François Antoine de Legall de Kermeur, el maestro de Philidor que trascendió por el mate que remite a su nombre

Por Sergio Negri

Hay ajedrecistas que no necesariamente han sido particularmente brillantes, pese a lo cual han trascendido a lo largo del tiempo por algún elemento o acontecimiento icónico.

Ese es indudablemente el caso de François Antoine de Legall de Kermeur (1702-1792), uno de los contertulios del célebre Café de la Regénce ámbito que, en el siglo XVIII, y también a inicios del siguiente, vería en París a lo más granado del ajedrez europeo.

Allí surgirán Philidor (1726-1795), Deschapelles (1780-1847) y de la Bourdonnais (1795-1840) quienes, en sus respectivos tiempos, lideraron la consideración en cuánto a quién era el mejor referente del juego.

En ese mismo sitio concentró su práctica de Legall de Kermeur quien, en cierto momento, incluso fue mentor de un más joven Philidor.

Sire de Legal

El “Mate Legal”, es una forma de culminar la partida que se considera prototípica. Proviene de la partida protagonizada en 1750 por de Legall de Kermeur con blancas ante su compatriota Saint Brie, la que se desarrolló a esta guisa:

1. e4 e5 2. Bc4 d6 3. Nf3 Bg4 4. Nc3 g6 5. Ne5 Bd1 6. Bf7 Ke7 7. Nd5#

Se ha dicho que de Legall pudo haber sido el primer ajedrecista profesional aunque, ya sabemos, en algunas miradas, como en la de Mijaíl Botvínnik (1911-1995), consideran que ese carácter se le puede asignar a Gioachino Greco (1600-1634), el gran ajedrecista calabrés del siglo XVII), quien en su trayectoria itinerante tuvo al ajedrez como forma de sustento de su vida.

Por lo pronto de Legall practicaba el juego en el Café de la Regénce por el régimen de apuestas, ganando algún que otro dinero. Para más, antes del desarrollo pleno de Philidor, quien rápidamente lo desplazó como foco de las miradas (y lo venció con claridad para 1755), podía ser considerado el mejor ajedrecista de su tiempo. Es que quien deslumbraba en ese sitio, y aquel lo había hecho con anterioridad a la aparición del otro, solía ser reputado como el mejor exponente de su tiempo, en un concepto que no deja de ser controvertido, ya que no necesariamente registra lo que sucedía en otras latitudes (especialmente en los territorios de las actuales Alemania, Italia y Rusia).

Lo que sí es enteramente cierto, al menos hasta inicios del siglo XIX, es que los jugadores galos predominaban respecto de los ingleses. Philidor demostraría eso previa y palmariamente (y también habrá de prevalecer en sus incursiones por Flandes y Alemania). Mas también ello le ocurrió al propio de Legall quien derrotó en un match al que se consideraba el mejor jugador británico, Abraham Janssen (1720-1795), lo que ocurrió en una fecha algo imprecisa posterior a 1747.

Otro dato muy interesante, aportado por el gran historiador inglés Harold James Ruthven Murray (1868-1955), sobre de Legall es que concibió un tipo de ajedrez diferente por el cual un jugador podía recibir en lugar de la dama, 7, 8 o 9 peones, los que se ubicaban en las filas tercera y cuarta (por ejemplo en b3, c3, c4, d4, e4, f3, f4 y g3). Otra alternativa que planteó fue la de recibir 3 o 4 peones adicionales en vez de la torre.

En la revista London Magazine, mayo de 1825, se traza de este ajedrecista, en la nota titulada Ajedrez y ajedrecistas por un antiguo aficionado, el siguiente retrato (Fuente: https://www.wikiwand.com/en/Legall_de_Kermeur):

Probablemente soy, sin excepción, el jugador de ajedrez más viejo de Europa. No sólo he tenido el honor de competir “en el campo de batalla” con M. Philidor, sino que he jugado con frecuencia en el Café de la Regence con M. de Legalle, el maestro de ese distinguido profesor, quien, en mi época de juventud, era mejor jugador que su célebre alumno. No hay hombre de cuya persona y comportamiento conserve un recuerdo más vívido que el señor de Legalle; era un anciano delgado y pálido, que se había sentado en el mismo asiento en el Café y llevaba el mismo abrigo verde durante muchos años cuando visité París por primera vez. Mientras jugaba al ajedrez, inhalaba rapé con tal profusión que su estornudo chirriante estaba literalmente saturado con partículas sueltas de la polvo y, además, tenía la costumbre de animar a la compañía durante el progreso del juego, mediante una variedad de comentarios, que todos admiraban por su brillantez, y que me impresionaron quizás con más fuerza, ya que en ese momento estaba familiarizado con la lengua francesa con indiferencia”.

En cualquier caso, François Antoine de Legall de Kermeur, en sus múltiples facetas (particularmente como maestro de Philidor, a quien le enseñó por al menos tres años), y ya no solo por el emblemático mate que recibe su nombre, es una personalidad que estará por siempre presente en la historia del ajedrez.

©ALS, 2021

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