El poeta uruguayo Mario Benedetti y el ajedrez

Por Sergio Negri

El recordado escritor uruguayo, Mario Benedetti (1920-2009) tuvo al ajedrez como un objeto al que supo recurrir en su inmensa obra, que no solo se circunscribe a la poesía, esa que lo hizo particularmente afamado.

De 1982 es Primavera con una esquina rota, en donde se incluyen sendos trabajos que llevan por título principal Intramuros. En uno de ellos, el juego era un adecuado e inevitable pretexto para las tertulias, en un relato en el que no se priva de mencionar a ajedrecistas muy connotados (lo que habla de un cierto conocimiento del mundo que rodea a los escaques):

Mario Benedetti

A veces tenemos con nosotros naipes o ajedrez, pero no siempre. Ah pero tenemos el derecho de jugar al futuro, y por supuesto en ese juego de azar siempre nos guardamos un naipe en la manga, o reservamos un jaque mate originalísimo y secreto que no vamos a malgastar en el juego cotidiano sino en la gran ocasión, por ejemplo cuando enfrentemos a Capablanca o a Alekhine, no digamos a Karpov porque éste después de todo existe y además su nombre podría ser tachado. También hablamos de música y músicos, siempre y cuando a mi compañero de turno o a mí no nos lleven con la música a otra parte…”

En Intramuros (El complementario)

En el otro, el ajedrez surge en el otro pasaje como un elemento que necesariamente debe estar presente en el buen compañerismo, una cualidad a la que tantos hermosos versos Benedetti le dedicó, como estos en los que dice:

“Es curioso, pero el buen compañerismo no consiste siempre en hablar o escuchar, en contarnos las vidas y las muertes, los amores y los desamores, en narrarnos novelas que leímos hace mucho y que ahora no tenemos a mano, en discutir sobre filosofía y sus suburbios, en sacar conclusiones de experiencias pasadas, en analizar y analizarnos ideológicamente, en intercambiar las respectivas infancias o, cuando se puede, en jugar al ajedrez.” 

En Intramuros (una mera posibilidad)

En el cuento Balada, incluido en Geografías, libro de 1984, el ajedrez es utilizado como coartada, inútil en el caso, frente al acoso de las fuerzas de seguridad:

“Por supuesto fuimos al Siena, aprovechando las siete cuadras arboladas para intercambiar nuestras historias personales, y allá había estudiado diseño nada menos que con Tomasito Boggio (…) se había dedicado a la venta de inmuebles, es decir se dedicó hasta que un sábado la cana fue informada de que llevaba a cabo reuniones subvertientes en un apartamento sin estrenar, resumiendo que lo colocaron a la sombra por un lustro completo a pesar de que nada ni nadie logró moverlo de su versión primeriza, le estaba mostrando el pisito a varios muchachos que querían un local para un club de ajedrez.”

En Balada

De ese mismo texto es No era Rocío donde se advierte que la reconstrucción de una partida de ajedrez, para Benedetti, podía resultar, en algún sentido que nos convoca al misterio, análogo al concepto de patria:

“Sin embargo, la patria se le fue armando como un rompecabezas, hallando aquí un rostro que se correspondía con una esquina, allá una cometa que buscaba su nube. La patria se le fue componiendo sin bandera, sin himno, sin escudo. Más bien como se reconstruye un árbol genealógico, una partida de ajedrez o un palimpsesto.”

En No era Rocío

En El porvenir de mi pasado, libro publicado en el 2003. incluye un relato titulado Alguien (el mismo nombre que una de sus poesías), en donde se lo puede vislumbrar al ajedrez en tanto compañía, a la par del golf, en relaciones habituales con amigos:

“Alguien va a venir. Estoy seguro. Sé que alguien vendrá. Aunque me haya ido del mundo, no por muerte sino por soledad y algo de cobardía. Nunca he podido soportar el odio y sin embargo el odio me alcanzó. Fue en la primavera del 2000. No estaba solo entonces. Tenía por lo menos cinco amigos de toda confianza. Especialmente uno: Matías. Nos reuníamos los fines de semana para practicar el ajedrez o el golf. Deportes no muy agitados, por cierto, pero que nos unían (…) Esa misma tarde apresaron a Freiré. Tuve que ir a reconocerlo y él  me dedicó una mirada de odio y murmuró entre dientes: «De algo podes estar seguro: me la vas a pagar». La amenaza me golpeó. Seguramente él iba a ser condenado, pero esa misma noche dejé la capital. Sin avisar a nadie, ni siquiera a mis colegas de golf y de ajedrez..”

En Alguien

Por cierto que a Benedetti se le atribuye, del todo erróneamente, un poema poco agraciado que se llama Clase Media. Allí, y lo decimos solo por razones de afinidad (para ver que el ajedrez puede aparecer aún en casos poco virtuosos), se menciona al juego, lo que sucede en estos versos:

“…a veces, solo a veces, se da cuenta (medio/tarde) / que la usaron de peón / en un ajedrez que no comprende / y que nunca la convierte en Reina / Así, medio rabiosa / se lamenta (a medias) / de ser el medio del que comen otros / a quienes no alcanza a entender / ni medio”.

No es que el autor no hubiera tenido en algún momento de su vida cuestionamientos a ese sector. Pero esos juicios disvaliosos los revisaría con el correr de los años y las duras experiencias vividas. De hecho dirá en etapa de madurez: “Lo que tendría que hacer hoy en lugar de reeditar el libro anterior, es escribir otro. El país es distinto, esa clase media que yo fustigaba es distinta, y yo mismo soy distinto, el mundo es distinto, y un país que sufrió once años de dictadura ya no puede ser el mismo” (Mario Benedetti: detrás de un vidrio claro, por Hugo Alfaro. Trilce, 1986; Fuente: sitio de la Fundación Mario Benedetti, en http://fundacionmariobenedetti.uy/obras-59-65/).

Pero aquel poema sobre la clase media, en donde el ajedrez hizo acto de presencia, es posterior a esa revisión de juicio personal del supuesto autor, por lo que ni conceptual, ni mucho menos estilísticamente, le podría llegar a pertenecer.

Por fortuna, y tras esta necesaria aclaración, para evitar equívocos, hay que concluir que el ajedrez estuvo emparentado, al menos por algunas referencias calificadas, en la obra de Benedetti, en la auténtica, en la recordable, en la vinculada a la belleza y la verdad.


©ALS, 2021

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