El ajedrez en el lúdico universo narrativo de Julio Cortázar

Por Sergio Negri

Fue en Ixelles, pueblo cercano a Bruselas, la capital belga, donde nace Julio Cortázar (1914-1984). Esa geografía de origen, como tantas otras, caerían bajo las garras nazis, impulsando las migraciones compulsivas. Con lo que el futuro escritor pronto rumbearía con destino al cono sur de Sudamérica. Y, desde allí, a partir de su experiencia vital, se transformará en universal, gracias a la magia de su literatura.

En los años 50 residió en Italia, España y Suiza y, tras su prolongada estadía en la Argentina, donde se formó y forjó, cuando su patria adoptiva sea nuevamente era gobernada por dictadores, regresará a Francia (ya había vivido antes allí, en sus mocedades), adoptará la nacionalidad gala (en 1981) y terminará por morir, en su amada ciudad de París, desde donde tanto escribió sobre su añorada Buenos Aires.

Julio Cortázar, pese a su cosmopolitismo, o habría que decir tal vez que gracias a esa cualidad, que compartiría con su patria de adopción, se transformará en uno de los máximos escritores argentinos de todas las épocas. Es que aquí surgieron sus mejores escritos, concebidos y redactados  en el rico y potente idioma castellano.

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