Bioy Casares, el ajedrez de la mano de Borges y también en su propia obra

Por Sergio Negri

Adolfo Bioy Casares (1914-1999), habiendo sido desde luego un gran escritor en sí mismo, por razones de afinidad, amistad y una historia compartida, siempre se lo verá asociado a Jorge Luis Borges (1899-1986). Ambos tuvieron proyectos literarios e intereses culturales e intelectuales comunes y, en ese marco, surgió el ajedrez en tratamiento literario que los uniera, y no habría que olvidarse que, en la obra borgiana, el juego fue uno de sus íconos reconocibles a partir del cual creara un universo específico.

En efecto, en Seis problemas para Don Isidro Parodi, un texto de tono policial publicado en 1942 que los escritores presentaron bajo el seudónimo Honorio Bustos Domecq, el ajedrez aparece una única y sugerente vez. en el relato llamado Las previsiones de Sangiácomo. En ese marco, se pone en boca de uno de sus personajes unas palabras que evocan a la clásica idea de que las personas solo somos trebejos manejados por algún titiritero:

“Así llegamos al año 41. Ricardo creía desempeñarse con libertad, como cualquiera de nosotros, y el hecho es que lo manejaban como a las piezas de ajedrez…”.

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El Ajedrez en el universo de Borges

Por Sergio Negri

Nota publicada en el diario Página 12 de la ciudad de Buenos Aires el 15 de diciembre de 2015

La relación del ajedrez con la literatura es muy profunda en la experiencia universal. En lo que hace a la Argentina, ya Domingo Faustino Sarmiento en un diario trasandino publicó cartas de mujeres que lo mencionaban y, al describir el sitio de Montevideo, asegura que unas fuerzas tenían en jaque a las otras. En poesía y en cuento, Leopoldo Lugones; en teatro, Roberto Payró; en novela, Roberto Arlt; son las plumas que hicieron aparecer al ajedrez en los respectivos géneros literarios, como prueba cabal de su relevancia social y cultural. Tras esas huellas vendrán numerosos escritores. Sigue leyendo

Borges, el ajedrez, un país vacilante y un niño en los comienzos de los 70

Por Sergio Negri

Primer capítulo del libro (no editado) de Sergio Negri referido a la relación de Borges con el ajedrez

Estamos en los inicios de la década del 70. Un niño, acompañado por su familia, se apresta a ir al Club Municipalidad (actual Club Ciudad de Buenos Aires), para recibir el primer trofeo de su vida al haberse clasificado subcampeón del Torneo Escolar de Ajedrez de la capital argentina en su primera edición.

Se trata de un esplendoroso club, cuya creación data de 1920, es decir en una época pujante de un país cuyo techo de desarrollo, por entonces, parecía ser el infinito. Sus instalaciones, ubicadas dentro de una preciosa zona parquizada, resultaban deslumbrantes, al menos en la mirada curiosa del infante.

En aquella añorada década, dentro de tantos logros para un país pujante,  se había dado la creación de la Federación Argentina de Ajedrez, entidad que incluso resultó anterior a la Federación Internacional de la especialidad, que alumbró en París, con presencia argentina, muy poco después, en 1924.

Ese sería el decenio en el que surgieron las que, al cabo de todo, serán denominadas Olimpíadas de Ajedrez, a las que se bautizó inicialmente con el nombre de Torneo de las Naciones. En sus primeras ediciones, la oficiosa que tuvo lugar en la capital francesa en ese año fundacional, y la formal de Londres, que se hizo en 1927, tendrá una única presencia no europea, la de una decididamente orgullosa Argentina.

El país del sur, evidentemente, podía ser observado con asombro, por su pujanza y prosperidad, a ojos propios y de extraños, por lo que sus referentes podían viajar en barcos en travesías de días para hacer acto de presencia en todo sitio en el que se reuniera lo más granado de la comunidad internacional. Inversamente, la Argentina será visitada por referentes intelectuales, de la cultura y deportivos, incluidos campeones mundiales vigentes o del futuro, como fueron los casos de Emanuel Lasker, José Raúl Capablanca y Alexandre Alekhine.

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