Semblanza de Philidor. El ajedrecista-músico que abrió las puertas a la modernidad

Por Sergio Negri

“El juego  de ajedrez que todo el mundo conoce, y que muy poca gente juega bien, es de todos los juegos mentales, el más instruido, y uno en el que la extensión y la fuerza del espíritu se puede notar más fácilmente” (L’Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, Diderot y  d’Alembert, 1751)

¿Es posible que uno de los más grandes exponentes del juego de todos los tiempos, y sin dudas el mejor de su era, y con margen, no haya sido un ajedrecista en el sentido pleno del término? En efecto, ese parece ser el caso de Philidor quien, en rigor, era un notorio compositor musical, actividad por la que también trascenderá, y a la que le dedicaba en todo caso los mayores esfuerzos.

Su nombre real era François-André Danican, habiendo nacido el 7 de septiembre de 1726 en Dreux, pequeña ciudad cercana a París la cual, equivocadamente, se llegó a decir que era la capital de los druidas. Su padre era André Danican Philidor, integrante de una dinastía de músicos que tuvieron celebridad en los siglos XVII y XVIII, particularmente por sus actuaciones en la corte de Versalles, quien actuó para Luis XIV.

Otro monarca, Luis XIII, fue quien le dio al tío abuelo del ajedrecista, Michel Danican, nacido en Dauphiné (al sudeste del país), el apodo Philidor, el que se transmitirá inter generacionalmente entre los músicos de la familia. En su momento la forma de tocar el oboe de ese antepasado, le hacía recordar al soberano a un músico italiano, nacido en Siena, llamado Filidori (de sonoridad parecida a la del apelativo definitivo de los músicos galos).

François-André Danican, a los seis años de edad, fue aceptado como paje de la corte, cuatro años antes del límite permitido, lo que fue facilitado por los vínculos de sus antepasados músicos. Desde su incorporación evidenció un talento temprano y una muy buena disposición. Se sumará al coro de la Capilla Real de Versalles, donde aprenderá música, habiendo de desarrollar eximios conocimientos en tanto pianista, y dará sus primeros pasos como compositor. Su primer trabajo propio en este carácter lo hizo a los once años, siendo un motete para un coro completo que mereció el elogio de Luis XV y una recompensa de cinco luises de oro.

Luises de oro

Tres años después deja el Coro, se instala en París y, con catorce años de edad, ya dará clases de música; además de embarcarse en su actividad como creador, copista de música y ejecutante de piano.

Con el tiempo, será muy prolífico y exitoso, máxime en su calidad de compositor. Desde el punto de vista del estilo, pasará de la música sacra a encarar luego obras de un estilo más moderno e italianizante. Lo más conocido de su producción, incluyendo una obra que será estrenada póstumamente, es:

  • Le Diable à quatre, ou La double métamorphose, opéra comique (1756)
  • Blaise le savetier, opéra bouffon (1759), que se dio en la Opera Comique con gran suceso, lo que lo hizo alejarse de las obras sacras
  • L’Huître et les plaideurs, ou Le tribunal de la chicane, opéra comique (1759)
  • Le Quiproquo, ou Le volage fixé, comédie (1760)
  • Le Soldat magicien, opéra comique (1760)
  • Le Jardinier et son seigneur, opera bouffon (1761)
  • Le Maréchal ferrant, opéra comique (1761)
  • Sancho Pança dans son isle, opéra bouffon (1762)
  • Le Bûcheron, ou Les trois souhaits, comédie mélée d’ariettes (1763)
  • Les Fêtes de la paix (1763)
  • Le Sorcier, comédie lyrique (1764)
  • Tom Jones, comédie lyrique (1765)
  • Le Tonnelier, opéra comique (1765)
  • Ernelinde, princesse de Norvège, tragédie lyrique (1767), hecha a la manera italiana, significó otro gran suceso y recibió el beneplácito de Luis XV, quien lo recompensó con una pensión que recibirá el compositor durante su reinado
  • Le Jardinier de Sidon, comédie mêlée d’ariettes (1768)
  • L’Amant dégiusé, ou Le jardinier supposé, comédie mêlée d’ariettes (1769)
  • La Rosière de Salency (1769)
  • La Nouvelles École des femmes, comeide mêlée d’ariettes (1770)
  • Le Bon Fils, comedie mêlée d’ariettes (1773)
  • Zémire et Mélide, comédie mêlée d’ariettes (1773)
  • Berthe (1775)
  • Les Femmes vengées, ou Les feintes infidélités, opéra comique (1775)
  • Protogène, 1779 (no estrenada)
  • Persée, tragédie lyrique (1780)
  • Thémistocle, tragédie lyrique (1785)
  • L’Amitié au village, comedie mêlée d’ariettes (1785)
  • La Belle Esclave, ou Valcour et Zéïla, comédie en prose (1787)
  • Le Mari comme il les faudrait tous, ou La nouvelle école des maris (de Senne), comedia (1788)
  • Bélisaire, ópera (1796)
Busto de Philidor en la Opera Garnier de París

François-André,  con apenas ocho años de edad, en sus ratos de ocio, viendo practicar el ajedrez a los demás músicos de la corte (que estaban inhibidos de jugar a las cartas por lo que se entretenían con esa otra actividad en los ratos de ocio), aprendió a jugarlo, por la mera fuerza de la observación.

Un día le ofrecieron reemplazar a otro jugador y, para sorpresa de los circunstantes, demostró su talento innato para el ajedrez, que era paralelo al que evidenciaba con la música. Se le abría, entonces, un nuevo camino: en ambos se destacará, no sólo precozmente, sino que afianzará sus logros con el curso del tiempo. Philidor un talento musical natural. Philidor un talento ajedrecístico singular.

Estando ya en París comenzó a visitar el Café de la Régence donde, por sus notorias habilidades, rápidamente debió jugar otorgándole ventaja a sus ocasionales rivales, incluso de una pieza. También allí desarrolló otras prácticas: las de dar simultáneas contra tres jugadores e, incluso, la de jugar bajo la modalidad de “a ciegas”.

Philidor, el Café de la Régence y su texto icónico sobre ajedrez

Un hecho especialmente espectacular se dio cuando jugó sin ver el tablero contra dos rivales a la vez, a quienes batió (y a uno de ellos también venció, bajo la modalidad clásica, pero dándole la ventaja de un caballo), cuando tenía dieciocho años. En cierto momento advirtió que se había hecho una jugada ilegal, algunas movidas antes, por lo que instó a su contrincante a retrotraer la posición, para luego imponerse, ante el generalizado asombro de los presentes que no se habían percatado del error.

Esta forma de jugar sin ver el tablero ni las piezas será, a partir de ahora, una práctica habitual en Philidor, la que desplegará en toda ciudad a la que iba. Particularmente en Londres, tiempo después, donde le habrá de generar beneficios económicos, ya que los asistentes pagaban una entrada para ser testigos de lo que consideraban no sólo una actividad prodigiosa sino, también, aunque en esa evaluación con algo de incorrección, novedosa.

Es que no era una práctica inédita: se sabe que, en el siglo XIII, en la ciudad italiana de Florencia, supo haber un jugador sarraceno, al que le decían Buzecca (¿Buchecha?, ¿Borzaga?), quien ya había desplegado esas artes con notorio éxito. También en los califatos árabes, aunque no era el ajedrez propiamente dicho, sino su versión previa, el shatranj, hubo notorios cultores que dieron exhibiciones sin mirar el tablero. Y lo propio sucedió más tarde, siempre antes de Philidor, con algunos grandes jugadores españoles e italianos del siglo XVI y XVII. Pero, esas historias, no estaban necesariamente en la mente de los concurrentes a los cafés y clubes parisinos y londinenses en el siglo XVIII.

Su primer maestro fue Kermur sire de Légal (1702-1792), a quien conoció cuando este tenía cuarenta años. Es la misma persona a la que se le atribuye la autoría del conocido mate de Legal y, además, fue en su tiempo el mejor exponente del Café de la Régence. Al principio le daba a Philidor  una torre de ventaja aunque, tres años más tarde, jugaban a la par, viéndose que aún el veterano seguía siendo mejor que el alumno. Al menos por ahora… Por lo pronto fue Légal quien descubrió las habilidades de Philidor para jugar sin ver el tablero, las que inmediatamente demostró al ganarle al abad Chenard, en un primer momento, y luego a tantos otros.

A fines de 1745 fue a los Países Bajos, para actuar como músico, pero se le presentan dificultades insalvables, por lo que sobrevivirá económicamente jugando al ajedrez; y también a las damas polacas, en las ciudades de Rotterdam, Ámsterdam y La Haya. Ya el ajedrez le permitía suplir a la música a la hora de ganarse la vida. Una señal de sus futuros tiempos.

En 1747 va a Londres en su primera visita a una ciudad que, con el tiempo, será su segunda y definitiva casa. En el Slaughter´s Coffee House derrota claramente, en fecha indeterminada , en un match a 10 partidas, dándole siempre la ventaja de salida, al sirio Philipp Stamma (1705-1755), tras 8 triunfos, 1 derrota y 1 empate. Como se había establecido que las igualdades contaban a favor del nacido en Alepo, el resultado final que se consigna es el de 8 a 2.  Lamentablemente, no se han conservado registros de esos encuentros.

Slaughter´s Coffee en Londres

Habida cuenta de que su rival venía imponiéndose en ese centro ajedrecístico, y también lo había hecho antes en el Café Régence de París, ahora Philidor pasará a ser considerado el mejor jugador de su tiempo. Simbólicamente, además, habría que tener en cuenta que un europeo pudo vencer, y con absoluta comodidad, a un nacido en una comarca de Oriente, territorios de donde profundamente venía el juego en sus prototipos árabe, persa e indio. El presente, entonces, vencía al pasado.

También Philidor le ganó a Stamma, y a todos los rivales locales, incluso dándoles la ventaja de un caballo, de una variante del ajedrez denominada The Duke of Rutland’s Chess, un juego que se disputa en un tablero de 10 filas x 14 columnas en el que, además de las piezas conocidas, aparecen las siguientes: dos torres coronadas (mueven como la torre o una casilla en diagonal); una concubina (mueve como torre y caballo); un tercer caballo; otros dos alfiles y, desde luego, seis peones extras (los que en la primera jugada podían moverse hasta tres casillas).

Ajedrez del duque de Rutlland

En ese tiempo de estadía en Inglaterra, que será de aproximadamente un año, Philidor derrota, de nuevo en el ajedrez tradicional, también a Abraham Janssen (1720-1795), por 4 a 1, siendo este el jugador local más reconocido. También vencerá a todos los otros aficionados que lo enfrentaron, sin ninguna dificultad, lo que repetirá más tarde en una visita a Alemania dando, en algunas partidas, la ventaja de caballo y salida.

Con estos triunfos, y los próximos que tendrá al regresar a París, se agigantará la reputación del francés a quien se lo consideraba en su tiempo como el mejor. Pero, para ser del todo exactos, hay que aclarar que, al no haber ido a Italia, no se registran enfrentamientos con Domenico Ercole del Rio (1718-1802) ni Domenico Ponziani (1719-1796) por lo que, la condición de haber sido una suerte de campeón mundial oficioso para el francés se puede llegar a inferir mas, desde luego, no es posible de evidenciar objetivamente en forma más integral.

Tassilo von Heydebrand und der Lasa (1818-1899) se lamenta especialmente de que Philidor y del Rio no hubieran llegado a confrontar estilos y fuerzas cruzando los Alpes. Además, menciona que hay pocas referencias del francés registradas en partidas jugadas en condiciones iguales contra buenos rivales y, de hecho, las que son a ciegas o con ventaja material, son más espectaculares que precisas denunciando, implícitamente, las diferencias siderales preexistentes entre los contendientes, aunque dificultando conocer su real valía competitiva. Ese gran ajedrecista y erudito nacido en el por entonces Reino de Prusia valora, alternativa y preferentemente a Philidor, en su contribución al análisis de la actividad y no tanto por lo hecho en su rol como jugador.

En 1748 volverá a los Países Bajos donde escribirá, justamente, Análisis del juego de ajedrez, un tratado en el que demostró su avanzada concepción del juego. En ese país se generará una masa crítica de suscriptores, a los que se sumarán interesados ingleses y franceses, que permitirán la futura edición del libro.

En esa labor divulgativa hay pocos antecedentes, particularmente el de  Alessandro Salvio (1570-1640), el llamado Trattato Dell Inventione Et Arte Liberale Del Gioco Di Scacchi publicado en Nápoles en 1604.  El tratado del francés aparecerá en su idioma natal en Londres, en 1749,[1] habiendo de tener la máxima influencia. De hecho será reimpreso  en todas las capitales europeas, siendo objeto de los respectivos procesos de traducción a los diversos idiomas, lo que contribuyó a la modernización definitiva de las reglas del ajedrez.

Como dato anecdótico, allí se introdujo la Defensa Philidor (1.e4 e5 2.Cf3 d6) y, como un legado más profundo y universal, es donde se  presentó la célebre consideración sobre que los peones son el alma del ajedrez (ils sont l´ame des Echécs, reza en el original).

En 1777 habrá nuevas versiones ampliadas, en inglés y francés (también la hubo en esos años en idioma alemán), en las que se añadieron recomendaciones para conducir una partida y el estudio de varios finales con las formas típicas de dar jaque mate o de ganar: dama contra torre (o torre y peón); torre y alfil contra torre; el de caballo y alfil; el de torre; o de hacer tablas: torre contra torre y peón; dama contra dama y peón; caballo contra peón. También se incluyen muchas partidas, entre ellas las que disputó sin ver el tablero en tres matches realizados en Londres.

[1] Se lo puede consultar en: https://archive.org/details/analysisgameche03philgoog/page/n70/mode/2up/search/belli o en https://play.google.com/books/reader?id=tJxHAAAAYAAJ&hl=en&pg=GBS.PR19.

El texto ajedrecístico de Philidor

Estamos en presencia, no sólo de un texto moderno integral sobre el juego de ajedrez sino, también, ante un virtual reglamento del juego: de hecho se informa que es el que adopta el London Chess Club, aludiendo a la entidad en la que Philidor jugó en los últimos años de su vida, particularmente desde 1775. Desde su publicación será una fuente de inspiración y de difusión para todo el mundo del ajedrez (y uno de los primeros libros en ingresar, sino el primero, al Virreynato del Río de la Plata, con cabecera en la lejana ciudad de Buenos Aires).

En él se prevén muchas condiciones entre ellas la que responde a la máxima “pieza tocada, pieza movida” y, lo que era del todo necesario consagrar, dada la previa dispersión de tratamientos, la colocación del tablero con un cuadro negro a la izquierda de la primera fila. Además, aparecen claramente dos movidas que eran conocidas, mas que no estaban del todo generalizadamente aceptadas: la captura al paso y el enroque. Se establecen las tablas automáticas tras 50 jugadas sin que un jugador pueda darle mate al otro  (“En todas las conclusiones de partidas, cuando un jugador parece desconocer cómo dar un mate dificultoso, como ser el de caballo y alfil contra rey, o el de torre y alfil contra torre, etc., a requerimiento del adversario, 50 movidas de cada lado deben ser consideradas para el fin del juego: se lo da por terminado y la partida será declarada tablas”), y hay otro punto particularmente interesante: se dice que la posición de rey ahogado implica que el que lo tiene gana el juego, para el caso de Inglaterra; pero se declara tablas, en Francia y otros países.

Stamma, su rival en Londres, había publicado en París otro texto, Essai sur Le Jeu des Echecs, que es de 1741, en el que se consagra el sistema algebraico para la notación de las partidas. Al decirse esto se advierte lo paradojal de que el texto de Philidor aparecerá en Londres, y no en su ciudad natal. Este, a la hora de anotar los juegos en su propio trabajo, adoptará el sistema presentado por el sirio, el que de ahora en adelante se transformará en un canon universal.

El libro de Stamma

Por supuesto hubo, además de los de Stamma y Salvio premencionados, otros textos previos que tuvieron un fin didáctico, particularmente en Italia y España. Pero ninguno alcanzará la trascendencia e influencia de la obra del  francés. Asimismo, ese recorrido vital del libro, reflejo de la propia carrera de su autor, marcando un eje entre Londres y París, puso el acento del medio ajedrecístico mundial en cuanto a que era en esas ciudades donde podría estar jugándose el mejor ajedrez del mundo (y al decir esto no desmerecemos la fuerza del juego que tenía en Alemania, Italia y Rusia, entre otras plazas europeas en las que florecía el pasatiempo).

En ese sentido los grandes jugadores que se destacarán en la primera mitad del siglo XIX, posteriores al predominio de Philidor, serán preferentemente franceses: Alexandre Deschapelles (1780-1847), Louis-Charles Mahé de La Bourdonnais (1795-1840) y Pierre-Charles Fournier de Saint-Amant (1800-1872), o de Gran Bretaña: Jacob Sarratt (1772-1819), Alexander McDonnell (1798-1835) y Howard Staunton (1810-1874). Aunque también habrá exponentes teutones y rusos.

Las ideas ajedrecísticas expresadas por Philidor implicaron un cambio radical con la forma en que se jugaba anteriormente. Ese concepto de que los peones son el alma del ajedrez comportaba todo un reconocimiento y una reivindicación, muy en sintonía con nuevos sectores que se sentían antes oprimidos y que querían ahora poder expresarse, desde la Revolución Francesa. Liberté, égalité, fraternité, eran las consignas.

La Edad Moderna, podía dejarle paso a la Contemporánea. Nacerían las democracias. Morirían los absolutismos. El capitalismo habrá de tener un espacio de expansión, al menos en el mundo occidental, dándose otra Revolución: la Industrial. Comenzarán las tensiones entre desarrollo y naturaleza. Surgirán plenamente las ideas de Nación y Estado. Es tiempo de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Philidor sabrá reflejar perfectamente ese momento de transición entre un tiempo que dejaba de ser, prenunciando otro que inexorablemente vendría.

El ajedrecista y músico irá de París a Londres, y viceversa: solía intermediar los veranos en Francia con los inviernos en Inglaterra, a donde iba solo, hasta que se radica definitivamente en este país donde, además de en clubes locales, supo jugar al ajedrez en la casa del embajador francés en esa capital, el duque de Mirepoix, un muy aficionado al juego.

En 1751 retoma su vida itinerante más amplia, yendo a Berlín, sabiendo que el rey de Prusia, Federico II el Grande (1712-1786) amaba al ajedrez; lo conocerá en Postdam, pero no llegarán a jugar entre sí. Lo que sí hará Philidor aquí, además de presentarse en sus cualidades de músico, y tal como solía hacer en todos los puntos que visitaba, fue dar muestras de su talento con las espectaculares simultáneas que hacía contra tres rivales sin ver el tablero. Siempre en Alemania, pasará más de medio año alojado por un príncipe local en la ciudad de Bad Arolsen para, más tarde, regresar a Inglaterra, donde se llevará una decepción: cuando hizo una presentación de su música dudaron de que fuera  efectivamente de su autoría ya que se lo reconocía en su faceta de ajedrecista y no en la otra rama artística en la que brilló.

Esa tensión entre dos profesiones creía Philidor tener saldada cuando, por ejemplo, en un aviso del 9 de diciembre de 1753, señaló que su estudio y profesión principal era la música, mientras que el ajedrez era solo un divertimento. Pero, quienes lo frecuentaban en la capital inglesa, y algunos también en París, no pensaban exactamente lo mismo…

Philidor, para demostrar que podía componer fuera del mundo de los escaques, presentó en Londres su Oda para el Día de Santa Cecilia, la que fue estrenada en el Teatro Haymarket el 31 de enero de 1754, con un espectador de lujo, el gran Georg Friedrich Händel (1685-1759) quien, no obstante, admiró más la actuación del coro que la ejecución de los instrumentos de aire. Oído no le faltaba, lo que había perdido era la visión, hecho que ocurrió en 1751, por lo que apenas salía de su casa: pero asistió a esta presentación ya que, evidentemente, tenía en alta consideración a Philidor en tanto músico.

En noviembre de 1754, al regresar a su patria tras nueve años de ausencia (se fue un joven, volverá un hombre), se lleva otra gran desilusión, al ser rechazado tiempo después cuando se postuló como maestro de la capilla real. No gustó un estilo que se había alejado de lo sacro para cultivar influencias italianas y alemanas.

Con todo, en el universo del ajedrez recibirá una gran noticia, ya que logrará vencer en París a su viejo maestro Légal, a quien se seguía considerando el mejor jugador local, lo que sucedió en un match en 1755 del que, no obstante, no se tienen mayores detalles.

Pero lo de Philidor, por el momento, seguirá siendo preferentemente la música y, más concretamente, la ópera cómica, de la que fue uno de sus baluartes, habiendo de producir una obra tras otra (a veces hasta haciendo dos por año). La primera de ellas será Blaise le savatier, que es estrenada el 9 de marzo de 1759 con buena repercusión.

Como todo no era sólo música y ajedrez, Philidor se casa el 13 de febrero de 1760 con Angélique-Henriette-Elisabeth Richer, la hija de otro compositor y hermana de tres buenos músicos, siendo ella una reconocida cantante, con quien tendrá siete hijos, cinco varones y dos mujeres (y no diecinueve como suele decirse), dos de los cuales murieron a temprana edad. A ninguno de ellos les enseñó ajedrez, aunque varios lo aprenderían por sí mismos sin llegar a destacarse; por otra parte, sólo Elyse saldrá artista, como su progenitor.

Quizás la obra musical por la que más habrá de trascender sea Tom Jones,  estrenada en la Comédie-Italienne de París el 27 de febrero de 1765, siendo un fracaso pero, tras modificarse el libreto original, se la volverá a presentar el 30 de enero de 1766, transformándose ahora en un gran suceso y dándole una gran popularidad. Desde ese momento todas sus presentaciones serán asumidas con gran expectativa.

Tom Jones será considerada una de las óperas más significativas dentro del estilo cómico, habiendo de ser traducida al alemán, ruso y sueco. Uno de los musicólogos de la época más reconocidos, el belga François-Joseph Fétis (1784-1871), muy entusiasmado, dijo que se trataba de “una obra ajedrecística” de Philidor. Por fin se lo había reconocido al genio dual asociando, en una misma sentencia, y frente a un único acontecimiento, su doble carácter: los de músico y ajedrecista.

Otro gran éxito musical será Ernelinde, princesse de Norvège, estrenada en la Salle des Machines del Palacio de las Tullerías, en la​ Ópera de París el 24 de noviembre de 1767. El propio rey asistió a una de sus representaciones quedando tan complacido que recompensó al músico con una pensión de veinticinco luises de oro.

La cuarta vez que llegó a la capital inglesa fue en 1769, con la intención de quedarse un mes para ver amigos. Allí frecuentará, ahora, el Salopian Coffe-house, que se funda un año más tarde  y más aún otra entidad que se creará en 1774, ubicada en la calle St. James, llamada Parsloe´s, donde se recolectaban fondos regularmente para facilitar que el jugador francés pudiera venir a Londres todos los años, siempre en solitario (su esposa y prolífica prole permanecían siempre del otro lado del Canal de la Mancha), entre los meses de febrero y junio, lo que empezó a hacer desde 1775.

En estas condiciones, con una estancia en una Inglaterra que le manifestaban a Philidor tanto respeto como afecto, pudo hacer que fuera mutando el campo de sus preferencias desde la música al ajedrez. Es más, en Londres comenzó a ganar muy buen dinero con sus exhibiciones en ajedrez. Para, aproximadamente el año de 1780, poder creerse que ya era el juego el que prevalecía como principal sustento económico para mantenerse él y su familia.

Había otro dato que le hizo a Philidor favorecer en ese periodo de su vida al ajedrez: en Francia apareció un músico que comenzó a quitarle un espacio de exclusivo protagonismo, el belga André Ernest Modeste Grétry (1741-1813), quien debutó en París en 1768, comenzando a tallar cada vez con más fuerza en la ópera cómica y, de algún modo, desplazando el foco de atención que antes se depositaba sólo en aquel.

París era, para el francés, más la música que el ajedrez siendo, en Londres, el orden de prelación el contrario. Claro, si fuera posible llegar a escindirse sus dos pasiones,  esas que eran idiosincrásicas a su ser y a su sentir. En la última etapa de su vida el ajedrez cobra mayor protagonismo en Philidor como sustento. Y en ese proceso la capital inglesa desempeñó un rol crucial.

El 25 de mayo de 1782 jugó en Londres a ciegas contra dos rivales, el conde alemán Hans Moritz von Brühl (1736-1809), un muy buen jugador local, tal vez el mejor del medio, con quien hizo tablas, y Thomas Bowdler (1754-sin fecha de muerte), con quien perdió, en presencia de 30 caballeros y 2 damas, en un espectáculo que insumió una hora y cuarenta minutos en el que el francés, inesperadamente, habría de defeccionar, cosa que no era habitual en esta clase de presentaciones que hacía regularmente.

En el mismo sitio, el 8 de mayo de 1783 enfrenta a tres rivales a ciegas: a Brühl, ahora lo vence en una hora y veinte minutos; al Sr. Maseres (además de la salida le da la ventaja de un peón), derrota al cabo de dos horas y, con Bowdler, empata tras una hora y tres cuarto de brega (ese año hará dos sesiones bajo esta modalidad). 

Hay otros encuentros de esas características, algunos de los cuales incluye el propio Philidor en su libro (en las ediciones últimas aparecidas en vida del ajedrecista): los disputados el 10 de mayo de 1788 (tres victorias, en dos de los encuentros da ventaja de peón) y el 13 de marzo de 1790 (tres triunfos). En 1788 son dos las sesiones públicas de simultáneas de esta clase y en 1789 cuatro.

Era evidente que las diferencias entre Philidor con los jugadores contemporáneos era tan grande que, sólo otorgándoles semejantes ventajas, ya sea por darles material de movida o enfrentándolos sin ver el tablero y las piezas, las partidas podían llegar a tener un cariz más interesante. Sin embargo en esta clase de exhibiciones podría verse más espectáculo que ajedrez propiamente dicho, una observación que de alguna manera hizo muy razonablemente von der Lasa.

Esa continuidad de encuentros, cada vez con mayor frecuencia, tuvo como motivo uno muy personal: después de la Revolución Francesa se instaló definitivamente en Gran Bretaña, siendo clave el año de 1792 habida cuenta de que del 2 al 6 de septiembre se registraron masacres en masa en París, en las que perdieron la vida miles de personas, algunas acusadas de contrarrevolucionarios y otras que simplemente estaban prisioneras.

Esto hizo que Philidor, que había simpatizado en sus orígenes con la causa, tome distancias al apreciar sus desvíos por lo que, en febrero de 1793, al concretar su anual visita a Inglaterra, ya no volverá a su país en el que corrían ríos de sangre y él, quizás, también podía ser acechado por peligros concretos. Es que se tensarán las relaciones, antes cordiales, entre Inglaterra y Francia: el 21 de enero de 1793 el gobierno de este país ejecutó a Luis XVI, lo que hizo unir a buena parte de Europa, incluyendo a España, Nápoles y Holanda, contra la Revolución, y Gran Bretaña iría a integrar la Primera Coalición contra Francia.

En esas circunstancias Philidor quedaba, en ciertos ojos, del lado equivocado, en un proceso que naturalmente lo excedía. No habría que olvidarse que en su terruño natal estaba el temible Maximilien Robespierre (1758-1794), un aficionado al ajedrez, que supo para más datos compartir momentos más plácidos en el Café de la Régence con Philidor (o no tanto, se dice que aquel en una partida a ciegas quiso hacerle a este trampas con una movida falsa, la que fue debidamente advertida), lo ubicó al músico y ajedrecista en una delicada posición, argumentando  que recibía la protección de un rey enemigo (el inglés). 

Cuando lo peor pasó, tras Robespierre ser víctima de esa guillotina con la que tanto ejecutó a sus adversarios antes, Philidor quiso regresar. Aunque no podía hacerlo ya que oficialmente figuraba en los registros como emigrado, una condición que se le adjudicaba a quienes se consideraba habían simpatizado o cooperado con los invasores de Francia. Debía hacer un  trámite engorroso para poder regresar, con testigos incluidos (y riesgos siempre probables en puerta). Por lo que Londres seguirá siendo, entonces, y hasta el último de los días, su lugar de residencia.

Los últimos episodios vinculados al juego se darán al enfrentar a dos rivales a ciegas y a un tercero viendo el tablero, poco antes de morir, siempre en el club ubicado en la calle St. James, exactamente 20 de junio de 1795; y el 29 de junio cuando disputa dos partidas con el célebre matemático y físico George Atwood (1745-1807), a quien le dio la ventaja de salida y dos peones, habiendo de perder uno de los juegos. Este es el último rastro ajedrecístico que se posee del gran Philidor.

Será Londres, ciudad que le fuera tan fructífera, donde habrán de terminar sus días, lo que sucedió el lunes 24 de agosto de 1795, en absoluta soledad: se llegó a afirmar que se lo halló yacente en un sofá en la hora final. Estaba enfermo de gota y muy angustiado por los problemas de pasaporte para regresar a un hogar en donde permanecían su familia y buena parte de sus recuerdos. La comunidad ajedrecística inglesa fue informada del suceso recién el día 29 por lo que, equivocadamente, se suele dar a esa fecha como la de su deceso.

Philidor inmortalizado en una calle de París

Murió seguramente embargado en una gran pena, lejos de una patria que había caído en un clima de terror tras una Revolución, con la que en principio simpatizó, la que paradojalmente lo trataría de contrarrevolucionario. Justo a él quien, no sólo fue un músico que consagró su vida al arte francés sino que, además, como ajedrecista, puso a su país en lo más alto. Justo a él que había premonitoriamente consagrado el concepto de que los peones son el alma del juego, una sentencia que bien podría haber sido considerada una síntesis de un movimiento que, en el terreno político y social, decía querer combatir el absolutismo y los privilegios reinantes.

Más allá de todo, de los reconocimientos que tuvo en su intensa y fructífera vida, de los problemas con su patria en la hora final, de una muerte en soledad, en Philidor hay que reconocer, siempre, su calidad de genio. Una condición  que le corresponde por partida doble, lo que es del todo inusual: lo fue en la música, habiendo sido el máximo impulsor en su tiempo de la ópera cómica; y lo fue también, y particularmente, en el ajedrez, siendo con margen el mejor exponente de su tiempo y autor de un libro icónico que permitirá la codificación y difusión definitiva del juego.

Philidor, muy probablemente, debe ser considerado el mejor ajedrecista del siglo XVIII. Philidor hizo escuela en tanto investigador y difusor del juego. Philidor, sin duda alguna, debe ser reconocido como el padre del ajedrez moderno.

©ALS, 2020

Notas relacionadas:

Análisis astrológico de Philidor. Por Silvia Méndez. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2020/12/11/analisis-astrologico-de-philidor/.

Philidor y los intelectuales de su era. Por Sergio Negri. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2020/12/12/philidor-y-los-intelectuales-de-su-era/.

Diderot, filosofía y ajedrez. Por Sergio Negri. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/01/01/diderot-filosofia-y-ajedrez-por-sergio-negri/.

2 respuestas a “Semblanza de Philidor. El ajedrecista-músico que abrió las puertas a la modernidad

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