Francisco de Quevedo y el ajedrez

Por Sergio Negri

Que el ajedrez tuvo uno de los puntos de difusión más importantes en la península ibérica, está fuera de toda discusión. Del todo coherentemente con ese virtuoso hecho es que, también, en la literatura hispánica, surgirán textos emblemáticos, tanto los de índole técnica (esos que consagraron la modernización de un juego recibido años ha desde Oriente), cuanto los de su prolífica e influyente literatura, en muchos de los cuales el ajedrez hará acto de aparición.

Una de las figuras egregias del Siglo de Oro Español fue el escritor barroco Francisco de Quevedo Villegas (1580-1645), que brilló junto a otras plumas de nota, como Cervantes y Lope de Vega quienes, como hemos visto en otros estudios realizados, supieron colocar al ajedrez dentro de sus respectivas obras cosa que, también, hará Quevedo.

Francisco de Quevedo

En efecto, el juego aparece, siendo vinculado a los barberos, en Sueño del infierno, trabajo de 1608, en el cual se incluye el siguiente pasaje:

“Pasé allá y vi -¡qué cosa tan admirable y qué justa pena!- los barberos atados y las manos sueltas, y sobre la cabeza una guitarra y entre las piernas un ajedrez con las piezas de juego de damas. Y cuando iba (n) con aquella ansia natural de pasacalles a tañer la guitarra, se le (s) huía. Y cuando volvía (n) abajo a dar de comer a una pieza, se le (s) sepultaba el ajedrez. Y éste era su pena. No entendí salir de allí, de risa…”.

Pareciera que, en el parágrafo, al hablarse de “ajedrez” se puede estar más bien refiriendo al tablero ya que, de inmediato, se habla de “las piezas de juego de damas”. Lo que es indudable es que, en ese tiempo, en las barberías (peluquerías), había juegos para distracción de los clientes. En igual sentido, en otra obra del autor, Premáticas y aranceles generales, se vuelve a asociar a esa clase de negocios con el ajedrez:

“Item, habiendo conocido la naturaleza o inclinación de los barberos a las guitarras, mandamos que para que mejor sean sus tiendas conocidas, y los que dellos tuvieren necesidad puedan saber cuáles son sus tiendas, en lugar de bacías o cortinas, se cuelgue una o dos guitarras, con permisión general que hacemos de que, sin embargo de las que estuvieren colgadas en la tienda, puedan tener para tocar ellos y sus amigos hasta dos docenas de ellas; sin que se entienda por esto el que se les prohíbe el tener juego de ajedrez, damas o otros entretenimientos”.

Quevedo utiliza una parábola, en la que hay que ser muy castizo para no malinterpretar el uso de los verbos y, además, hay que sobreentender que la imposibilidad de acceder a la dama se verifica más fuera del tablero que dentro de él. Al plantear que podía haber distintas clase de aspirante a amante, conforme su anotación en Casa de locos de amor, se dice:

“Estos iban á todas las fiestas á enamorarse, haciéndolas días de trabajo; y á que andaban de casa en casa, como pieza de ajedrez, sin poder nunca coger dama. Unos decían mas que sentían, y otros sentían, y no decían palabra…”.

De ese pasaje se advierte algo interesante: se habla de la pieza de la dama y no de la de reina, la que había aparecido solo unos pocos años atrás, en lo que respecta a la experiencia en la península (no así en otros puntos de Europa en donde ello ocurrió con bastante antelación aunque, generalmente, asociándola a a pareja regia).

Yendo a su poesía, vemos que Quevedo, en el Romance Sayagués Burlesco, describiendo la salida de los reyes en tiempos de Felipe III, incluye estos versos:

“Alrededor de su coche, / (volviendo á nuestra materia) / iban muchos rapagones / sin caperuzas tras ella, / Delante, que me olvidaba, / en dos diversas hileras, / con vestidos de ajedrez / llenos de giras y vetas, / (…).

En ese mismo texto aparece una referencia de un personaje que, antes de salir casi huyendo, se plantea el temor de que:

no me sucediese lo que á los jugadores de ajedrez, que á veces les dan mate de caballos…”.

Finalmente, en una recorrida que seguramente resulta provisional, advertimos, en Romance Burlesco (Bejamen á una dama), que se concibe otro pasaje con remisión ajedrecística:

“Venga acá, paloma duenda, / Catalnica, aunque sin jaula, / en el cumplir ave muda, / y en el prometer urraca: / Hermosa de dos de queso, / sota, y no de mi sotana: / negra dama de ajedrez, / si la bautizan por dama: (…).

©ALS, 2021

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