Polugayevski, maestro de la Siciliana

Por Horacio Olivera

Aunque nacido en Bielorrusia en 1934, bien podría Lev Polugayevski haberlo hecho en algún pueblo de la italianísima y hermosa Sicilia, si es que tenemos en cuenta el apasionado romance ajedrecístico que sostuvo, durante más de treinta años de carrera, con su favorita Defensa Siciliana.

Y es que este ingeniero en termodinamia, tan elegante y flemático en su aspecto y maneras, que podría haber sido confundido con un lord inglés, dedicó a esta muy popular defensa buena parte de sus afanes ajedrecísticos, tanto por su impenitente práctica cuanto por el pormenorizado estudio de sus particularidades y el desarrollo de nuevas e interesantes ideas estratégicas, muchas de las cuales  gran cantidad de maestros y ajedrecistas de todo nivel plasman aún en los tableros, acaso sin saber quién fue su creador.

Polugayevski fue un ajedrecista cabal, un jugador de principios. Serio y atildado, muy respetado por sus colegas y por la afición en general, desde la década del sesenta hasta bien entrados los ochenta del siglo pasado, se mantuvo en la élite de los grandes maestros a fuerza de talento, estudio y constancia. Eran los tiempos del gran ajedrez soviético, en donde compartía cartel con próceres de la talla de Petrosián, Spaski, Smyslov, Korchnói y Géler, entre los que supo brillar con luz propia.

Permanente animador de torneos de primerísimo nivel, supo saborear las mieles de la victoria nada menos que en tres Campeonatos Soviéticos, en las épocas en los que se consideraba a estas competencias anuales como los certámenes más fuertes del mundo. Brilló también en una buena cantidad de pruebas internacionales de alto vuelo que lo vieron victorioso: Mar del Plata 1962 (en el que consiguió su título de Gran Maestro de la FIDE), Ámsterdam 1971, Sochi 1972, Montilla 1975 son apenas algunas muestras de sus años de esplendor, en los que también fue un muy digno representante de la Unión Soviética en nada menos que siete Olimpíadas, entre 1966 y 1984, habiendo defendido además, el cuarto tablero de su país en el legendario encuentro “URSS vs. Resto del Mundo” en Belgrado, 1970.

Pero acaso lo más relevante (si es que se puede concebir algo más relevante que los logros que acabamos de mencionar) es la actuación de Polugayevski en los ciclos de aspirantes al Campeonato del Mundo. Siempre con su bienamada Siciliana “en ristre”, descolló en los Interzonales de Petrópolis 1973, Manila 1976 y Riga 1979, en todos los cuales obtuvo el segundo puesto, con lo que aparte de obtener el honor de ocupar el podio en esas fuertes competencias clasificatorias, logró el derecho de jugar los Matches de Candidatos al título mundial. En ellos dio la batalla, con victorias y derrotas, pero no logró en ningún caso alcanzar a ser el desafiante, acaso el único peldaño al que no logró ascender en su brillante camino ajedrecístico.

Jugador de un estilo de juego activo y pujante, su fuerza principal residió en un muy profundo y escrupuloso conocimiento de los sistemas de apertura que utilizaba, fruto de un intenso y permanente trabajo analítico, en épocas en que ese quehacer se resolvía sin la colaboración de las computadoras. Jugando con piezas blancas, tuvo mano particularmente dura contra la Defensa India de Rey y fue un gran conocedor de los vericuetos de la Defensa Ortodoxa del Gambito de Dama, habiendo dejado plasmados sus conocimientos en el excelente libro que lleva precisamente ese nombre.

Pero como decíamos al principio, su máxima especialidad fue su querida Defensa Siciliana, esa aguda y combativa manera de responder a las aperturas del Peón Rey, que tantas alegrías le deparara. Su pertinacia en el uso de esta Defensa, lo llevó a ser catalogado, durante muchos años, como el mayor experto mundial de la misma, no ya en una sola línea, sino en casi todas las variantes más populares, tales como la Paulsen, la Clásica o la aún hoy muy practicada Variante Najdorf, una de cuyas subvariantes más desafiantes, arriesgadas y agudas, en boga en los años 80 y 90, lleva el nombre de Polugayevski, en homenaje al intenso estudio que él hiciera de la misma. Para corroborar la confianza en sus análisis de esta línea de juego, tan violenta, se la planteó con éxito nada menos que a Mjaíl Tal en el match de candidatos que jugaron en 1980.

Tal fue la estrecha relación entre el nombre de este Gran Maestro con el nombrado sistema defensivo que, hacia el final de su vida y cuando ya se encontraba afectado por un tumor cerebral, su amigo el magnate holandés Van Oosterom organizó un torneo en homenaje a la trayectoria ajedrecística de Polugayevski, con la particularidad de ser “temático” de Defensa Siciliana (movimientos iniciales obligados), una modalidad totalmente inusual a niveles de competencia de primera línea. Por elección del homenajeado, el certamen se jugó en nuestra Buenos Aires, ciudad en la que Lev manifestó haber sido siempre muy bien tratado y en donde, tras su match con Korchnói de 1980, descubrió que tenía una buena cantidad de admiradores, La jerarquía de los participantes dio un especial brillo a la competencia, pues fueron de la partida el Campeón del Mundo Anatoly Kárpov, Salov (quien se llevó el triunfo), Anand, Ivanchuk, J. Polgar, Kamsky, Shirov y Ljubojevic.

Y el maestro Polugayevski, obviamente por esas épocas ya retirado de la alta competencia por razones de edad y de salud, hizo allí una de sus últimas apariciones públicas, recorriendo seguramente con enorme placer y orgullo las mesas de juego en donde su predilecta Siciliana se hacía presente en el cien por ciento de los juegos, casi el mismo porcentaje de sus planteos durante su vida activa como ajedrecista.

Menos de un año después de este singular evento homenaje, fallecía en París este verdadero titán del tablero, a veces algo olvidado por las generaciones que le sucedieron, pero cuyo legado ajedrecístico merece ser valorado en toda la justa dimensión de su grandeza.

Lev Polugayevski
Sobre el autor:
Horacio Olivera es un ajedrecista de Primera Categoría de la Federación Metropolitana de Ajedrez de la República Argentina y socio fundador del club Torre Blanca de la ciudad de Buenos Aires.
Como ajedrecista, fue subcampeón metropolitano juvenil, campeón metropolitano y nacional de los Torneos Evita (1973), finalista de Campeonato Argentino Juvenil (1974) y sub-campeón de las provincias de Chaco y Corrientes (en los años 90).
En su calidad de investigador ha sido colaborador del diario Página 12 y del sitio web Ajedrez 12.
Actualmente, participa del programa radial Frente al Tablero, que se emite desde la Radio Porteña 89.7 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires los viernes a las 20.00, en donde se abordan cuestiones vinculadas al ajedrez con las dimensiones educativa, terapéutica y pedagógica.
Asimismo, ha oficiado en su país de panelista en diferentes Encuentros relacionados con la Historia del Ajedrez.
Horacio Olivera

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s