Gesualdo Bufalino, “La perorata del apestado”

Por Mariano García Díez

Gesualdo Bufalino fue un caso paradigmático de escritor oculto, de escritor secreto. Profesor de secundaria en una pequeña ciudad italiana —Comiso—, donde vivía discretamente, se reveló inopinadamente como un gran talento literario a los sesenta años de edad, en 1981, cuando ante la insistencia de Leonardo Sciascia accedió a publicar su primera novela, «La perorata del apestado». Hasta ese momento sus únicos galardones literarios habían sido ganar un concurso de redacción en latín en 1939, cuando el autor tenía 19 años, que tenía como premio el dudoso honor de ser recibido por Mussolini, y la publicación de unas pocas poesías dispersas en la prensa diaria durante los años cuarenta y cincuenta. A partir de ahí, el silencio. Pero no la inactividad. Cuando por fin decidió salir del armario, se descubrió un escritor con una voz original, intensa y potente. El éxito de su primera novela lo animó y hasta su muerte en accidente de tráfico, en 1996, desarrolló una prolífica carrera literaria con títulos de notable interés y calidad.

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