (1887-1968) fue muy especial, fueron colegas (ambos, junto a Francis Picabia fundaron el dada en Nueva York), amigos y se embarcaron en numerosos proyectos juntos, varios de ellos relacionados a la común pasión por el ajedrez. Se conocieron en Nueva York, cuando el galo estaba radicado en los EE. UU. Pero ambos terminarían muy próximos en Francia (a la que el norteamericano arribará en 1921, donde se instalará hasta 1940, escapándose del nazismo regresará en los EE. UU.), en una París que, como la ciudad estadounidense, será emblema de las vanguardias artísticas.

Man Ray, Duchamp y el ajedrez con piezas de diseño de aquel (1957)

En 1924 Man Ray aparece junto a Duchamp, en tanto actor, en el cortometraje Entr´acte, una pieza que es un ícono del movimiento surrealista, bajo la dirección de René Clair (1898-1987), con guion compartido del cineasta francés y Picabia, sumándose en la música el compositor Éric Satie (1866-1925), quien fuera precursor del minimalismo y del impresionismo.

El film, de clara vocación experimental, exhibe una sucesión de fotogramas, dentro del cual hay uno que especialmente nos interesa: en los altos de un teatro de París, se observa a dos hombres jugando una partida de ajedrez, tan enfrascados en el juego que, casi en una exhalación, y sin que se percaten de lo que sucedía en su derredor, terminan desapareciendo luego de que un torrente de agua, que no es precisamente producto de la lluvia, cae desde las alturas, mojando el tablero y tumbando a los trebejos que estaban sobre él. Los protagonistas de esa escena son, desde luego, nuestros Duchamp y Man Ray, artistas inseparables y sublimes.

Man Ray y Duchamp en el film de René Clair

El film de Rene Clair Entr´acte, en https://archive.org/details/ArteReneClairwFrancisPicabiaErikSatieEntracte1924.

Hay otro hecho que, en un plano social, une a esos artistas con el ajedrez. Resulta que en junio de 1927 Duchamp se casa en Niza, Francia, con Lydie Sarazin-Levassor (1902-1988), a quien había conocido poco antes (en marzo de ese mismo año). Mas las cosas no funcionarían debidamente: resulta que Marcel, en plena luna de miel, se la pasaba en un club de ajedrez, bajo los reproches de su flamante esposa.

Man Ray, quien filmó la ceremonia de matrimonio de la pareja (Picabia, por su lado, fue testigo de boda), dijo que ella incluso le adhirió con pegamento al tablero las piezas para inmovilizarlas. El conflicto derivará en un divorcio que prontamente se concretará: en enero de 1928. Man Ray será acusado por la divorciada de ser funcional a los desvíos ajedrecísticos de su exmarido, en el siguiente tono de reproche:

“Yo no sentía gran simpatía por Man Ray, al que encontraba más bien indiscreto; pero me emocionaba mucho ver el afecto y la deferencia que demostraba por Marcel. En ese entonces, casi cada tarde, después de cenar, se organizaba la inevitable partida de ajedrez, la cual duraba más de dos horas durante las que yo contenía mi genio encendiendo cigarrillo tras cigarrillo, esperando con impaciencia el momento de volver a la calle Larrey, y de estar por fin a solas. No es que el ajedrez no me interesara como se ha pretendido, sino que estaba tan enamorada de Marcel que me ponía celosa del tiempo que se me robaba. Me parecía que aquella interminable partida interrumpía e incluso destruía el clima en el que nos encontrábamos y pensaba que Man Ray carecía de tacto al acaparar así al que yo consideraba como una propiedad personal. Yo no había comprendido todavía que la evasión que proporciona el juego del ajedrez era tan absolutamente necesaria para Marcel como el aire que le gustaba tanto respirar profundamente, que el lado abstracto de la especulación del pensamiento atrapaba las ideas pequeñas que llenaban su mente”.

Man Ray en 1934 compuso una obra fotográfica titulada Scacchiera surrealista, consistente en un tablero de ajedrez de 4×6, ubicando en los escaques las fotografías de veinticuatro de los integrantes del movimiento surrealista, entre ellos a Breton, Ernst, Dalí, Éluard, De Chirico, Tzara, Picasso, Magritte, Miró y donde se incluyó a sí mismo.

Scacchiera surrealista de Man Ray

El tiempo pasaba y siempre se los verá a los amigos inseparables, muchas veces con el ajedrez de intermediario. Y siempre rodeando el arte en espíritus tan especiales. Es así que en 1944, cuando organiza Duchamp una Muestra en la Julien Levy Gallery de Nueva York, habrá de invitar a treinta y dos artistas (pintores, escultores), entre ellos Man Ray, André Breton, John Cage (1912-1992) y Max Ernst (891-1976), a fin de rediseñar imágenes vinculadas al ajedrez, de forma tal de presentar obras nuevas. Marcel hará el respectivo Catálogo. Ese número es algo más que simbólico: corresponde a la cantidad total de piezas en toda partida de ajedrez….

Catálogo de la Muestra de Duchamp en 1944 en la Julien Levy Gallery de Nueva York

Alguna vez Duchamp dijo: “He llegado a la conclusión de que, si bien no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son artistas”. Es evidente que ese concepto aplica a quien profirió la sentencia y, desde luego también, a su íntimo amigo Man Ray, artista impar, por partida doble (como tal y como ajedrecista), en quien vemos, como en Marcel, que el ajedrez fue del todo consustancial con su arte.

Negra y blanca, una de las fotografías más reconocidas de Man Ray (¿de inspiración ajedrecística?)

©ALS, 2021

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