Rudolf Charousek, el genio malogrado

Por Horacio Olivera

Emanuel Lasker, campeón mundial de ajedrez durante veintisiete años, dijo cierta vez que “algún día jugaré un match por el campeonato mundial con este hombre”, refiriéndose al joven Rudolf Charousek, cuyo talento desbordante descolló en los tableros europeos allá por los últimos años del siglo XIX.

Hay que decir que Charousek fue genial. También que pudo haber sido un jugador de la elite mundial, para lo cual solamente le faltó el tiempo necesario para demostrar que no eran meras “casualidades” sus victorias en torneos de primera línea. O más aún, que tampoco resultaban casuales sus triunfos en juegos, casi siempre brillantes, ante jugadores de la talla de Maroczy, Chigorin y el mismísimo Lasker.

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Bent Larsen, el gran danés

Por Horacio Olivera

Nacido en Tilsted, Dinamarca, el 4 de Marzo de 1936, Jorgen Bent Larsen se inició tempranamente en el ajedrez. A los 15 años derrotaba a todos sus rivales en el club de ajedrez de su ciudad natal y a los 20, ya asentado en Copenhague, se consagró Campeón de Dinamarca, lauro que obtendría nuevamente en otras ocho ocasiones.

Cuando en 1956 jugó en las Olimpíadas de Moscú defendiendo el primer tablero de su país, quedó claro que ese simpático joven rubio de buenos modales y juego aguerrido, hasta allí Maestro Internacional, estaba destinado a formar parte de la historia grande del juego-ciencia.  Y es que allí, en la Meca del ajedrez mundial, Larsen no solamente logró su título de Gran Maestro, sino que además fue Medalla de Oro en el primer tablero, con un atronador score de 14 puntos sobre 18 posibles, habiendo incluso hecho tambalear al campeón mundial, pues el mismísimo Botvinnik debió esforzarse al máximo para alcanzar unas tablas en la partida que los enfrentó.

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Johannes Zukertort: la obsesión por llegar a la cima

Por Horacio Olivera

Polaco de origen, Johannes Zukertort fue médico de profesión. Pero además fue un hombre de enciclopédicos conocimientos y variadas habilidades, lo que incluyó una licenciatura en química, otra en psicología y el dominio de al menos nueve idiomas. También se destacó como esgrimista y tirador avezado y sirvió con honores en el ejército prusiano. En tanto ajedrecista de nota, Zukertort decía recordar las movidas de todas sus partidas, además de muchas otras pruebas de su memoria privilegiada.

Sin embargo, tal abundancia de atributos en una sola persona, ha hecho que, con el correr de los años muchas de sus pretendidas destrezas, sobre todo aquellas que adolecen de certidumbres documentales que las avalen, fueran puestas en duda por los historiadores.

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Polugayevski, maestro de la Siciliana

Por Horacio Olivera

Aunque nacido en Bielorrusia en 1934, bien podría Lev Polugayevski haberlo hecho en algún pueblo de la italianísima y hermosa Sicilia, si es que tenemos en cuenta el apasionado romance ajedrecístico que sostuvo, durante más de treinta años de carrera, con su favorita Defensa Siciliana.

Y es que este ingeniero en termodinamia, tan elegante y flemático en su aspecto y maneras, que podría haber sido confundido con un lord inglés, dedicó a esta muy popular defensa buena parte de sus afanes ajedrecísticos, tanto por su impenitente práctica cuanto por el pormenorizado estudio de sus particularidades y el desarrollo de nuevas e interesantes ideas estratégicas, muchas de las cuales  gran cantidad de maestros y ajedrecistas de todo nivel plasman aún en los tableros, acaso sin saber quién fue su creador.

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Rudolf Spielmann: un hombre sobre un viejo tablero

Por Horacio Olivera

El hombre que está encorvado ante el tablero de ajedrez supo del esplendor de la fama, el reconocimiento del público y la admiración de quienes fueron sus pares.

Ahora acaricia con nostalgia las piezas, acaso las únicas que supieron serle fieles en estos últimos años de amarguras y pobreza, de silencios y soledad.

El hombre tiene una mirada triste. Y mientras desplaza en sosegado transcurrir sus trebejos sobre los escaques ya borrosos, rememora los tiempos idos, la pasión por el juego, el leve escalofrío del fluir  de la adrenalina al comenzar cada partida.

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Korchnói vs. Polugayevski, Buenos Aires 1980: El match de la “Cabina de cristal”

Por Horacio Olivera

Nota de ALS: 

Entre el 21 de julio y el 20 de agosto de 1980 Buenos Aires fue sede de otro episodio muy importante en la historia del ajedrez. En ese tiempo se disputó el match por la semifinal del Ciclo Candidatura de ajedrez entre el soviético Lev Polugayevski y el exiliado del antiguo régimen, Viktor Korchnói, que tuvo gran repercusión local e internacional, en el que este último se impuso muy ajustadamente.
Sobre ese encuentro, Horacio Olivera traza una crónica, publicada en su momento en el sitio Ajedrez12, la que fue adaptada en la ocasión para su vuelta a estado público para los lectores de Ajedrez Latitud Sur.

Entre Julio y Agosto de 1980, se disputó en Buenos Aires el match semifinal del ciclo de la Candidatura al Campeonato del Mundo de Ajedrez, entre el soviético Lev Polugaievsky y el disidente Viktor Korchnoi, nacionalizado suizo.

Precedido de acontecimientos que en los últimos años habían poblado de escándalos y política los sesenta y cuatro escaques, el encuentro tenía presagios de una dura lucha, tanto ajedrecística como psicológica. Los antecedentes de las cuestiones extra-ajedrecísticas del match Spassky-Fischer en Rejkyavik 1972 y sobre todo del Karpov-Korchnoi  en Baguío 1978, como así también el sorprendente exilio de Korchnoi en 1976, teñían desde el vamos cualquier enfrentamiento de primer nivel entre representantes de los bloques opuestos de la Guerra Fría en cuasi representaciones de la misma en un tablero de ajedrez.

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Gligorić, el ajedrecista partisano

Por Horacio Olivera

El término “partisano​” alude a los combatientes que, organizados como guerrillas, se oponen a un ejército invasor. Más concretamente, es habitual que se identifique con el mismo a aquellas milicias irregulares u organizaciones clandestinas que operaron en países ocupados por el nazismo en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.

En el por entonces llamado Reino de Yugoslavia, estos movimientos de resistencia a la ocupación, liderados por el famoso Josip Broz “Tito”, cobraron muchísima importancia promediando la guerra e incorporaron cientos y miles de miembros dispuestos a sacudirse el yugo opresor y hasta a dar la vida por la patria.

Hubo entre ellos un joven de veinte años con perfil de intelectual, algunos conocimientos de matemáticas y evidentes dotes para el juego del ajedrez, pues ya había ganado varios torneos de singular fuerza, entre los que destacaban sus tres triunfos en el Campeonato del Club de Ajedrez de Belgrado, el más fuerte de su país.

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Tigrán Petrosián, un estilista inigualable

Por Horacio Holivera

Armenio de origen, nacido en Tiflis, Georgia, el 17 de junio de 1929, Tigrán Vartanovich Petrosián tuvo una infancia nada fácil. Sus padres fallecieron cuando él era muy joven y debió salir a la vida para ganar el sustento de sus muchos hermanos. Pero estas dificultades y ocupaciones no fueron un obstáculo para que continuara ligado al juego que ya desde niño se había convertido en su pasión. De la mano de su mentor y primer maestro, Archil Ebralidze, comenzó Tigráan a abrirse paso en los torneos de ajedrez, obteniendo en Moscú 1944 el título de Campeón Juvenil de la URSS. Comenzaron a aflorar entonces sobre el tablero las enseñanzas que el joven y talentoso jugador adquiría analizando las partidas de Capablanca y Lasker  y, sobre todo, estudiando en profundidad el libro “Mi Sistema” de Aaron Nimzovich.

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Centenario de la Federación Francesa de Ajedrez / El ajedrecista francés Aristide Gromer en Buenos Aires

Por Juan Morgado

Nota de ALS:

Aristide Gromer integró el equipo olímpico de Francia (país del que será en tres oportunidades campeón nacional) en el Torneo de las Naciones de Buenos Aires 1939, en una delegación que era encabezada por el campeón del mundo, de origen ruso, Aleksandre Alejin (1892-1946).

Una vez desatado el conflicto, el jugador galo, nacido el 11 de abril de 1908 en una ciudad de Dunkerke que habrá de tener una evidente connotación militar, quien fallecerá en la pequeña localidad de Plouguernével un 6 de julio de 1966, decidirá quedarse en la Argentina, en la que permanecerá por varios meses hasta 1940:.

En ese ínterin, hizo algunas giras de exhibición por el interior de su país de residencia, y participó del Torneo Mayor, la prueba máxima local, en 1940, en la que compartió la vanguardia con 10.5 sobre 14, junto al polaco (con residencia definitiva en Australia) Franciszek Sulik (1908-2000) y el local Carlos Guimard (1913-1988), el campeón argentino.

En julio de 1941, Gromer participa del Torneo Águas de São Pedro, disputado en esa localidad y en la ciudad de  São Paulo, el primer evento internacional de ajedrez que se disputó en tierras brasileñas, quedando en el séptimo lugar entre diecisiete participantes de una prueba en la que se impusieron el austriaco (luego argentino) Erich Eliskases (1913-1997), primer tablero de la Alemania campeona olímpica en Buenos Aires, y el mencionado Guimard.

Sobre la estadía de Gromer en tierras sudamricanas, Juan Morgado descubrió una carta que el francés le dirigió, ya desde París en 1945, al gran jugador argentino Luis Piazzini (1905-1980), en la que le transmite su experiencia en Brasil y su vínculo con el exPresidente Getulio Vargas (1882-1954), quien le habría pagado por sus servicios con algunas propiedades que estaban en la Argentina, por lo que Gromer le pide a Piazzini que se proceda a su administración.

Ese relevante documento histórico fue incluido en el libro publicado en el marco del centenario de la Federación Francesa de Ajedrez, La France et son apport dans le jeu d´échecs en Europe, episodio fundacional ocurrido el 19 de marzo de 1921.

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Bondarevsky, un ajedrecista multifacético

Por Horacio Olivera

Son tantas y tan brillantes las figuras que la Unión Soviética dio al mundo del ajedrez durante el siglo XX, que algunas grandes estrellas son opacadas por otras que han obtenido mejores y más rutilantes resultados. Es posible que cualquier joven ajedrecista de hoy en día conozca los logros de Mijail Botvinnik, el legendario estilo cauto de Tigran Petrosian, las mejores partidas de Viktor Korchnoi  o de Effim Geller, y hasta pueda aprender y deleitarse con las artísticas producciones de Karpov y Kasparov.

Pero tras ellos (y tras otros que obtuvieron títulos y lauros por demás meritorios y muy destacados), toda una pléyade de jugadores buenos, muy buenos y hasta excepcionales, poblaron la galería de Maestros tal vez menos renombrados, pero que forman parte de una selecta galería en la famosa Escuela Soviética de Ajedrez.

Y no por menos conocidos, muchos de esos magníficos ajedrecistas merecen un lugar de privilegio en la historia del ajedrez. Ígor Zajarovich Bondarevsky es uno de ellos.

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