León Tolstói prefirió jugar al ajedrez en vez de recibir una ansiada condecoración

Por Sergio Negri

Sabida es la pasión del ajedrez del pueblo ruso. Siendo así, que Leon Tolstói (Lev Nikoláievich Tolstói) (1828-1910), uno de sus principales escritores, practicara el juego, no debería de sorprendernos, máxime por su condición de conde habida cuenta de que el pasatiempo era típico de los círculos aristocráticos de una San Petersburgo que lo tuvo como uno de sus lugares predilectos. Se ha dicho que el autor conoció el juego en la Universidad de Kazán, donde en 1844 comenzó sus estudios de Derecho y Lenguas Orientales, los que abandonaría.

En esas condiciones, tampoco deberá de asombrar que toda su familia lo jugara, comenzando por su esposa y siguiendo por sus trece hijos (aunque apenas ocho de ellos llegarán a la edad adulta). En todo caso la perplejidad podría decantar para el lado de que todas las mesas de las distintas salas del hogar familiar estuvieran marcadas como tableros de ajedrez, y el saber que los perros y otras mascotas llevaran por nombres los de las piezas de ajedrez.

Lo más significativo en su relación con un juego que evidentemente lo apasionaba, es el delicioso episodio que comenta Aylmer Maude (1858-1938), uno de sus principales biógrafos y amigos, quien resalta el hecho sobre cuando se perdió de obtener la cruz de San Jorge (y para peor fue sometido a una situación de arresto), una condecoración militar de su país que tanto el autor deseaba (la que había perdido en dos ocasiones anteriores, la primera en 1852), al interponerse su pasión por el ajedrez.

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