Sarmiento, probablemente el primer escritor argentino en hacer mención al ajedrez

Por Sergio Negri

La República Argentina como Nación es muy reciente. En el siglo XIX aparece el país vacilante y, con el proyecto nuevo, nace una cultura idiosincrásica y sus referentes pioneros. Uno de ellos, y bien importante, es Domingo Faustino Sarmiento, a quien se recuerda por su aporte impar en materia de educación ya que, recordando el día de su muerte, un 11 de septiembre, todos los años se celebra el Día del Maestro. Y pocos saben que el país del sur fue el primero del mundo en desterrar el analfabetismo!!!

Sarmiento fue muchas cosas, Además de educador, fue un político que ocupó diversos cargos, entre ellos el máximo, el de Presidente de la República; periodista, militar, educador y, también el de escritor. Su libro Facundo es simplemente inolvidable y, gracias a ese texto, y otros de su autoría, se lo consideró al sanjuanino como uno de los máximos escritores, y quizás el mayor, de todo la centuria en que nació la Argentina.

En su faceta de periodista-escritor, y estando exiliado en Chile, usando como recurso el género epistolar, retrata la sociedad local a partir de unos escritos de tono ficcional en donde presenta a dos mujeres, llamadas Rosa y Emilia, quienes vivían supuestamente en Santiago y en Salto del Agua, respectivamente, las que regularmente se remiten correspondencia.

Ese intercambio fue publicado, bajo el genérico título de Carta de dos amigas, en el periódico El Progreso.  En uno de los relatos, de 1842, se menciona un encuentro social en cuyo marco:

“…una pareja se ejercitaba en el ajedrez…”.

Esta actividad, como queda reflejado en ese trabajo, era altamente valorada a punto tal de que una de las escribientes se pregunta:

“¿Sabes que este ejercicio se ha hecho una entretención (SIC) de buen tono, uno de aquellos aprendizajes indispensables que sirven como  de complemento a nuestra educación?”.  

Además de puntualizarse que la práctica del ajedrez estaba de moda, se agrega:

“…es preciso entender algo de ajedrez para no pasar por una ´chapetona´…”.

Es que el ajedrez podía servir naturalmente a los fines románticos, como se sabe desde su práctica de la Edad Media. Para ejercer cierto imperio sobre los hombres una de las posibilidades era:

“…moviendo las piezas de un tablero…”.

En todo caso, el hecho de no ser idóneo en el juego era muy mal visto por esas mujeres, una de las cuales puntualmente relata:

“…para darte una idea más cabal de la necesidad de ejercitarse en el ajedrez, sólo te añadiré que hubo en nuestra tertulia un novatón, a quien vi por la primera vez, que invitado a una partida, no supo hacer andar un peón, y se zafó tan tristemente del apuro, que es imposible que yo pudiera quererle en mi vida, aunque me asegurasen ser el mejor de sus semejantes. ¿Ni cómo ha de ser tampoco un buen amante, un hombre que desconoce un entretenimiento de estrados tan de buen gusto como éste?”.[1]

Exigente la dama a la hora de reclamarles talentos a los varones. Y, en el marco de sus demandas, claro está, figuraba la de que el eventual candidato debía ser también talentoso frente a un tablero de ajedrez.

Viajes, otro de los libros de Sarmiento, tiene un claro tono autobiográfico ya que allí se relatan las crónicas de las experiencias vividas por el autor en otros países (recordemos que una de sus experiencias principales fue cuando ejerció como embajador ante los EE. UU. en donde quedó maravillado por la calidad de la educación de ese país.

En dicha obra, se reproduce una carta que Sarmiento le remitió al jurisconsulto Carlos Tejedor (1817-1903), que tiene como fecha de datación el 9 de mayo de 1846 y como lugar de la misma la ciudad francesa de Ruan, en la que se describe esa localidad. Al hacerlo, destacando la buena impresión que le causó al viajero, se la describe del siguiente modo;

“…en medio del conjunto de monumentos góticos más nobles que ostenta ciudad alguna en Europa”), en cierto momento utiliza al juego como recurso narrativo: “He recorrido la ciudad y alrededores, escalado las torres de Saint-Ouen y de la Catedral, tocando con mis manos esta piedra tallada, calada, vaporizada como piezas chinescas de ajedrez, para convencerme de que tantas maravillas son obras humanas”.

Los viajes de Sarmiento

Sarmiento, pionero en incluir al ajedrez como parte de sus relatos lo que hizo, como estamos viendo, en diversos momentos y bajo diversas perspectivas, al trazar una semblanza del sitio de Montevideo de 1848, en el Tomo II de su Campaña en el Ejército Grande, texto que fue publicado cuatro años más tarde, en el capítulo Campaña del Uruguay plantea que:

“…aquel sitio era un jaque mate sin salida…”.

En otra parte, en esa obra, cuando se alude a un episodio sucedido un día 26 en La Laguna de las Toscas o del Gato, se ve en la obligación de aclarar lo siguiente: “Más valientes son los 103 negros orientales que han tenido en jaque a nuestros batallones de negros en Montevideo nueve años…”.

Campaña en el ejército grande de Sarmiento

Haciendo una recorrida por sus escritos se puede hallar. en Sarmiento, numerosas otras referencias con tintes ajedrecísticos, dichas en contextos muy diversos, ya sea analizando personalidades, situaciones sociales o históricas o, incluso, a la hora de abordar cuestiones de geopolítica, o de describir determinadas situaciones o geografías. Valgan las siguientes sentencias de su autoría:

Las amigas que lo presentaron y la tertulia de invierno, el ajedrez y los devaneos, la moda de entonces y algún incidente romanesco…”;

“…el precioso pueblito de Coltauco (…) un tablero de ajedrez poblado de cien huertas…”;

“…empobrecidas a su vez las unas, o restableciéndose las otras de sus pasados quebrantos, esperarán con impaciencia ver los movimientos de aquellos dos jugadores de ajedrez, Rosas y Urquiza, que empezarán a mover sus tantos sobre la provincia de Córdoba, a enredar sus intrigas, hasta que al fin se tomen cuerpo a cuerpo.”;

“…Figuran en la escena ricos propietarios, hombres de todas las clases, honrados, pacíficos, buenos padres de familia, y en una palabra, todos que cada uno fuera tipo de moralidad. Secretean entre sí, bostezan, refriéganse las manos con grave calma, comen, beben, juegan al ajedrez, cuatro manitos de tresillo…”;

La Francia se salva si por seguir republicana la obra de Luis XI, Richelieu, Mazarin, la Constituyente de 1790 no borra del mapa la Guayana, la Bretaña, el Languedoc, el Artois, la Picardía, y la tritura en Departamentos, como un damero, para entregarlas al Faubourg Saint Antoine  o a cualquier general feliz en el juego del ajedrez…”;

“…debo daros la buena nueva que en Estados Unidos se corrigen los errores de detalle en la práctica de la libertad; que en Francia vamos en buen camino; que los alemanes no son alfiles, castillos y caballos del ajedrez…”;

Pero también puede ser con el buen éxito la más fecunda revolución en nuestro sistema de poblar la tierra, el más salvaje que se haya ensayado en el mundo, el más imprevisor y el más ruinoso con sus consecuencias finales. Cafulcurá y Catriel son tan obligados de ese horrible ajedrez de fronteras que avanzan y se retiran cuarenta leguas…”; 

“…lo peor del caso es que ni creyó oportuno encargarse, por esta vez al menos, de designar en el ajedrez, en qué casillas no deben pisar los caballos y alfiles del gobierno, por necesidades francos los jugadores tramposos”;

“…tan llenos de presunción, pero de una presunción que consiste en envanecerse de saber la altura de las montañas, los nombres de algunos personajes históricos, las definiciones del diccionario, los distintivos de los reyes blanco y negro del ajedrez, hinchándose con estas trivialidades miserables, cual si diera una gran solución histórica…”;

“…armamento de acorazados para ponerse en guardia, moviendo algunos peones de ajedrez, y pidiendo a Europa buques en ciertas condiciones. Pero sea de ello lo que fuere, Chile y la República Argentina pudieron y debieron ahorrarse estos aprestos marítimos…”; 

“…durante la misa se cantaban indecencias en el coro, comían ricos pudings en un extremo del altar, jugaban al ajedrez por el lado del sacerdote mientras celebraba la misa, e incensaban con humo de zapatos viejos quemados y corrían a salto por toda la Iglesia”;  

Sarmiento, pionero en tantos aspectos, también lo fue en cuanto a la inclusión del ajedrez en sus trabajos literarios. Un maestro en todos los sentidos posibles…

Domingo Faustino Sarmiento


Nota:
[1] Fuentes: Morgado (sus Micro-Biografías); Valenzuela et al., y las Obras Completas de Sarmiento, todas citadas en la bibliografía. 

©ALS, 2021

Nota relacionada:
La Astrología y el Destino: Domingo Faustino Sarmiento. Por Silvia Méndez. En https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2021/09/11/la-astrologia-y-el-destino-domingo-faustino-sarmiento/

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